LA BARBARIE a que conduce a la humanidad esta sociedad CAPITALISTA IMPERIALISTA ya está presente

Introducción

El 21 de agosto se cumplieron 85 años del asesinato de León Trotsky, el principal dirigente, junto con Lenin, de la Revolución de Octubre en Rusia, que, por primera vez en la historia, después de la Comuna de París, llevó al poder del Estado a la clase obrera organizada y dirigida por un partido marxista revolucionario. El acontecimiento más trascendental del Siglo XX, que todos tratan de enterrar y olvidar, apoyándose en la derrota que logró la contrarrevolución imperialista asociada con una parte de la burocracia estalinista que gobernaba los países “socialistas” y su triunfo a finales de los años 80s, ocasionando un retroceso general de la clase trabajadora y la restauración del capitalismo en la gran mayoría de ellos. 85 años después su pensamiento y sus enseñanzas siguen siendo una guía fundamental para quienes luchamos por la revolución socialista mundial. Este artículo se propone reseñar brevemente su legado teórico y político, más vigente que nunca, articulándolo con las condiciones actuales de la lucha de clases internacional, la ofensiva del imperialismo, la barbarie a que nos está conduciendo la actual sociedad capitalista; haciendo énfasis en la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado y la necesidad de un partido revolucionario mundial.   

¿Quién fue León Trotsky?

En 1918

Trotsky fue el líder del soviet de San Petersburgo en las revoluciones de 1905 y 1917, el creador, organizador y principal comandante del ejército rojo que derrotó a las tropas de la reacción burguesa rusa y a las fuerzas armadas de las potencias imperialistas que invadieron a la naciente república soviética.

Autor de la Teoría – Programa de la Revolución Permanente y formulador de la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado. Luchó incansablemente, hasta el final de sus días por construir una dirección revolucionaria y un partido revolucionario para la toma del poder por parte de la clase obrera y contra la deformación burocrática del Estado soviético liderada por Josef Stalin bajo las políticas de socialismo en un solo país, revolución por etapas, coexistencia pacífica con el imperialismo y los frentes populares con las burguesías “progresivas”. Su teoría de la Revolución permanente sostiene que, en los países atrasados, la burguesía es incapaz de llevar a cabo las tareas democráticas, y que solo la clase obrera aliada con el campesinado puede llevar adelante la revolución socialista.  

Fue asesinado en 1940 por Ramón Mercader, un agente de la GPU, la policía política de la URSS, por orden expresa firmada por Stalin desde 1931. El asesino fue condecorado en la URSS por el régimen estalinista y murió en Cuba donde vivió como héroe. Fue el resultado lógico de la política de “socialismo en un solo país”, una teoría burguesa revestida de fraseología marxista que desvió el rumbo de la Unión Soviética hacia la restauración del capitalismo bajo nuevas formas.

¿Por qué Stalin ordenó su asesinato?

Si Trotsky no tenía tanta influencia como el régimen y la burocracia de la URRSS ¿Por qué Stalin ordenó su asesinato? ¿Cuál era el peligro? ¿Qué fin perseguía?

Al respecto Nahuel Moreno, continuador durante gran parte del siglo XX de la lucha de León Trotsky por construir un partido mundial para la revolución y de una dirección revolucionaria, en su “Actualización del Programa de Transición” (pág. 20) escribió:

 “Los veinte años (1923-1943) de triunfos contrarrevolucionarios y de derrotas del proletariado mundial se abren con el triunfo de Mussolini en Italia y del stalinismo en la URSS a partir de 1923, poco antes de morir Lenin. De estos dos triunfos contrarrevolucionarios, el que va a ser determinante, el que va a tener una importancia histórica decisiva va a ser el de la burocracia stalinista sobre el proletariado de la URSS.  Esto va a facilitar los otros triunfos contrarrevolucionarios. La fuerza del proletariado ruso y de la Revolución de Octubre fue tan gigantesca que para que el triunfo contrarrevolucionario del stalinismo se consolidara fueron necesarias varias etapas. Comenzó con un proceso reaccionario para culminar directamente en una contrarrevolución política como los procesos de Moscú. Como consecuencia de esto, una capa parasitaria y privilegiada se adueña del gobierno, que adquiere un claro carácter bonapartista contrarrevolucionario, que emplea métodos de guerra civil, como toda contrarrevolución, que extermina a todas las corrientes de la vanguardia obrera, del Partido Comunista Soviético, y a los marxistas revolucionarios independientes. Contra quien más se ensaña este gobierno contrarrevolucionario de Stalin es contra el trotskismo, único heredero consecuente de las tradiciones revolucionarias del bolchevismo”.

Fotografía Anónima, León Trotksy, 1937-1940. Cortesía Del Instituto Del Derecho De Asilo, Museo Casa De León Trotsky, A.C.

Acabar con la memoria histórica revolucionaria de quienes dirigieron la Revolución de Octubre y con la tradición bolchevique para instaurar un régimen burocrático, parasitario y contrarrevolucionario fue el objetivo del stalinismo.  Fue un acto político cuidadosamente orquestado por el aparato contrarrevolucionario de la burocracia estalinista. Fue la culminación de una campaña internacional dirigida no solo a eliminar físicamente al último gran dirigente de la Revolución de Octubre, sino a decapitar políticamente al marxismo revolucionario.               

Además, Víctor Serge en un artículo publicado en Partisan Review en 1943 en memoria de León Trotsky escribió:

“Fue asesinado justo en el momento en que el mundo entraba, a través de la guerra, en una nueva fase de su “revolución permanente”. Fue asesinado precisamente por esa razón, pues podría haber desempeñado un papel histórico demasiado importante de haber podido regresar a la tierra y al pueblo de esa Rusia que comprendía tan profundamente”.

El temor a una Revolución Política que devolviera el poder a la clase obrera soviética y pusiera fin al régimen burocrático y totalitario stalinista y el temor de la nueva casta burocrática y parasitaria gobernante, que se lucraba del poder, a perder sus privilegios fue lo que llevó a Stalin a ordenar los juicios de Moscú y el asesinato de Trotsky. También, el miedo a la movilización permanente y revolucionaria de las masas y a la extensión de la revolución socialista a todo el planeta.

¿Qué sucede hoy en el mundo de bienestar prometido por el capitalismo triunfante?   

Hoy, 85 años después, vemos en Gaza, Cis-Jordania, Ucrania y los países subdesarrollados el rostro de la “democracia” burguesa y del “bienestar” que depara este sistema capitalista- imperialista. Que, sin exagerar, amenaza a toda la humanidad y al planeta con la desaparición y la destrucción.

Cuándo la humanidad se debate entre el genocidio, la barbarie y la limpieza étnica realizada por la entidad Nazi-sionista israelí, con el apoyo y la financiación del imperialismo norteamericano y de los imperialismos europeos contra el pueblo Palestino en Gaza y Cis-Jordania;  el avance de gobiernos autoritarios, bonapartistas y algunos hasta con rasgos fascistas como el nuevo gobierno de Donad Trump; las guerras por un nuevo reparto como la actual en territorio Ucraniano entre los imperialismos Yanqui y europeo contra el emergente imperialismo Ruso; la amenaza de una guerra nuclear;  los efectos devastadores del cambio climático y la persistencia de la crisis de la economía capitalista-imperialista, etc.;  La alternativa socialista defendida por L. Trotsky y formulada por Carlos Marx cobra más vigencia que nunca y de su realización depende que los trabajadores, la clase obrera y las masas más desfavorecidas no nos veamos arrastrados a la barbarie generalizada o incluso a la destrucción de la civilización y de toda la humanidad.

Una de las premisas fundamentales bajo las cuales Trotsky formuló el programa de Transición fue que “La situación política mundial en su conjunto se caracterizaba principalmente por la crisis histórica de la dirección revolucionaria del proletariado”.  Esta crisis histórica es cada día más aguda y por ello en éste nuevo aniversario de su asesinato haremos énfasis en la necesidad imperiosa de construir una dirección revolucionaria que conduzca al proletariado hacía la toma del poder y salve a la humanidad de la actual barbarie y del cada día más probable holocausto nuclear. 

La realidad actual de los pueblos del mundo y de los trabajadores

Tras 85 años del asesinato de L. Trotsky, la lucha revolucionaria recibió un golpe descomunal con la derrota del proceso revolucionario mundial en la década de los 80´s y como consecuencia de dicha derrota la humanidad y la naturaleza (el planeta entero) están cada día más amenazados por el sistema económico y político explotador y opresor que gobierna la sociedad.

La limpieza étnica, el genocidio y la destrucción del pueblo palestino en Gaza y Cis-Jordania, bajo la utilización de métodos Nazis como el uso del hambre como instrumento de guerra, el asesinato de niños, mujeres, médicos, periodistas extranjeros y la destrucción de hospitales son hechos de la barbarie a la que nos conduce el sistema de explotación y opresión capitalista-imperialista, bajo la égida del Nazi-Sionismo Israelí con el apoyo y financiación del imperialismo norteamericano y europeo, pero no son una anomalía, son la manifestación propia de su esencia. Tampoco son los únicos:

El hambre, la miseria, el desempleo, la falta de vivienda, la falta de educación, las crisis de los sistemas de salud, la violencia indiscriminada, el desplazamiento masivo, las guerras, las necesidades básicas insatisfechas y la falta de oportunidades son el pan común para la mayoría de los trabajadores y de los pobres habitantes de nuestro planeta. Sólo para una minoría, los ricos y los megáricos, estas necesidades están satisfechas y son los que sacan provecho económico, social y político, para su beneficio personal y el de sus empresas y corporaciones. 

¿Si nos preguntamos por qué? Surgen múltiples explicaciones:  

Es el destino.  Es designio divino. Siempre ha sido así y hay que resignarse.  Es porque la ‘gente’ votó mal o no sabe votar y elige malos gobiernos o gobiernos corruptos.  Es por falta de democracia, pues si la ‘gente’ es libre y puede votar por parlamentarios y gobernantes democráticos y no autoritarios, su vida cambiará, así sea poco a poco. No obstante, esas explicaciones místicas y basadas en creencias religiosas o ideologías de todo tipo, no han logrado en ningún país o lugar del mundo aportar alguna salida con cambios o progresos reales y materiales definitivos del bienestar que prometen.   

Nosotros queremos aportar otra explicación: este sistema social es injusto y desigual, como consecuencia de que el poder lo tiene una minoría de potentados que se lucran del trabajo ajeno, que oprimen y discriminan para poder sacar más trabajo con menos paga y es gobernado por políticos profesionales a su servicio que se dedican a ascender en la escala social para su propio beneficio y cuando quienes trabajan y producen todo, se les ocurre protestar, reclamar lo suyo y rebelarse, no tienen asco en usar la violencia más despiadada y atroz, contra los débiles.

 Y, sin embargo, si los débiles, los pobres y los trabajadores insisten, entonces ese puñado de magnates recurren a los políticos, los dirigentes y líderes de quienes protestan o están inconformes, para que los engañen con promesas, enfríen los ánimos, traicionen sus reclamos y los convenzan de que la mejor manera de lograr cambiar sus vidas, es por medio de las elecciones.

 Los mismos dirigentes de los trabajadores también los convencen para que voten y elijan a políticos profesionales que hablan en nombre del pueblo pero que realmente defienden los intereses de los magnates y empresarios, para quienes ellos trabajan o para otros que, como todos, viven del trabajo ajeno.

Con esto impiden que el trabajador y los pobres se organicen en un partido propio, independiente de los políticos de la burguesía, que luche por conquistar el poder para defender los intereses de los de abajo y de la clase obrera.

Hoy día, a pesar de los inmensos avances tecnológicos y científicos, la realidad de constante retroceso, en que aún se debate la humanidad radica en que el sistema económico de explotación y opresión, no ha logrado ser derrotado y cambiado por uno superior, uno gobernado por quienes producen todo lo que consumimos y usamos, la clase trabajadora con sus organizaciones.

Y eso se debe fundamentalmente a que los esfuerzos de la clase trabajadora y los pueblos del mundo, han sido dilapidados y echados a perder, por los dirigentes (estalinistas, reformistas y oportunistas) que encabezan las organizaciones sindicales y políticas mayoritarias.

El asesinato de Trotsky y de toda la vanguardia que dirigió la revolución tenía ese objetivo: liquidar la dirección revolucionaria alterna a la burocracia estalinista y sus traiciones, que, de no haber ocurrido, hubiese podido transformar la II guerra mundial imperialista en una guerra civil revolucionaria.

Producto de su política, la burocracia estalinista llevó a la derrota las revoluciones que había en curso en los años 80 (Salvador, Nicaragua, Guatemala, Colombia, Sudáfrica, Polonia, Sudamérica, etc.) y a la destrucción de la URRS, China, Cuba y todos de los países que se conocían como “socialistas”, los países dónde se había erradicado el capitalismo. Hoy en la mayoría se ha restaurado el capitalismo y otros como China y Rusia se han convertido en imperialismos.

La otra cara de esta crisis de dirección es que las corrientes que se reclaman trotskistas, la mayoría minoritarias, han sufrido toda clase de ataques revisionistas y de adaptación a la democracia burguesa a lo largo de su historia y en especial después de la derrota del proceso revolucionario mundial al final de la década los 80s acompañados de procesos de disgregación. A eso le llamamos: crisis de dirección.

¿Qué significa que la dirección revolucionaria está en crisis?

Que los trabajadores en sus luchas necesitan direcciones que estén con ellos de verdad y no al servicio de los empresarios. Que se propongan destruir al sistema capitalista y no reformarlo o al menos dirigir sus luchas hacía la obtención de sus reivindicaciones, es decir, a que triunfen. Y la crisis es porque dirigentes como esos, partidarios de pactar y colaborar con los empresarios, son los que encabezan o dirigen las organizaciones mayoritarias de los trabajadores, así como las de los sectores populares y juveniles.

Esta crisis tiene dos caras: una, que las direcciones mayoritarias y tradicionales trabajan para los empresarios. A nombre de la conciliación y pacto con ellos, logran defender los intereses de las patronales y los propios, pero no los de sus afiliados. Y, la otra cara es que quienes tienen una postura consecuente, de defensa incondicional de los reclamos y necesidades de los trabajadores y proponen una política revolucionaria, son organizaciones sin gran influencia entre los trabajadores y el pueblo. Por eso el Programa en el que nos basamos y con el que L. Trotsky y los marxistas revolucionarios del momento, fundaron una nueva organización internacional (la IV), afirmaba al iniciar:

 “La situación política mundial en su conjunto se caracteriza, principalmente, por la crisis histórica de la dirección del proletariado”.

“Las condiciones económicas para la revolución proletaria han alcanzado ya el más alto grado de madurez posible bajo el régimen capitalista. Las fuerzas productivas de la Humanidad han dejado de crecer. Las nuevas invenciones y mejoras técnicas no consiguen elevar el nivel de riqueza material. En las condiciones actuales de crisis social del sistema capitalista en su conjunto, cada nueva crisis coyuntural impone a las masas mayores sacrificios y sufrimientos. El paro, a su vez, aumenta la crisis de recursos financieros del Estado y socava los inestables sistemas monetarios. Los gobiernos, ya sean democráticos o fascistas, se ven afectados por continuas crisis financieras. La propia burguesía no encuentra salida a la situación”.

 

Guerra interimperialista Rusia y Ucrania. Foto: https://www.gaceta.unam.mx/

Las consecuencias de que no se haya logrado superar la crisis de dirección están a la vista: El sistema capitalista imperialista de explotación y opresión continua existiendo, las guerras por nuevos repartos territoriales y de zonas estratégicas de influencia geopolítica como la actual guerra interimperialista en Ucrania continúan sucediéndose, el hambre, la miseria, el desempleo, la falta de oportunidades y la opresión a las minorías no se han logrado erradicar definitivamente de la faz de la tierra y por el contrario surgen a menudo nuevas formas de discriminación y nuevos hechos de barbarie como el que sucede actualmente en Gaza y Cis-Jordania. La crisis climática negada por muchos políticos de derecha y ultraderecha y los desastres ambientales amenazan la existencia misma de la humanidad y de su hábitat, el planeta tierra.   

Si la crisis de dirección se hubiera superado al final de la II Guerra, al menos en Europa, hoy no veríamos a canallas y matones como Trump y sus compinches dirigir la principal potencia económica y militar-nuclear del planeta o las sangrientas guerras en Sudan y otras naciones de África, no asistiríamos al desastre ambiental y no veríamos resurgir el nazismo del SXXI en Gaza.

Debido a la crisis de la dirección revolucionara del proletariado las luchas de los trabajadores, de la clase obrera y de las masas por defender sus conquistas, obtener nuevas reivindicaciones o defender sus libertades democráticas y a pesar de que algunas triunfan, no logran cambiar de fondo la situación general desfavorable para sus intereses y no logran poner fin a este sistema de opresión y explotación capitalista. Por el contrario, la ofensiva, al menos desde los años 90 del siglo anterior la conservan los todopoderosos y sus gobiernos.

Vigencia de la lucha de clases y de la revolución

Las dos caras de la realidad, la barbarie imperialista y los levantamientos obreros y populares en América Latina, África, Europa, Medio Oriente y en el propio centro del imperialismo mundial, así no sean sostenidos y no logren triunfos significativos, demuestran que la lucha de clases no ha sido superada y que por el contrario se agudiza. Como dijo Trotsky en el programa de transición “Sin una revolución socialista y en un futuro próximo, toda la cultura humana está amenazada de hundirse en una catástrofe”. Esta advertencia cobra nueva fuerza con la crisis ecológica, económica y social   que atraviesa el planeta. Sólo la revolución socialista internacional puede ofrecer una salida.

La necesidad de un partido revolucionario mundial

La tarea central planteada por Trotsky de construir un partido mundial para la revolución socialista sigue plenamente vigente al igual que su caracterización: “La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de dirección revolucionaria”. Se vuelve imprescindible, entonces, construir una internacional obrera y revolucionaria que unifique las luchas dispersas del proletariado mundial, retome las banderas de la IV internacional y se proponga la toma del poder por parte de la clase obrera.

El legado de Trotsky, junto con las elaboraciones y enseñanzas de Lenin y de Nahuel Moreno, son hoy más necesarios que nunca para enfrentar al imperialismo, su barbarie capitalista y construir un mundo socialista sin opresores ni explotadores.   

Intervención en el Palacio de Invierno en Petrogrado. 1920. Foto: https://www.marxists.org/archive

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