El alevoso ataque militar de EE.UU. contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro junto a su esposa, fueron denunciados y rechazados en un evento realizado en Cali el pasado 17 de enero, que contó con una importante participación de trabajadores, jóvenes y activistas.

La actividad se sumó a las acciones antiimperialistas realizadas en el país y, en particular, en la ciudad, los días 5, 7 y 15 de enero, en repudio a la agresión militar imperialista contra el pueblo venezolano. Asimismo, formó parte de las iniciativas que, de nuestra parte, hemos venido desarrollando desde el inicio mismo del más reciente asedio contra Venezuela y Colombia, marcado por la presencia militar, los bombardeos, asesinatos y ataques de las tropas de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico.

En la exposición se defendió de manera irrestricta la soberanía venezolana y se expresó una frontal oposición a la ofensiva global del gobierno de Donald Trump (Groenlandia), así como a su ofensiva colonialista contra ese país, Colombia y América Latina. Ofensiva colonizadora que el propio Trump ha denominado la Doctrina ‘Donroe’, en alusión a la doctrina que el ex presidente de los EE.UU., James Monroe, proclamara en 1823, que justificaba la intervención en los asuntos de los países latinoamericanos en sus disputas imperiales con las potencias europeas, sobre el domino de los territorios de nuestros pueblos en América Latina.

Se precisó que, si bien algunos consideran este accionar de Trump como una anomalía, en realidad se trata de la expresión cruda y desnuda de los rasgos centrales y la conducta depredadora de EE.UU. y los imperialismos. Tal como se dijo, se trata del “imperialismo sin careta” (Ver Especial sobre la agresión de EE.UU – Trump hacia América Latina).

Desde esa clara postura antiimperialista, se expuso que nuestra política de defensa de Venezuela y de exigencia de libertad para Maduro y su esposa no significa, en modo alguno, apoyo político alguno ni a él ni al régimen chavista. Se dejó claramente establecida la diferencia entre ambos aspectos, que si bien están relacionados, son políticamente distintos. La experiencia acumulada en múltiples situaciones de la vida cotidiana y de la lucha política permite comprobarlo con total claridad.

En ese marco, se aclaró que, como socialistas revolucionarios, nos negamos —a diferencia de muchos, para vergüenza suya— a ocultar la realidad de un proyecto político que, tras 25 años en el gobierno fue perdiendo su amplia base social inicial, al descargar sobre los trabajadores y la población el peso del bloqueo imperialista y la crisis con la dramática caída de los precios del petróleo. Que evolucionó a un gobierno despótico que  ha cercenado las libertades democráticas más elementales y ha sumido en la miseria a amplios sectores de la población. La prueba es contundente: cerca de ocho millones de venezolanos se han visto forzados a emigrar —casi tres millones de ellos hacia Colombia—, arrojados a la condición de trabajadores inmigrantes y, en no pocos casos, a la indigencia, la prostitución o la delincuencia.

Este es el triste resultado del callejón sin salida al que el chavismo condujo a los trabajadores y al pueblo venezolano, producto NO de un supuesto “exceso de socialismo”, sino de su negativa a avanzar hasta el final en una verdadera independencia y en un enfrentamiento consecuente al imperialismo, resultado de su renuncia a erradicar el sistema capitalista y de haberse limitado a un tibio nacionalismo burgués, presentado falsamente como “socialismo del siglo XXI”.

Además, se señaló que el éxito del ataque imperialista y el secuestro de Maduro no enfrentaron una resistencia interna acorde con la gravedad de la situación, pese a que la amenaza había sido reiterada durante meses por el propio Trump y anunciada en vano, con bombos y platillos, por el régimen chavista.

Y, para peor, tampoco externa, pues hasta ahora fue notoria la ausencia de alguna movilización continental relevante, al nivel que el ataque de Trump exige. Esto como resultado, entre otros, de la negativa de los gobiernos auto definidos como ‘progresistas’ de la región (Brasil, Colombia y México), que se han limitado a emitir declaraciones gaseosas sobre ‘soberanía, paz y dignidad’; a pedir un “juicio justo” para Maduro otorgando así autoridad a los EE.UU para juzgarlo. E incluso, la Cancillería del gobierno Petro, que vergonzosamente ofreció sus buenos oficios para facilitar una salida “negociada” de Maduro.

Igualmente, se abordó el silencio tanto del ‘nuevo’ gobierno como del régimen venezolano frente a las declaraciones de Trump sobre su supuesta tutela y control sobre dicho gobierno y sobre los recursos petroleros de Venezuela. Se destacó, además, la ausencia de cualquier exigencia pública por parte del nuevo gobierno venezolano en favor de la libertad de Maduro y de su esposa, como condición previa a cualquier entrevista o negociación con Trump.

Estos hechos fueron expuestos como evidencia del carácter opaco del régimen chavista, que habría ingresado en una deriva de colaboración directa y de sumisión abierta a los dictados imperiales de Trump, Marco Rubio y la potencia del norte, dando un giro de 180º.

Por ello, al final se hizo un llamado a depositar confianza únicamente en las propias fuerzas y en la acción independiente de la clase trabajadora y de los pueblos de América Latina, siguiendo la ruta marcada por las movilizaciones en Irán y las de los Estados Unidos contra la administración Trump, como las del No Kings, así como por las masivas protestas de rechazo a los abusos del ICE y a los constantes atropellos del gobierno.

Se enfatizó que la situación exige a las organizaciones democráticas, juveniles, obreras y populares organizar acciones de movilización antiimperialista en el país, así como promover la movilización internacional en rechazo a la ofensiva global (Ej. Groenlandia, Canadá) y la de carácter colonial (Venezuela y América Latina) impulsada por Trump, para cerrar filas en defensa de la soberanía nacional de los pueblos oprimidos del mundo.

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