
Actualizado: noviembre 24 de 2025
La enfermedad de Eduardo Barragán y su posterior fallecimiento, representan una pérdida profunda para la causa internacional de la clase trabajadora y para el marxismo revolucionario.
Aunque nuestros caminos se separaron hace varios años, nada de ello impide que rindamos un homenaje sincero y leal al camarada y dirigente Eduardo Barragán. Extendemos también nuestras más sentidas condolencias a la camarada Amelia, su compañera, a su hermana Yolanda y a todos sus compañeros.
En la Colombia de inicios de los años setenta, Eduardo, gran organizador y militante revolucionario, fue un precursor e inspirador para toda una generación de jóvenes luchadores que abandonamos nuestras profesiones liberales para asumir como propia la causa de la clase obrera, insertarnos social y políticamente en ella y consagrar nuestra vida a la lucha por la revolución socialista internacional. Eduardo constituyó una pieza fundamental para impulsar la orientación de la corriente internacional socialista, que hundía sus raíces en las trascendentales luchas del movimiento obrero argentino, peruano o del sur del continente y encabezada por Nahuel Moreno, para lograr transformar una organización estudiantil centrista muy progresiva de la Colombia del momento -el «Bloque Socialista»-, en una organización que empezó a insertase en las luchas y vida del movimiento obrero, con un enfoque internacionalista.
“Barragán”, como realmente lo llamábamos en Colombia con respeto y afecto, hizo parte de una generación que se forjó al calor de los grandes procesos revolucionarios que transformaban al mundo con el eco en Colombia y América Latina, de la Revolución Cubana y por el Mayo Francés del 68, la «Primavera de Praga» contra la burocracia estalinista y triunfos históricos como los de Vietnam, Portugal y Angola, así como varias revoluciones en curso y conquistas muy significativas para la clase trabajadora, la juventud, los movimientos feministas y otras minorías, que enfrentaban la opresión y la explotación imperialista y capitalista, tanto en el país como a escala internacional.

Eduardo encabezó con convicción la lucha por construir una organización socialista revolucionaria estrechamente vinculada a las luchas de la clase obrera. Bajo la dirección que encabezaba, se forjó una organización socialista alejada tanto de la política de colaboración de clases promovida por las organizaciones reformistas del estalinismo criollo y por las organizaciones guerrilleras, así como de los círculos bohemios y diletantes, característicos del activismo estudiantil de la época.
Como organizador, fue un pionero que ganó a muchos de nosotros a dedicar su vida a la edificación de una organización obrera, trotskista e internacionalista en Colombia, en paralelo con la construcción de una corriente marxista internacional, en estrecho trabajo con Nahuel Moreno, el más destacado dirigente revolucionario latinoamericano y su equipo internacional, quienes entonces residían y militaban en el país.
Barragán ocupó un papel fundamental en la dirección internacional que elaboró claras respuestas políticas revolucionarias y programáticas, frente a los fundamentales acontecimientos de la lucha de clases nacional e internacional de esos años. Entre ellas, se destaca la política para vencer la resistencia de las cúpulas sindicales a la unidad de las 4 Centrales Obreras alrededor de un Pliego Único, fundamentos políticos que sentaron las bases para el éxito del contundente Paro Cívico Nacional de 1977 en Colombia.
En ese mismo marco, Eduardo desempeñó un papel dirigente decisivo en llevar adelante la propuesta de la dirección internacional y Nahuel Moreno, para organizar la “Brigada Simón Bolívar”, un grupo de combatientes que participó en la lucha por el derrocamiento de la dictadura de Somoza en Nicaragua en 1979, todo un ejemplo de internacionalismo militante. Posteriormente, contribuyó a la fundación de la histórica Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) en 1982, bajo cuya influencia las secciones de esa corriente en Argentina y Brasil, se consolidarían como las organizaciones trotskistas más grandes de América Latina y a nivel internacional.
En Colombia, un país donde los trabajadores han estado —y continúan estando— atrapados entre votar por los partidos burgueses tradicionales o por opciones de colaboración de clases, en propuestas electorales presentadas como de «izquierda» y «progresistas», hechas en coaliciones con figuras provenientes de esos corruptos partidos de los capitalistas, promovidas por la izquierda reformista, Eduardo Barragán fue el eje de la dirección obrera que, por primera vez en el país, planteó la necesidad de luchar por una política electoral obrera, independiente de la burguesía, basada en la independencia política de clase. Defendió la construcción de una alternativa electoral obrera como medio para agitar y defender un programa revolucionario. También en abierta confrontación con el abstencionismo estéril promovido por sectores ultraizquierdistas que, en aquellos años, influían fuertemente en la juventud radicalizada.
Aunque una cruel enfermedad lo apartó hace años de la militancia activa, los últimos tiempos de Eduardo revelaron una de sus facetas más nobles como dirigente, para quien, como decía Marx “nada de lo humano le era ajeno”. Eduardo fue siempre un militante sencillo, modesto y profundamente cercano a las bases y a los trabajadores, muy lejos de la arrogancia característica de los círculos sociales de los que provenía.
Por eso, tras haber sido un destacado dirigente del Movimiento al Socialismo —aquel partido que llegó a rozar una verdadera influencia de masas en la Argentina—, cuando éste partido posteriormente estalló y se disgregó, arrastrando a la destrucción a la organización internacional que habían liderado junto con Nahuel Moreno, asumió su responsabilidad como dirigente en ese desastre y acogió, sin ningún conflicto, el papel de trabajador asalariado. Ejerció como médico en un hospital municipal del norte del Gran Buenos Aires, donde su espíritu de propagandista y organizador revolucionario volvió a florecer, esta vez en el corazón mismo de las luchas de los trabajadores de la salud.
Para las nuevas generaciones, y también para quienes dimos nuestros primeros pasos políticos bajo la firme dirección de Eduardo Barragán y de Nahuel Moreno, constituye un honor rendir este homenaje póstumo al camarada, cuya trayectoria reivindicamos plenamente.
La trayectoria de Eduardo, más allá de errores o diferencias y del curso nacional trotskista que asumieron la internacional y las organizaciones nacionales que ayudó a formar, cediendo al retroceso de la derrota de los 90, continúa siendo una fuente de aliento teórico, político y moral para perseverar en la batalla que iniciamos hace casi cincuenta años algunos de nosotros: la construcción de una organización internacional, obrera, marxista revolucionaria, es decir, leninista y trotskista, en la brega por lograr la reconstrucción de la IV Internacional.
Eduardo, junto a la dirección internacional de su tiempo, supo canalizar nuestra energía y compromiso revolucionario para ponerlos al servicio de la clase trabajadora y de sus luchas a escala internacional. Esa convicción revolucionaria está más sólida que antes. Este homenaje puede servir a las nuevas generaciones y a todos los marxistas revolucionarios, como aliento en esa tarea.










