
DECLARACIÓN DE OPCIÓN MARXISTA INTERNACIONAL

Octubre 14 de 2025
El 29 de septiembre, Donald Trump y Benjamín Netanyahu —líderes de los gobiernos más oscuros y odiados del mundo actual— presentaron el llamado “Plan de Paz para Gaza”, cuyo objetivo dice ser “poner fin a la guerra en Gaza y a la crisis general en Oriente Medio”. Dos días después, Netanyahu calificó el acuerdo como “un gran día para Israel”. Trump afirmó: “Me enorgullece anunciar que Israel y Hamás han firmado la primera fase de nuestro plan de paz…como primer paso hacia una paz sólida, duradera y eterna”. Y agregó: “es un triunfo increíble para Israel”. – Acá puede ver el texto completo del Plan –
Tales afirmaciones, viniendo de los responsables directos del genocidio y sufrimiento del pueblo palestino, revelan con claridad el verdadero objetivo del Plan: consolidar los intereses sionistas e imperialistas en Palestina y la región. De allí que el ‘Plan’ cuente con el respaldo de todos los gobiernos. Tanto de los de las principales potencias del mundo, que desde el inicio avalaron la ocupación sionista y contribuyeron con armamento y financiación a la actual limpieza étnica, como por los gobiernos que directa o indirectamente la apoyaron, así como los políticos de la extrema derecha y lamentablemente, también por los gobiernos reclamados “progresistas” o de “izquierda”.
Por eso, conociendo a los autores y promotores del “Plan”, ningún defensor consecuente de la causa palestina debería confundirse respecto a su verdadero carácter y nefastos objetivos.
Sin embargo, la confusión sobre las supuestas bondades del “Plan de Paz” comenzó el 10 de octubre, cuando los dirigentes de Hamás, la Yihad Islámica y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PC), no solo firmaron la “propuesta” de Trump, sino que alabaron a sus autores. Todo sin aclarar que se trataba de un plan impuesto, pues este “Plan” se establece sobre el genocidio de más de 69.000 palestinos, entre ellos 19.000 niños; 1.722 trabajadores de la salud; cientos de periodistas y más de 169.000 heridos; sin contar los prisioneros en las cárceles de Israel ni la situación de una población sitiada y sometida al hambre extrema y a la destrucción frenética de Gaza.
No hay que llamarse a engaño. Aunque de momento otorgue un respiro al pueblo de Gaza en medio de un contexto catastrófico y desgarrador y se liberen miles de prisioneros, el llamado acuerdo de “paz” es una imposición alcanzada sobre dos años de exterminio, bombardeos, hambre, desplazamientos y asedio constantes.
Eso explica que la población palestina recibiera con júbilo el cese al fuego. Ese respiro momentáneo representa un mínimo alivio en sus abatidas vidas. Quieren salir del callejón sin salida al que se les condujo. Tener comida, medicamentos, paz, educación. Volver a vivir. Significa una pausa para un pueblo que lucha por no morir, por mantener su dignidad y por no rendirse.
Sin embargo, los grandes medios internacionales han instrumentalizado esa alegría, para presentar el acuerdo como un “triunfo”. Y equiparar el sufrimiento de las víctimas palestinas con las celebraciones de los victimarios sionistas.
Atrapada entre la espada del genocidio y la pared del plan de Trump-Netanyahu y apoyándose, en ese más que justo sentimiento de desesperación de la población palestina, la dirección de Hamás y las demás facciones firmaron la primera fase del nefasto “Plan de Paz”.
Por ahora, los bombardeos se han detenido, pero ello no significa que la ocupación y la colonización hayan terminado. Solo cambian su forma y el momento.
Una “paz” impuesta por Trump – Netanyahu

Sobre el papel, aparecen unos beneficios para los palestinos: alto el fuego, entrada de ayuda humanitaria, liberación de presos, reconstrucción de Gaza, entre otros puntos. Sin embargo, al examinar los detalles, se revela la infame artimaña.
El acuerdo exige a Gaza cederlo todo: aceptar una administración extranjera de su territorio, “gobernado por un comité palestino tecnocrático y apolítico, bajo la supervisión de un nuevo organismo internacional de transición”, presidido nada menos que por Trump.
Administración que tendría como tarea “gestionar la financiación para la reurbanización de Gaza” y “atraer inversiones”. Es decir, convertir a la población y al territorio palestino en presa del capital financiero internacional. De este modo, Gaza se convertiría en un negocio muy lucrativo para las potencias, a costa del trabajo, la sangre y el sufrimiento del pueblo palestino.
Israel, por su parte, no tiene plazos para su retirada de la Franja. Ni para levantar el bloqueo. Mientras se exige la “desmilitarización de Gaza”, la entrega de armas, la liberación de ‘rehenes’, la disolución de Hamas y otras facciones, no se menciona en absoluto que el ejército de ocupación israelí se desarme o rinda cuentas por este nuevo Holocausto. Y mucho menos el reconocer los derechos nacionales del pueblo palestino.
Este plan de “paz”, otorga impunidad completa al sionismo. Humilla a Palestina y refuerza al estado sionista para seguir adelante en su proyecto del “gran Israel.” Así mismo, lo reafirma como el ‘portaviones’ de Estados Unidos y demás potencias, en la región.
Para la entidad sionista, responsable desde 1947 de masacres, expulsiones, bombardeos y limpieza étnica sistemática, no hay límites ni exigencias. El plan nada dice sobre la ocupación colonial, ni sobre el genocidio, ni sobre las víctimas que ha provocado. Legitima la ocupación y deja impune el genocidio. Ratifica la historia de humillaciones que comenzó con los británicos en 1917 y viene en curso desde 1947, con el aval de la ONU.
La nación palestina permanece bajo su dominio y el constante asedio. El sionismo controla su territorio por tierra, aire y mar; mantiene su abominable sistema de apartheid. Bloquea la circulación de los palestinos y restringe el ingreso de suministros básicos para la vida cotidiana, así como de personal médico y de periodistas.
Con este plan se busca concluir por medios políticos lo que ya se ha logrado mediante una guerra de exterminio de los gazatíes y la destrucción casi total de Gaza. El avance colonizador del sionismo se ha reforzado con un nuevo triunfo.
El resultado es claro: Palestina queda más débil y dependiente, mientras Israel se fortalece y se blinda.
Entonces, ¿dónde queda el derecho inalienable del pueblo palestino a recuperar su tierra? ¿Dónde queda su derecho a la liberación nacional? ¿Dónde queda su derecho histórico e irrenunciable a retornar a la nación que les pertenece?
¿La mejor solución posible?

No cabe duda de que las circunstancias obligan a los palestinos y a sus organizaciones políticas a aceptar este infame plan. Pero para el futuro del pueblo palestino —y para todos los que permanecemos firmes en la defensa consecuente de su causa— resulta indispensable una valoración objetiva y transparente de lo sucedido, sin autoengaños.
La necesidad de continuar la lucha por la liberación completa de Palestina exige que los dirigentes de Hamas y demás facciones palestinas, al aceptar el “Plan de Trump”, lo hagan con claridad ante su pueblo: que declaren abiertamente que se ven obligados a aceptarlo. Y que se trata de un retroceso, no de un avance. Es un deber político y moral reconocer que se está ante una derrota coyuntural, no ante una victoria.
Toda dirección de una lucha —ya sea una huelga o un proceso de liberación nacional— tiene el todo el derecho y la obligación de negociar con su enemigo. Puede pactar medidas que impliquen una derrota temporal, si con ello evita un daño mayor. Pero lo que no puede hacer, bajo ninguna circunstancia, es presentar una derrota como una victoria ni alabar al enemigo.
Por eso, resulta inaceptable que Hamas y las otras facciones hayan declarado “apreciar los esfuerzos del presidente Donald Trump destinados a poner fin a la guerra de forma permanente” o que elogien a gobiernos aliados del imperialismo afirmando que “valoran mucho los esfuerzos de Qatar, Egipto y Turquía”. Tales declaraciones solo confunden al pueblo palestino sobre sus enemigos y, a futuro, debilitan su lucha.
Y, para nosotros, ese comportamiento no cambia así se trate de dirigentes de la resistencia palestina, que, ante el sionismo y los imperialistas, claramente defendemos, pero no como muchos, que los consideran direcciones que no pueden ser objeto de ninguna crítica o ‘intachables’. Lo decisivo en la lucha, siempre es apreciar las circunstancias concretas en que los dirigentes pactan o acuerdan y juzgar lo que hacen. Coloquemos un ejemplo hipotético, que ilustre esto:
«Supongamos que una huelga dirigida por Lenin se pierde y nos vemos obligados a firmar un convenio que deja fuera de la fábrica a doscientos obreros. Si los dirigentes sindicales de otra fábrica dicen: “¿Qué formidable ese convenio que firmó Lenin, dejando en la calle a 200 obreros!”, eso es una traición y un engaño a los trabajadores.
Nosotros, por el contrario, debemos decir: ‘¡Qué patronal canalla, que dejo en la calle a 200 obreros!”. De ninguna manera debemos apoyar y ponderar los acuerdos que impone esa patronal. Además, debemos decirles toda la verdad a los trabajadores: la derrota era tan grande que Lenin se vio obligado a firmar ese acuerdo canallesco’. (Nahuel Moreno).
¡LA CAUSA PALESTINA SIGUE VIGENTE!

Sin duda no podemos seguir como si nada hubiera pasado. Sin embargo, este serio revés no invalida la lucha por la liberación de Palestina y la destrucción de la entidad sionista. Al contrario, la causa Palestina sigue vigente, mientras exista el estado sionista. La realidad exige hoy más que nunca la movilización consecuente por una Palestina laica, democrática y no racista, sin discriminación por motivos religiosos o étnicos. Solo así podrá abrirse paso la liberación definitiva del pueblo palestino y de los pueblos de la región, bajo un gobierno liderado por la clase trabajadora.
Reagrupar y reorganizar la lucha exige una reflexión profunda sobre los métodos y las políticas que han guiado hasta ahora a las direcciones de la resistencia y de la Autoridad Palestina —especialmente desde los nefastos acuerdos de Oslo—. Es necesario recuperar las lecciones de la Intifada como experiencia de insurrección popular masiva. Protagonizada por jóvenes, las mujeres, la población y la clase trabajadora, que demostró el método más eficaz para poner en jaque, tanto a las fuerzas sionistas como a los intereses imperialistas y a sus aliados locales.
Esa reflexión podría llevar a los palestinos a reconocer la ineficiencia de una estrategia basada en acciones de grupos que, aunque valientes son elitistas y menosprecian la importancia de la acción revolucionaria de masas. A volver la mirada al pueblo palestino, a su heroísmo y a su voluntad de no renunciar a su identidad nacional y a su causa. A organizar, cuando corresponda, una acción de masas, armada y combativa, una nueva Intifada, orientada por un programa claro que no renuncie a la erradicación definitiva de la entidad sionista, a la soberanía palestina sobre su territorio y al derecho de retorno de su pueblo.
Las circunstancias del revés actual, urgen mantener y ampliar la solidaridad internacional. Las huelgas y movilizaciones en Italia, España y otros países, muestran el camino a las organizaciones juveniles, democráticas, sindicales y de izquierda para no arriar las banderas y sostener las movilizaciones de denuncia del genocidio y, por supuesto, de repudio al plan de Trump. Esa solidaridad debe tender puentes con la clase trabajadora como se hizo en Italia con la huelga general o como hicieron los estibadores de Bilbao.
Nuestras fuerzas siguen comprometidas con la causa palestina, al igual que hace muchos años. Porque su liberación es inseparable de las luchas emancipadoras de los pueblos y trabajadores del mundo. Hoy nuestro programa de luchar por una Palestina laica, democrática y no racista, con plena igualdad de derechos para todos sus habitantes, sigue totalmente vigente.










