
Mientras millones de personas padecen hambre en diversas regiones del mundo, y quienes trabajan ocho horas diarias o más, con jornadas extenuantes, intentan sobrevivir con salarios que no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas, los gobiernos de las principales potencias mundiales priorizan el gasto militar, preparándose para la guerra.
Esta dinámica representa un sistema fundamentado en la profunda desigualdad social y entre naciones, impulsado por una insaciable búsqueda de beneficios que no se satisface únicamente con las guerras de saqueo en Ucrania o África, ni con la continua explotación de los recursos de los países bajo su dominio, sino que utiliza la guerra como un medio para establecer y expandir las esferas de influencia de sus respectivas transnacionales.
Pobreza y muerte laboral
La situación laboral y económica de millones de personas en todo el mundo es alarmante. Muchos se ven obligados a trabajar en condiciones miserables, sin atención médica ni prestaciones sociales. La falta de vivienda y de no poder cubrir la educación de sus hijos es una realidad para millones de trabajadores, sin mencionar a los más de 500 millones de desempleados y el que la clase trabajadora inmigrante se enfrenta a la persecución y expulsión en los países donde su trabajo es un pilar de la economía y del enriquecimiento de los empresarios, como ocurre actualmente en Estados Unidos.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que aproximadamente 240 millones de trabajadores en el mundo viven en condiciones de extrema pobreza laboral”.
Y esa estadística se refiere a quienes tienen empleo. Un informe de las Naciones Unidas del 10 de marzo de 2025 revela que “el déficit mundial de empleo -el número estimado de personas que desean trabajar pero no tienen empleo- alcanzó los 402 millones en 2024. Esto incluye 186 millones de desempleados, 137 millones que son principalmente trabajadores desanimados y 79 millones que, a pesar de querer trabajar, enfrentan obligaciones como el cuidado de otros que les impiden acceder a un empleo”. [1]
Y, por si fuera poco, está la alarmante situación de los 260 millones de jóvenes en todo el mundo que ni estudian ni trabajan, al igual que la de los niños que, en lugar de asistir a la escuela, deben trabajar para contribuir al sustento de sus familias. Según informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF): “Casi 138 millones de niños trabajaban en 2024, de los cuales 54 millones realizaban trabajos peligrosos que podían poner en peligro su salud, seguridad o desarrollo”.[2]
Por otro lado, las muertes de trabajadores son constantes debido a las pésimas condiciones laborales y la nula seguridad industrial, especialmente para los inmigrantes. Y esto, no solo ocurre en el país más poderoso económica y militarmente del mundo; como muestran los periodistas Brandon Drenon y Bernd Debusmann Jr. en su artículo publicado en BBC News, «El costo del «sueño americano»: migrantes que mueren debido a las condiciones laborales extremas en EE. UU.»
«Según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., la industria agrícola tiene la tasa más alta de muertes laborales, seguida del transporte y la construcción. A principios de este año, varias muertes consecutivas pusieron de relieve algunos de estos peligros. Seis trabajadores latinoamericanos murieron en Baltimore cuando un puente que estaban reparando durante la noche se derrumbó a finales de marzo. Semanas después, ocho trabajadores murieron cuando un autobús que transportaba a trabajadores agrícolas mexicanos al campo se estrelló en Florida.»
En contraste con estas realidades, el gasto militar mundial ha alcanzado niveles sin precedentes. La inversión en armamento y tecnología bélica ha superado récords históricos, enfocándose en la adquisición de armas nucleares avanzadas y en el desarrollo de tecnologías de Inteligencia Artificial (IA).
Durante la reciente Cumbre de la OTAN en La Haya, se aprobó que los países miembros destinarán el 5 % de su Producto Interno Bruto (PIB), “al menos el 3,5% al año para incrementar su capacidad militar y un 1,5% adicional en la protección de la infraestructura crítica”.[3]
El armamento militar y la tecnología avanzada, al estar en manos de los empresarios, no se utilizan para salvaguardar la naturaleza y la humanidad, ni para promover el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, sino para aumentar la capacidad destructiva. Este gasto militar, al igual que el capital acumulado por los capitalistas, es resultado del saqueo de los países bajo su control, la explotación de la clase trabajadora y de la explotación irracional de los recursos naturales.
La movilización de la clase obrera: única alternativa ante la barbarie
Es esencial que los pueblos del mundo se pongan de pie para enfrentar el avance de la barbarie y la catástrofe que nos amenaza. Bajo el liderazgo de las organizaciones de la clase trabajadora, es imperativo impulsar una lucha que exija y obligue a los gobiernos de cada nación a detener la carrera armamentista y destinar estos recursos económicos para satisfacer las urgentes necesidades de los trabajadores, así como de todos los marginados y desposeídos.

Afortunadamente, las manifestaciones masivas de inmigrantes y trabajadores en Estados Unidos y Europa están arando el camino. Miles de personas protestan contra la guerra contra Irán y el genocidio en Gaza, hombro a hombro con quienes no están dispuestos a ser pisoteados ni subyugados.
De este modo, quienes se niegan a ceder a los cantos de sirena de los líderes que los instan a esperar pasivamente y limitar su participación únicamente al voto, ofrecen una respuesta activa al plantar cara a los abusos de los gobiernos autocráticos que se consideran dueños del mundo. Estos gobiernos y regímenes, que oprimen y explotan implacablemente a los trabajadores, ocultan que son estos últimos, a través de su fuerza laboral, los verdaderos constructores de la sociedad.
Es posible avanzar en la lucha contra el militarismo y el armamentismo. La resistencia, organización y unidad solidaria, son esenciales para desafiar este orden establecido y luchar por un futuro de bienestar, en la ruta hacia la transformación de base este sistema dominado por magnates que están conduciendo a la humanidad hacia la barbarie.
[1] Página web. Naciones Unidas.
[2] Naciones Unidas. El mundo no ha alcanzado su objetivo de eliminar el trabajo infantil: 138 millones de niños aún trabajan. 11 de junio 2025.
[3]Andreas Noll. DW. Estas son las mayores potencias militares de Europa. 16 de mayo de 2025










