
Sergio García. Junio 21 de 2025
En su segundo mandato Donald Trump pretende aplicar de nuevo y con mayor rigurosidad, sus fracasadas políticas arancelarias del primer mandato y de hacer a EE.UU. grande otra vez, bajo la sigla (MAGA). Se supone que, con ese mismo propósito, amenaza militarmente a Irán, en asocio con Israel, su “gendarme” en la región. [Le puede interesar: “Ante los ataques de Israel a Irán”]
Su gobierno comenzó dando un golpe sobre la mesa (amenazando con el garrote) subiendo e imponiendo aranceles a “todo el mundo”, para después entrar a negociar dando aplazamiento a la aplicación de las medidas (la zanahoria); todo de acuerdo con la respuesta recibida: medidas del mismo tipo, es decir, subida de aranceles por parte de los países también imperialistas como China, los países de la Unión Europea o Canadá; o el envío de funcionarios para suplicarle y “negociar” de parte de los gobiernos de países semicoloniales, de su patio trasero, de los cuáles dijo: “los tengo a todos haciendo fila detrás de mí para besarme las nalgas”. Con estos últimos su política va más allá de los aranceles, se trata de una ofensiva colonizadora en contra de países oprimidos, expresada en órdenes ejecutivas, amenazas y medidas arbitrarias como:
- Deportación y/o expulsión de inmigrantes. Envío de deportados a las cárceles de máxima seguridad en el Salvador
- Proyecto para grabar con un 3.5% las remesas enviadas desde USA hacía Colombia
- Subida de aranceles y nuevos aranceles a productos de los países oprimidos o dominados por las potencias (semicolonias). Para Colombia aranceles del 25% para el acero y el aluminio y del 10% para el resto de productos exportados como el café, las flores, el banano y el aguacate.
- Amenaza de retomar el control del Canal de Panamá
- Amenazas a Panamá si continúa haciendo negocios con China que involucren el control del tráfico por el Canal
- Encarcelamiento y/o retiro de visas a estudiantes internacionales que participen en las protestas a favor del pueblo palestino
- Prohibición de entrar al país y negación de visas a extranjeros que hayan participado en protestas antinorteamericanas o anti Trump
- Amenazas a Colombia y demás países latinoamericanos si realizan acuerdos comerciales con China (La ruta de la seda) u otros países como Rusia, de la U.E., etc. Es decir, imperialismos, así los dos primeros sean emergentes.
- Cambio de nombre al golfo de México
En este artículo nos centraremos en la ofensiva colonizadora contra los países oprimidos, países semicoloniales, dependientes de los dictados de la potencia del norte, entre ellos Colombia, que son víctimas de sus imposiciones imperialistas. No en la guerra comercial librada entre “iguales” contra otras potencias también imperialistas como China, los países de la Unión Europea (UE), Japón o Canadá, que podrían enfrentar la ofensiva con medidas alternativas, pero que serán objeto de otro artículo. [Al respecto puede ver “la guerra comercial de EE.UU.”].
Lo que realmente persiguen Trump-EE.UU. y su gobierno.
Toda la ofensiva colonizante de Trump tiene objetivos económicos y políticos muy claros. Persigue recuperarse de la pérdida gradual de su hegemonía e influencia de sus transnacionales, ante los avances de otras potencias como China, Rusia o la Unión Europea, en su área de influencia, sus semicolonias.

Disminuir el déficit de su balanza comercial con los países ante los cuáles es deficitaria y/o aumentar a su favor la balanza con los países en los cuáles le es favorable: los países semicoloniales, dependientes o lo que considera su «patio trasero».
Aumentar los niveles de explotación de los trabajadores en los países bajo su dominio, aumentando los ritmos de trabajo y eliminando las conquistas anteriormente logradas con la colaboración de sus socios: las burguesías nacionales a las cuáles les otorga una parte menor del botín. Es decir, lograr una mayor sumisión de las burguesías nacionales y lograr una mayor tajada de la riqueza nacional, así como el control sobre los resortes de sus economías.
En resumen, lograr cada vez mejores condiciones para la obtención de ganancias por parte de sus transnacionales. Pero si bien estos objetivos guían su guerra comercial y hasta militar como con Irán, su política no es la misma respecto de los diferentes países.
¿Todos los países son iguales o similares?
No. Pero esa diferencia básica, ahora navega en una inmensa confusión, debido a la creencia o ideología difundida por la mayoría de los grandes medios y políticos del establecimiento, según la cual todos los países son iguales o similares. Dónde oprimidos y opresores hablan ‘de tú a tú’ en un marco de “convivencia” y “respeto mutuo”. No obstante, los hechos demuestran que se trata de una utopía que hace agua por todos lados. Difícil de sostener en la realidad y en hechos. Una concepción típica de la época ya añeja del librecambio, superada por la historia, pero difundida por la mayoría de los gobiernos capitalistas y también, desafortunadamente, por los oportunistas y sus gobiernos de “izquierda” burguesa.
Por su desarrollo económico, tecnológico, militar, político y hasta cultural, los países no son iguales. Existen países que son opresores y países que son oprimidos. Países dominantes y países dominados. Y la mayoría de los gobiernos burgueses de países dependientes y dominados, se comportan como lacayos ante las potencias imperialistas poderosas. Sin embargo, algunos gobiernos de países oprimidos, coyunturalmente, pueden asumir un valioso comportamiento independiente políticamente, así sea episódico.

Por eso ante este nada despreciable hecho, León Trotsky en sus escritos sobre la Liberación nacional señaló que la burguesía de los países coloniales y semicoloniales es simultáneamente clase dominante y oprimida. Es decir, es una clase semidominante y semioprimida:
[…] El régimen interno de los países coloniales y semicoloniales tiene un carácter predominantemente burgués.
Pero la presión del imperialismo extranjero altera y distorsiona tanto la estructura económica y política de esos países que la burguesía nacional (aún en los países políticamente independientes de Sudamérica), no alcanza más que parcialmente el nivel de clase dominante. La presión del imperialismo en los países atrasados no cambia su carácter social básico, ya que opresor y oprimido no representan más que diferentes grados de desarrollo de una misma sociedad burguesa […]”[1]
Colombia país oprimido por Estados Unidos
El imperialismo y los grandes empresarios nacionales son los responsables de la grave crisis del país, de la miseria y de los desastres que sufren las masas, los trabajadores y la clase obrera colombiana. Igualmente, de las otras naciones hermanas de América Latina. Su situación es el resultado de cómo el capitalismo imperialista hunde en la ruina a sus semicolonias y en la miseria a sus trabajadores.
Pues sus transnacionales y sus bancos usureros son los responsables de saquear nuestros recursos naturales, nuestra riqueza y lo producido por la clase trabajadora. También la burguesía nacional y su cúspide, la oligarquía financiera, industrial, comercial, ganadera y terrateniente son responsables por haber abierto de par en par las puertas a la colonización imperialista. Los trabajadores no tenemos por qué aceptar pagar la crisis del capitalismo nacional o del capitalismo imperialista.
Colombia no es libre. Es una semi colonia. Con una burguesía históricamente aliada como socio menor y subordinado a la potencia del norte y de sus transnacionales. Es decir, más allá de frases y poses, está supeditada a EEUU y hace parte de América Latina, considerada como el patio trasero de la potencia imperialista y, en particular su “aliado estratégico en la región” según el gobierno de los estados Unidos. Y hoy con Trump somos blanco de sus agresivas políticas para someter y expoliar al país, aún más que antes. Ese ataque colonizante de los EEUU de Trump, requiere una respuesta acorde y firme no sólo de Colombia sino en unidad con América Latina.
Pero esa respuesta sigue ausente. No tenemos una política independiente de los países imperialistas y mucho menos del imperialismo norteamericano. Esto es consecuencia de la conducta política de todos los anteriores gobiernos burgueses, pero también desafortunadamente del actual gobierno de “izquierda”, que siguiendo la tradición de los primeros, se comporta en lo esencial de manera similar como lacayo.
La política del gobierno Petro y sus implicaciones.
Como prueba, están las respuestas del gobierno colombiano a las imposiciones y amenazas de Donald Trump y su gobierno. Veamos:

John McNamara, encargado de los negocios de la embajada de Estados Unidos en Colombia, en visita reciente al país, hizo hincapié en el enfoque estadounidense en temas migratorios, de seguridad, de lucha contra el narcotráfico y de relaciones comerciales: «… está guiado por el principio de ‘América Primero’, que tiene como objetivo hacer que nuestra nación sea más segura, más fuerte y más próspera, no solamente por nosotros, sino también en beneficio de nuestros aliados y socios«.
Es decir, que las relaciones económicas y comerciales favorezcan ampliamente a la nación del norte, bajo el argumento engañoso de que así también se beneficiarían las naciones dependientes. No en vano George Bush cuándo se negociaba el Tratado de Libre Comercio, TLC, con Colombia y el Senado norteamericano se demoraba en aprobarlo declaró: “por cada día que se demoren en aprobar el tratado con Colombia, EE.UU. está perdiendo un millón de dólares”. Y hoy las palabras de McNamara lo confirman: «En cuanto al comercio, aunque Estados Unidos tiene un superávit comercial con Colombia, hemos enfrentado numerosas barreras comerciales que no hemos podido resolver, a pesar de los intensos esfuerzos diplomáticos«.
Léase, estamos ganando, pero queremos ganar más.
El funcionario de Estados Unidos se refirió a las preocupaciones de Donald Trump respecto a temas comerciales, como la decisión del gobierno colombiano de importar vehículos y autopartes bajo los estándares europeos y no bajo las condiciones de seguridad estadounidenses: «No tenemos nada en contra de la Unión Europea, son nuestros aliados, pero esa medida suena arbitraria para nosotros«, dijo, agregando que es un negocio de entre 100 millones y 800 millones de dólares anuales.
«Esa nueva política costaría puestos de trabajo y pérdidas de ganancias en Estados Unidos, y una potencial complicación en el ambiente comercial entre ambos países«, añadió McNamara.
Es decir, reconoce que las naciones imperialistas de la Unión Europea son sus supuestos “amigos” y aliados, pero que no están dispuestos a permitir la pérdida de los negocios que representen jugosas ganancias para los EE.UU. en favor de otras potencias.
También se refirió a la renovación del acuerdo de ciberseguridad o de Nube pública que según él le abre las puertas a otras compañías que actualmente ofrecen servicios al gobierno colombiano: «Entendemos que esta decisión puede actuar a favor de un país que ni es de nuestro hemisferio, que tiene estándares de seguridad más bajos y menos confiable en temas de protección de datos, pero obviamente, los Estados Unidos respeta la soberanía total del Gobierno de Colombia, que es un gobierno amigo, en determinar con quién quiere hacer negocios«. Se refiere aquí a China y de paso la descalifica.
Finalmente, bajo el fantasma de la desertificación se refirió a la política central de EEUU hacia Colombia y la región, la llamada guerra contra el narcotráfico:
«Reconocemos que esta lucha es compartida y en la cual todos nosotros tenemos responsabilidad y que es una amenaza continua para ambos países. Podemos tener diferentes ideas sobre la mejor manera de lograrlo, pero lo que buscamos es que Colombia muestre resultados de reducción de los cultivos de coca«.
En otras palabras, no importa como lo hagan, pero si no hay una reducción de los cultivos la desertificación, será la amenaza y la realidad.
La respuesta del gobierno colombiano a la amenaza arancelaria y otras intromisiones, fue el envío de la ministra de Comercio encargada, Cielo Rusinque a reunirse con Jamieson Greer, representante comercial de EE.UU. Según la funcionaria del gobierno Petro, la comunicación fue “abierta, franca, amable, respetuosa y recíproca. Además, se mostró optimista por lo que puede pasar en adelante”.
“Somos optimistas frente a los resultados que podremos obtener, después de la visita que el Sr Daniel Watson, representante adjunto para el hemisferio occidental del USTR que tendrá lugar la semana próxima a Colombia”, añadió Rusinque.

De igual forma, la ministra encargada insistió en que la política económica del Gobierno de Gustavo Petro seguirá orientada hacia la re-industrialización, la diversificación de mercados y la protección de los intereses nacionales. Esto, teniendo en cuenta que, para Colombia, Estados Unidos representa el principal socio comercial, por lo que espera la eliminación del gravamen y no afectar las exportaciones del país.
Cómo puede leerse, el gobierno de Gustavo Petro dice que puede negociar con el gobierno norteamericano en una supuesta condición de igualdad, cuándo la realidad es otra, y estas declaraciones de su Ministra y la espectacular reculada ante el caso de los inmigrantes deportados, así lo demuestra.
Además, confiando en la buena voluntad de la potencia del norte (ocultando que ésta sólo tiene intereses y no amigos o enemigos), insiste la ministra encargada de comercio en que la política económica del gobierno Petro seguirá orientada hacia la “re-industrialización” buscando no afectar los intereses de su principal socio comercial, es decir, desarrollando el capitalismo para beneficio de los sectores de la burguesía colombiana que representa, por ejemplo, el clan Torres o empresarios como David Racero, Ameth Escaf, etc., y de sus socios imperialistas, en detrimento de los intereses de la nación y de la clase trabajadora aumentando las jornadas de trabajo, y de sus familias, disminuyendo su nivel de vida.
La máxima tensión se dio frente a la decisión del gobierno colombiano respecto a la importación de vehículos, repuestos y autopartes de dejar de reconocer la certificación de seguridad estadounidense: Federal Motor Vehicle Safety Standars (FMVSS) para aceptar sólo los estándares de la Comisión Económica para Europa de las naciones Unidas (CEPE). Jamieson Greer, representante comercial, calificó la decisión cómo una “práctica comercial desleal”, y añadió que “representa un desafío para la industria automotriz de EE.UU.”, descalificó las normas CEPE y defendió por antiguas las normas norteamericanas.
Por otro lado, el presidente Gustavo Petro reaccionó ante los aranceles anunciados por Trump declarando que “podrían ser un gran error” y dándole consejos:

“En el tema arancelario, hemos dicho que no se puede tener una actitud proteccionista “per se” ni librecambista “per se”, ambas posturas son dañinas. En nuestro programa (el del Pacto histórico) hablamos, en el 2022, de una política arancelaria inteligente, nuestro objetivo es que Colombia se industrialice en las formas que nuestro siglo XXI impone: industrialización descarbonizada y basada en el desarrollo digital avanzado”
Y agregó:
“El gobierno estadounidense cree ahora que subiendo aranceles a sus importaciones en general puede aumentar su propia producción, riqueza y empleo; en mi opinión, puede ser un gran error”.
Asimismo, dijo:
“…nosotros bajamos aranceles a lo que permita desarrollos industriales más avanzados en Colombia y, elevamos aranceles a lo que nos impida producciones avanzadas o estratégicas en el país…Bajamos aranceles dónde el balance sea de mayores puestos de trabajo para Colombia y subiremos aranceles dónde estemos perdiendo demasiados puestos de trabajo en el país”.
Así, el gobierno Petro-Benedetti ratifica aquí que su práctica política y sus intenciones son el desarrollo de los negocios de la burguesía y de los capitalistas nacionales y extranjeros, aumentando los nivelas de explotación de los trabajadores colombianos y por ende las ganancias de ambas burguesías y qué su utopía reformista le obliga a dar buenos consejos a quienes considera sus “iguales”.
¿Tiene Petro una postura independiente?
El gobierno de Gustavo Petro dio un paso en la dirección correcta al romper relaciones diplomáticas y económicas con Israel. De nuestra parte no dudamos en reconocerlo así, aunque hasta ahora no se atrevió a hacer un llamado a los demás países de América Latina a tomar igual decisión y a luchar para aislar a Israel. Tampoco se atreve a criticar el firme apoyo que con dinero y armamento EE.UU. da al gobierno nazi- sionista de Netanyahu, en su política de limpieza étnica en Gaza. [Le puede interesar: “Urge fortalecer la movilización y la lucha para detener al sionismo”].
También es cierto que Petro ha emitido opiniones positivas respecto a las políticas del imperialismo y su injerencia política, económica y militar, como por ejemplo su rechazo y críticas a la forma como Trump hizo las primeras deportaciones, o a la exigencia de fumigación de los cultivos ilícitos con glifosato, No obstante, este gobierno no avanza en esa línea, a la hora de los hechos sus acciones concretas dejan mucho que desear. Por ejemplo, después de sus airadas declaraciones por la forma en que Trump expulsó a los migrantes colombianos, terminó recibiéndolos bajo las condiciones impuestas por éste.
A la par que autorizó la instalación de una base militar en la isla Gorgona y entregó el cuidado de la Amazonía al ejército de EE.UU. argumentando que garantizarían la conservación del medio ambiente, no se atreve a romper los pactos económicos y militares que atan al país a la potencia del Norte. Extendió esa política de conciliación de clases del ámbito nacional al ámbito internacional, cuándo presentó al gobierno Biden como un aliado en la lucha por la paz, la democracia y la diversidad.
Así mismo, continúa aceptando el tránsito de tropas norteamericanas por los suelos del país. Mantiene los Tratados de Libre comercio claramente perjudiciales. Continúa pagando la onerosa y fraudulenta deuda externa. Obedece la extradición de nacionales y no da la batalla consecuente por la legalización de las drogas y, por el contrario, continúa en el papel de peón, asumiendo la estrategia imperial y colonizadora de la guerra contra el narcotráfico y su estela de violencia imparable, mientras los campesinos y las comunidades ponen los muertos. En resumen, su política y sus acciones concretas son de sumisión.
La relación del gobierno Petro con el de Trump

Entonces, más allá de las poses y “trinos” y a pesar de invocar con frecuencia a Simón Bolívar, no está en la agenda del gobierno Petro una política de luchar por una tarea democrática sustancial: la independencia económica, política y militar de nuestra nación. Mucho menos plantearse luchar por la Segunda independencia de América Latina.
Algunos botones de muestra: en su alocución tras el atentado al precandidato de la ultraderecha Miguel Uribe, sin sobresaltos, pidió ayuda a los organismos de inteligencia de los Estados Unidos para encontrar a los responsables (es cómo si un padre de familia le pidiera ayuda a su vecino para castigar a su hijo delincuente ante la impotencia de hacerlo por sí mismo); le aconsejó a Trump “dialogar” con los inmigrantes que en las calles luchan contra las deportaciones masivas e indicó que el camino de América Latina no es liberarse (la segunda independencia) sino asociarse con Trump. Y agregó que “el obrero y el patrón no deben matarse como sucedió en Europa en los siglos anteriores, sino pactar y llegar a un acuerdo”. Aconsejó a los trabajadores renunciar a la lucha por mejorar las condiciones de trabajo y de vida, o a la lucha por sus derechos y así renunciar a la lucha de clases dejándose explotar de manera sumisa. Y lo peor de esta política es que sus seguidores la aplauden a rabiar irreflexivamente o miran para otro lado.
En consecuencia, el gobierno Petro, el Pacto Histórico y el “progresismo” no superan la tradicional conducta sumisa de la burguesía colombiana, las capas medias y sus partidos ante las agresiones imperialistas, continúan la agenda de subordinación y aceptación a las medidas y exigencias de la potencia norteamericana.
La política del gobierno Petro, más allá de algunos discursos y mensajes altisonantes por la red X, es de sumisión a los dictados del imperialismo y del gobierno Trump. Una cosa son los discursos y declaraciones de un gobernante y otra muy diferente, sus acciones concretas.
En eso sigue las pautas de los demás gobiernos que se reclaman de izquierda en el continente: la renuncia total a enfrentar las agresiones de EEUU en general y de Trump en particular.
El ataque de Trump exige una postura independiente
Si bien hemos valorado objetivamente la conducta que tuvieron algunos mandatarios en la historia (Perón; Torres; Velasco Alvarado; Allende; etc.), que, sin dejar de ser gobiernos burgueses, se atrevieron a distanciarse, así fuera tibiamente del imperialismo y de sus mandatos, y valoramos la decisión de Petro de distanciarse de Israel, de nuestra parte, lo hacemos siguiendo a Trotsky pues “tenemos que diferenciar estrictamente entre países burgueses opresores y oprimidos”, pues son naciones no iguales sino desiguales, como se dijo arriba.
Y agregó que: “el deber de todo revolucionario es apoyar la causa de la nación oprimida en sus luchas contra los opresores”. No perder de vista este principio rector del antiimperialismo es fundamental.

Pero la postura del gobierno Petro y sus pares del continente, dista mucho de asumir una conducta políticamente independiente del imperialismo. Más bien han esparcido la fábula o ilusión de que es posible hablar de “tú a tú” e invitar a dialogar como “iguales” con los gobernantes de las potencias imperialistas.
Todos han desechado o subestiman que el capitalismo es un sistema económico mundial. Cada país, así sea atrasado, ha sido llevado a la estructura de las relaciones capitalistas y se ha visto sujeto a sus leyes de funcionamiento. Cada nación entra en la división internacional del trabajo sobre la base del mercado mundial capitalista y participa en una forma peculiar y en un grado diferente en la expresión y expansión del capitalismo jugando diferentes roles en las distintas etapas de su desarrollo.
La desigualdad entre el desarrollo de los diferentes continentes y países es acompañada de un crecimiento desigual de los diferentes elementos dentro de cada grupo social. Respondiendo a esa realidad olvidada hoy por muchos, León Trotsky escribió: “La desigualdad es la ley más general del proceso histórico”[2]; estas desigualdades son la expresión específica de la naturaleza contradictoria del desarrollo social y de la dialéctica del desarrollo de la sociedad humana.
Cada nación tiene sus propios rasgos distintivos, pero estas peculiaridades surgen como consecuencia de la modificación de leyes generales por el material específico y las condiciones históricas. Son, en última instancia, la cristalización individual de un proceso universal.
Trotsky concluyó que las peculiaridades nacionales son el producto más general del desarrollo desigual histórico, su resultado final. Sin embargo, por profundamente asentadas que estén estas peculiaridades en la estructura social y por poderosa que sea su influencia sobre la vida nacional, ellas son limitadas. No reemplazan el proceso superior de la economía y de la política mundiales, ni pueden abolir el funcionamiento de sus leyes.
Por una política antiimperialista y revolucionaria que beneficie a los trabajadores y al pueblo pobre
Se impone luchar sin concesiones contra las políticas colonizantes. Por la defensa de los países y todas y cada una de las reivindicaciones inmediatas de los trabajadores y las masas a nivel nacional, latinoamericano y mundial. La explotación y la miseria NO son una calamidad natural, sino social y políticas propias del capitalismo y el sometimiento a los intereses del imperialismo.
Pero ningún sector de la burguesía nacional por más progresista, de “izquierda” o popular que se reclame, puede romper el doble vínculo que la une indisolublemente al capital imperialista: el común saqueo de sus recursos naturales, la explotación de los trabajadores y el temor a la movilización independiente de las masas. Por eso ningún sector significativo de la burguesía nacional en América Latina quiere o puede luchar consecuentemente por la liberación nacional.
La fábula predicada por la “izquierda” parlamentaria reformista de América Latina, según la cual existen unos “burgueses democráticos” o “empresarios nacionalistas”, a los cuáles es obligatorio unirse en las elecciones y hacerlos parte del gobierno, para poder enfrentar -en el limitado terreno electoral- a la derecha y la ultraderecha burguesa y supuestamente “ampliar la democracia”, no es sino eso una fábula. Por eso hasta ahora, la conducta de los gobiernos de “izquierda” (México, Brasil, Chile, Bolivia, Venezuela, etc.), incluido el de Petro, ante la ofensiva y los ataques colonialistas de Trump, se comportan políticamente como cobardes.
Corresponde entonces a las organizaciones de los trabajadores y las masas asumir la tarea de enfrentar el ataque de Trump. Esa realidad significa un reto para los dirigentes de las organizaciones sindicales y populares del país y del continente. En sus manos está la organización la movilización continental y la lucha por la segunda independencia del país y de América Latina, tarea urgente e imprescindible. [Le puede interesar: “Con Trump: los trabajadores bajo ataque”].

Para eso no hace falta inventar la pólvora. La clase obrera, los asalariados y las masas colombianas y latinoamericanas podemos y debemos recorrer el camino que la clase obrera, los trabajadores bananeros, los de la construcción, los docentes, los indígenas y el pueblo panameño nos están señalando: La Huelga general y las movilizaciones masivas con bloqueos flexibles de vías (para no impedir el paso de alimentos y ambulancias), realizados directamente contra el gobierno, contra el imperialismo norteamericano y su transnacional Chiquita Brands, rechazando la presencia de sus tropas y sus pretensiones sobre en el Canal de Panamá, contra el recorte de la seguridad social y contra la corrupción de sus gobernantes. Esa lucha contra Trump se podría anudar a la solidaridad continental con esa lucha antiimperialista de los trabajadores panameños, que recurre a los métodos tradicionales de la clase obrera: la huelga general, el paro y la movilización masiva.
Los socialistas luchamos por resolver simultáneamente la crisis y el atraso estructural del país y la crisis económica de las masas. Por ello ante la agresión de los EEUU y del gobierno Trump, contra el país y demás pueblos hermanos de América Latina:
Estamos por la liberación nacional de todas las semicolonias. Es decir, por la ruptura de todos los pactos colonizantes que los países atrasados tienen con el imperialismo, por la defensa de toda nación oprimida de la explotación del imperialismo y por el derecho a la autodeterminación nacional, proponemos entonces:
Una política democrática, de amplia Unidad de Acción antiimperialista con todos aquellos que estén por la realización de acciones conjuntas y manifestaciones unitarias, para rechazar las amenazas del gobierno Trump, exigir la ruptura de los pactos colonizantes, la expropiación de las empresas imperialistas y, una de las fundamentales tareas democráticas, la lucha por la soberanía del país. Dentro de la cual, la clase obrera y sus organizaciones mantengan su independencia política y organizativa, que les permita levantar una política revolucionaria y clasista.
En esa ruta, no seguir pagando la deuda externa como hace Petro. Una deuda contraída por los gobiernos burgueses a espaldas del pueblo. Por la utilización de ese dinero para resolver las ingentes necesidades de los sectores más desfavorecidos de la sociedad colombiana y de la clase trabajadora.
Ruptura con el Fondo Monetario Internacional y expulsión de sus “misiones” y sus “observadores” por constituir una injerencia dañina para el país, en favor de las transnacionales y gobiernos imperialistas.
Por la ruptura de todos los pactos políticos y militares que nos someten al imperialismo, y la suspensión del tránsito de tropas de EEUU por el país y sus bases militares (como la de Gorgona), por el repudio y el retiro de los organismos militares de sumisión colonial como el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), el pacto de Río, así como el retiro inmediato de la OTAN. Igualmente, de la OEA y de la OCDE y por la ruptura de los pactos de extradición de nacionales por orden de los EE.UU.
Nacionalización bajo control obrero de las grandes empresas monopólicas nacionales y de las transnacionales extranjeras, de sus bancos, compañías de seguros y entidades financieras. Por la nacionalización y el monopolio estatal del comercio exterior.
Conquistar esas metas sólo será posible si se logra organizar una lucha totalmente independiente de la tutela de los gobiernos, decidida democráticamente al interior de las organizaciones de los trabajadores y las masas, para enfrentar con seriedad y decisión la ofensiva colonizante de Trump, los EEUU y demás imperios capitalistas.
[1] TROTSKY, León, Sobre la liberación nacional, Editorial Pluma, 1976, pág. 43
[2] TROTSKY, León, “Historia de la revolución Rusa”, pág. 5.










