
Hugo Sánchez – 06/08/2025
NOTA: al terminar este artículo, se conoció la condena, en primera instancia, al expresidente Álvaro Uribe Vélez, hecho de trascendencia al que no nos referiremos acá, sino en un próximo artículo.
Después de prolongadas disputas, maniobras políticas, presiones corporativas, cuestionamientos sobre la legitimidad de las negociaciones y una serie de acuerdos poco transparentes en el Congreso, la Reforma Laboral promovida por el gobierno ha sido finalmente aprobada. Lo anterior, más allá del júbilo inducido por los directivos sindicales afectos al gobierno, debería despertar serios cuestionamientos en los trabajadores sobre las verdaderas motivaciones e intereses que hay detrás de su aprobación.
Desde el gobierno y las direcciones sindicales afines a él, se ha celebrado con bombos y platillos lo “histórico” de las ganancias obtenidas para los trabajadores, como también, sectores de, derecha y extrema derecha que en términos generales han visto con buenos ojos el acuerdo parlamentario para su aprobación.
Veamos entonces, cuáles son algunos de esos puntos que más sobresalen y se presentan como grandes logros:
– El pago de horas extras al 100 %
– El establecimiento de la jornada diurna de 6:00 am a 7:00 pm, con lo cual las horas extra se empiezan a pagar a las 7:00 pm y no a las 9:00 pm como se estaba dando hasta antes de su aprobación.
– La limitación de contratos a término fijo sólo hasta por 4 años
– La implementación de los contratos de aprendizaje (SENA) con pago de 75% del salario mínimo en fase lectiva y de 100% en fase productiva
– La aparición de nuevas licencias remuneradas como el asistir a citas médicas de urgencia o programadas con especialistas cuando se informe al empleador junto certificado previo, incluyendo aquellos casos que se enmarquen en la endometriosis. Igualmente, la reforma también contempla licencias para asistir a las obligaciones escolares.
– La formalización de trabajadores de plataformas digitales y de las mujeres comunitarias al ICBF
Si se observan cada uno de esos puntos aisladamente, es innegable que son logros positivos y que sin duda significan mejoras para algunos sectores de los trabajadores, ello como derechos individuales. Sin embargo, sería un error valorarlos de forma aislada. Por el contrario, es preciso mirarlos en relación tanto a los derechos que se tenían antes, y que fueron arrasados, no solo por los gobiernos de Uribe desde 2002 (y aprobados no sólo por los parlamentarios uribistas sino por liberales, conservadores y todos los parlamentarios patronales), sino también, aquellos perdidos desde 1990 con el llamado “Revolcón” “neoliberal”, retrógrado, del gobierno de César Gaviria y legitimado luego por la Constitución del 91.
Tales como el pago triple de dominicales y festivos; la jornada nocturna que empezaba a las seis de la tarde y como extra, tenía un recargo del 75% sobre el valor de la hora ordinaria diurna. Pero además:
“se permitió a los empresarios contratar a término fijo sin restricciones, lo que condujo a que los contratos temporales se impusieron como norma y hoy siguen asolando a los trabajadores…se legalizó el despido unilateral, lo que autoriza a los empleadores a despedir a un trabajador sin justa causa; se eliminó la estabilidad laboral automática a partir de cumplir 10 años de trabajo en una misma empresa. Se perdió la retroactividad de las cesantías que permitía liquidarlas con base en el último salario devengado o en el promedio del último año”[1]
Esos logros que se tenían eran muy superiores a los que hoy el gobierno Petro y sus seguidores proclaman como sus “logros históricos”. Y lo más importante: no fueron concesiones de los gobiernos anteriores, todos representantes de los que Petro llama “blancos esclavistas”, es decir de la burguesía criolla asociada a las trasnacionales. Gobiernos explotadores y opresores que han dominado por siempre el país, arrodillados a los gringos. Por el contrario, fueron arrancados a esos gobiernos, con grandes luchas, muchos sacrificios y muertos. Se habían logrado, y hasta 1990 se tenían, porque con la lucha se le pudieron arrancar a esos gobiernos burgueses, «esclavistas”. Cosa que Petro y sus seguidores esconden hoy, para mostrar la interpretación liberal en boga de que las conquistas, no son resultado de la lucha, sino son algo “otorgado al pueblo”, por los gobiernos burgueses de “izquierda” como el suyo y que la burguesía tradicional no daba.
¿Un logro «histórico»?
Entonces, si miramos con seriedad y sensatez estos puntos de la Reforma aprobada, en relación a lo que por años se tuvo y que fue arrebatado a los trabajadores como consecuencia de las derrotas propinadas a sus luchas por la política conciliadora y traidora de sus dirigentes, encontramos sin lugar a dudas, que los logros de esta reforma laboral aprobada no son solo parciales sino absolutamente insuficientes. [Ver artículo: Recuperación de derechos: REQUIERE NUEVA DIRECCIÓN SINDICAL]
Ahora, si se juzgan estos limitados logros en relación a los anhelos de cambio que tenían los trabajadores y las masas en general, quienes con este gobierno aspiraban a vivir sabroso, y poder recuperar algunas o todas esas conquistas y beneficios perdidos, claramente estamos ante un lánguido logro.
Lo que hay de fondo tanto con esta reforma laboral –así como la pensional y la de la salud- más allá de sus limitados alcances y tibios cambios, es que son parte y están al servicio de un plan de conjunto que busca alejar a los trabajadores y al pueblo pobre de la lucha directa. Buscan legitimar y aprestigiar las instituciones de esta democracia retaceada, como el parlamento, los jueces y las elecciones, ante los ojos de los trabajadores. Y están sujetas al plan de pavimentar una próxima campaña electoral, que favorezca las ambiciones parlamentarias de la actual coalición de gobierno.
Veamos detenidamente
Si le hacemos un zoom a varios de los puntos aprobados en la reforma, podemos ver por qué, a nuestro juicio, no dejan duda alguna de las dificultades e incluso aspectos de orden regresivo que contienen:
- Contratos a término fijo: En principio se hablaba contundentemente de desaparecer este modelo de contratación y cambiarlo por contrato a término indefinido, de modo éste fuera la regla general. Al revisar lo aprobado en la reforma, no sólo no se eliminan, sino que pueden extenderse hasta por cuatro años, sin la obligación clara de convertirse en indefinidos, abriendo así la posibilidad de rotación permanente de personal cada cuatro años.
- Contratación por obra o labor: La reforma no los prohíbe, permite continuar con esta forma precaria vinculación sin establecer límites claros, perpetuando así dicha modalidad contractual.
- La reforma se refiere a derechos individuales, pero ignora todos los derechos Colectivos que siguen como estaban, sin ningún avance.
- No se elimina la tercerización, ni los contratos temporales o por prestación de servicios. Siendo el gobierno el que con la enorme nómina paralela que mantiene, sigue haciendo uso de esta regresiva figura de contratación laboral[2]
- Despido con justa causa: Se omite la sanción a las empresas por violación del debido proceso (pretermisión), debilitando así la protección al trabajador.
- Trabajo nocturno: El recargo del 100% se aplicará de forma gradual hasta 2027 (80% en 2025; 90% en 2026 y 100% en 2027), y no de inmediato, como originalmente se propuso y como debería ser. Al respecto es bueno volver a recordar que el pago dominical y de festivos antes de 1990 era del 300% para los trabajadores en Colombia. Esto pone en evidencia el nivel de retroceso en el que estamos.
- Plataformas digitales: Mantiene el modelo de contratación autónoma, sin garantizar acceso pleno a la seguridad social ni a la formalización laboral. Ello permite a las empresas no tener que pagar por la salud, la pensión y cesantías a sus trabajadores, quienes al recibir su salario deben destinar parte de éste asumiendo solos ese gasto.
- Contratos de aprendizaje (SENA): El apoyo económico continúa por debajo del 100% del salario mínimo legal mensual vigente desde la fase lectiva.
Estos son solo algunos ejemplos que nos permiten concluir que la reforma aprobada —aunque es cierto que introduce mejoras aisladas y puntuales— no representa un cambio estructural de fondo a favor de los trabajadores. Es, más bien, una adecuación mínima que mantiene intacto el modelo laboral funcional a los intereses de la clase burguesa.
Lejos de representar un mejoramiento sustancial en la garantía de derechos laborales, representa una continuidad en la precarización del trabajo, especialmente de los sectores más vulnerables. Aunque se presentó como un proyecto para dignificar el empleo, muchas de sus disposiciones abren la puerta a la flexibilización de contratos, debilitan la estabilidad laboral y reducen la capacidad de negociación colectiva. En la práctica, el texto final responde más a las exigencias de los empresarios que a las necesidades históricas de la clase trabajadora.
¿En qué contexto se aprobó esta reforma laboral?
El mandato del presidente Gustavo Petro es constantemente zarandeado no sólo por los voceros políticos y parlamentarios de los partidos patronales, sino por el gobierno de los EEUU con sus constantes ataques, intromisiones y agresiones contra el país. Eso hace que Colombia atraviese constantes y serias crisis políticas e institucionales. Realidad agravada por los también constantes conflictos internos en su gabinete, como la renuncia de la canciller, el escándalo de Álvaro Leyva, la fuga de Carlos Ramón González y el distanciamiento y sus ataques a su vicepresidenta Francia Márquez. Y problemas estructurales como el colapso del sistema de salud, el fracaso de la “paz total”, el desempleo crónico, la informalidad rampante y otros hechos, lo cual configura un país convulso y sin rumbo claro. [Para más amplitud ver: 1o. de mayo, Día internacional de los trabajadores: día para recordar el poder de la lucha obrera”].

En ese contexto crítico, la convocatoria del gobierno y las centrales obreras a marchar el Primero de mayo bajo el lema “SÍ a la consulta popular” y el usar el fantasma del 28A como chantaje, fueron determinantes para que el Congreso reconsiderara su negativa inicial a discutir el proyecto de reforma laboral. Esta propuesta de movilización, fue una jugada audaz del petrismo, que logró aprovechar la indignación popular causada por la negativa de los congresistas a modificar las leyes en materia laboral, y profundizar el llamado por ellos “bloqueo institucional”. Se trata de un claro ejemplo de cómo el gobierno, con el respaldo de las dirigencias sindicales mayoritarias y los partidos de la izquierda institucionalizada, instrumentalizó una movilización popular de contenido y carácter totalmente electoral.
A su vez, los congresistas, conscientes de este error cometido y preocupados por sus curules en las próximas elecciones, accedieron a negociar. De este modo, tanto el gobierno como la oposición de derecha y extrema derecha, lograron quitarle presión a la movilización social y alejarse del fantasma del 28A, que sigue presente en los cálculos y temores de unos y otros.

La crisis del gobierno también se profundiza gracias a diversos, y casi que diarios, escándalos de corrupción que continuamente salpican a personas cercanas al presidente, incluidos familiares y miembros del Pacto Histórico. La retórica moralista, el uso simbólico del “pueblo” y la promesa de cambio para beneficiar a los más necesitados, contrastan con la presencia de figuras de politiqueros tradicionales como Armando Benedetti, el pastor retrógrado Saade, el Ministro de Justicia Montealegre y otros funcionarios imputados o prófugos de la justicia.
El presidente en campaña, ha denunciado la compra de votos en la costa Caribe, responsabilizando a la clase política tradicional del bloqueo a sus reformas. Sin embargo, no ha mostrado la misma vehemencia para enfrentar las irregularidades dentro de su propio gabinete. La reciente propuesta de una Asamblea Constituyente, como mecanismo para avanzar hacia el proyecto de cambio prometido, que reemplazaría la fallida consulta popular, es más otra maniobra electoral que una verdadera propuesta de solución a los problemas más apremiantes de los trabajadores y la población en general.
Como han señalado varios opositores críticos: “Más que revolucionario, este es un gobierno desafiante, y no necesariamente en el buen sentido (…) instrumentaliza al pueblo para su causa”. Lejos de impulsar una transformación de fondo, el gobierno parece valerse de la movilización popular como un mecanismo de presión electoral para mantener el control político y garantizar la permanencia de sus aliados en el Congreso[3].
Y mientras tanto, ¿qué pasa con los trabajadores?
En medio de todo lo anterior, la clase trabajadora sigue padeciendo condiciones de informalidad y precariedad (56,8% de los ocupados son informales, según el DANE). Al respecto, en un reciente artículo de opinión, se afirma lo siguiente:
“En Colombia, el 45,2% de los trabajadores gana menos del salario mínimo legal y solo un 16% recibe el equivalente a un salario mensual. Es decir, más de la mitad de los colombianos en edad productiva, obtiene $1.423.500 o menos por trabajar todo un mes. Esto es grave, dado que no ha habido avances en superar esa brecha. “El promedio de ingresos colombiano hace 10 años era 1.39 veces el mínimo, ahora es 1.37. Esto refleja una grave desigualdad en el mercado laboral y una alta incidencia de informalidad”, afirma la investigadora”. [4]

Ante esta realidad, es apenas lógico que las esperanzas de mejoría con la reciente reforma laboral aprobada, sean parciales respecto del conjunto de trabajadores, pues su alcance e impacto como hemos demostrado, no puede dar solución efectiva a los profundos problemas de los todos trabajadores colombianos, ni a los informales y mucho menos a los desempleados, todos víctimas de lo que en los discursos Petro llama “esclavistas”. Si bien para un sector de trabajadores significa un leve incremento en sus salarios, es importante considerar qué pasa con los otros sectores de trabajadores y población desempleada o en la informalidad.
Para nadie es un secreto que la gran mayoría de los trabajadores colombianos labora en jornada diurna con salario mínimo que no les alcanza para llegar a fin de mes, y muchos de ellos en trabajos donde poco a nada tiene que ver las horas extra porque no las hay. El sector de trabajadores informales, que es el más extenso, lucha a diario por sobrevivir, sin tener acceso a prestaciones sociales; Y finalmente, el sector de desempleados anhela tener un trabajo que le signifique algún ingreso, a veces en las peores condiciones, pues la necesidad así lo obliga.
Y como si esto no bastara, podemos sumar la cantidad de trabajadores aún con contratos temporales[5] o bajo modalidad de tercerización, para completar un contexto sumamente adverso a la mayoría de los trabajadores asalariados que anhelan tener una mejor calidad de vida, que claramente esta reforma no les podrá brindar. Afirmamos esto pues de nuestra parte nos alejamos del conformista criterio de “que algo es algo y peor es nada”, que este gobierno y sus seguidores han puesto en boga.
En contraste, hay excelentes resultados para varios sectores de la burguesía nacional. Son variados los artículos y las buenas noticias donde se mencionan como las grandes empresas del país han facturado llamativas ganancias durante el gobierno de Gustavo Petro. Por ejemplo, el ranking Merco Empresas 2024 resalta el crecimiento de conglomerados como Bancolombia, Alpina, Grupo Nutresa, Bavaria y Sura[6], lo que demuestra que, incluso bajo un gobierno que se autoproclama como el adalid transformador, promotor del cambio y defensor de los intereses de los más desfavorecidos, los ‘nadies’, el capital privado y sus dueños siguen prosperando. [Puede ver: “LA SITUACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA”]
El apoyo ciego al gobierno
De otro lado, las dirigencias sindicales y políticas que se dicen de “izquierda” han perdido total capacidad crítica. Han optado por posiciones complacientes, minimizando la corrupción, el autoritarismo y la evidente ineptitud administrativa que afecta al sistema de salud, la seguridad, la economía y, en general, las condiciones materiales de vida de las mayorías. En este sentido, son pertinentes las palabras del columnista Vladdo quien dice que:
“Resulta decepcionante que ciertos representantes de la izquierda —actuando en contra de la lógica y la sensatez que los caracterizaba al referirse a otros presidentes— se hayan convertido en áulicos de este régimen, y prefieran hacerse los desentendidos o mirar por el retrovisor para relativizar o minimizar la crisis que atravesamos, que no solo tiene que ver con la corrupción o el autoritarismo, sino también con la ineptitud de este gobierno en todos sus niveles, que se ha traducido en el deterioro de la seguridad, del sistema de salud, de las relaciones internacionales, del servicio público y, como si fuera poco, de la institucionalidad, que cada día se ve más amenazada por los delirios autoritarios del primer mandatario”[7].
Así, mientras el gobierno en la plaza pública sigue apelando a símbolos revolucionarios vacíos, sin ofrecer mayores resultados concretos que respalden su discurso, la clase trabajadora permanece maniatada por sus dirigentes en una posición defensiva y anclada a confiar únicamente en los mecanismos de la democracia burguesa (elecciones, parlamentarismo) como si fueran la única vía para resolver sus problemas más apremiantes y sin confiar en su movilización y lucha, que es lo que permitió lograr los derechos que aún se conservan y las migajas actuales.
¿Qué hacer para cambiar esa realidad?
Para cambiar esta situación, se hace necesario recordar cómo se han logrado las conquistas que aún permanecen en pie y que hoy la burguesía intenta revertir. Aun bajo regímenes autoritarios, estatutos represivos y condiciones sumamente adversas, las victorias de los trabajadores. La jornada de ocho horas, el descanso dominical, vacaciones pagas, la seguridad social o el Estatuto Docente, entre muchos más, han sido fruto de huelgas, paros y la lucha en las calles. Todo ha sido ganado mediante movilización, la organización de los trabajadores y la lucha directa. Ningún gobierno —por más “progresista” o benefactor que se presente— ha regalado derecho alguno. Todo lo que aún se tiene, ha sido fruto de esas luchas.

Conviene para ello, traer a la memoria el 28A, el estallido social más reciente, cuando la movilización masiva puso en jaque al gobierno uribista de turno, tumbó reformas, ministros y provocó que en el ánimo de la lucha conjunta se levantaran reivindicaciones profundas. La acción de masas que propinó un golpe demoledor a la extrema derecha uribista, que entre otros factores, así sea de manera indirecta y tardía, permite explicar las razones de fondo por las que su máximo líder hoy haya sido juzgado y condenado en primera instancia.
Fue un momento que mostró el gran potencial de las masas para conquistar transformaciones reales, sin vacilaciones, ni engaños o maniobras. Sin embargo, las dirigencias sindicales y políticas canalizaron toda esa energía hacia el camino electoral, el método preferido de la burguesía para desactivar la lucha social y frenar los procesos de cambio. [ver artículo:28 de abril de 2021, EL ESTALLIDO SOCIAL QUE ESTREMECIÓ A COLOMBIA]
Hoy, más que nunca, urge recuperar ese método de lucha, esa memoria histórica y, con ella, avanzar en recuperar la conciencia que como clase trabajadora nos permite asumir una postura y acción independiente de la tutela del gobierno en su alianza con los Benedettis y demás politiqueros de los capitalistas.
Sólo a través de la organización independiente y la movilización sostenida de los trabajadores será posible conquistar reivindicaciones fundamentales, tanto a nivel nacional como internacional. Es imprescindible construir partidos y sindicatos con independencia de clase, no subordinados a gobiernos burgueses, por más “progresistas” que se autodefinan. Esa ha sido la principal lección de la historia para la clase trabajadora, y es tiempo de retomarla.
[1] OSPINA Duque Edgar, “Contrarreforma laboral y crisis del movimiento obrero”, 1995.
[2] “la gran mayoría de los trabajadores del Estado están vinculados bajo contratos de prestación de servicios sin derecho a beneficios como prima, vacaciones o cesantías. En ese orden de ideas, es sabido en el ámbito estatal que en muchas entidades los únicos trabajadores que son de nómina son las secretarias o los que tienen cargos asistenciales, mientas que el grueso de la nómina es por prestación de servicios para cargos como asesores y especialistas. (https://www.valoraanalitik.com/nominas-paralelas-son-legales-colombia-petro-pide-acabarlas/).
[3] https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/la-agotadora-revolucion-3461302
[4] https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/salir-de-la-pobreza-o-solo-dejar-de-ser-pobre-3458346
[5] “El contrato de prestación de servicios se creó en Colombia para pagar la entrega de ciertos productos o servicios. Este no genera una vinculación laboral ni de prestaciones sociales. Sin embargo, se ha incrementado su uso de manera exponencial. Solo en el sector público, los trabajadores contratados bajo la modalidad de prestación de servicios pasaron de ser 48.000 en 2022, a 64.000 en 2024” FUENTE: Bajos salarios, normas rígidas y prestación de servicios: algunos retos para el Día del Trabajo en Colombia. Miguel Martínez Delgado. 30 de abril 2025. https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/dia-trabajo-colombia/
[6] https://www.infobae.com/colombia/2024/10/18/empresas-con-mejor-reputacion-en-colombia-merco-2024-trae-cambios-en-la-cima-del-ranking/
[7] https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/que-pena-companeros-pero-3464328










