El parlamento Nepalí en llamas. Foto: NARENDRA SHRESTHA/EPA

H. Klement – 24 -10-2025

Aunque ha transcurrido más de un mes y los grandes medios ya dejaron atrás lo sucedido en Nepal, sus repercusiones se siguen sintiendo en acciones masivas con resultados similares en Madagascar y como protestas en Marruecos, Perú, Ecuador u otros países. Si bien los medios y las redes lo presentan como una inconformidad limitada a la llamada “generación Z” y sus ‘símbolos’, el que las protestas se hayan extendido se explica porque se originan en  las miserables condiciones de vida y trabajo no sólo para ellos sino también sus familias, así como la creciente pobreza y falta de futuro.  Pues, más allá de que enfrenten diferentes gobiernos y condiciones diferentes, los jóvenes y grandes sectores de la población, padecen en todos esos países las consecuencias de un mismo sistema, que impera en ellos, el sistema capitalista.

Para ilustrar puede ver los videos:

No obstante, por la importancia que reviste, dada su profundidad y alcance, en este artículo nos detendremos específicamente en lo sucedido en Nepal.

En sólo dos días y de manera fulminante, una insurrección juvenil y popular por medio de multitudinarias y combativas movilizaciones, tumbó al gobierno de Nepal. El Primer Ministro Khagda Prasad Sharma Oli y buena parte de su gabinete huyeron del país, evacuados por el Ejército en helicópteros.

El 8 de septiembre, miles de manifestantes a gran escala, organizados principalmente por estudiantes y jóvenes de la llamada generación Z (de entre 15 y treinta años), protagonizaron una acción espontánea, independiente y masiva, que dio al traste con el gobierno de una coalición de partidos burgueses liberales junto al Partido Comunista Unificado de Nepal (unión de un PC maoísta y otro directamente estalinista),[1] es decir un gobierno burgués de colaboración de clases.[2]

La prohibición, sólo cuatro días antes, del uso de las plataformas como Whatsapp, Facebook, X, Instagram y Youtube, fue el detonante (o “Florero de Llorente” como se diría en Colombia), que hizo estallar la rabia y la frustración de la población contendida por años. Entre otras cosas, porque el uso de las redes sociales representa para los jóvenes no solamente recreación como podría pensarse, sino que estas son un factor muy importante para el turismo (allí queda el Himalaya) y la comunicación con familiares que trabajan en el extranjero, cuyas familias dependen de las remesas que les envían.

Según la prensa:

La prohibición generó temores de que se restringiera la libertad de expresión de los 30 millones de habitantes de Nepal y perjudicó al turismo, una industria clave que depende de las redes sociales para llegar a los viajeros. El apagón de las redes sociales también aisló de sus familias a unos dos millones de trabajadores nepalíes que viven en el extranjero. La economía de Nepal depende en gran medida de las remesas de estos trabajadores[3].

Esa prohibición fue la mecha que hizo estallar un malestar largamente contenido, ante el autoritarismo del régimen, la ostentación de riqueza por parte de funcionarios del gobierno y sus familias, así como por una grosera corrupción.

Algo reseñado así:

Las protestas del lunes tuvieron un primer chispazo en un movimiento digital que llevaba semanas cobrando impulso: la campaña “Nepo Kid” (derivada de las palabras nepotismo y niño en inglés), dirigida contra los hijos de políticos y figuras influyentes del país acusados de vivir de la corrupción, que había ganado popularidad en redes sociales. “Los Nepo Kids presumen de su estilo de vida en Instagram y TikTok, pero nunca explican de dónde viene el dinero”, denunciaba un usuario en TikTok[4]

La insurrección popular, más que justificada, obtuvo como respuesta del gobierno una brutal represión y la militarización de la capital y otras ciudades del país. Al menos 51 manifestantes fueron asesinados[5] y más de 1.000 resultaron heridos durante las protestas, de acuerdo al diario local ‘The Kathmandu Post’.

Pero los manifestantes no retrocedieron. La lucha se intensificó la protesta y la lucha, llevándolos a romper el cordón policial que protegía del Parlamento en la capital, irrumpir en el edificio e incendiarlo. Igual sucedió con la casa presidencial, las residencias de otros políticos y la vivienda del primer Ministro, que fue incinerada mientras su esposa estaba dentro. Los grandes medios de prensa del mundo inmediatamente condenaron enérgicamente esta violencia de los oprimidos.

Como se dijo arriba, esta acción independiente de las masas es la que en solo 48 horas derribó al gobierno hambreador y puso en fuga a los responsables. La dimensión de la crisis abierta en el país y el vacío de poder creado por la movilización de masas, se reveló en la veloz respuesta de las élites dominantes, quienes apoyándose en el ejército, buscaron una negociación con los líderes del movimiento juvenil, para sólo tres días después nombrar a la expresidenta del Tribunal Supremo de Nepal, Sushila Karki, como primera ministra interina[6]. Obligados por las circunstancias, las elites buscaron así encauzar la grave crisis política, y social en este país del Himalaya e impedir su continuidad.

La raíz de miseria, desempleo y desigualdad

Pobreza y miseria en Nepal. Foto: La línea de fuego revista digital

Nepal, país de Asia, enclavado entre China e India, donde sus cerca de 30 millones de habitantes tienen una renta per cápita de unos 1450 dólares anuales (algo más de miserables $400.000 mensuales). Por eso el trasfondo de las protestas hay que buscarlo en la tremenda pobreza que sufre el pueblo trabajador y la total falta de oportunidades para la juventud, que contrasta con el saqueo del país por trasnacionales de EEUU, China e India y con los lujos y ostentación de los líderes políticos “comunistas”, sus hijos y sus familias. 

Los principales socios comerciales, es decir las potencias que oprimen y explotan a Nepal son India, China y Estados Unidos. La llegada en los últimos años de capitales provenientes de esos países y un acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional, FMI, en el año 2022, es lo que ha profundizado la miseria y un gran desempleo.

Medios destacan que:

Hoy, cientos de miles de jóvenes nepalíes se ven obligados a buscarse la vida en el extranjero. En los países del Golfo, los trabajadores nepalíes son considerados de los más explotados y los más baratos. Los que no pueden emigrar se ven obligados a sobrevivir sólo con las remesas. Esto es un crudo reflejo de una economía capitalista quebrada y de sus estructuras políticas huecas.

Asediados por la desigualdad y el desempleo la mayoría de los jóvenes se sienten frustrados y sin futuro. La tasa de desempleo juvenil en Nepal fue del 20 % el año pasado (Banco Mundial). El 7,5 % de la población se encuentra trabajando en el extranjero, y dependen del dinero de las transferencias de sus familiares, para sobrevivir o sostenerse. Esas son las razones fundamentales para el malestar social en el país, que además ha estado sumido en la inestabilidad política y crisis general desde las protestas que derrocaron la monarquía en 2008, pero los dirigentes del proceso impidieron que se diera al traste con el capitalismo dependiente en el país. Angustiante realidad que está en la raíz de lo sucedido. Algo que la experiencia sintetiza así:

Han de sobrevenir condiciones completamente excepcionales, independientes de la voluntad de los hombres o de los partidos, para arrancar al descontento las cadenas del conservadurismo y llevar a las masas a la insurrección […] Las masas no van a la revolución con un plan preconcebido de sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja[7]

Desde nuestro punto de vista, la juventud y amplios sectores de la población nepalí, se negaron a seguir soportando la sociedad vieja… pues … condiciones completamente excepcionales…los llevaron a la insurrección.

Un contexto regional de inestabilidad

Lo sucedido en Nepal, hace parte de un sismo político y social que hace varios años recorre esa región. Una insurrección similar en Sri Lanka en 2022 derrocó al presidente. Dos años después, estalló en Bangladesh, cuando los manifestantes también derrocaron al gobierno.

Estudiantes movilizados en Bangladesh. AP Foto/Rajib Dhar, archivo.

En Bangladesh, las protestas estudiantiles comenzaron con la indignación contra las normas que limitaban el número de puestos en la administración pública según el mérito. Se transformaron en un levantamiento nacional masivo en julio del año pasado que culminó con la destitución de la primera ministra Sheikh Hasina … En Sri Lanka, el entonces primer ministro Ranil Wickremensignhe asumió el poder después de que los manifestantes expulsaran al poderoso clan Rajapaksa en 2022…” [8]

Lo de Nepal, entonces, no es un rayo en cielo sereno. Además de tratarse de un profundo proceso que viene de hace años con acciones revolucionarias de las masas al interior del país, sin que las élites gobernantes del país lo hayan podido desactivar completamente, se desarrolla, como se dijo, en un contexto regional de agitación y grandes levantamientos revolucionarios que han logrado en el curso de unos pocos años, dar al traste con varios gobiernos opresores y explotadores, ligados a las potencias. 

Y ese proceso de agitación regional viene avanzando en un entorno internacional dónde por oleadas crece el rechazo mundial al genocidio en Gaza y aumenta la solidaridad con la causa palestina con huelgas, boicots y enormes movilizaciones. Mientras que en diferentes países la juventud y sectores de la población, protagonizan protestas contra sus gobiernos (Perú, Madagascar, Marruecos, Ecuador, Filipinas, huelgas en Francia o la histórica huelga general de Italia, etc.). Pero volvamos a Nepal.

 ¿UNA REVUELTA O UNA REVOLUCIÓN?

Ni el tardío levantamiento de la prohibición de las redes sociales, ni el Toque de queda o la militarización del país y tampoco la cruenta represión o el cordón policial protegiendo el Parlamento, así como los llamados “humanitarios” a la calma de parte de la ONU, buscando evitar que el “incendio” se propagara, o alguna otra medida de las tendientes a detener y derrotar la movilización, tuvieron éxito. Todo fue superado por la movilización. Antes que detener la lucha, la impulsaron hacia adelante y el proceso obtuvo un espectacular triunfo: el odiado gobierno de los capitalistas fue derribado.

No obstante, los grandes medios de prensa y lamentablemente no pocas organizaciones reclamadas de ‘izquierda’ y hasta del socialismo revolucionario, coinciden en calificar lo sucedido sólo como una simple revuelta o un estallido social, similar a lo vivido en Colombia y América Latina en 2019 y 2021.

Nepalíes portan la bandera de su país en una protesta en Katmandú.PRABIN RANABHAT |AFP

No valorar u ocultar ante los ojos de las masas los triunfos que estas obtienen con su acción y movilización, es un objetivo vital para las clases dominantes en cualquier país. Algo alentado por sus aliados de las potencias imperialistas, los medios de comunicación a su servicio y por todas las direcciones enemigas del proceso. Así buscan impedir que la movilización se profundice y truncar la dinámica permanente que todo proceso reviste  -como al que se asiste en Nepal- y así lograr la supervivencia de este sistema decadente. Para ello, incluso si las circunstancias se lo imponen darán importantes concesiones. Preferirán “entregar los anillos para no perder los dedos” o “los dedos para no perder las manos”, con tal de salvarse y a la propiedad privada, base de su régimen económico.

Por ello, más allá de parecidos y las similitudes aparentes con algún estallido social o revuelta menor, es imperioso lograr una definición precisa de las acciones realizadas por las masas en Nepal y lo conseguido. Algo decisivo para quienes, más allá de sus debilidades y contradicciones internas, apoyamos las heroicas movilizaciones que estas protagonizan y luchamos por impedir que se detengan, como en efecto estará sucediendo en Nepal.

Reconocemos que todos los procesos comparten rasgos comunes pero revisten características específicas. Si de verdad se tratara de una simple “revuelta” o un “estallido social” muy similares a los protagonizados por la juventud y sectores populares en Chile, Ecuador, Colombia u otros lugares, sus acciones, su duración y triunfos, serían también muy similares. Sin embargo, un análisis juicioso y objetivo, permite precisar que en Nepal marca la diferencia.

¿Cómo ocurrió?

La juventud en Nepal se colocó a la cabeza de las movilizaciones que protagonizó la población trabajadora. No se aisló de esas movilizaciones, ni recorrió el camino de otros jóvenes ante los estallidos mencionados, donde algunos grupos de activistas juveniles radicalizados se dedicaron a realizar acciones al margen de las grandes movilizaciones de masas y por su cuenta y riesgo, con los lamentables resultados de muertos, mutilados, heridos y presos que se conocen.

Antes bien, los jóvenes en Nepal lideraron, la acción de las masas, que enfrentó consecuentemente con métodos de masas la represión y la militarización y la derrotó. La fuerza de las masas les permitió no desmoralizarse ni dejarse vencer por ello. Y el resultado triunfante: en sólo dos días, derrocó al gobierno.

De hecho, la política fundamental de los jóvenes en Nepal fue movilizarse consecuente y combativamente para tumbar el gobierno. No como en algunos ‘estallidos’ dónde los activistas juveniles orientados por sus dirigentes, se limitaron y limitan a denunciar la corrupción, la brutal represión del gobierno, pelear por los DDHH y, en algunos casos como sucedió en Colombia, buscar mostrar en redes sociales un escenario de guerra para ambientar alguna eventual negociación “de paz” con las guerrillas.

También, el veloz y contundente proceso en Nepal  impidió que algún político de oposición al gobierno, usara la muy justa denuncia de los muertos, heridos y mutilados por el régimen y utilizara su prestigio en “alocuciones” condenando la “violencia en general” y llamara a suspender la lucha.[9]  Además, oponerse explícitamente a que se tumbara al gobierno, asustando a los manifestantes con que eso provocaría un “golpe militar”, como hizo Petro en Colombia.[10]

Jóvenes de la generación Z fuera del parlamento. Sept. 8 de 2025. Foto: Skanda Gautam / Europa Press

En el marco de estas cruciales diferencias entre los procesos, no obstante encontraremos importantes similitudes en la política y conducta de los dirigentes sindicales. Tanto en los estallidos en América Latina y aunque, por diversas razones, en los de Nepal, los dirigentes sindicales antes que sumar a sus afiliados a la lucha contra el gobierno, los marginaron de él. En los estallidos de Colombia, Chile EEUU o Ecuador, a pesar de estar en la oposición a los gobiernos, impidieron que la clase obrera y los asalariados se sumaran al proceso. En Nepal actuaron así por estar completamente atados en su apoyo político al gobierno. También habrá similitudes en las salidas políticas que impulsaron en los estallidos y las que impulsarán muchos de los dirigentes tanto sindicales como políticos en Nepal. Buscar ahogar en las urnas la inconformidad y truncar el proceso de movilización, llevando a la juventud y la población a ilusionarse en las elecciones, el parlamento y demás instituciones del establecimiento.

Sin embargo, más allá de estas similitudes y diferencias menores, para nosotros la fundamental diferencia en lo sucedido, estriba en que lo ocurrido en Nepal asistimos a un cambio político abrupto. No planeado por nadie, súbito y fulminante. Cambio que abrió una realidad absolutamente distinta, a la existente en el país en los días previos, en la relación entre la clase dominante y la juventud y las masas.

Un día el gobierno se ufanaba de sus logros, se enriquecía  a manos llenas y sin control, sus hijos hacían una odiosa ostentación de sus lujos y privilegios o los políticos hacían ardorosos discursos en el parlamento y en sólo cuestión de horas, todo eso se convirtió en ruinas, por la acción de las masas en lucha. En últimas, porque una cosa es una revuelta[11] o un estallido social y otra, muy diferente, como hecho objetivo, una revolución triunfante. Y esa valoración es, para nosotros y en gran medida, independiente de sus grandes limitaciones o inconsciencia en la política de sus protagonistas, de los sujetos sociales y su posterior desarrollo.

UNA REVOLUCIÓN TRIUNFANTE

De nuestra parte no tenemos dudas en calificar profundo proceso en Nepal -que entre otras cosas, viene de varios años atrás- como un extraordinario proceso revolucionario que ha logrado un gran triunfo, al derrocar al gobierno de colaboración de clases. A pesar de la distancia, un análisis objetivo de los hechos que conocemos, así como su ubicación en un contexto regional muy convulsivo, nos permiten afirmarlo.

Foto: EFE/EPA/Narendra Shrestha

Dentro de algunas organizaciones del socialismo revolucionario hay, no obstante, quienes al parecer sostienen que sería un despropósito definirlo como una revolución, puesto que no cambió el régimen social, es decir el poder cambió de la clase social que la detenta y si no se expropió a la clase dominante; o no destruyó las fuerzas armadas del estado o el régimen político e incluso yendo más allá, que esa definición sólo es aplicable si el proceso es liderado por un partido marxista revolucionario y la clase obrera actúa como sujeto social y lo encabeza.

Algunos, incluso afirman que no se debe “confundir las movilizaciones o caídas de gobiernos con transformaciones revolucionarias efectivas”. Afirman así que una acción de masas que logra tumbar un gobierno burgués explotador y opresor y agente del imperialismo, no sería una “transformación revolucionarias efectiva”. ¿Qué sería entonces? ¿Una transformación no con métodos revolucionarios sino reformistas? Y ¿No “efectiva”, es decir no real, ni verdadera? Para ellos el proceso en curso en Nepal, en los hechos, no cuestionó el régimen social vigente y el poder del Estado. Para nosotros, sí lo hizo. Y como un profundo proceso revolucionario, pero con la gran limitación o contradicción de ser inconsciente.

Aceptamos que en este caso no se destruyeron las fuerzas armadas; tampoco el poder cambió de clase social; ni fue algo liderado por la clase obrera y un partido marxista revolucionario, es decir no se trató de un proceso consciente, como en el caos de la revolución rusa de octubre. En verdad no sucedió nada de esto.

Pero que la realidad no se acomode a esos importantes criterios, no debería a nadie impedir ver con objetividad lo sucedido y establecer si para la juventud, las masas populares y el pueblo trabajador, se trató de una heroica lucha, pero al parecer sin mayores alcances o que no abre un nuevo y profundo proceso político en el país. O tal vez que no significa un serio revés para el esquema de dominación, opresión y expoliación del país, por cuenta de las potencias imperialistas (EEUU – China) o potencias regionales como India. 

Apreciar lo logrado por la movilización de la juventud y las masas es vital. Hacia el interior del país, significó la destrucción súbita de buena parte del entramado institucional de dominación y opresión de las clases explotadoras y un golpe contundente a ellas. Y, hacia el exterior, un golpe a sus socios y patrocinadores de las potencias (EEUU, China. India, etc.), que se lucran gracias a la miseria y el trabajo de las grandes mayorías del país. Pues el derribar a un gobierno agente del imperialismo, se traduce en un nuevo frente para los EEUU y las otras potencias y objetivamente ayuda, así sea indirectamente, a las masas en el mundo y a la causa del pueblo palestino en su resistencia contra el genocidio sionista.

Es imperioso preguntarse qué piensan hoy respecto de lo sucedido y el haber logrado tumbar el gobierno, los cientos de miles de jóvenes nepalíes sumidos en la miseria y obligados a emigrar a trabajar dónde son considerados más baratos y más explotados. ¿Será que esos jóvenes y pueblo trabajador, evalúan que de momento asisten a cambios sin mayor trascendencia en sus vidas y condiciones de trabajo? Será gracias a una pasajera revuelta? ¿Opinarán que, haber logrado hacer añicos la estructura de dominación, opresión, corrupción y ostentación de las élites políticas y haber sacado de la escena al gobierno en forma tajante y fulminante, representa algo sin mayor importancia para sus vidas? O ¿cómo resultado de algún efímero “estallido”? ¿Qué pensarán los familiares de los jóvenes asesinados y heridos?

Desde nuestro punto de vista, el cambio sucedido en Nepal es tan fenomenal que es necesario hacer una definición objetiva de su trascendencia. Sin embargo, es necesario precisar que la caracterización que hacemos de lo sucedido la hacemos en relación al gobierno y las instituciones burguesas. Instituciones claves de dominación como el Parlamento, fueron completamente demolidas con métodos  revolucionarios y de manera súbita, antes que por tibias o pacíficas protestas con reclamos reformistas – como se dice ahora “la calle”- (sic). Si nos atenemos a los hechos y no sólo a las teorías previas, lo sucedido en Nepal es acorde con que “La insurrección constituye el momento más crítico y más agudo en la lucha de dos clases por el poder… [y que] …Precisamente, la intervención activa de las masas en los acontecimientos constituye el elemento principal de la revolución”[12]

Es decir, en el ámbito nacional, no estamos hablando de una revolución proletaria y socialista como la de octubre en Rusia, sino de un proceso objetivamente revolucionario pero afectado por la ausencia de una dirección proletaria y revolucionaria. Algo que lo afectará seriamente a mediano y largo plazo, pero que no obstante no invalida la acción de las masas como proceso real y los métodos revolucionarios con que lograron derribar el gobierno.

Para ahondar, en porqué llamar revolución a estos fenómenos, nos referimos a que lo sucedido tiene un contenido similar a la siguiente descripción:

«La característica más indiscutible de la Revolución es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. Por lo general, el Estado, ya sea monárquico o democrático, domina la nación; la Historia la hacen los especialistas en la materia: monarcas, ministros, burócratas, parlamentarios, periodistas. Sin embargo, en los momentos decisivos, cuando un viejo régimen se vuelve intolerable para las masas, estas destruyen los muros que las separan de la arena política, derriban a sus representantes tradicionales y, al intervenir de esta manera, crean una posición de partida para un nuevo régimen. Si esto es bueno o malo, corresponde a los moralistas juzgarlo. En cuanto a nosotros, tomamos los hechos tal como se presentan en su desarrollo objetivo. La historia de una revolución, para nosotros, es inicialmente la narración de una irrupción violenta de las masas en los ámbitos donde se desarrollan sus propios destinos. (León Trotsky. Introducción a la Historia de la Revolución Rusa, 1932).

Así, para nosotros en Nepal –y en otros países- buscamos tomar los hechos tal como se presentan. Apreciamos que dado que el viejo régimen se volvió intolerable para las masas…estas destruyeron los muros que las separaban de la arena política… y… derribaron a sus representantes tradicionales…

Y coincidimos plenamente con la afirmación de que una revolución…es inicialmente la narración de una irrupción violenta de las masas en los ámbitos donde se desarrollan sus propios destinos…

Por ello aparece como imperioso valorar el curso totalmente progresivo, abierto en la realidad de los jóvenes y sectores más empobrecidos de la población. Es un inmenso salto hacia adelante en saber de lo que son capaces con su lucha. Algo que no cambia, porque se abre una batalla por lograr dar al traste definitivamente con la opresión, la explotación y el despojo. Batalla contra quienes buscan boicotearlas, traicionarlas y llevarlas al estéril terreno de las urnas. Contra los dirigentes de los partidos del establecimiento y/o por sus agentes dentro de las organizaciones sindicales y populares.

El esfuerzo en apreciar la profundidad de los hechos de la realidad, constituye una herramienta invaluable para interpretar correctamente lo sucedido y poder orientarse adecuadamente, sin perder la brújula política de clase, tan refundida en nuestros días para muchos.

De nuestra parte fundamos nuestra acción política en que esa posibilidad de movilización independiente y consecuente se abra paso. Apostamos a la movilización y acción directa de la clase trabajadora y la juventud, por sus necesidades y reclamos, una vez más aplazados, como en Nepal, por el espejismo de gobiernos de colaboración de clases con políticos y partidos defensores de los intereses de los capitalistas y sin romper claramente con el dominio de las potencias.


RECUADRO

Los gobiernos de “izquierda”: un callejón sin salida

En Nepal la juventud y las masas derribaron con su acción revolucionaria, un gobierno burgués de colaboración de clases. Una alianza o bloque político entre los falsos “comunistas” del Partido Comunista Unificado de Nepal, con un partido Liberal de la burguesía Un gobierno estalinista burgués. Uno más de los tantos gobiernos actuales que se cubren con una bandera roja y se denominan de “izquierda”, para administrar el capitalismo, enriquecerse con ello y poder salvarlo del embate del pueblo trabajador y las masas, al impedir que las masas vayan más allá y avancen a conquistar un gobierno obrero y popular.   

Por ello esta revolución en Nepal además, revela el callejón sin salida a que conduce la política y programa de partidos de “izquierda” que apuestan a la coexistencia o cohabitación con políticos y sectores de las clases dominantes tradicionales del país. Algo que presentan como supuesta solución a la miseria, el desempleo, la marginación de la juventud, la opresión y la violencia estatal. La política reformista de las organizaciones que para tal fin, definen, como “progresistas” o “anti neoliberales a curtidos políticos burgueses tradicionales.

El fracaso de este gobierno burgués de “izquierda” que hoy ha mordido el polvo en Nepal por la acción de las masas, en algún sentido es similar a sus pares de Argentina, Bolivia, Venezuela, Perú, Ecuador y otras latitudes. La diferencia radica en que el fracaso de estos últimos, fue capitalizado electoralmente por la ultraderecha y la derecha burguesa pro imperialista. Es decir que tales gobiernos de conciliación, abrieron paso al retroceso. No como en Nepal que antes que retroceder, impulsó la sociedad y el proceso hacia adelante. Precisamente debido a que no se trató de alguna elección o actividad parlamentaria, sino resultado de la acción extraparlamentaria. A la movilización revolucionaria directa y fulminante, de la juventud y el pueblo trabajador.

Suerte a la que la juventud y los trabajadores conscientes podrían apostar ante la frustración y el desengaño que han traído los gobiernos de “izquierda” en Colombia, Brasil, Chile o México. Pues es imperativo avanzar para superar esas fallidas experiencias reformistas, antes que permitir el retroceso político y el regreso al dominio de los sectores más ultra reaccionarios de los partidos y políticos la patronal.

Dónde, como hemos presenciado, los jóvenes, los trabajadores y el pueblo pobre, son condenados al triste papel de servir como sólo como caudal electoral de las alianzas con políticos de los empresarios, socios y agentes de las trasnacionales de potencias extranjeras. Antes que los chanchullos, acuerdos secretos y componendas electorales con políticos y partidos del establecimiento burgués tradicional.


[1] https://elpais.com/internacional/2025-09-09/nepal-levanta-la-prohibicion-a-las-redes-sociales-tras-las-protestas-que-han-dejado-19-muertos-y-400-heridos.html

[2] Un gobierno “estalinista-burgués” según las viejas definiciones de nuestra corriente internacional: “un tipo de gobierno surgido en condiciones de extrema debilidad de la burguesía…por la mediación del estalinismo han defendido y desarrollado la burguesía nacional, manteniendo las formas de la propiedad burguesa”. Correo Internacional, Año II, # 9; enero 1985.

[3] https://www.nytimes.com/es/2025/09/10/espanol/mundo/nepal-protestas-que-pasa.html

[4] Ídem.

[5] https://www.infobae.com/america/mundo/2025/09/12/ascendio-a-51-la-cifra-de-muertos-en-nepal-tras-los-violentos-disturbios-que-provocaron-la-caida-del-gobierno/

[6] https://www.dw.com/es/nepal-confirma-30-muertos-tras-la-oleada-de-protestas/a-73955282

[7] TROTSKY León – Historia de la Revolución Rusa, Tomo I, página 8. Pluma, Santafé de Bogotá, 1982.

[8] https://www.infobae.com/america/mundo/2025/09/10/tres-revueltas-en-cuatro-anos-como-fue-la-abrupta-caida-de-los-gobiernos-de-nepal-sri-lanka-y-bangladesh/

[9] https://www.infobae.com/america/colombia/2021/06/09/gustavo-petro-rechazo-los-bloqueos-viales-y-dice-que-siempre-ha-convocado-a-manifestaciones-pacificas/

[10] You Tube, Alocución de Petro el 16 mayo, 2021

[11]Ante la Toma de la Bastilla, Luis XVI preguntó: «¿Es una revuelta?, No, señor, es una revolución» le respondieron. 

[12] Trotsky, León. En defensa de Octubre (¿Qué fue la Revolución Rusa?). Conferencia pronunciada el 27 de noviembre de 1932.

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