Illie Pérez e Irene Idris. Septiembre 2 de 2025

Despliegue militar en el caribe: amenaza a la soberanía venezolana y de la región

Estados Unidos ha realizado un despliegue naval de gran magnitud en aguas del mar Caribe frente a las costas de Venezuela. Dicho operativo incluye buques de guerra, un submarino nuclear, más de 4.500 efectivos militares, 2.200 infantes de marina y otros equipos bélicos de alta capacidad destructiva.

Y, la Casa Blanca declaró en rueda de prensa que, “Para terminar con el Cartel de los Soles, todas las alternativas están en el mazo. Menos la invasión terrestre”.[1]

Aunque el presidente Donald Trump justificó esta operación bajo el pretexto de combatir al denominado “Cartel de los Soles”, el verdadero propósito se orienta al derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro o, en su defecto, a forzar su dimisión. Ello obedece realmente a que su administración, pese a su carácter autoritario, se ha mantenido políticamente independiente de la influencia y dictados estadounidenses, desafiando de hecho su dominio y alejando las manos de Trump de los recursos energéticos del país.

El destructor USS Gravely en una imagen de archivo. Getty Images. Fuente CNN

A este escenario se suma la participación de Francia, otra potencia mundial, que ha reforzado su presencia militar en las islas de Guadalupe y Martinica —territorios que aún conserva bajo administración colonial—. El gobierno francés ha justificado su intervención bajo la misma excusa de que “Para Francia, esta es una medida que hace parte de una estrategia de cooperación internacional contra los carteles de narcotráfico”[2]

Este despliegue militar, que apunta de manera directa hacia el Palacio de Miraflores, representa una de las operaciones más significativas de Estados Unidos en América Latina desde la invasión de Panamá en diciembre de 1989, que culminó con el derrocamiento del general Manuel Antonio Noriega.

Frente a este panorama, resulta fundamental que los pueblos de América Latina se pronuncien con firmeza contra esta operación y contra las intenciones de desconocer al gobierno de Nicolás Maduro. Por más cuestionado y desprestigiado que esté dicho gobierno, esta intervención constituye una injerencia directa en los asuntos internos de un país soberano y una grave amenaza a la soberanía y a la autodeterminación de todas las naciones de la región.

Los intereses económicos detrás del pretexto de la lucha contra el narcotráfico.

El argumento de combatir el narcotráfico en el mar —y en particular al denominado “Cartel de los Soles”— oculta en realidad los intereses económicos y geopolíticos que motivan la intervención militar de Estados Unidos en la región.

La llamada “guerra contra el narcotráfico”, que lamentablemente la mayoría de los gobiernos de lo que Washington considera su “patio trasero” suscriben, funciona como excusa para mantener e incluso ampliar la presencia militar estadounidense y su dominio en América Latina. A través de esta estrategia, busca asegurar un mayor control y sometimiento de los países con el fin de garantizar el acceso a recursos naturales estratégicos, valiéndose del envío de asesores, misiones y brigadas militares especializadas.

Un ejemplo evidente es Colombia. Además de la histórica y privilegiada presencia de tropas estadounidenses en bases militares del país, actualmente operan la denominada Misión Cauca y el Comando Sur, mientras avanza la construcción de una nueva base militar en la isla de Gorgona. Esta última fue presentada por la exministra de Medio Ambiente y hoy candidata presidencial, Susana Muhamad, como un “proyecto ecoturístico”. Sin embargo, en la práctica significa una grave concesión a la política estadounidense de ampliar su control sobre el océano Pacífico, en el marco de la disputa geoestratégica con las corporaciones transnacionales de China y Rusia.

Así, este proceso de profundización de la injerencia, cuenta con el respaldo del actual gobierno colombiano. La administración de Gustavo Petro ha facilitado la apertura del país a estas operaciones, al mismo tiempo que mantiene silencio frente a la pertenencia de Colombia a la OTAN. Sus defensores, además, han adoptado una postura acrítica frente a estas políticas de sometimiento.[3] [También le puede interesar: La ofensiva colonizadora de Donald Trump-EEUU”].

Por otra parte, la llamada “guerra antidrogas” también refleja una pugna económica con las mafias de los países productores y exportadores de drogas, asociadas a las mafias radicadas dentro del propio territorio estadounidense. Se trata, en última instancia, de la disputa por el control de un negocio altamente lucrativo. Según datos de la revista Portafolio (2014):

El narcotráfico mueve US$ 320.000 millones al año. El crimen organizado representa el 1,5% del PIB mundial. Si fuera el PIB de un país, esta modalidad sería una de las 20 mayores economías del planeta, equivalente más o menos a la riqueza que produce Holanda”.[4]

Fuente: La Nación. España

En la lógica de este sistema capitalista, la producción y comercialización de narcóticos se conciben como mercancías que compiten en rentabilidad con otras industrias, como la producción y tráfico de armas o el petróleo u otros minerales. Por ello, la búsqueda de grandes beneficios económicos se impone sobre cualquier consideración ética o moral.

De ahí que la estrategia estadounidense no se centre con la misma intensidad en combatir el consumo y las redes de narcotráfico en su propio territorio, sino que dirija su ofensiva hacia la periferia: los países productores de cocaína como Colombia, Bolivia y Perú, así como contra los circuitos de lavado de dinero que circulan en sus organismos financieros y se consolidan en distintos puntos de América Latina. Este es el trasfondo económico de la agresión.

Recuperar el control político y económico sobre Venezuela: un problema crucial para EE.UU.

La actual ofensiva contra Venezuela, que incluye el asedio militar en el mar Caribe, responde principalmente al interés de Estados Unidos de restablecer su influencia política y económica en esa nación, influencia que perdió desde la llegada al poder de Hugo Chávez. A ello se suma la pretensión de controlar las rutas marítimas estratégicas, acceder a la vasta biodiversidad del país y, sobre todo, garantizar el dominio sobre sus enormes reservas de petróleo, las más grandes del mundo.

Para alcanzar ese objetivo, Washington requiere la instauración de un gobierno dócil y subordinado a sus intereses, semejante a las administraciones previas al chavismo.

En un plano más amplio, esta política forma parte de las disputas globales por las áreas de influencia  con potencias como Rusia y, especialmente, con China, que se ha consolidado como el principal socio comercial de Venezuela:

“Según datos del 2022 del Observatorio de Complejidad Económica, China es el principal destino de las exportaciones venezolanas (16,4%) y el principal origen de sus importaciones (31,4%). Venezuela vendió en 2022 a China principalmente derivados del petróleo y minerales por un valor de US$ 703 millones. Mientras que importó productos manufacturados de todo tipo por un valor de US$ 3.000 millones.”

Además, la inversión privada china en el sector energético venezolano resulta significativa. Según informó el diario La República, la empresa “China Concord Resources Corp (CCRC) ha comenzado a explotar dos yacimientos petrolíferos en Venezuela y planea invertir más de US$1.000 millones en un proyecto para producir 60.000 barriles diarios de crudo a finales de 2026, dijo un ejecutivo directamente involucrado en el proyecto”[5]

En este contexto de disputa entre Estados Unidos y otras potencias mundiales por el control de recursos estratégicos y áreas de influencia, cobra especial relevancia la construcción de la base militar en la isla de Gorgona, en Colombia, concebida como parte de la “estrategia marítima” estadounidense. Así lo confirma el artículo ¿Una “base militar” en la isla Gorgona?, que cita declaraciones de la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur, quien señaló que la principal preocupación de Washington es la creciente injerencia de sus “principales rivales”, China y Rusia, en América Latina (V-A., 24 de marzo de 2022).

En reiteradas ocasiones, Richardson ha explicado con claridad la visión de su país:

“Esta región, afirma, es rica en recursos…. Y nuestros competidores y adversarios también lo saben… El 60% del litio del Mundo está en esta región. Tienes crudo pesado, crudo ligero… elementos de tierras raras… el Amazonas… el 31 % del agua dulce del Mundo… Y hay adversarios que se aprovechan de esta región, todos los días, justo en nuestra vecindad. Y yo sólo veo lo que ocurre en esta región en términos de la seguridad de la patria, en los Estados Unidos” (L R. Foro Instituto Aspen, 20 de julio de 2022).[6]

Las palabras de la jefa del Comando Sur no dejan lugar a dudas: detrás del discurso de seguridad y cooperación, la verdadera motivación de Estados Unidos en América Latina es garantizar el control sobre recursos estratégicos vitales para su economía y mantener su hegemonía frente al avance de potencias competidoras. Y los sonoros mensajes y frases altisonantes del gobierno Petro, ocultan su subordinación a esos intereses imperialistas.

La ofensiva colonizadora global

Artículo: De la reelección de Trump al genocidio de Gaza: Fuente: https://www.mediapart.fr/es

El ataque contra Venezuela no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de una ofensiva colonizadora global impulsada por el régimen imperialista internacional liderado por EEUU. Esta dinámica se expresa de manera alarmante y horrorosa en el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, llevado a cabo por el sionismo israelí. A ello se suma la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, así como los bombardeos contra Líbano, Yemen y Siria.

En el plano interno, Estados Unidos también desarrolla una ofensiva dirigida a desmantelar, como nunca antes, conquistas democráticas y laborales históricas. Esto se manifiesta en la persecución a los trabajadores inmigrantes y en el feroz ataque a la clase trabajadora. Tal como lo señala un artículo de nuestras publicaciones:

Esa oleada de despidos y privatizaciones viene arrasando con el empleo de miles de asalariados, además de barrer con la seguridad industrial y aumentar los riesgos en el trabajo. Una verdadera “masacre laboral”, como se dice en Colombia”. [Puede ver: Con Trump: ‘Los trabajadores bajo ataque”]

En síntesis, en este contexto de expansión de sus intereses económicos y geopolíticos, el objetivo de Estados Unidos es restablecer su dominación sobre Venezuela, reforzar su control en la región, consolidar su presencia en el océano Pacífico y garantizar el dominio de las rutas marítimas del Atlántico y el Caribe.

Por tanto, el actual cerco militar y la latente amenaza de intervención militar y o invasión al pueblo venezolano se inscriben dentro de esta estrategia global de dominación.

La militarización de las aguas del mar Caribe: amenaza a la soberanía regional

Fuente: REUTERS

Si  bien, la presencia de buques de guerra estadounidenses en aguas del mar Caribe se dirige principalmente contra Venezuela, su despliegue constituye también una agresión directa a la soberanía de toda América Latina. Lejos de limitarse a un país, afecta a la región en su conjunto, aun cuando varios gobiernos subordinados a Washington la respalden abiertamente.

Ejemplo de esta subordinación,  es la decisión del presidente de Panamá de autorizar el tránsito de las embarcaciones de guerra estadounidenses a través del Canal hacia el Caribe, así como el incondicional apoyo manifestado por los gobiernos de Javier Milei, Dina Boluarte y Nayib Bukele, lamentables peones de la estrategia de Trump.

El Ministerio de Defensa de Colombia respalda la intervención y presidente Petro la considera un “error”

Las declaraciones del ministro de Defensa del gobierno de Gustavo Petro, al avalar el despliegue de tropas estadounidenses en el mar Caribe contra Venezuela, constituyen un vergonzoso respaldo a dicha operación militar. [7]

Foto: Presidencia de la República

Por su parte, el presidente colombiano, después de declarar que una intervención militar sería “un error”,  y sin hacer referencia directa a las declaraciones de su ministro, afirmó en una declaración difundida a través de su cuenta en la red social X que “los problemas de los latinoamericanos y caribeños los solucionamos los latinoamericanos y caribeños”.

Si bien estas afirmaciones resultan relevantes, son completamente insuficientes ante la gravedad de los hechos. Urge complementarlas con un llamado a la más amplia movilización unitaria de los pueblos de América Latina, sin distinción alguna. Es vital retomar la experiencia de la respuesta latinoamericana frente a la agresión inglesa en las Malvinas, como ejemplo de resistencia común ante la injerencia extranjera.

Solo mediante esta unidad será posible enfrentar con éxito cualquier intento estadounidense de deshacerse Maduro y detener la presión que hoy se ejerce contra él, exigiendo el retiro inmediato del operativo desplegado por Estados Unidos en las proximidades de las costas venezolanas.

Solo de esta manera se podrá defender de forma real, efectiva y consecuente, el principio de soberanía nacional sobre el derecho de los pueblos a ejercer plena autonomía sobre su territorio, recursos, gobierno y régimen político, sin ningún tipo de injerencias, subordinación o condicionamiento externo. Es imperioso que tanto Gustavo Petro como los otros mandatarios de la región considerados “de izquierda”, pasen de las declaraciones a la acción solidaria con el país hermano.

Apoyo al pueblo venezolano frente a la agresión imperialista.

Frente a la actual ofensiva militar de Estados Unidos, manifestamos sin ninguna duda nuestra defensa del pueblo y de la nación venezolana.

Defender la autonomía del pueblo venezolano y su derecho a decidir su propio destino sin injerencias externas no implica, en ningún caso, apoyar políticamente al gobierno de Nicolás Maduro ni al régimen chavista. La historia y los hechos demuestran que, si Maduro es un “monstruo”, como lo califica Donald Trump, el imperialismo estadounidense y sus aliados —con sus invasiones, guerras de agresión, masacres, su respaldo a la creación del Estado de Israel y al genocidio contra el pueblo palestino, iniciado en 1948 y que en los últimos dos años ha cobrado la vida de más de 60.000 gazatíes, mientras niños y población en general mueren víctimas de la política de utilizar el hambre como arma de sometimiento— resultan infinitamente más monstruosos que Maduro y los militares chavistas.

La utopía del socialismo del Siglo XXI

El gobierno de Maduro y el chavismo, al igual que en su momento lo hizo Hugo Chávez, optaron por la utopía de mantener el capitalismo en Venezuela bajo la falsa pretensión de “humanizarlo”. Esta política los hace responsables directos del destino de miseria generalizada, desempleo, del colapso de la salud pública, de la precarización de las condiciones de vida de la clase trabajadora y de la emigración masiva de miles de venezolanos en busca de un futuro más digno.

Su gestión autoritaria y pro-capitalista ha facilitado que la derecha y la ultraderecha proimperialista —en Venezuela, representadas por figuras como Juan Guaidó, María Corina Machado o Edmundo González, y en Colombia por sectores similares como el uribismo y la derecha liberal-conservadora— se presenten como supuestos “demócratas”. Estos sectores utilizan la crisis venezolana como excusa para justificar la agresión estadounidense, defender el capitalismo y satanizar el socialismo, identificándolo falazmente con el desastre social y económico, provocado por el chavismo y por sus pares de los gobiernos llamados “progresistas” en la región. [También puede ver: La tragedia de la clase trabajadora y el pueblo de Venezuela].

Al autoproclamarse “socialista”, el chavismo no solo tergiversa y desprestigia la verdadera lucha de los trabajadores, sino que además se convierte en un obstáculo infame para la construcción de un auténtico socialismo obrero y revolucionario.

Aun así, es imprescindible rechazar esta agresión de manera firme, incluso si ello se contrapone a la “moda” imperante entre numerosas organizaciones que se autoproclaman de “izquierda” y/o “demócratas” de  guardar silencio por sus diferencias con el gobierno venezolano Tal postura no es sino la expresión del profundo retroceso en la defensa de la soberanía nacional de los países oprimidos y del abandono de la histórica lucha antiimperialista

Como socialistas revolucionarios y firmes defensores de la causa de la clase trabajadora y de los pueblos oprimidos del mundo, reafirmamos nuestra lucha antiimperialista. Asumimos como nuestra la causa de la soberanía de los pueblos en su lucha por la soberanía nacional. Este principio se impone por encima de consideraciones como el desprestigio del gobierno venezolano, la miseria y el desastre al que ha conducido a su pueblo, así como el carácter totalitario y despótico de su régimen.

El pueblo venezolano debe decidir su futuro y frenar la intervención militar

Internamente, corresponde a los trabajadores y a la población pobre ejercer su legítimo derecho a levantarse y enfrentar al gobierno de Nicolás Maduro y a su régimen político, con el fin de exigir soluciones inmediatas a sus necesidades más urgentes: salarios dignos, empleo, vivienda, acceso a la salud y plenas libertades democráticas, hoy severamente restringidas. Solo así será posible abrir el camino hacia una sociedad gobernada por los propios trabajadores, proyecto histórico que el chavismo frustró y desvirtuó.

No obstante, en la coyuntura actual, lo principal a enfrentar es la agresión de Estados Unidos. En tal sentido, las organizaciones de la clase trabajadora y las masas populares venezolanas tienen ante sí el reto histórico de cerrar filas, en el plano militar, para derrotar las pretensiones intervencionistas impulsadas por Donald Trump.

Esta amplia unidad de acción democrática resulta esencial para la defensa de los intereses nacionales.

Al mismo tiempo, es fundamental no dejarse engañar por las falsas promesas de una vida mejor que difunde la extrema derecha colombiana y latinoamericana, en caso de que el imperialismo logre derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.

Mensajes como los de María Corina Machado, quien instrumentaliza las necesidades y esperanzas de millones de venezolanos para sostener que “El retorno de la democracia a Venezuela abrirá oportunidades de inversión no vistas en los mercados emergentes (…) Somos millones de venezolanos, impulsados por la esperanza, los que exigimos el cambio democrático”,[8] constituyen un completo engaño.

Bajo ese discurso de “democracia”, promesas de “prosperidad para los pobres” y llamados a la “esperanza”, se oculta, en realidad, la intención de posicionarse como socios menores en la entrega del país a los intereses del imperialismo estadounidense y a los apetitos de sus transnacionales, utilizando así, las legítimas aspiraciones del pueblo venezolano para favorecer proyectos económicos que únicamente benefician a las élites.

Un verdadero futuro mejor solo podrá construirse si la clase trabajadora asume el control del Estado a través de sus propias organizaciones y establece un régimen de auténtica democracia obrera, capaz de garantizar soberanía y bienestar para las mayorías.

URGE UNA AMPLIA UNIDAD DE ACCIÓN ANTIIMPERIALISTA EN AMÉRICA LATINA

La actual agresión pone al orden del día la necesidad de forjar la más amplia unidad de acción antiimperialista de los pueblos de América Latina, en defensa de la soberanía nacional de Venezuela y de toda la región. [Denuncia flyer a la agresión].

La lucha por la emancipación nacional de los países latinoamericanos frente a las potencias imperialistas —principales enemigos de los trabajadores y de los pueblos oprimidos del mundo— pasa hoy por el rechazo firme a esta intervención militar y a la presencia de fuerzas extranjeras en el área, así como por la exigencia del retiro inmediato del despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe.

En consecuencia, los gobiernos del continente identificados como “de izquierda” —Gustavo Petro, Ignacio Lula da Silva, Gabriel Boric y el gobierno de México—, más allá de sus diferencias con Nicolás Maduro y sin que ello implique apoyarlo políticamente, tienen la responsabilidad histórica de convocar a la unidad y movilización antiimperialista en todo el continente para defender a la nación venezolana y a América Latina. 

Igualmente, las organizaciones de la clase trabajadora se encuentran ante la necesidad imperiosa de convocar a la juventud, a los sectores obreros y a las masas populares a la lucha contra esta agresión. Del mismo modo, resulta indispensable que asuman una posición activa de solidaridad con la causa del pueblo palestino y de rechazo categórico al genocidio que este enfrenta.

La lucha contra la agresión imperialista en Venezuela no puede desligarse de la solidaridad internacionalista con la resistencia del pueblo palestino, aunque se desarrollen en contextos distintos.

Así como en Palestina el sionismo, respaldado por Estados Unidos, ejecuta un genocidio que busca despojar a un pueblo de su tierra y su derecho a existir, en Venezuela el imperialismo pretende someter a la nación para recuperar su control político y económico. Por ello, la defensa de la soberanía venezolana y el rechazo al genocidio en Palestina  se unen en la lucha contra la ofensiva imperialista, que exige la más amplia unidad de acción de los trabajadores y pueblos oprimidos del mundo.

Por la más amplia unidad contra la amenaza de intervención militar en Venezuela:

¡Un solo grito continental: No a la intervención militar de Estados Unidos. Fuera yanquis de América Latina y el Caribe!

¡Fuera yanquis de la región, el Caribe no es su nación!

¡Por la Segunda Independencia de América Latina: ruptura total con la OTAN y con los pactos de sumisión de Colombia a Estados Unidos.

¡Por Venezuela y Palestina, una misma lucha contra el imperialismo y la opresión!

¡Ni Trump ni Netanyahu: Respeto a la soberanía venezolana! ¡Palestina será libre desde el rio hasta el mar!


 [1] Infobae. 31 agosto de 2025.

[2] Francia se suma a Estados Unidos y refuerza presencia militar en el Caribe. Bryan Ferney Valencia Rios.  25 de agosto 2025.

[3] La “Misión Cauca”  fue lanzada por el gobierno de Gustavo Petro en junio del año pasado, por supuesto sin mencionar que en esta interviene el Ministerio de Defensa (DOD) y la Oficina de Narcóticos Internacionales de Estados Unidos

[4] Portafolio. 15 mayo 2014.

[5] Empresa privada china produce petróleo en Venezuela en virtud de pacto de 20 años. La República. 23 de agosto de 2025

[6] ¿Una base militar” en la isla Gorgona?  Por Darío González Posso, Catalina Toro Pérez. 20 de abril 2024. https://indepaz.org.co/una-base-militar-en-la-isla-gorgona/

[7] El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, resaltó el trabajo articulado y la cooperación internacional que se adelanta en la lucha contra el narcotráfico. En ese marco, se destaca la cooperación con otros países como Estados Unidos de fortalecer su presencia en el mar Caribe para apoyar las operaciones contra las redes criminales transnacionales. (El Colombiano, 14 de agosto 2025).

[8] Nicolás Maduro se atrinchera tras la bandera de la amenaza extranjera. El País. Alonso Moleiro. Caracas -29 de agosto de 2025

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