Por: J.S. – 1 de marzo de 2026  

El contexto internacional en el que se desarrollarán las elecciones para Senado y Cámara en Colombia este 8 de marzo, está signado por la ofensiva del imperialismo norteamericano en la reconstrucción de la franja de Gaza (bajo los dictámenes de la “Junta de paz” imperialista), las amenazas de invasión a Cuba y Groenlandia, los ataques a Irán, la reciente operación militar en Venezuela que termina en el juicio y prisión del gobierno de Maduro por parte de un tribunal norteamericano, el triunfo electoral y apoyo por parte del imperialismo de gobiernos de derecha en Latinoamérica (Kast, Noboa, Milei).

De Izquierda a derecha: Nayib Bukele, Daniel Noboa, Trump y Javier Milei. – Foto: https://www.eluniverso.com/

También se caracteriza por el que desde Opción Marxista Internacional se ha llamado horizonte de puños levantados, que se expresa en las luchas de resistencia en EEUU (contra el ICE y la ofensiva de Trump), España y algunos países europeos (Apoyo a Gaza y Palestina), multitudianarias movilizaciones en Irán; y en América latina, masivas movilizaciones en Ecuador frente a la ofensiva de Noboa (contrarreforma al COOTAD, laboral, referendo, etc.) y en Argentina (contrarreforma laboral).

Esta tendencia creciente al recrudecimiento de las luchas en Europa y EEUU, para enfrentar el nuevo de reparto del mundo por parte del imperialismo y potencias como Rusia y China, no se alinea de conjunto con la dinámica de las masas en América Latina. Salvo en Ecuador y Argentina, la lucha de clases en la región ha estado empantanada en el laberinto de la confianza en las instituciones democrático burguesas de los regímenes que se hacen llamar “progresistas” o “socialistas” (México, Colombia, Brasil, Venezuela, Cuba, Nicaragua) o atrapadas por regímenes autoritarios y despóticos proclives al gobierno Trump, lo que ha limitado las acciones directas de las masas para enfrentar al avance del imperialismo norteamericano por recuperar su patio trasero.

LOS EMPRESARIOS GANAN Y EL CAMBIO NO LLEGA

Cuadro de los diez hombres más ricos de Colombia, según la Revista Forbes. Tomado del Portal Frenteafrente.

En la situación nacional, la política de conciliación de clases practicada por el gobierno Petro, tanto con el imperialismo norteamericano, como con las élites económicas del país, ha permitido que los negocios marchen bien para la burguesía, ubicando a Colombia entre las economías con ‘mejores desempeños’ durante el 2025, de acuerdo a la OCDE. Con un crecimiento de 2,6 % en 2025, según datos del DANE, un desempleo del 8,6 %[1], y durante 2025, la inflación total anual (5,1 %) dejó de reducirse y se mantuvo por encima de la meta del 3 %.[2]

Desde el punto de vista de los trabajadores y la población pobre, las necesidades más acuciantes de los sectores populares continúan sin resolverse de conjunto: la salud, vivienda, empleo, alimentación, educación, ni que decir para el campo y las comunidades indígenas, que en ocasiones se llevan la peor parte por el aislamiento, la falta de infraestructura y la ola invernal.

Algunas de las reformas del gobierno (pago de horas extras, establecimiento de jornada diurna, limitación de contratos a término fijo, contratos de aprendizaje SENA, licencias remuneradas, entre otras), son positivas pero mínimas, porque no dan solución estructural a los problemas de la mayoría de la población. Y no podrán resolverse negociando con los potentados del país, convenciéndolos de que deben renunciar a sus ganancias, o pidiéndoles que “roben menos de lo que están acostumbrados a embolsillarse”, para repartir esas migajas entre el pueblo trabajador.

Si se observan aisladamente, es innegable que algunos puntos de las reformas laboral, pensional o tributaria, “reprensentan un logro positivo y mejora para algunos sectores de los trabajadores, como derechos individuales. Sin embargo, sería un error valorarlos de forma aislada. Por el contrario, es preciso mirarlos en relación tanto a los derechos que se tenían antes, y que fueron arrasados, no solo por los gobiernos de Uribe desde 2002 (y aprobados no sólo por los parlamentarios uribistas sino por liberales, conservadores y todos los parlamentarios patronales), sino también, aquellos perdidos desde 1990 con el llamado “Revolcón” “neoliberal”, retrógrado, del gobierno de César Gaviria y legitimado luego por la Constitución del 91” [Tomado de Artículo La reforma laboral en el gobierno Petro: Logros positivos pero mínimos y en clave electoral. Hugo Sánchez. 9 de agosto 2025].

De conjunto para las masas menos favorecidas, y desde la retrospectiva de pérdida sistemática de derechos laborales desde la década del 90, es un engaño considerar estos logros mínimos como los cambios estructurales e históricos que los trabajadores necesitan desde hace siglos. Y peor aún, vender la idea de que el principal obstáculo para alcanzar dichos cambios son los ‘parlamentarios enemigos del pueblo’ y no la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, en manos de las mismas familias acaudaladas dueñas de las fábricas, bancos, medios de comunicación, etc. desde hace más de 100 años. Por la vía del diálogo, negociación o acuerdos con terratenientes y empresarios colombianos, no se va a saciar la sed de transformación social que reclaman las masas por tantos años de explotación y saqueo de recursos.

Basta el ejemplo del Salario Mínimo Vital, para recordar que las grandes conquistas de los trabajadores no han sido fruto de políticas bondadosas por parte del Estado, o de mesas de diálogo y concertación con la burguesía, sino que han sido arrancadas por la lucha directa de las masas, así sea de manera indirecta como en este caso. Asimismo, permite ver todas las triquiñuelas “constitucionales” que adoptan los dueños del país, para saciar su sed de ganancia, cuando tienen las instituciones gobernantes a su favor.

Es comprensible, que, en medio de la ilusión de los trabajadores asalariados por tener mejores condiciones de vida, depositen la confianza en el ‘gobierno del cambio’ que les prometió solucionar sus necesidades por medio del simple acto de votar y sin arriesgarse con huelgas o a tomar las calles en lucha. Pero pasados estos años de Petro presidente, queda claro que un gobierno que busca conciliar con todos los sectores de clases, no aspira llegar más allá de lo que las instituciones tradicionales de la burguesía se lo permitan.

Su objetivo principal se limita a no volver a ser excluidos de las mieles del poder político, conservar o ampliar los escaños parlamentarios, o asumir el ejecutivo en algún ente territorial, para continuar tratando de convencer a los dueños de las fábricas, los bancos y las familias acaudaladas que ‘renuncien’ a una parte de su botín, para ‘mitigar’ en algo las profundas desigualdades sociales existentes en el país.

Desde que inició este gobierno dejó claro que su objetivo no era ni es enfrentar a la oligarquía tradicional, la derecha liberal y conservadora y mucho menos, la ultraderecha uribista, sino negociar con ellos un capitalismo más humano.

Por lo tanto, sería utópico pedir “peras al olmo”, depositar las justas ilusiones de acabar con la injusticia, desigualdad, pobreza, violencia y corrupción, en un gobierno que confía en que, del diálogo o forcejeos en el parlamento con los partidos tradicionales, empresarios y hasta con Trump, vendrán las grandes transformaciones que terminarán beneficiando a las masas populares.

Por eso en el contexto electoral en el que nos encontramos, la pregunta que podría hacerse cualquier trabajador asalariado es ¿Quién debería gobernar el país? ¿Quiénes deben legislar, elaborar o derogar las leyes? ¿Los políticos tradicionales voceros de los grandes capitalistas, que durante más de un siglo han ayudado a saquear las riquezas en beneficio de sus socios imperialistas o de las familias acaudaladas de siempre? (Uribe, Vargas, Lleras, Santos, Valencia…etc.) ¿El gobierno del ‘cambio’ que no está dispuesto a enfrentar a fondo a los dueños del país ni al imperialismo, sino que pretende convencerlos de ser ‘mejores patrones’ y que exploten a los trabajadores de forma más ‘humana’?

A esa pregunta, Opción Marxista Internacional responde diciendo: el país debe ser gobernado por la clase obrera y sus aliados del pueblo pobre. “La liberación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos” (Marx), sin esperar la tutela de políticos profesionales, caudillos supuestamente esclarecidos, ‘mesías’ y salvadores supremos. Entender que la fortaleza de los empobrecidos y explotados yace en su unidad, capacidad de organización y su lucha, es el primer paso para lograr el anhelado cambio social que necesitan los asalariados y sectores populares.

UNA PROPUESTA DE INDEPENDENCIA POLÍTICA DE CLASE

Continuar depositando la confianza en los políticos de la burguesía y las instituciones del régimen solo aplazará los justos reclamos que deben empezar a expresarse por parte de las masas populares, en lugar de seguir jugando a los petitorios en el parlamento o apostando las fuerzas a los ‘parlamentarios amigos’. Esta dinámica sólo producirá más hambre, desigualdad, violencia y terminará justificando la llegada de figuras autoritarias, que más temprano que tarde se alzarán como un sable, ante la impotencia de las figuras políticas ‘progresistas’ incapaces de lograr las transformaciones sociales que el pueblo anhela.

Paro Nacional del 28A

Se hace urgente recuperar la confianza en la propia fuerza combativa del proletariado, la juventud y el pueblo pobre en su lucha, en sus organizaciones, como se expresó durante el estallido social del 2021, y que desafortunadamente hasta el momento, continúa siendo hipnotizado por la borrachera democrática de las urnas.

Una propuesta política del cambio y verdaderamente progresiva, debe partir por una posición reflexiva y crítica de lo que le proponen las direcciones políticas y sindicales actuales a los trabajadores. Más allá de los discursos vacíos y de las demagógicas promesas que nadie puede obligar a hacer cumplir.

Una propuesta alternativa que quite el velo de los ojos a los trabajadores y pobres del país, para que recuperen la confianza en la protesta, la movilización y la lucha directa, como el método que históricamente ha conseguido arrebatarle a la burguesía, las conquistas y logros que se alcanzaron en los mejores momentos de la lucha de clases; que se perdieron en gran medida durante los gobiernos anteriores del año 85 para acá, y que hoy, recortados a su mínima expresión, pretenden ser presentados como grandes triunfos parlamentarios de las ‘reformas laboral, salarial o pensional…’ del gobierno del cambio.

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Una propuesta política electoral en beneficio de los de abajo, debe tener como principio la independencia política de la clase trabajadora. Con candidatos propios y un programa político que agite que la clase obrera, junto a los asalariados y campesinos pobres, que producen la riqueza del país, deberían ser los que dirijan las riendas del país y que la lucha directa es el camino para alcanzar este objetivo.

La táctica no es la ‘solidaridad de los votos’ de sectores políticos tradicionales de la burguesía, que vendrán a reclamar los escaños, de acuerdo a las cuotas que aportaron (económicamente y en número de votantes), para seguir gobernando contra los trabajadores. Una propuesta política de independencia de clase, invita a la movilización y solidaridad de los trabajadores, juventud y pueblo pobre, que reconoce que su liberación sólo será obra de su propia lucha, sin empeñar su esencia proletaria a cambio de aspiraciones pequeñoburguesas, curules o puestos burocráticos en las instituciones de la burguesía, con el objetivo de enriquecerse.

Si los dirigentes sindicales y políticos de los asalariados lo quisieran, la clase obrera, la juventud y el pueblo trabajador, podrían tener una propuesta electoral independiente de la patronal y los partidos tradicionales de la burguesía, agitando que “no debemos unirnos [políticamente] ni seguir a ningún [partido] o sector burgués o pequeñoburgués; que debemos ser una clase políticamente independiente y que la liberación de los trabajadores deberá ser obra de los trabajadores mismos”.

Adicionalmente, un verdadero programa de clase, no pierde la menor oportunidad para agitar la urgente necesidad que tienen los trabajadores de construir un partido político propio e independiente de los partidos burgueses y pequeños burgueses, que se proponga transformar revolucionariamente la sociedad capitalista actual.

EL PAPEL DE LAS DIRECCIONES Y SU POLÍTICA

Desafortunadamente, después del estallido social del 2021, las direcciones políticas mayoritarias de los sindicatos y centrales obreras, se han dedicado a alimentar las ilusiones de que la transformación social se dará solamente con el acto individual del voto, eligiendo candidatos que aparentemente representan los intereses de los trabajadores.

Desde que Petro llegó a la presidencia, casi todos estos directivos han colocado a las organizaciones de las masas al servicio del frente policlasista del Pacto Histórico.

Han puesto las luchas directas de los trabajadores, como medio para alcanzar su única estrategia política: el triunfo en las contiendas electorales para ‘ascender’ en los escaños de las instituciones de la democracia burguesa como voceros de la entrega concertada de las conquistas, para preservar sus privilegios y para salir a defender al gobierno y sus aliados cuando las bases amenazan con rebasarlos. Han machacado una y otra vez en la cabeza de los trabajadores, que lo inteligente y útil es aliarse políticamente a un sector de la patronal y desechar el principio de independencia política de la clase obrera.

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LA ACCIÓN PARLAMENTARIA COMO ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA

Todo lo anterior, impone aún más la necesidad de señalar la ausencia de un programa y una política de independencia política de clase. Que represente los intereses y los métodos de lucha obreros y de los sectores más explotados y oprimidos de la población. Que explique la urgencia de reorganizar democráticamente desde las bases obreras, el proceso de protesta y movilización. Esta sería una opción electoral más vigente y necesaria, a la cual muchos compañeros que se reclaman socialistas y revolucionarios, han renunciado.

De nuestra parte, reafirmamos que las elecciones y la acción parlamentaria son algo totalmente secundario y subordinado respecto a la movilización y la acción de masas revolucionaria.

La participación en las elecciones burguesas, debe ser para minar desde su interior la institucionalidad del capitalismo. No solo al gobierno, sino a todas las instituciones del Estado burgués y en particular el parlamento, todos mecanismos de dominación y opresión. De allí que las elecciones y el parlamento no pueden ser el campo de lucha privilegiado por reformas que mejoren la situación de los jóvenes pobres o de la clase obrera. Pues no podrán ser aprobadas dado el mayoritario dominio de los partidos de la burguesía en ellos. Solo la lucha directa de masas las impondrá.

Su tarea principal, si se trata de concurrir a elecciones o al parlamento, es la de “hacer saltar esta máquina de dominio burgués y destruirla”. Entonces, no puede existir algo más nocivo que desde las filas del socialismo, ayudar al oportunismo pequeño burgués a estafar los anhelos de cambio de sectores de la juventud o los trabajadores, con la falacia que eso se logrará votando por bloques acaudillados por personajes del establecimiento y redomados políticos burgueses.

Para un revolucionario, la acción parlamentaria consiste, sobre todo, en usar esa tribuna para denunciar las maniobras del adversario, para agrupar en torno a las ideas socialistas a las masas y para llamar a la movilización alrededor de las consignas y tareas de la revolución proletaria.

En este caso, sería utilizarlas como el espacio para agitar la urgente necesidad de articular una gran lucha nacional, superior al pasado estallido social. Una Huelga General de la clase obrera y pobladores, donde primen sus métodos de lucha, la huelga y el paro de la producción, así como una política independiente de todas las organizaciones ajenas a los trabajadores.

Agitar la urgente necesidad de poner fin a la dominación y entrega del país al imperialismo y al sistema de opresión y explotación capitalista, para construir una sociedad con socialismo obrero y democrático, sin clases, donde primen la fraternidad y la solidaridad entre todos sus miembros. Esa sería una campaña electoral clasista y dado el caso, una utilización revolucionaria del parlamento.


[1] Dane.

[2] https://www.banrep.gov.co/es/publicaciones-investigaciones/informe-politica-monetaria/enero-2026#:~:text=En%202025%20la%20inflaci%C3%B3n%20detuvo,de%20la%20meta%20del%203%20%25.

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