
Norman V. Junio 19 de 2025
El nuevo gobierno de Trump, en su guerra arancelaria, a China, por ser su principal competidor en el mercado mundial, le impuso aranceles del 145%. Esta a su vez respondió con alzas arancelarias del 125%. A la unión europea le impuso aranceles del 25%, la cual le respondió con un alza similar en la compra de productos estadounidenses.
Las políticas arancelarias son impuestas contra el resto de países del mundo, pero fundamentalmente contra las principales potencias competidoras en el mercado mundial, China y la Unión europea.
En cierta medida, lo intenta con Dinamarca, amenazándola con apoderarse de Groenlandia. Pero también lo hace contra otros países de menor peso, intentando ejercer un mayor control sobre ellos, como sucede con México, Canadá, y, Panamá por la importancia estratégica que representa el canal interoceánico. [También le puede interesar: “La ofensiva colonizadora de Trump”].
La guerra comercial de Trump con las otras potencias e incluso con algunas semicolonias, es una pugna y enfrentamiento entre los poderosos del mundo, es una lucha inter burguesa.
A Canadá, antigua colonia británica, perteneciente a la Mancomunidad Británica de Naciones, (Commonwealth of Nations), la ha amenazado con anexársela como su estado número 51; esta ha protestado reiteradamente, y ha ocasionado la intervención del rey de Inglaterra, como jefe de Estado, quien la ha visitado recientemente y ha dejado claro que el país es parte de su área de influencia. “El rey Carlos III defendió el martes (27.05.2025) en Ottawa la soberanía de Canadá, país del que es jefe de Estado, en medio de las amenazas del presidente Donald Trump de anexionarlo a Estados Unidos.” DW, 28/05/2025
La ofensiva de Trump es tan agresiva que incluso obligó a la monarquía del viejo imperio, histórico aliado de los EEUU, a viajar y marcar territorio en ‘regiones de ultramar’, es decir países que no le pertenecen pero que considera como suyos, al ser parte del área de influencia de sus trasnacionales. Es otra prueba más de esta agresiva lucha inter-imperialista por el reparto.
Es una actitud cínica y aparentemente ‘paradójica” el representante de la monarquía Británica, es decir de uno de los imperios capitalistas (Commonwealth of Nations) más poderosos del mundo, habló de ‘la soberanía de Canadá’, cuando, producto de la lucha de sus colonias por la liberación del imperio, tuvo que aceptarla y les condicionó esa independencia pero siguiendo bajo el dominio político de Gran Bretaña, reconociendo como jefe de estado al rey; lo cual en concreto, significa un control político, y un parcial sometimiento económico al imperio de los monopolios canadienses.
Es bien sabido que elevar aranceles, significa aumentar impuestos a las importaciones, encarecer los productos extranjeros que llegan al país, obligando a su propia población a consumir los propios, lo que históricamente en economía se ha conocido como proteccionismo y, de esta manera, cerrarle la entrada a los que llegan de otros países, buscando con ello equilibrar un déficit en la balanza comercial con los mismos, e imponer su dominio sobre la economía mundial, aprovechando el potencial de su economía para someter a los demás países, dependientes de su mayor producción y de su desarrollo económico.
Pero en estos países la exagerada producción de mercancías, supera enormemente la capacidad de compra de las mismas por su población, de ahí que se hace inevitable buscar salida a las mismas hacia otros países. En ese sentido, el proteccionismo, como se dio en sus inicios, en algunos países capitalistas es imposible de implementar en la actualidad, sin afectar los intereses de las grandes transnacionales.
Eso se expresa en que el gobierno de Trump, a pesar de su carácter de ultraderecha, de ser un gobierno plutocrático, y de sus políticas extremistas, representa los intereses de sus trasnacionales en todo el planeta. Por lo tanto, no les conviene llevar la economía mundial al caos generando una nueva crisis económica que profundice la ya iniciada en el 2008, agravada por la pandemia y aun no superada. Busca con las presiones de los aranceles, obligar a las otras potencias a negociar nuevas condiciones para inclinar a su favor la balanza comercial y el fortalecimiento de su economía, que viene en dificultades con el crecimiento de China y el surgimiento de nuevas potencias que le compiten en el mercado global.
Las recientes negociaciones iniciadas con China muestran ese carácter ‘negociador’ del gobierno de Trump, buscando equilibrar la balanza, cuyo resultado inmediato fue la rebaja de aranceles al 30% durante noventa días, por parte de EE. UU, y la reducción, por ese tiempo al 10% de los aranceles impuestos por china. Reconocen que, a pesar de ser competidores en los mercados mundiales, en una economía inevitablemente globalizada, se necesitan unos de otros, e intentan llegar a acuerdos.
De manera similar, hacen con la Unión Europea, buscar acuerdos para establecer mejores condiciones para sus capitales y el intercambio de mercancías. Ante la reticencia mostrada por la misma, decidió aumentarle los aranceles al 50%, y esta manifestó nuevamente su intención de sentarse a negociar con Trump. Esta es una prueba más de que, por profundas razones económicas, la relaciones entre burguesías no son amistosas, si no de enfrentamiento permanente.
Esta realidad refleja que la crisis económica iniciada en el 2008 y aún no ha sido superada, agudiza los enfrentamientos. El bajo crecimiento económico de muchos países y el estancamiento de otros son prueba de ello.
El tiempo dirá si las burguesías imperialistas logran ponerse de acuerdo o llegaremos a conflictos más graves. Todo indicaría que llegar a un acuerdo es más difícil en una economía capitalista cada vez más caótica.
La política es expresión concentrada de la economía, escribió Lenin.
Esa afirmación del gran revolucionario ruso, significa que: “es en el terreno de la política donde se resuelven los conflictos económicos entre las clases. Donde se decide quién triunfa [que sector y de cuál clase], accede al poder y lo conserva”.
A nivel internacional, esos enfrentamientos se han escenificado más claramente en la primera y la segunda guerra mundial que fueron, en general, las expresiones más trágicas de esa lucha por la hegemonía económica de unas potencias sobre otras, es decir por imponer nuevos repartos del mundo.
Esos enfrentamientos se siguen dando, no al mismo nivel, pero expresan esa lucha de rapiña entre imperialismos, como sucede actualmente con la guerra entre Rusia y Ucrania; esta última apoyada por los imperialismos europeos, y hasta hace poco por el imperialismo yanqui, mientras Rusia como imperialismo emergente, más débil, trata de consolidar su dominio en la región. Y como crisis política de dominación se expresa en la ofensiva del enclave nazi sionista de Israel contra el pueblo palestino en la región, con su guerra de limpieza étnica en la franja de Gaza, que busca garantizarle al imperialismo yanqui su objetivo de controlar la región del medio oriente.
Sin embargo, las burguesías no se van a la guerra por simple capricho, lo hacen cua ndo no pueden ponerse de acuerdo en el reparto de la riqueza (plusvalía) que producen millones de trabajadores en el mundo. Entre tanto, acuden a otras formas de lucha, u otro tipo de guerras, como las guerras comerciales, que no son nuevas, y que en la actualidad se expresan con mayor claridad en los aranceles impuestos y la guerra económica de Donald Trump.
LAS PRINCIPALES VÍCTIMAS SON LOS TRABAJADORES
Esta guerra arancelaria y comercial, es lo que más divulgan los medios y de lo que más se habla. Eso se debe a que están en juego los intereses de las clases dominantes y sus gobiernos, en cada país. Ese enfoque centrado en lo que interesa a los poderosos del mundo, es el que repite y divulgan los grandes medios y, desgraciadamente, re-trasmiten a sus seguidores, los oportunistas y sus gobiernos de “izquierda”.
Ese enfrentamiento inter-imperialista, es nocivo y perjudicial para los trabajadores y pueblos del mundo, aunque indirectamente, por lo cual los trabajadores tenemos que rechazar ese ataque de Trump y el enfrentamiento, sin que eso signifique que tenemos que colocarnos del lado de los imperialismos agredidos: China, Rusia o Canadá e incluso otras potencias capitalistas como Irán, Australia o Turquía.
En ese enfrentamiento y lucha comercial (política o militar), los trabajadores no tenemos un bando y sería de una confusión fatal creer que debemos apoyar a los gobiernos de esos países imperialistas atacados por Trump (como promueven los oportunistas). Menos aún, oponerse correctamente a la entrega del país a los intereses de EEUU, para acoger como “progresiva” la entrega de los recursos naturales del país y la explotación de la mano de obra nacional, a otras potencias como China, Rusia o alguno de los imperialismos europeos. De forma similar a como creemos se debe procede ante la guerra en Ucrania, actuar con una política independiente como clase, ante ese enfrentamiento militar.
En cambio, dependiendo de circunstancias precisas, si nos colocaríamos en defensa de países semicoloniales (México; Argentina; Brasil; Colombia; Venezuela; Ecuador; etc.), contra las políticas colonizantes de EEUU u otras potencias. No obstante, eso no debe significar dar algún tipo de apoyo político a sus gobiernos (sean de “izquierda” o de derecha burguesa).
La actual guerra comercial iniciada por el gobierno de Estados Unidos es responsabilidad solamente de los capitalistas. Son estos quienes definen qué producir y en qué cantidad se produce, buscando incrementar sus cuotas de ganancia. Como lo demostró Marx, las crisis se generan en la producción, no en el consumo, como falsamente nos lo repiten los analistas burgueses y no pocos reformistas. Por lo mismo, cualquier medida que tomen sus gobiernos siempre tenderá a ir en contra de los trabajadores y sectores más pobres del mundo, quienes son los principales afectados.
La salida más rápida para los intereses de la burguesía es el cierre de fábricas y despido de trabajadores incrementando el desempleo, el hambre, la miseria y todos los males de esta sociedad capitalista imperialista, y las medidas tomadas por los gobiernos burgueses son los recortes en las condiciones sociales que han obtenido los trabajadores a través de sus luchas:
“La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha dejado de ser una amenaza diplomática abstracta para transformarse en un golpe concreto al tejido industrial del país asiático. En ciudades clave como Shenzhen, Dongguan o Hangzhou, donde se concentran muchas de las empresas proveedoras de Shein, Temu y otros gigantes del comercio electrónico, las líneas de producción están paradas, los turnos reducidos y las fábricas se enfrentan a un futuro incierto.” El cronista, 28 de abril de 2025.
… “Fábricas cerradas, trabajadores suspendidos y mercados en vilo…
Las imágenes de líneas de ensamblaje vacías en plataformas como Douyin se multiplican. Muchas plantas han suspendido la producción por una o dos semanas, recortado horas extra y eliminado turnos de fin de semana. En Dongguan, la empresa DeHong Electrical Products ofreció un mes de permiso con salario mínimo a su plantilla, mientras que Hangzhou Stellarmed, dedicada a kits de endoscopia, invitó directamente a sus empleados a buscar otros trabajos. (Ibidem).
Los datos ofrecidos por algunos periódicos burgueses son pruebas claras de lo que sucede (ver recuadro final anexo – periódico el tiempo, mayo 21/2025).
Pero las más trágicas consecuencias las sufren las poblaciones y trabajadores de los países semicoloniales, dependientes de los países imperialistas, a quienes les impuso un arancel del 10% para la venta de sus productos, en su mayoría materias primas que se encarecen al intentar entrar a Estados Unidos, a pesar de que en ese mercado solo representan el 2% de la balanza comercial.
En párrafo anterior afirmé que las guerras comerciales corresponden a economías dominada por los capitalistas. En ellas, la desigualdad en la distribución de la riqueza es exagerada; mientras 1% de la población, los más ricos, se apropian del 80% de la riqueza, el 99% de la misma se debe conformar con el restante 20% de ella.
Esto no sucedería en sociedades donde la producción estuviese planificada y destinada a satisfacer las necesidades de toda la sociedad de cuerdo al trabajo de cada uno de sus integrantes, esto es, los productores directos de la misma:
“Una realidad diferente se daría si la economía estuviese destinada a solucionar y satisfacer las necesidades de toda la sociedad, es decir a un crecimiento y desarrollo colectivo, una sociedad socialista democrática, y no el sistema capitalista en el cual la dinámica de la economía está destinada a incrementar el capital que posee una minoría, que cuando ve bajar sus ganancias retira sus capitales, cierra las empresas y mete a toda la humanidad en crisis, sumiendo en la pobreza y la miseria a la gran mayoría de la población.»
LA NEFASTA POLITICA DE LOS REFORMISTAS
Dicha crisis es reconocida por muchos analistas de la burguesía y también por la izquierda reformista. Pero todas ellas coinciden en afirmar que no es necesario llevar las luchas al extremo, que, si vamos a elecciones y votamos por mejores políticos, más comprometidos, “honestos”, “progresistas”, todo podrá cambiar. Mientras tanto, siguen argumentando en que hay que tener paciencia. Que se trata de lograr sólo algunos cambios mínimos. Que no se puede recuperar todo lo que ha sido arrebatado a los trabajadores, sino una parte de ello. Lo que es “posible” dicen. Y así, se siguen utilizando y llevando las luchas al callejón sin salida del pantano electoral y, por tanto, aplazando año tras año, década tras década, por siglos, las reales soluciones a los profundos problemas que padecen las clases trabajadores o las masas empobrecidas en el mundo. Mientras, día a día, avanzan con pasos de gigante los padecimientos, la injusticia, hambre, violencia y muerte, para los de abajo.
“La clase trabajadora tiene la necesidad de recuperar todo lo que se nos ha quitado, sin olvidar la urgencia de que los millones de desempleados accedan a un trabajo y responder a las nuevas reivindicaciones laborales que genera la incorporación por parte de la patronal de la automatización y de la inteligencia artificial al proceso económico. Como sabemos, en el capitalismo, estos avances de la ciencia y la tecnología, al ser propiedad privada, en vez de producir bienestar para la clase trabajadora amenaza con destruir empleos” [Aquí, artículo completo: “Recuperación de derechos: requiere una nueva dirección sindical”].
POR UNA SALIDA OBRERA INDEPENDIENTE, UNIFICADA Y REVOLUCIONARIA
Los trabajadores no podemos olvidar las históricas luchas que hemos dado; solo la lucha y la movilización nos han permitido conquistar y defender nuestros derechos. Así que debemos prepararnos para derrotar las medidas reaccionarias que las burguesías ya empezaron a implementar para recuperar las pérdidas ocasionadas por su Guerra comercial. La clase obrera y los trabajadores asalariados necesitan retomar el camino de la lucha directa e independiente, para lograr conquistar soluciones a las necesidades e intereses de las clases trabajadoras y liberarse de la dominación extranjera. Debemos recordar que solo la lucha y la movilización de masas nos han permitido lograrlo, y para seguir luchando por mejores condiciones de vida; solo debemos confiar en nuestras fuerzas y unidad, y así avanzar para derrotar la ofensiva capitalista. Ningún gobierno, por más que se auto proclame progresista, ni parlamento burgués nos darán los derechos a una vida justa y Digna:
“…La experiencia del movimiento obrero, con sus luchas, conquistas, derrotas y retrocesos, ha dejado claro que solo través de la acción directa como las huelgas parciales o generales, las movilizaciones combativas y la creación de organismos de defensa permanente e independiente como clase, se han conseguido hitos históricos, como la jornada laboral de ocho horas y otras conquistas fundamentales. [También puede ver: “El Primero de mayo: Día para recordar el poder de la lucha obrera”].











