
28-03-2026 – Actualizado
El pueblo cubano enfrenta hoy un recrudecimiento del cerco energético impulsado por el gobierno de Donald Trump, que se suma al histórico bloqueo económico, comercial y político impuesto por Estados Unidos contra la isla, y que no merece sino el más enérgico repudio de demócratas, trabajadores y pueblos de América Latina.
Este cerco criminal constituye un nuevo episodio de la política imperial de EE.UU. con alcance global —militar, económico y político— y rasgos abiertamente colonialistas.
Esta agresión agrava a niveles sin precedentes la ya crítica realidad interna del pueblo cubano, cuya responsabilidad recae también en el gobierno castrista, algo que vergonzosamente ocultan sectores, partidos y activistas partidarios de los gobiernos de “izquierda” en la región, más preocupados por defender a los gobernantes que al propio pueblo cubano.
En este marco se inscriben otros conflictos internacionales: desde el ataque militar contra Venezuela y secuestrar a Maduro, para lograr la subordinación completa de su gobierno a intereses de EE.UU., hasta la escalada bélica en Medio Oriente, marcada por la guerra de agresión contra Irán. Guerra de continuidad al infame genocidio israelí del pueblo palestino en Gaza, la violencia persistente en Cisjordania y los ataques en el sur del Líbano.
En medio de este panorama convulsivo, la situación de los trabajadores y del pueblo cubano adquiere una relevancia particular para los pueblos de América Latina, especialmente ante la persistencia de políticas hostiles desde Washington hacia Colombia y el conjunto del continente. (Le puede interesar Un solo grito continental: ¡ALTO AL CERCO CRIMINAL DE TRUMP CONTRA CUBA!)
Por ello, desde nuestra postura de rechazo al cerco contra Cuba y a toda forma de injerencia imperialista, presentamos la siguiente entrevista a la profesora Alina Bárbara López Hernández, destacada académica que sostiene una lucha muy crítica al sistema político vigente en la isla. Su trayectoria ha estado marcada por la represión estatal: ha sido detenida en diversas ocasiones y ha enfrentado procesos judiciales por el ejercicio de sus opiniones y su activismo, al tiempo que rechaza alguna intervención militar extranjera. (Le puede interesar: ¡Solidaridad con Alina Bárbara López y Jenny Pantoja contra las arbitrariedades del régimen Cubano!)
Si bien compartimos con la profesora López Hernández una posición crítica frente al carácter autoritario del sistema político cubano, mantenemos diferencias respecto a los enfoques y las salidas políticas que propone. No obstante, ello no impide reconocer el valor de sus análisis y la solidez de su descripción de la realidad, que consideramos un aporte a la urgente movilización y acción de los trabajadores y pueblos de América Latina, desde una perspectiva antiimperialista y de compromiso con la defensa de la nación y el pueblo cubano, en forma completamente independiente de su gobierno y su régimen. (Le puede interesar: CUBA, MI PATRIA QUERIDA. Aniversario del Estallido social del 11J en Cuba)
15 julio 2025
A continuación, la entrevista:
OMI: Profesora Alina ¿cómo analiza el actual ataque de Trump contra Cuba?
Alina Bárbara López: Las medidas de mayor presión por parte del gobierno de Donald Trump obviamente llegaron en un momento en que el país está absolutamente arruinado. Considero que esa debilidad de Cuba como nación, no sólo ante los Estados Unidos, sino ante el mundo; se la debemos esencialmente al gobierno cubano.
Nunca en su historia esta Isla había sido tan débil y dependiente. Y es muy triste eso, porque aquí históricamente siempre la lucha, primero para dejar de ser una colonia de España y convertirnos en una República independiente, y después luchando contra las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista (en las décadas del treinta y el cincuenta del pasado siglo), era para que fuéramos una nación independiente.
Cuba es hoy la nación menos independiente del mundo. No creo en realidad que los Estados Unidos decidan intervenir militarmente. No somos Venezuela, no tenemos en estos momentos nada que a los Estados Unidos pueda serle atractivo como el petróleo.
Considero que precisamente es la debilidad económica en que las decisiones del gobierno cubano han puesto a la isla y, al mismo tiempo, la profunda indignación de muchos cubanos contra las políticas de su gobierno, lo que lo ha debilitado ante el presidente Donald Trump, que se muestra prepotente no solo con Cuba, recordemos que pretendió modificar el nombre al golfo de México, le interesó Groenlandia y, en general, reivindica, una política exterior de resonancia imperialista como fue la del presidente Mc Kinley.

Pero con Cuba pasa algo, el gobierno de Trump sabe el nivel de descontento, el quiebre del consenso social de que un día disfrutó el gobierno cubano; sabe que lleva años reprimiendo de manera violenta a la población, a las personas que se atreven a disentir, a las que salen a protestas, que a veces ni siquiera pedían un cambio de gobierno, sino la solución a sus graves problemas: exigen comida o electricidad para poder cocinar, y muchas de ellas han sido detenidas y encarceladas. Como resultado de tanta represión, ya la gente está pidiendo libertad antes que alimentos o electricidad. Así hemos visto en las protestas de los últimos meses.
El gobierno cubano, que empezó siendo revolucionario en el 59, que convirtió los cuarteles militares de la tiranía de Batista en escuelas; ha convertido al menos veintitrés escuelas abandonadas, de los planes de «escuelas en el campo», en prisiones.
Cuba es hoy el segundo país del mundo en población penal per cápita; y lo que está ocurriendo al interior de las prisiones es dramático: han muerto en los últimos años al menos 122 personas bajo custodia del Estado, tanto presos políticos como presos comunes, por falta de alimentación, de atención médica, por condiciones de violencia.
Y todo ello ha ocasionado que la preocupación de la gente por la soberanía; el pensamiento antiimperialista, anterior incluso al triunfo de 1959; la motivación por salir de la égida de los Estados Unidos, se ha debilitado entre muchos compatriotas. En este país la gente celebró en las calles la eliminación de la enmienda Platt en 1934, aquella enmienda añadida a la Constitución de 1901 que le reconocía a los Estados Unidos el derecho de intervención en la Isla cuando sus intereses fueran perjudicados. Sin embargo, penoso es reconocerlo, hoy muchas personas están a la expectativa de qué va a pasar; ven la presión de Trump sobre el gobierno cubano como una posibilidad de salida a la crisis.
Y eso da la medida de la desesperación, eso da la medida de lo que ocurre cuando un pueblo se siente solo, cuando es invisible ante una parte del mundo y de la izquierda que únicamente atienden al diferendo gobierno cubano-Estados Unidos, pero jamás al diferendo Estado cubano-ciudadanía indefensa.
Ante los organismos internacionales Cuba sigue apareciendo como el país socialista que aboga por la justicia social, que tiene un asiento en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU; pero su política interna es todo lo contrario: es un gobierno antipopular, elitista, dirigido por una clase política tecnocrática-militar que vive como una aristocracia en medio de la pobreza general; que irrespeta los derechos constitucionalmente establecidos porque considera que el modelo de partido único no puede ser cuestionado, y cualquier debate en tal sentido, aun cuando la Constitución dictamine que tenemos derecho a la libertad de expresión, a la manifestación pacífica, a la libertad de movimiento; es severamente castigado con violencia física, coacción y cárcel.
El gobierno cubano está gobernando de facto, pues se niega a reconocer como parte del orden constitucional a nuestros derechos ciudadanos. Nos acusan, me ha pasado, de intentar alterar el orden constitucional, pero esto, para el gobierno cubano, es únicamente aquella parte de la Constitución que le da el monopolio del poder político, pero jamás aquella parte que nos concede derechos como ciudadanos. Entonces la gente, en su desesperación ―no puedo generalizar, pero sí creo que es una buena parte de las personas―, están a la expectativa para ver qué ocurre con las amenazas de Donald Trump.
El gobierno cubano intentó convencer a la ciudadanía de que no podíamos cambiar las cosas nosotros, nos reprimió cuando intentamos hacerlo, de modo que la gente ha visto en un actor extranjero, foráneo, la posibilidad inmediata de intentar cambiar algo en Cuba, un país inmovilizado en el tiempo.
Eso resulta extremadamente doloroso de reconocer: en Cuba hay una crisis del patriotismo y eso se le debe exclusivamente al gobierno de mi país; no se le debe a nadie más, no se le debe a Trump; eso ya venía desde antes, pero ahora la desesperación es tal, que pueden llegar a ver a Trump y sus presiones sobre el gobierno cubano como la única posibilidad de salida que nos están dejando, sin pensar que, al final de la historia, los Estados Unidos nunca le ha hecho ascos a una dictadura si esta defiende sus intereses.
OMI: Y ¿qué hace el gobierno cubano ante la agresión de EE.UU.?
ABL: Si en sus diálogos con el gobierno de Trump, el gobierno cubano garantiza que esos intereses sean satisfechos, nosotros, como ciudadanía, podemos quedar al margen, y esa es una preocupación enorme, en la cual tienen un nivel alto de responsabilidad los organismos internacionales y una parte de la opinión pública internacional. Aunque al parecer no han llegado a un acuerdo: el gobierno cubano sólo quiere abrirse a los capitales e inversiones extranjeras, pero sin hacer transformaciones políticas, y eso obviamente será difícil de admitir dadas la corrupción y falta de transparencia en el ámbito de la economía insular.
Lo que se ve hoy, lo más evidente, es el diferendo entre el pequeño país agredido por la gran potencia vecina; pero muy pocos ven detrás la verdadera raíz del mal: un sistema basado en la exclusión política, en el monopolio del poder por una clase que funciona como una aristocracia, que vive en condiciones de privilegio y a la que no le importa que las personas mueran de hambre.

Ante el aumento del disenso, la represión ha aumentado muchísimo y los castigos son ejemplarizantes y crueles. Apenas pondré unos pocos ejemplos: el del intelectual José Gabriel Barrenechea, un hombre pacífico que salió hace más de un año en una manifestación en el poblado de Encrucijada, provincia de Villa Clara, y fue condenado a seis años de privación de libertad, aunque todos vimos los videos donde él pide a la gente calma y que dejen hablar a los militares; sin embargo, lo acusaron de «incitación a delinquir y desorden público» y le impidieron asistir a su anciana madre en su lecho de muerte.
El caso del profesor Ariel Manuel Martín Barroso, doctor en ciencias económicas de la Universidad de Sancti Spíritus, Cuba; también hacia el centro de Cuba, cuya tesis de doctorado fue la mejor a nivel nacional el año antepasado. Ese profesor fue condenado a diez años de privación de libertad por escribir un grafitti en una pared que decía «¿Hasta cuándo?, nos están matando».
El caso de dos jóvenes residentes en la ciudad de Holguín, hacia el Oriente de Cuba, Ernesto Medina y Kamil Zayas, que fueron detenidos y están bajo investigación, acusados de alterar el orden constitucional, y lo que hacían era un podcast llamado «El 4rtico» donde hablaban sobre la realidad cubana.
Esos son solo tres ejemplos de la situación real que hay con la represión en Cuba. No olvidemos que en las prisiones permanecen más de mil presos por motivos políticos. Y esto es algo muy grave, porque los gobiernos y organizaciones que se están pronunciando ven exactamente lo que más llama la atención a simple vista, que es que Cuba está en un cerco petrolero que afecta indudablemente, pero pocos mencionan la represión, la violación de derechos y la falta de libertades.
Para paliar la situación de falta de petróleo, que ha afectado brutalmente al sector del transporte, se está permitiendo que pequeños y medianos empresarios puedan importar petróleo directamente; sin embargo, realmente la clase de empresarios cubanos es débil. El Estado tuvo bajo control al sector privado desde los años noventa, cuando se permitieron pequeños negocios por vez primera desde 1968, etapa en que fueron totalmente prohibidos por la política conocida como «Ofensiva Revolucionaria». Hace menos de dos años es que se ha reconocido a estos negocios privados bajo el concepto de Mypimes (Micro, pequeñas y mdianas empresas). Entonces están permitiendo que los empresarios privados importen petróleo,. También están entrando por esa vía alimentos y otros bienes provenientes de los Estados Unidos y otros países, también se están distribuyendo alimentos, medicamentos, colchones, sábanas, etcétera. Esto se hace a través de las iglesias, me consta porque conozco personas que han sido beneficiadas. Por supuesto, esa no es la solución, tendría que haber una entrada mayoritaria de estos productos, pero el gobierno cubano siempre ha mantenido el rígido monopolio del comercio exterior. En eso ha sido inflexible.
OMI: ¿Y la solidaridad?
ABL: La situación de Cuba y su gente es precaria, humanitaria, pero mucho antes del cerco petrolero de Trump. Los gobiernos denominados «de izquierda», (que son tan «de izquierda» como el de Cuba), ciertas organizaciones internacionales progresistas, activistas, artistas de Hollywood, personalidades de la intelectualidad de izquierda, todos ellos, están muy preocupados por nuestra situación, que efectivamente es gravísima; pero junto a la condena a las sanciones norteamericanas hacia Cuba, ninguno de ellos menciona también a nuestros presos políticos, ni a las condiciones de represión cotidiana a la libertad de expresión; ninguno menciona que la miseria viene de mucho antes de Trump, motivada por las políticas antipopulares de los sucesivos gobiernos cubanos.
Entonces, lo que vemos es una especie de «selección de opciones». Esas personas escogen lo que más llama su atención (o lo más conveniente): la pequeña islita amenazada por una potencia imperialista; pero no les interesa la pequeña islita llena de personas que llevan mucho tiempo en condiciones de represión por parte de un gobierno que se dice socialista, de un partido que se llama comunista y que simplemente es un grupo de poder que vive en condiciones de una monarquía, de una aristocracia.

Un ejemplo muy claro de lo que explico lo acabamos de ver con la visita a Cuba de la flotilla Nuestra América, organizada por Progressive International. Llegaron con toneladas de ayuda, pero se alojaron en hoteles de lujo, hicieron visitas guiadas por las autoridades, aplaudieron al presidente Díaz-Canel y gritaron que Trump era el culpable de todo. Y eso no es ayuda. Eso es complicidad con el opresor.
OMI: ¿cómo describiría la situación interna en Cuba?
ABL: La situación interna en Cuba es de una absoluta desprotección para las clases trabajadoras, que son la mayor parte de la población. La estructura del empleo indica una economía escasamente productiva. Incluye no solo a los poquísimos obreros ―entendidos como como tal, personas que trabajan en el sector industrial, y son muy pocos porque la industria ha sido prácticamente abandonada por falta de inversiones―, sino también al enorme sector de trabajadores de los servicios. Estos se ubican en empleos presupuestados estatales, o como profesionales de la Salud, Educación, entre otros.
Asimismo, son trabajadores de servicios la enorme burocracia partidista y estatal empleada en las organizaciones que funcionan como transmisiones del partido del estado, por ejemplo: la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) o los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Las dos últimas son organizaciones que tienen ya muy poca membresía efectiva, pero conservan una enorme burocracia desde los niveles de municipios, provincias y nación.

Uno de los sectores que más trabajadores de servicios emplea en Cuba es el turismo. En estos momentos, dicho sector está en una situación de gran vulnerabilidad, porque, entre los decisivos problemas internos y las medidas restrictivas del gobierno de Trump, esta temporada turística, que debería ser «alta», dista mucho de serlo.
Precisamente al sector del turismo fue al que apostó la burocracia [gobernante] en su modelo económico de las últimas dos décadas, en detrimento de inversiones en Salud, Educación, Agricultura, Ciencia, Industria. Sin embargo, no fomentó el turismo en su amplia concepción, que incluye cadenas productivas que deben potenciarse unas a otras y favorecer el desarrollo del país; sino que únicamente invirtió en la erección de hoteles, los cuales permanecen vacíos la mayor parte del año; incluso, algunos debieron ser cerrados por falta de turistas.
Eso no solo se explica por la prohibición de que turistas provenientes de los Estados Unidos se alojen en hoteles cubanos. En gran medida eso también sucede porque la calidad de los servicios en los hoteles no compite con estándares internacionales; porque desde hace años en Cuba se manifiesta un auge de la criminalidad; un alto grado de insalubridad pública y epidemias, y porque su sistema de atención hospitalaria está desabastecido para atender a los turistas cuando vienen y tienen algún problema de salud; y eso no es atractivo para elegir la Isla como destino.
De hecho, un país como Canadá que fue siempre un gran emisor de turismo hacia Cuba, que fue por mucho tiempo un importante socio comercial de nuestro país, y que nunca ha apoyado las sanciones del gobierno norteamericano; sin embargo, le sugirió a sus nacionales no viajar a Cuba en estos momentos.
Esta situación de «baja turística» afecta a muchísimos trabajadores, pues ya que sus hoteles están cerrados quedan prácticamente sin empleo. El término que se usa es «interruptos», pero en realidad quedan sin empleo.
Esto es anterior al gobierno de Donald Trump y tiene que ver mucho con la decadencia de la economía cubana por la historia de voluntarismo que el gobierno tuvo a la hora de administrarla.
OMI: ¿A qué llama la decadencia de la economía cubana?
ABL: El desmontaje de la industria azucarera, en 2002, fue fatal, y dejó también sin empleo a muchas personas; abandonó una gran cantidad de bateyes ―asentamientos poblacionales surgidos alrededor de los centrales azucareros desde siglos pasados―, y municipios o poblados cuyos habitantes se empleaban en los cercanos centrales azucareros.

El desmontaje de esa industria, que era la base de la tradición económica cubana, y que generaba cadenas productivas internas y mayor generación eléctrica, influyó en el deterioro de la nación. En estos momentos el azúcar tiene un precio muy favorable en el mercado mundial; si nuestra economía mantuviera esa producción no estuviéramos atravesando las penurias actuales.
No obstante, para los trabajadores cubanos la situación de crisis llega a su clímax con el paquetazo neoliberal que el gobierno pone en marcha en enero del 2021, conocido como «Tarea Ordenamiento». A partir de ese momento se desata una híper-inflación, los precios se disparan en muy poco tiempo y los salarios y pensiones se evaporan. Asimismo, aumentaron aún más las desigualdades, porque fueron abiertos comercios por dólares, en un país donde las personas cobran en pesos cubanos. Quienes tienen familiares que envíen remesas desde el exterior han podido resistir la crisis; aquellas personas que no reciben dólares, cayeron en la miseria, algunas (familias numerosas, madres solas al cuidado de sus hijos, ancianos y jubilados) en miseria extrema.
La política de hacer recaer las consecuencias de la crisis en las espaldas de las personas y familias, se acentuó desde que Raúl Castro asumió el poder, especialmente desde 2008, en que fue nombrado presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Con él hubo sistemáticamente enormes recortes en gastos e inversiones sociales: Asistencia social, Salud y Educación. Este precedente se refuerza con el paquetazo neoliberal de enero del 21, ya en el gobierno de Díaz-Canel, y eso precisamente es lo que explica el estallido social del 11 de julio de 2021.
El gobierno cubano se reclama vocero del pueblo ¿cómo es la situación de ese ‘pueblo’ hoy?
ABL: Desde aquellos momentos la situación, lejos de mejorar, ha empeorado. Cuba es hoy un verdadero infierno con una situación de crisis humanitaria. Las personas pasan hambre porque no tienen cómo comprar los alimentos, por lo caros que son; pero además porque la vida cotidiana se ha desarticulado totalmente, no hay manera de cocinar, porque los cortes de electricidad son a veces de, mínimo, 20-22 horas, a veces mucho más.
Hay territorios que permanecen apagados durante días. Entonces las personas, si no tienen electricidad, si no tienen gas, porque no hay gas, han tenido que empezar a cocinar con carbón o con leña. El precio de un saco de carbón oscila en estos momentos entre 1600 y 2200 pesos [U$ 3,70 dólares] y existen pensiones y jubilaciones que solo alcanzan los 3000 pesos [U$ 5,80 dólares]. Entonces ustedes podrán imaginarse que, si compras carbón no alcanza para comprar los alimentos y los medicamentos.
Dicha situación se complica más pues hace casi dos años que las siete libras de arroz per cápita que se garantizaban mediante la «libreta de abastecimiento», a un precio menor, no se venden. El arroz es la base de la alimentación en Cuba, y esta era una manera de distribución bastante sistemática, pero, al no existir, las personas tienen que comprarlo en el mercado libre, donde una libra de arroz cuesta entre 250 y 300 pesos [U$ 0,50 dólares], en dependencia de su calidad; y con una libra de arroz una familia grande come un solo día, y no muy bien.
No hay posibilidades de productos lácteos ni de cárnicos a precios asequibles. No hay huevos porque se dejó de invertir en las granjas de producción avícola y se desmontaron. Los huevos en Cuba se importan y eso los encarece: un cartón de 30 huevos vale 3000 pesos [U$ 5,80 dólares], exactamente lo mismo que una pensión mínima.
Es decir, prácticamente las personas tienen una alimentación precaria, con muy pocas viandas, frutas y hortalizas, porque la agricultura también está en crisis y las que existen en el mercado son demasiado caras. La mayor parte de las tierras cultivables en Cuba son propiedad del Estado, un gran monopolio improductivo.
La dieta de las personas es muy simple, y ello se aprecia en la desnutrición de muchas. La gente disminuye de peso de manera evidente, sobre todo los ancianos. Cuba tiene la población más envejecida de la región debido al éxodo y a la baja natalidad. Nuestros ancianos están pasando una gran miseria. Algunos proyectos de diferentes iglesias, o de organizaciones filantrópicas de la sociedad civil ―apoyadas por cubanos que viven dentro y fuera de la Isla―, ayudan a personas empobrecidas en zonas de mucha precariedad, pero eso no es suficiente.
Como resultado de este retroceso, ha aumentado la mortalidad general. Eso se observó durante la epidemia de Chikungunya, donde ocurrió la acumulación de cadáveres en las morgues de los hospitales, por la sencilla razón de que no había suficientes ataúdes para poder enterrar a las personas. Algo así no era algo habitual, no era usual, en Cuba. También han aumentado la mortalidad infantil y la mortalidad materna, rubros que el país podía presumir de muy positivos en la región. Evidentemente, esta crisis terminal nos ha llevado al retroceso en una serie de parámetros que eran considerados «conquistas sociales».
Por su parte, la situación de la vivienda es absolutamente precaria, sobre todo en las provincias orientales y zonas del interior de Cuba. Muchas personas y familias viven en bohíos y casuchas con techo de guano de palma o de zinc. Eso fue notorio cuando pasó el huracán Melissa hace pocos meses por la zona del río Cauto, en la provincia de Las Tunas. Fue duro ver la manera en que muchísimas personas llevan años viviendo; personas que carecen de una cama con colchón, que no poseen ni un simple mobiliario.
En Cuba hoy, caminas por las calles y ves personas famélicas, en situación de indigencia, mendigos. Y eso es algo brutal, porque hace diez o quince años atrás, si bien había pobreza, era una pobreza con relativa dignidad; no se veía a la gente buscando comida en los depósitos de basura, a veces familias enteras; no se veía a niños trabajando; o sea es una situación de miseria lo que nosotros estamos viviendo, desgraciadamente es así.
OMI: ¿Para qué el diálogo Cuba-EE.UU.?
ABL: Ya el gobierno cubano ha reconocido que existen diálogos con el gobierno de Donald Trump, pero es poco lo que se dice al respecto oficialmente. Recuerdo que cuando en el 2014 se produjo el acercamiento con el gobierno de Obama, y se abrió la embajada de los Estados Unidos en Cuba, nosotros no sabíamos que se estaban produciendo esas conversaciones. El gobierno cubano siempre es muy opaco en este tipo de información, pero después supimos que las convenciones habían ocurrido en Canadá durante varios meses y que quién había encabezado la delegación por la parte cubana había sido Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro.

Por tal razón, y teniendo en cuenta las condiciones de familia dinástica en que ellos se mueven, no me cabe la menor duda de que las actuales conversaciones deben estar encabezadas por alguien de la familia. Podría ser el mismo Alejandro Castro Espín, que además dirigió por mucho tiempo los órganos de Contrainteligencia una de las instituciones fundamentales a cargo de la represión interna. Aunque, al parecer, esta vez le ha correspondido al nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, hijo del fallecido Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, ex yerno de Raúl y el hombre a cargo de GAESA (Grupo de Administración Militar SA), que es prácticamente quien controla la economía cubana, como una sociedad anónima de tipo capitalista inscrita en Panamá.
El día en que el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente que se estaba dialogando con los Estados Unidos, lo hizo en el marco de una reunión con el Buró Político y el Consejo de Ministros que luego fue televisada; pues bien, el nieto de Raúl estaba sentado entre los presentes, a pesar de que no ocupa cargos en ninguna de esas instancias. Eso es un indicador de que está implicado en las conversaciones.
Cuando la gente habla de socialismo cubano hay que reírse, porque realmente los grandes activos económicos de Cuba no están bajo supervisión de la Contraloría General de la República, ni de la Asamblea Nacional; está en manos del selecto grupo que dirige GAESA, que no rinde cuenta de nada. Y es ese grupo de poder el que desea que los Estados Unidos acepte una apertura económica donde valdrá todo, excepto que sea cuestionada la estructura del sistema político que existe en Cuba y que mantiene empoderada a esa clase política corrupta.
Para lograr una salida como esa, harán lo posible y lo imposible. Capitalismo sin democracia, eso es lo que está negociando el gobierno cubano con los Estados Unidos. No puedo asegurar que los norteamericanos acepten esa vía, pero es muy sintomático que el gobierno cubano prefiera dialogar con un gobierno que ha denominado su «enemigo histórico» y no con la ciudadanía cubana.
OMI: ¿Y acerca de las perspectivas?
ABL: Yo jamás pediría una intervención militar en mi país, lo digo con total honestidad, pero sí creo, con toda la responsabilidad del mundo, que Cuba requeriría una intervención humanitaria al estilo de los Cascos azules de la ONU. Si a Cuba entrara un equipo de expertos a valorar la situación en que se encuentran las personas y el país, constatarían que es como si estuviéramos estado en una guerra destructiva interna.
No estoy hablando de guerra económica, no estoy hablando del bloqueo, estoy hablando de una guerra de larga data que ha acabado con la infraestructura, las carreteras, las vías de comunicaciones, la generación de energía. Las calles están rotas, dañadas la mayor parte, hay caminos intransitables. La telefonía fija y la telefonía móvil no funcionan cuando hay cortes eléctricos, porque las antenas no tienen para trabajar las radio-bases que replican la señal, y simplemente nos quedamos todos incomunicados. El sistema de salud está colapsado totalmente, los médicos realizan un esfuerzo tremendo en los hospitales, eso hay que reconocerlo, pero desde hace años carecen de medicamentos e insumos médicos; no hay medicamentos para las enfermedades más graves o para las más sencillas, y valen muy caros en el mercado negro, las personas pobres no pueden adquirirlos. Desde que el gobierno de Raúl Castro recortó las inversiones al sector de la salud, hace casi dieciocho años, este ha colapsado.
Lo más evidente del desastre social es que las personas están pasando hambre, exactamente la palabra es esa, no hay otra. Ya eso se veía entre los ancianos, los jubilados, las familias numerosas, que eran más pobres; pero en estos momentos está pasando hambre una buena parte de la gente y sectores que podían más o menos con un salario vivir en condiciones de pobreza, pero una pobreza con cierta dignidad, con cierto aseguramiento. Actualmente no es así.
El tema de la electrificación del país es crucial para el desarrollo de la economía y de la vida cotidiana. Pero el gobierno dejó de invertir en este sector básico. Las termoeléctricas, tienen tecnologías obsoletas, además de muy maltratadas porque han tenido que quemar petróleo cubano, que es muy rico en azufre y eso las ha dañado. La de Matanzas, donde yo vivo, que era una de las más modernas, es de tecnología francesa pero ya tiene casi cuarenta años, y según el fabricante, podía rendir bien durante treinta; o sea, había que haber invertido entonces en mejorarla, en crear otra en ampliar y no se hizo, el dinero se dedicó al turismo.
OMI: Volvamos sobre lo de la solidaridad…
ABL: Nosotros en Cuba necesitamos un tipo de ayuda que no es simplemente venir con alimentos enviados por ciudadanos de otros países, por trabajadores de otros países, que mandan una valija con algo de ropa, con alimentos, con medicina. Esa ayuda se agradece muchísimo, por supuesto, pero es apenas un paliativo. Lo que Cuba necesita es resurgir del desastre.
Somos una nación donde prácticamente no hay economía, pero no podemos vivir de mendigos, de pedigüeños, por el mundo. Necesitamos que nuestro país funcione, necesitamos poder vivir como seres humanos dentro de nuestro país con nuestros esfuerzos, sin que nadie nos tenga que ayudar desde fuera. La solidaridad se agradece siempre, pero no puede ser perenne. Puede ser coyuntural, motivada por un huracán, por una epidemia; pero no puede naturalizarse que nosotros vivamos pidiendo a que todo el mundo nos mande.
Entonces creo que una manera de ayudar, además de con ese tipo de ayuda encaminada a la población, sería visibilizar en el mundo lo que sucede en Cuba. Mi país necesita cambios internos, no porque lo diga Estados Unidos, es porque lo exigimos quienes vivimos acá. Cuba necesita que en este país la gente sea escuchada, necesita cambios que vengan desde abajo, necesita democracia, necesita que funcionen las cosas, necesitamos pluralidad, respeto a las ideas diferentes, porque sin eso no es posible hacer un país funcional.
Martí, nuestro gran héroe, nuestro pensador, nuestro patriota, soñaba con una República «con todos y para el bien de todos». Eso no lo tenemos hoy. No lo tienen las clases trabajadoras, que son la mayoría, pero tampoco lo tienen los pequeños y medianos empresarios, que son necesarios también, porque el monopolio del estado ha demostrado que lo que genera es una clase administradora que se convierte en clase para sí. Los trabajadores, aunque en la Constitución aparezcan como los dueños de la propiedad social, no lo son. Es la clase que administra esa propiedad, la que se apropia de sus beneficios.
El experimento cubano ha demostrado que no es posible prohibir a la empresa privada. En el año 1968, en Cuba fueron eliminados hasta los pequeños comercios. No estoy hablando de monopolios, me refiero a pequeñas bodegas, restaurantes, fondas, pequeños puestos de ventas de productos agrícolas; todo eso fue eliminado y lo asumió el estado. Lo asumió para destruir el país.
Por su parte, la agricultura estatal, y aquellas pequeñas propiedades que fueron colectivizadas, han traído como resultado que las tierras estén en su mayor improductivas y llenas de marabú, una planta espinosa, parásita, que sirve para hacer carbón. Y para colmo, tras el desmontaje de la industria azucarera, las enormes extensiones de tierra que se destinaban a la siembra de caña de azúcar ―los grandes cañaverales―, no fueron dedicadas tampoco a la producción de alimentos.
En lugar de entregar esas nuevas tierras ociosas en propiedad a pequeños campesinos para que ampliaran sus fincas y las hicieran producir, fue aprobada una ley para entregarlas en usufructo, pero no en propiedad, y con muchas trabas, como, por ejemplo, que el usufructo era solo por diez años, o que los usufructuarios no podían construir sus viviendas en las tierras que trabajaban, lo cual hacía imposible el cuidado y vigilancia de los sembrados.
La consecuencia de esta situación es la escasez de alimentos en un país lleno de tierras fértiles abandonadas. En Cuba existen hoy cientos de comercios en dólares, donde se encuentra todo tipo de productos, pero donde muy pocas personas pueden comprar mientras la gente pasa hambre.
Esto es apenas un esbozo general de la grave situación que tenemos en mi país. Agradezco a OMI por ofrecerme su espacio para explicarlo. Puedo estar equivocada en algo, pero hablo desde la perspectiva de una persona que vive en Cuba, que no se ha querido emigrar y que además ha sufrido en carne propia la represión. En estos momentos estoy esperando un juicio donde la fiscal solicita cuatro años de privación de libertad para mí, y tres para la antropóloga Jenny Pantoja. Nuestro «delito» ha sido expresar con honestidad lo que pensamos e intentar utilizar la vía de la manifestación cívica no violenta. Eso es a lo que los cubanos nos arriesgamos cuando queremos ser oídos.
Nos ayudan mucho al visibilizar nuestro conflicto interno, no solo defendiendo a Cuba de los Estados Unidos, sino defendiendo asimismo a la ciudadanía cubana de un estado dictatorial que nos está aplastando. Y no es de hoy, llevamos décadas así, ahora, tras el mayor acceso a internet de los cubanos, es que podemos hacernos escuchar.










