
Norman Bastidas 14 – 04- 2026
El alevoso ataque militar del imperialismo yanqui a Venezuela que terminó en el secuestro de Maduro y su esposa, se tradujo en cambios muy regresivos en la relación de sometimiento del país respecto de los intereses del EE.UU. y respecto de la ya calamitosa situación de su pueblo y clase obrera.
La principal víctima de esa agresión imperialista de EE. UU a Venezuela, es la clase obrera del país. Sólo tres meses después de ocurrida, la clase ha salido a la movilización y lucha contra el gobierno chavista. Las indignantes condiciones de vida impuestas, en primer lugar, por el boicot a la economía impuesto por el imperialismo, para obligar al régimen chavista a doblegarse políticamente, y en segundo lugar, por las políticas internas de explotación, opresión y represión, que -defendiendo los intereses y ganancias de los capitalistas que representa el chavismo-, el mismo régimen sigue imponiendo a los trabajadores, han ocasionado la respuesta de lucha obrera y popular. Que ya no puede, como en el pasado, ser acusada falazmente de “contrarrevolucionaria”, por el gobierno de Delcy Rodríguez, hoy totalmente entregado a los intereses imperiales de EE.UU.
Hoy miles se movilizan en las calles, intentan recuperar los derechos perdidos durante años:
“En abril de 2026, Venezuela experimenta un resurgimiento de protestas callejeras lideradas por estudiantes, trabajadores y jubilados, quienes exigen salarios dignos, pensiones justas y libertad para los presos políticos. Las manifestaciones se han concentrado en Caracas, enfrentando bloqueos policiales y denuncias de represión.” (Video Youtuve)
Así lo expresaron algunos manifestantes:
“… los policías nos agreden con los escudos, nos impiden el paso, a un pueblo que viene a pedir salarios, que está cansado de vivir en la miseria, mientras un grupito gasta plata… ‘los pobres pasando hambre, mientras los hijos de Diosdado Cabello, usted los viera’. Video DW, 9 de abril de 2026”
Dicha intervención del imperialismo, desafortunadamente generó ilusiones en un sector de la población. Reacción muy entendible después de muchos años de empobrecimiento, miseria, represión y cárcel, causadas por las políticas del gobierno chavista. (Le puede interesar: “La tragedia de la clase trabajadora y el pueblo de Venezuela”)
En ese sentido, para explicarse por qué sucede esto, es muy importante tener en cuenta:
- Las miserables condiciones de vida de la clase trabajadora y las masas, como lo denunciaron los sectores que salieron a protestar.
- El éxodo masivo de venezolanos, como una de sus consecuencias más notorias.
- La ausencia de libertades democráticas y la represión permanente de las protestas.
- Dichos Gobiernos y régimen que mientras se enriquecían, sometían o hundían a la población en el hambre, reprimían su inconformidad. Todo en nombre de un supuesto “Socialismo” del siglo XXI.
Pero las ilusiones de las masas de confiar en que la intervención imperialista de Trump y el secuestro de Nicolás Maduro cambiaria su difícil situación, chocan con la realidad que sigue afectando a millones de venezolanos. El acuerdo de cooperación de la cúpula Chavista con el gobierno de Trump, es una prueba más de que al imperialismo y a las burguesías, solo les interesan las ganancias obtenidas con el saqueo de los recursos económicos, hoy administrados por el gobierno norteamericano, y que la solución a los graves problemas que hoy afectan a la población solo serán posibles mediante la lucha y la movilización.
AVANZA LA SEMICOLONIZACIÓN
El artero ataque del imperialismo yanqui a Venezuela, manifiesta sin careta el carácter agresivamente expansionista y colonizador de EE.UU.
(Le puede interesar: ¡No a la intervención militar de EE.UU. a Venezuela!)
No es solo un ataque a este país hermano, es parte de la ofensiva de dicho gobierno contra América Latina y el resto del mundo, con sus desigualdades.[1]
La ofensiva colonial impulsada por Trump dio un salto. Venezuela pasó de ser un país políticamente independiente de Estados Unidos a ser un país bajo la tutela del mismo. En la práctica, las decisiones fundamentales, económicas, políticas y militares sobre el rumbo de Venezuela, se están tomando en la Casa Blanca.
Este avance, es un duro golpe y una profundización en el proceso de semi colonización de la región. En consecuencia, hoy, como naciones somos significativamente más débiles frente al imperialismo particularmente, frente a Estados Unidos.
Hoy EE.UU., bajo el gobierno de Trump, con el régimen internacional de dominación imperialista son más fuertes. En primer lugar, en su relación con América Latina y en un segundo plano, en relación a todos los países semi coloniales.
La intervención militar, que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa por parte de fuerzas estadounidenses, es un hecho que muchos explican como simple re-edición de la llamada ‘Doctrina Monroe’, sin ver de fondo las políticas coloniales sostenidas por años y sistemáticamente por EE.UU., contra América Latina y que hace varios años se hace bajo la cobertura o justificada con la excusa de “combatir el narcotráfico” y “restaurar la democracia”.
En realidad, configura una avanzada feroz en flagrante violación a la soberanía y autodeterminación de los pueblos, y también, hasta del propio derecho internacional burgués.
Representa la decisión abierta de imponer su control político sobre el gobierno y así apropiarse de los recursos naturales estratégicos de dicho país y de otros países del continente y del planeta. En el caso actual, el petróleo venezolano. [2] Igualmente, es una acción para avanzar en la recuperación del terreno perdido, recuperar su influencia y defender sus intereses estratégicos en América Latina, su «patio trasero», en su rapiña con los imperialismos de Rusia y China por recuperar su hegemonía en el planeta. [3]
Lo ocurrido no puede encubrirse con eufemismos como el “combate al narcotráfico”. La presencia militar en Venezuela, así como el secuestro de Maduro, retoma en la región la pérfida lógica de “América para los americanos,” con la justificación desembozada, por parte de Donald Trump, de colocar bajo su órbita todo aquello que le sea necesario para recuperar su pleno dominio como imperialismo hegemónico. Hacer EE. UU grande de nuevo (Make America Great Again).
Dicha ofensiva, no es un hecho aislado; hace parte de la rapiña inter-imperialista por un nuevo reparto de zonas de influencia y de sus recursos, que prioriza a Latinoamérica como un espacio a recuperar frente a potencias como China, Rusia y, en menor medida, la Unión Europea, las cuales han ampliado su presencia económica y diplomática en la región.
La escalada de amenazas contra gobiernos regionales demuestra cómo Washington busca imponerse en el mundo ya sea mediante sanciones, presión económica o despliegue militar directo, para, así neutralizar la influencia de otros actores que, en defensa de sus propios intereses económicos no están dispuestos a subordinarse.
Se trata de la expresión cruda y desnuda de los rasgos centrales y la conducta depredadora de EE.UU. y los imperialismos. (Le puede interesar: Rechazo total a la agresión en Venezuela. OMI, enero 3/2026)
Las declaraciones y acciones de Trump no se limitan a Venezuela: funcionarios de su administración han afirmado que países como Colombia, México o Cuba podrían enfrentar similares presiones o amenazas similares, si no alinean sus políticas con los intereses estadounidenses. Y en los hechos, así es.
De esta manera, los está obligando a un acatamiento de los dictados de Washington para “evitar” confrontaciones mayores; “la verdadera motivación de Estados Unidos en América Latina es garantizar el control sobre recursos estratégicos vitales para su economía y mantener su hegemonía frente al avance de potencias competidoras.
LA TRACION DE LA CÚPULA DEL CHAVISMO
La facilidad que mostró el ataque a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro, no pueden explicarse solo por el poder y la capacidad militar del imperialismo norteamericano, que son evidentes; también obedecen a la complicidad y a la política implementadas por el chavismo, su gobierno y los militares, que facilitaron las acciones de Estados Unidos.
- En primer lugar, la política de Maduro y el chavismo de no llamar a la movilización continental para enfrentar el ataque de EE.UU. ¿Por qué? Porque Maduro no llamó a ninguna acción de resistencia de masas, ni al interior del país ni de la región.
- Tampoco ningún sector del chavismo llamó a resistir. Al contrario, la agresión de Estados Unidos al pueblo venezolano y a los pueblos de la región fue posible porque encontró sumisión y complicidad total. En primer lugar, del chavismo que pactó la entrega de Maduro y del país, a cambio de sobrevivir para poder seguir con sus privilegios y su vida de explotación y opresión del pueblo y la clase obrera venezolana, asociada al imperialismo y bajo su tutela.

Lo anterior también se explica por la alianza y colaboración de la cúpula militar y del gobierno emergente de Delcy Rodríguez, dispuestas a someterse y colaborar con las exigencias del gobierno de Donald Trump, comprometiéndose sumisamente a acatar las órdenes, que desde allí se imparten, entregándole más de cincuenta millones de barriles de petróleo y, recientemente, el manejo de sus recursos mineros, que eran patrimonio estatal.[4] Igualmente, cortó los suministros a Cuba, y redujo los acuerdos con Rusia y China, asumiendo un comportamiento de total dependencia como rehenes del gobierno estadounidense.
LAS CONDICIONES POLITICAS INTERNAS DEL GOBIERNO DE MADURO
Si bien es cierto que el imperialismo impuso boicots y sanciones permanentes a Venezuela, que positivamente se había apartado de su órbita política, también lo es, que el chavismo debido a los límites impuestos por su carácter burgués, lejos de ir más allá, tomar medidas económicas revolucionarias que colocaran los principales resortes de la economía bajo el control de los trabajadores y así mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores, democratizar su régimen, impusieron a los mismos unas condiciones de existencia imposibles de resistir. Allí, está la explicación del éxodo masivo de los venezolanos.
En consecuencia, la profunda crisis no puede atribuirse exclusivamente a las sanciones, sino también a factores internos como la política de una élite burguesa, la corrupción y las miserables condiciones de vida de la clase obrera, reflejada en salarios bajísimos y altos niveles de pobreza y la ruina del país.
Por todo lo anterior, se hace entendible que no haya habido una respuesta de lucha y movilización de los sectores populares venezolanos, en defensa de su soberanía, contra la agresión imperialista.
EL ROL JUGADO POR LAS DIRECCIONES SINDICALES Y POLITICAS
Las direcciones sindicales y políticas del chavismo y el reformismo, base de los llamados gobiernos progresistas, así como las de otros países latinoamericanos, tras meses de asedio no organizaron a los trabajadores y sectores populares a la movilización contra el ataque militar a Venezuela. La dirección chavista sólo ‘amagó’. Los demás no pasaron de palabras y discursos sobre la “dignidad”. No organizaron la más mínima movilización de resistencia antiimperialista. Y siguen sin hacerlo.
Es un hecho innegable que, incluso, si se ha resistido, aunque sea con desigualdades, ante el ataque de un país agresor más poderoso y ante una derrota evidente, los gobiernos de países semicoloniales, o independientes, tengan en algún momento que retroceder y aceptar las condiciones que imponga el enemigo. Pero, lo que no es aceptable es que dichos gobiernos y sus seguidores terminen sometiéndose sin dar la lucha, como vergonzosamente hizo el chavismo.
Por ejemplo, muy distinto fue y es la actuación de Hamás, que, con todas las limitaciones propias de sus métodos elitistas y vanguardistas, propios de su carácter burgués, dio la pelea, resistió y combatió, así, luego, le tocara retroceder, aunque sin reconocerlo.
El problema, en el caso de Hamás, es que fue incapaz de reconocer que perdió. De igual manera, Irán, hoy está dando una férrea resistencia en defensa de su soberanía, lo que en la práctica vuelve a mostrar que, si se puede enfrentar la ofensiva de los imperialismos, cuando hay determinación política, aun en condiciones desiguales y adversas.
Los revolucionarios mostramos ante los trabajadores y sectores populares la realidad como es, por negativa que sea; así lo hicieron Lenin y los bolcheviques en 1918, como gobernantes de la Rusia revolucionaria; se vieron obligados a negociar con el imperialismo alemán, el cual los superaba militarmente, y, ante el riesgo de una derrota militar más humillante, no tuvieron otra alternativa que aceptar las condiciones del enemigo. Pero, no negaron esa realidad de derrota ante el pueblo ruso, quien supo entenderlo como la única posibilidad que tenían en el momento.
Lo más grave de estos gobiernos burgueses y reformistas, no es que se sometan a unas condiciones de opresión y explotación impuestas por los imperialismos, sino que lo hacen sin dar la lucha contra esa ofensiva, y desdibujan la realidad ante sus pueblos, tratando de justificar sus acciones como “tácticas políticas inteligentes” o, peor aún, como victorias.
LA ACTITUD DE OTROS GOBIERNOS
A partir de allí, se dieron otros hechos, entre ellos, la reciente reunión diplomática entre Trump y Petro que trata de ocultar la asimetría de poder y el marco coercitivo en el que se dan, así como la sumisión del gobierno colombiano a la lucha contra las drogas y demás políticas de EE.UU., presentándolas como resultado de un diálogo “entre iguales” y justificando a Trump como si fuera un presidente “mal informado” por parte de políticos colombianos de extrema derecha.
El llamado “diálogo” se produce mientras la administración estadounidense sigue consolidando una política que, bajo la máscara de cooperación, impone condiciones geopolíticas y económicas que atacan con mayor fuerza la soberanía de los pueblos latinoamericanos.
Así lo expresó el presidente de Cuba: “Miguel Díaz-Canel, pidió el lunes una transformación “urgente” del modelo económico del país, según los medios estatales cubanos, mientras Cuba se enfrenta a un bloqueo petrolero por parte del gobierno de Donald Trump que ha profundizado una crisis humanitaria en la isla…” (Luis Ferré-Sadurní y David C. Adams. New York Times en español)
… “Nos tenemos qué central, de inmediatamente, en implementar las transformaciones urgentes, las Más necesarias, que hay que Haerle al modelo económico y social”, Dijo Díaz-Canel en un discurso ante el Consejo de ministros, Máximo órgano del gobierno, Según los medios estatales.” Ídem. Decisión que responde a la presión del imperialismo no a las exigencias de sus empobrecidas masas populares, a quienes reprime brutalmente ante las justas protestas que reclaman mejores condiciones salariales y de vida.
LA IMPORTANCIA DE UNA POSICION DE PRINCIPIOS
A pesar de las diferencias políticas con dichos regímenes y sus gobiernos, nos hemos colocado del lado de la defensa de Venezuela y de todos los países débiles y semicoloniales agredidos por el imperialismo. Sin por ello dar algún tipo de apoyo político a ellos. Tenemos claramente identificado el carácter burgués y totalitario del régimen chavista explotador de su clase obrera y opresor de su propio pueblo. No ocultamos ni olvidamos la persecución y encarcelamiento de muchos luchadores que han reclamado libertades democráticas, mejores salarios y condiciones de vida más dignas. Mientras que el régimen, y sus gobiernos acabaron con las libertades democráticas, impusieron represión y cárcel, salarios de miseria a los trabajadores. Todo mientras la cúpula en el poder derrocha las riquezas con sus familias.
Pero Venezuela como país agredido, no es igual a EE.UU., una potencia imperialista agresora; en ese sentido, llamamos a todos los pueblos de América Latina a unificar sus luchas para expulsar al enemigo, independientemente de no apoyar políticamente a su régimen.
Rechazar este ataque no implica solidarizarse incondicionalmente con el gobierno de Venezuela, sino reafirmar la defensa de su soberanía, como derecho de todos los pueblos de América Latina y del mundo, a decidir su destino sin intervención extranjera, sin imposiciones de carácter colonial alguno, y sin que sus recursos naturales se conviertan en botín de disputas entre las potencias.
Pero ello no se logrará con acciones diplomáticas y supuestos acuerdos de cooperación, hechos para ocultar la posición de vasallaje de todos los gobiernos burgueses “progresistas” de las semicolonias.
Dichos gobiernos engañan a sus pueblos hablando de una supuesta soberanía, cada vez más coartada. Soberanía que defienden solo de palabra mientras defienden los intereses de las transnacionales.
Los acuerdos diplomáticos efectuados ocultan que las relaciones no son entre países iguales, sino imposiciones de potencias imperialistas a países semicoloniales sometidos a ellos.
En tales circunstancias, el llamado a confiar en esos acuerdos se convierte no solo en un engaño sino también en una traición a la soberanía nacional, a los trabajadores y a los sectores populares, que terminan confiando en que todo se arreglará a través de los diálogos entre “iguales”
No se puede confiar en falsos ‘socialismos’ (de tipo burgués o de clase media) o en supuestos gobiernos progresistas, que en el fondo siguen defendiendo los intereses de sus respectivas burguesías y los de las trasnacionales imperialistas.
Así entreguen en ciertos casos, algunas migajas adicionales a los trabajadores y sectores más vulnerables, las cuales son magnificadas por sus seguidores mientras mantienen en la pobreza y el abandono a la mayoría de sus pueblos, profundizando la desigualdad y la pobreza.
Solo la unidad de acción en la lucha de los pueblos sometidos a las políticas del imperialismo y a sus vejámenes, en una gran movilización continental, permitirá detener y derrotar la ofensiva del gobierno de Donald Trump, tal como lo vienen haciendo los pueblos de EE.UU., Europa y Asia contra los ataques a Gaza, Irán y los ataques internos a los inmigrantes y contra las políticas implementadas por sus gobiernos.
Recordar el antiimperialismo y el internacionalismo como principios de la clase obrera, para enfrentar las agresiones del mismo y de sus burguesías aliadas es una necesidad cada vez más urgente para avanzar en la lucha por la recuperación de la independencia de los pueblos de América latina; los derechos conquistados hacen más de doscientos años por las luchas emancipadoras de sus pueblos, pero luego entregados por las burguesías que nos han gobernado desde aquella época. La segunda independencia de América Latina sigue en la agenda.
(Le puede interesar: ¡Urge la más amplia y unitaria movilización antiimperialista en América Latina!).
En tales circunstancias se hace urgente que todos los gobiernos que se autodenominan progresistas, convoquen a una movilización continental contra la ofensiva de Donald Trump, para exigir la liberación de Nicolás Maduro y su esposa. Que sean los trabajadores y sectores populares venezolanos quienes juzguen de manera soberana las acciones de sus gobiernos, y elijan democráticamente quienes deben gobernarlos.
En consecuencia, se hace inaplazable tomar la decisión soberana de los países de América Latina de enviar petróleo y recursos al pueblo cubano para ayudarlo a superar su crisis que la ofensiva de Trump ha profundizado. Esos gobiernos y las organizaciones que los apoyan, tienen la palabra.
[1] Los ataques y guerras impulsados por el imperialismo, particularmente bajo la dirección de gobiernos como el de Trump, hacia el exterior constituyen un hecho concreto de la realidad. Estos se expresan tanto contra naciones semicoloniales como Irán, Venezuela o Colombia, como contra países más débiles como Cuba, e incluso en la disputa con otras potencias como China, Rusia o la Unión Europea, en escenarios como Ucrania o distintos conflictos militares en África.
[2] Los secretarios Rubio (Estado) y Hegseth (Defensa) forman el equipo que se encuentra trabajando con gente en Venezuela para asegurar que tenemos al país en buen estado», añadió más tarde, ante la consulta de los periodistas
[3] Los secretarios Rubio (Estado) y Hegseth (Defensa) forman el equipo que se encuentra trabajando con gente en Venezuela para asegurar que tenemos al país en buen estado», añadió más tarde, ante la consulta de los periodistas
[4] Venezuela aprueba una nueva ley de minas que abre el subsuelo al capital extranjero. https://elpais.com/america/2026-04-10










