
H. Klement – julio 07 2025
“Trabajadores bajo ataque», así tituló en su página el sindicato United Steel Workers, USW, que afirma ser “el sindicato privado más grande de Norteamérica”, al denunciar: “la embestida de Trump y Musk tiene como objetivo paralizar los derechos laborales, la seguridad y la supervisión”[1]
La guerra desatada por EE.UU. e Israel contra Irán, así como en los ataques de Trump a las libertades democráticas y su guerra comercial contra las otras potencias o países bajo el dominio de EE. UU., centran la atención de los grandes medios de comunicación. Pocos se enfocan en las medidas contra clase trabajadora inmigrante y, en general, contra la fuerza laboral en el país, como lo denuncia el sindicato USW.
Por eso, este artículo abordará el ataque contra el empleo, los derechos adquiridos, y en especial, la feroz persecución contra los asalariados inmigrantes.
Previamente, es imperioso detenerse en lo nuevo en el panorama. La ofensiva de Trump contra la clase trabajadora ha encontrado una respuesta contundente en las movilizaciones masivas y acciones directas, lideradas por miles de trabajadores inmigrantes. Esta valiente resistencia contra las deportaciones que comenzó en Los Ángeles, se expandió a numerosas ciudades de Estados Unidos, sorprendiendo a muchos. Las movilizaciones han alcanzado una magnitud que pocos podrían haber anticipado.
Un columnista destacó que “el 15 de junio, cinco millones de personas se manifestaron en dos mil ciudades en oposición a las redadas impulsadas por Trump y sus confusiones autoritarias durante el Día de No Reyes” (Reflexiones sobre el No Kings Day)[2]. Este fenómeno demuestra que millones de personas no están dispuestas a ser tratadas como delincuentes ni a dejarse pisotear y ser tratados como si fueran seres humanos de segunda.
Es crucial señalar que esta respuesta se está llevando a cabo en el terreno más efectivo: el enfrentamiento directo y masivo contra el gobierno. Además, estas acciones se desarrollan en paralelo con otras protestas en contra de la guerra en Irán y el genocidio en Gaza, evidenciando un amplio rechazo a las agresiones de la administración Trump en el ámbito internacional. (También le puede interesar: “Protestas contra Trump: un pulso importante para los oprimidos” y “La resistencia: la otra cara de la realidad internacional”]
Una feroz ofensiva anti laboral
Desde su campaña para un segundo mandato, Trump centro su atención no solo en los inmigrantes, sino en los trabajadores estatales, afirmando en diversos mítines que esos empleados estaban «destruyendo este país» y los calificó de «corruptos», «deshonestos» y que «no trabajan en absoluto». Arremetió contra los «burócratas», prometiendo investigar la necesidad de su empleo. Tras su victoria en las elecciones presidenciales de 2024, nombró al empresario multimillonario Elon Musk, quien había sido su mayor donante individual, hoy caído en desgracia, para liderar una nueva iniciativa llamada Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), para implementar despidos masivos y otras medidas.[3]

Bajo la dirección del DOGE, este retrógrado magnate anunció más de 275.000 despidos en la administración pública federal de Estados Unidos. Hasta el 12 de mayo de 2025, el diario New York Times rastreó más de 58.000 recortes confirmados, más de 76.000 ‘compras’ de empleados y más de 149.000 en otras reducciones planificadas; los recortes totalizan el 12% de los 2,4 millones de trabajadores federales. (Ver Anexo).
Distribuidos así: en la Administración Federal de Aviación (400 empleados), Agencia de Protección Ambiental (más de 300 empleados), Ministerio de defensa (El Pentágono despedirá a hasta 61.000 trabajadores, comenzando con 5.400 la próxima semana), Ministerio de agricultura (5.700 empleados a principios de 2025), Servicio de Conservación de Recursos Naturales (unos 1200 empleados), Servicio Forestal (unos 3.400 empleados), Ministerio de ocasiones interiores (unos 2.300 empleados unos 2.300), Servicio de Parques Nacionales (cerca de 1000 empleados), Departamento de Salud y Servicios Humanos (Aproximadamente 3200 empleados), el Servicio de Impuestos Internos (IRS) despidió a entre 6.000 y 7.000 empleados en período de prueba; Entre 1200 y 2000 empleados del Departamento de Energía; Oficina de Protección Financiera del Consumidor (hasta 1750 empleados); el Departamento del Tesoro despidió a unas 7.600 personas.
Esa oleada de despidos y privatizaciones, que viene arrasando con el empleo de miles de asalariados, además de barrer con la seguridad industrial y aumentar los riesgos en el trabajo. Una verdadera “masacre laboral”, como se dice en Colombia.
Por ello El United Steel Workers denunció:
En marzo, Trump firmó una orden destinada a despojar a más de un millón de trabajadores federales de los derechos de negociación colectiva de los departamentos de Estado, Defensa, Asuntos de Veteranos, Energía, Salud y Servicios Humanos, Tesoro, Justicia y Comercio y Seguridad Nacional.
En febrero, Trump tomó medidas para privatizar el Servicio Postal de Estados Unidos, que emplea a más de 500.000 trabajadores sindicalizados. Y en marzo, comenzó a desmantelar el Departamento de Educación. La Asociación Nacional de Educación y la Federación Estadounidense de Maestros (AFT) representan a más de 3,6 millones de trabajadores.[4]
Y el sindicato agrega: “Poco después de asumir el cargo en enero, la administración Trump lanzó una campaña para paralizar los derechos de los trabajadores, desmantelar las agencias de seguridad y hacer retroceder el reloj de años de progreso para las familias trabajadoras”.[5]
Es decir, que el gobierno Trump se lanzó a hacer ‘retroceder el reloj’ de las conquistas y logros de la clase obrera, para agarrar una tajada más grande de la riqueza nacional, que ha sido generada por el esfuerzo de los trabajadores, a costa de mayor explotación y de sumirlos en la miseria junto con sus familias. Este ataque tiene el claro objetivo de aumentar aún más las ganancias de las trasnacionales y bancos, que su administración representa, como portavoz del sector de ultraderecha de la oligarquía financiera, dominante hoy en ese imperio capitalista.
PERSECUCIÓN A LOS TRABAJADORES INMIGRANTES
El discurso y las políticas antiinmigración que ayudaron al triunfo electoral de Trump, hacen parte estrecha de esa ofensiva anti-obrera contra el conjunto de los asalariados. Persiguiendo y expulsando del país como delincuentes, a quienes en su mayoría laboran, pagan impuestos y hacen funcionar áreas muy importantes de la economía de EE.UU. La finalidad de todos ellos, gobierno y empresarios, es descargar sobre los trabajadores el peso de la crisis y dificultades de la economía de la potencia y su pérdida de terreno ante otras, como China o la Unión Europea, UE.

Inmigrantes y economía
Casi 30 millones de extranjeros laboran en EE.UU., lo que representa el 20% de la población activa total. Estos trabajadores, tanto con permisos como sin ellos, son fundamentales para el sostenimiento de sectores claves de la economía nacional. La mayoría de las veces con salarios inferiores al promedio y víctimas de atropellos y abusos, que los empresarios, grandes y pequeños, aprovechando su condición de inmigrantes, y más aún si son indocumentados. No obstante, la hipotética ausencia de estos individuos, como anhela Donald Trump, tendría consecuencias devastadoras para la economía.
Algunos medios de comunicación destacan el papel fundamental de estos trabajadores en la economía al plantear interrogantes como: “¿Y quién recoge la cosecha?; ¿Quién cuida a su bebé?; Las aulas se quedan vacías; La cadena de fabricación descarrila; Se fue la luz y no hay quien la vuelva encender; La construcción se paraliza”. [6]
En 2023, cerca del 20% de la fuerza laboral en Estados Unidos era de origen extranjero, con 29,7 millones de inmigrantes entre los 160,2 millones de empleados, según datos de la Oficina del Censo. Esta cifra abarca a todos los trabajadores nacidos fuera del país, incluyendo ciudadanos naturalizados, residentes permanentes, refugiados, asilados e indocumentados.
Además, la economía de la comunidad latina en Estados Unidos ha alcanzado un valor de 3,2 billones de dólares, según el Informe Oficial del Producto Interior Bruto Latino de 2023, elaborado por el centro de pensamiento Latino Donor Collaborative (LDC).
Una organización de política fiscal no partidista con sede en Washington D.C., estima que aproximadamente 10,9 millones carecen de documentos legales para trabajar en el país. Además, se calcula que por cada millón de inmigrantes en esta situación, los servicios públicos reciben alrededor de 8.900 millones de dólares generados por su trabajo, que se concentra principalmente en sectores con economías inestables y empleos mal remunerados, como la construcción y la agricultura. [7]
Se estima que alrededor del 13 % de los 62 millones de latinos en Estados Unidos son indocumentados, según el Departamento de Seguridad Nacional, lo que resalta su significativo impacto económico. En la actualidad, hay más de 13 millones de trabajadores indocumentados en el país, muchos de los cuales han residido en el país durante décadas.

No obstante, los grandes medios al referirse a los ‘inmigrantes’, suelen centrarse en figuras como Trump y otros líderes de las élites estadounidenses, quienes provienen de familias de inmigrantes europeos. Otros sólo destacan su relevancia por realizar trabajos que los nativos o anglosajones no desean realizar. Sin embargo, la mayoría ignora o minimiza el verdadero aporte de quienes realmente han contribuido a hacer ‘Grande a América’, los miembros de la clase obrera, en particular los inmigrantes asalariados.
Las potencias económicas del mundo, empezando por los Estados Unidos, deben gran parte de su prosperidad a los inmigrantes que, ya sea por elección o por necesidad, han trabajado en diversas industrias como la agricultura, la manufactura, la minería y los servicios domésticos. “Incluso ahora, estos países siguen dependiendo de los trabajadores inmigrantes poco y altamente calificados, para impulsar el dinamismo y el crecimiento económico, al asumir puestos de trabajo que los trabajadores nativos no quieren o no pueden cubrir”.[8] Además, lejos de perjudicar a la fuerza laboral nativa, la migración suele contribuir a la creación de empleo entre los trabajadores locales.
Pero dejemos que Avery Wear, activista laboral y defensor de los derechos de los inmigrantes en Estados Unidos, lo exprese:
Nuestro trabajo —el de la población en edad productiva de nuestra clase— sostiene a todas las demás personas: mantenemos a la clase dominante inactiva de todas las edades, así como a las niñas, niños y personas mayores de todas las clases sociales. Y como las y los trabajadores indocumentados vienen aquí en busca de empleo, constituyen una porción abrumadora de la población en edad de trabajar.
Al ignorar el hecho de que la mayoría de la población indocumentada está en edad de trabajar y pertenece a la clase trabajadora, la clase política nos ha engañado haciéndonos creer que los inmigrantes pueden ser perjudiciales para nuestra clase.
La economía de los países de origen se ve gravemente afectada por la persecución y expulsión de trabajadores, ya que esto conlleva una disminución en las remesas. En México, estas remesas superaron los 60.000 millones de dólares en 2023, casi el doble de la inversión extranjera directa. Asimismo, en naciones de Centroamérica y el Caribe, como El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua y Jamaica, las remesas constituyen más del 20 % del ingreso nacional. Similar efecto negativo tendría la pretensión de grabar con un 3.5% las remesas enviadas desde USA hacia Colombia.
Por lo tanto, es fundamental combatir la xenofobia que promueven los grandes medios de comunicación y el establecimiento entre la población:
Pero, ¿acaso los inmigrantes no “quitan” empleos a otros trabajadores? A menudo, las y los inmigrantes realizan sencillamente los trabajos más duros que nadie más está dispuesto a tomar. Además, no hay nada singular en que distintos sectores de nuestra clase se vean enfrentados materialmente en un sistema diseñado para crear escasez artificial, haciéndonos pelear entre nosotros para dividir y conquistar a nuestra clase.
El argumento del gobierno de Trump al atacar a la comunidad migrante como criminales ha ganado fuerza y ha servido para aterrorizarlos, dado que la mayoría de la información disponible es sesgada. Se acusa a los inmigrantes de ser delincuentes, a pesar de que las estadísticas muestran que sus tasas de criminalidad son generalmente más bajas que las de los ciudadanos nativos. Este enfoque está dirigido a golpear a la clase trabajadora, beneficiando a los empresarios, incluidos aquellos que son descendientes de inmigrantes pero pertenecen a la misma clase social de los capitalistas, como Trump.
El rol político de los trabajadores inmigrantes

Al respecto Avery Wear aclara:
…debemos explicar lo que pasa por alto todo el mundo en el debate nacional sobre inmigración, pero que es vital para nuestra clase: los trabajadores inmigrantes son, y siempre han sido, dirección en nuestra lucha de clases.[9]
Señala que desde sus inicios, las luchas que llevaron a la conquista de la jornada de 8 horas y el origen de la conmemoración del 1º de mayo, así como el proceso de sindicalización, han estado marcadas por el rol protagónico de la clase trabajadora inmigrante, que ha desempeñado un papel fundamental en estas y otras grandes conquistas:
La primera huelga nacional organizada, el movimiento por la jornada de ocho horas de 1886, fue liderada por trabajadores inmigrantes alemanes. El primer paso masivo hacia la sindicalización de las fábricas industriales inició en 1909, cuando 20.000 mujeres inmigrantes hicieron huelga en la industria textil, dando lugar a la formación del Sindicato de Trabajadores de la Confección Amalgamados (Amalgamated Clothing Workers’ Union). La histórica huelga de 1912 de los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW) en Lawrence, Massachusetts, tenía reuniones diarias con traductores de 25 idiomas distintos. La Gran Huelga del Acero de 1919 fue liderada por trabajadores polacos. Y las luchas decisivas de la década de 1930 involucraron a millones de trabajadoras y trabajadores inmigrantes y a sus hijas e hijos.
Reconocer a las y los trabajadores inmigrantes como un sector dirigente de la lucha de clases abre la puerta a cuestionar las mentiras que se dan por ciertas en el discurso republicano y demócrata sobre la inmigración.[10]
Por lo que es necesario detenerse en su referencia al nivel de organización de este sector de trabajadores, en Estados Unidos:
Los trabajadores nacidos en el extranjero, incluyendo a millones de personas indocumentadas, tienen una tasa de sindicalización del 10%. La misma que la tasa de sindicalización total de toda la clase trabajadora. Pero las y los inmigrantes representan sólo el 10% de los trabajadores del sector público, donde la tasa de sindicalización en general es alta, del 32%. En comparación, el 14% de todos los trabajadores y trabajadoras están en el sector público. Eso significa que las personas nacidas fuera del país están sobrerrepresentadas en empleos del sector privado, donde la tasa de sindicalización ronda solo el 6%.[11]
Existen razones objetivas, pues la persecución y discriminación existente, los llevan a organizarse:
Las y los trabajadores indocumentados enfrentan mayor represión y tienen menos derechos legales que el resto de nuestra clase. Pero a menudo, son esas condiciones las que empujan a más gente a la lucha.
Todo esto no significa que las y los trabajadores indocumentados sean más propensos a organizarse per se. Más bien debemos comprender que nuestras compañeras y compañeros indocumentados se enfrentan a una realidad muy dura, que genera un conjunto de experiencias de organización, intensas y particulares.[12]
Las políticas autoritarias de Trump
Sin duda, este contundente ataque hacia los inmigrantes ha generado numerosas contradicciones con respecto a las amplias libertades democráticas que se han disfrutado en el país, especialmente entre la población anglosajona. [También puede ver: “Trump: amenaza directa a las libertades democráticas”]

Pero los abusos autoritarios de Trump, también socavan las instituciones de la democracia burguesa (imperialista) y la separación de poderes, por lo que están generando mayor crisis y mayor descontento, no solo entre la población, sino también entre diversos sectores de la clase dominante y la oligarquía financiera. La reciente liberación del activista palestino Mahmoud Khalil ilustra las contradicciones y la creciente crisis provocada por los ataques autoritarios de Trump, un fenómeno contradictorio, con idas y venidas, que está en sus inicios.
La nada despreciable ruptura entre Musk y Trump, junto con los constantes enfrentamientos entre el gobierno y diversas instituciones, son un claro reflejo de esta situación. Un claro ejemplo es el espaldarazo de la Corte Suprema de Justicia a Trump, contrastado con la orden judicial que representó un revés significativo su administración:
El juez federal de distrito James Bredar declaró el 13 de marzo que los despidos masivos de trabajadores en período de prueba que comenzaron el mes pasado violaron las regulaciones que rigen los despidos masivos de empleados federales y ordenó su reincorporación a la espera de nuevos litigios[13].
Pero, la principal contradicción, ha sido, sin lugar a dudas, la de detonar la movilización multitudinaria de grandes sectores de trabajadores y de la población en general, como un genuino rechazo a su avanzada autoritaria y anti obrera. Y, al parecer, esta es la que apunta a desarrollarse de manera prometedora para los oprimidos.
El denominado ‘Proyecto 2025’ está en el trasfondo
Esta ofensiva contra los trabajadores no es algo improvisado, sino que ha sido cuidadosamente planificada desde el primer mandato de Trump. A pesar de que el ex presidente ha intentado desvincularse del plan que guía su administración, conocido como ‘Proyecto 2025’, este documento incluye ataques dirigidos a inmigrantes y trabajadores, reflejando muchas de sus políticas internacionales agresivas.
El plan fue desarrollado por la Heritage Foundation, una organización influyente desde su fundación en 1973, que ha reunido a un grupo destacado de expertos de extrema derecha en Washington, encargados de diseñar estrategias para ‘reorganizar el gobierno estadounidense’.
Estas políticas están profundamente arraigadas en un proyecto extremadamente regresivo, cuyo propósito es favorecer a la oligarquía financiera imperialista que controla tanto ese país como al mundo, a expensas de la persecución de los trabajadores, el aumento del desempleo y la miseria para amplios sectores de la población.
El documento del Proyecto 2025 esboza cuatro objetivos principales: restaurar la familia como pieza central de la vida estadounidense; desmantelar el Estado administrativo; defender la soberanía y las fronteras de la nación; y garantizar los derechos individuales otorgados por Dios para vivir libremente.
En este contexto, resultan especialmente reveladoras las palabras de Avery Wear durante una reunión en San Diego, ante unos 90 activistas y copatrocinada por el Grupo de Historia Laboral de SEIU Local 221:
Porque no es ningún secreto que el “Project 2025” establece un repertorio de ataques devastadores a los derechos laborales: desde la cancelación reciente de los derechos de negociación colectiva de los sindicatos federales mediante orden ejecutiva, pasando por el debilitamiento de la Junta Nacional de Relaciones Laborales, hasta la legalización de represalias contra quienes nos organizamos, y mucho, mucho más.[14]
Wear señala que Trump está intensificando la ya difícil situación que enfrentan los trabajadores, especialmente los inmigrantes, como resultado de las políticas de todos los últimos gobiernos en Estados Unidos:
No es ningún secreto: la vida de la clase trabajadora se está volviendo cada vez más difícil. En 1979, los sindicatos todavía organizaban al 25% de la fuerza laboral. Hoy, hemos bajado al 10%. Y sí, definitivamente estamos experimentando un resurgimiento sindical. Pero el daño sufrido en los últimos 50 años ha sido inmenso. La clase trabajadora ya no espera poder adquirir una vivienda, o prácticamente cualquier cosa. Los sueldos ajustados a la inflación alcanzaron su punto máximo en 1973, y para 2024 seguían casi 2,8% por debajo de ese nivel.
Wear, igualmente señala que quienes atribuyen la actual ofensiva anti laboral únicamente al carácter ultra reaccionario de Trump están confundidos o intentan ocultar que esta ofensiva se ha estado desarrollando durante años, abarcando tanto a administraciones demócratas como republicanas anteriores:
Los republicanos acusan de manera absurda a los demócratas de apoyar las fronteras abiertas, pese a la Operación Gatekeeper impulsada por Bill Clinton y las miles de muertes de migrantes que ha causado. Pese a las cifras récord de deportaciones bajo Barack Obama y Joe Biden. Pese a que Biden construyó más millas del muro fronterizo que afirmaba rechazar que Trump. Pese a los interminables incrementos bipartidistas en el gasto para reforzar la frontera.[15]
Así mismo, Avery Wear advirtió que lo que estamos viendo es un proceso que tendrá continuidad, aunque más agresiva, con más ataques dirigidos hacia los trabajadores y sectores claves de la población. En este contexto, indicó que “Trump va primero por los inmigrantes, personas trans y empleadas/os estatales. Seguirán otros ataques”.[16]
La respuesta: grandes protestas y movilizaciones
Como se señaló al inicio, los trabajadores inmigrantes y de otros sectores, que han sido objeto de la persecución laboral y ataques xenófobos por parte de Trump, están reaccionando de manera contundente.
A las movilizaciones del “Hands Off” se han sumado “millones de personas que están protestando en dos mil ciudades” de todo el país, mostrando un rechazo masivo a las redadas del ICE. Además, este movimiento parece estar trascendiendo fronteras, como se está viendo en Puerto Rico.

Esta respuesta de resistencia en EE.UU. se entrelaza con las masivas protestas y movilizaciones que se están llevando a cabo en diversas ciudades de Europa y el mundo árabe, en rechazo a la guerra contra Irán, así como en solidaridad con la causa palestina y de firme repudio al genocidio sionista en Gaza. [También puede ver: “Protestas contra Trump: un pulso importante para los oprimidos”]
La Huelga Nacional en Panamá, junto con otras acciones, marca el camino que correspondería recorrer a las organizaciones de trabajadores en México, Centro y Sudamérica. Este esfuerzo es crucial para avanzar en una lucha continental contra la persecución y expulsión de inmigrantes, así como para hacer frente a la ofensiva colonialista impulsada por Trump. [Puede ver: “La ofensiva colonizadora de Donald Trump-EEUU”]
Obviamente, ningún gobierno de derecha en América Latina se atreverá a organizar algo así. Mientras tanto, los que se reclaman como de ‘izquierda’ en países como México, Brasil, Colombia, Chile y Venezuela, todos tras discursos vacíos sobre la ‘dignidad’ y ‘soberanía’ ocultan su negativa a tomar acciones concretas. Su falta de iniciativa para enfrentar a Trump, defender la soberanía de las naciones agredidas y proteger a sus ciudadanos es total. Ninguno, hasta el momento, se atrevió a convocar a alguna acción de resistencia antiimperialista en la región, menos aún luchar por la Segunda Independencia de nuestro continente.
Se impone entonces a las organizaciones de trabajadores, las organizaciones populares y reclamadas como de izquierda socialista, colocar en primer lugar de sus agendas el organizar acciones de solidaridad y apoyo a esta lucha que libran nuestros hermanos trabajadores al interior de la potencia que domina y oprime nuestras naciones y proponerse unirlas a las protestas mundiales que ha desatado la agresión sionista e imperialista contra Irán, que refuerza su estrecha alianza genocida contra los palestinos. La realidad de millones en lucha decidida que vemos hoy en los EE.UU. y otros países contra las agresiones de Trump y sus aliados es una clara ruta que está en mora de ser recorrida. Para los trabajadores inmigrantes y en general en EEUU, es fundamental conectar estas acciones a las protestas globales que, no exenta de altibajos, se vienen abriendo paso en el mundo. [También puede ver: “¡Tomar las calles por Gaza e Irán!”]
***
Anexo:
Cifras de los despidos en las distintas entidades estatales de EEUU




[1] Página web. Naciones Unidas.
[2] https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/reflexiones-sobre-el-no-kings-day-3463898
[4] Ídem.
[5] https://usw.org/es/news/trabajadores-bajo-ataque/
[6] https://elpais.com/autor/paola-angeli-semidey-nagovitch/#?rel=author_top
[7] https://itep.org/undocumented-immigrants-taxes-2024/
[8] https://www.eltiempo.com/buscar/?query=proyect-syndicate
[9] Ibídem.
[10] Ibídem.
[11] Ibídem.
[12] Ibídem.
[13] https://www.france24.com/es/ee-uu-y-canad%C3%A1/20250318-administraci%C3%B3n-trump-anuncia-la-reincorporaci%C3%B3n-de-casi-25-000-trabajadores-tras-una-orden-judicial
[14] Avery Wear «Por qué los trabajadores deben oponerse a las deportaciones» https://tempestmag.org/2025/02/immigrants-are-leaders-in-our-class-struggle/
[15] Ibídem. https://tempestmag.org/2025/02/immigrants-are-leaders-in-our-class-struggle/
[16] Ibídem.










