H. Klement – 04 – 12 -2025

Zohran Mamdani —intelectual nacido en Uganda, historiador, político, musulmán declarado y quien se autodefine como “socialista democrático”— sorprendió a Estados Unidos y al mundo al ganar la alcaldía de la ciudad de Nueva York.

Su victoria se produjo en una urbe de ocho millones y medio de habitantes, vista por muchos como “la capital del mundo” y centro económico y político de una potencia construida por inmigrantes, pero donde el 69% de la riqueza está en manos del 10% más privilegiado, beneficiario del trabajo ajeno y del dominio y explotación global a los pueblos del mundo.

La prensa internacional destacó el suceso.

En Nueva York, cerca del 35% de sus 8,5 millones de residentes son migrantes. Sin embargo, en Queens ese porcentaje se eleva a casi el 50% de un total de 2,3 millones. Y en barrios como Jackson Heights, la población de origen inmigrante supera el 60%. Mamdani ganó aquí, así como en partes de Elmhurst y Corona, otros dos barrios donde más de la mitad de la población es migrante. [1]

La repercusión internacional fue inmediata. El influyente diario español El País calificó la victoria como “el primer golpe a Trump en las urnas”. Y, en efecto, este resultado es una fuerte bofetada a las políticas reaccionarias y antiinmigrantes del actual mandatario, que gobierna con una agenda autoritaria y regresiva.

¿Cómo logró ganar Mamdani?

En la ciudad más cara del país y del mundo, su campaña se concentró en los problemas que más afectan a los hogares trabajadores: costo de vida, vivienda, transporte y pobreza creciente. Propuso congelar los arriendos y construir 200.000 viviendas asequibles; instaurar un sistema de buses gratuito; crear una red de guarderías universales financiadas por el gobierno local; y abaratar los alimentos mediante tiendas públicas de víveres. A ello sumó elevar el salario mínimo a 30 dólares por hora para 2030, impulsar una reforma tributaria que gravara a ultrarricos y grandes corporaciones, y promover un modelo de seguridad alejado de la tradicional lógica ultra represiva de la policía neoyorquina.

Un columnista sintetizó así su estrategia electoral:

En su campaña, Mamdani ignoró los trillados mensajes de los partidos tradicionales, tanto de izquierda como de derecha, empecinados en negar el aumento del costo de vida que la gente ve y sufre a diario cuando compra víveres en el mercado, y evitó sumarse a las guerras culturales dominantes en la última década.

Rechazó el fatigoso mensaje de una izquierda empeñada en reinventar el lenguaje imponiendo el uso de “ellos/ellas” en el habla cotidiana en lugar de proponer soluciones para abaratar el costo de la vida[2]

Este mensaje le permitió canalizar en votos un malestar social acumulado, que, en años previos, incluso, llevó a jóvenes y trabajadores asalariados a votar por Trump creyendo que él podría resolver la crisis económica. No deja de ser simbólico que Queens —el corazón migrante de Nueva York y lugar de nacimiento del propio Trump— sea ahora el bastión de Mamdani.

Foto Revista Jacobin

¿Por qué ganó realmente?

Mamdani triunfó no sólo por una campaña hábil o por el respaldo de sectores del Partido Demócrata. Su victoria es, sobre todo, el resultado de la resistencia social, movilización y lucha acumulada de trabajadores y jóvenes que buscan respuestas reales ante una crisis cada vez más profunda.

Por un lado, la elección refleja un agotamiento del modelo político tradicional y una búsqueda de soluciones, alejadas de las falsas salidas que en su momento capitalizó Trump. (Le puede interesar: “Qué expresa la nueva elección de Trump”).

Por otro y más importante, es el eco electoral de las masivas protestas contra las políticas del gobierno: desde las movilizaciones del “No Kings Day” hasta las jornadas del 5 de abril, cuando más de un millón de personas en los 50 estados marcharon contra los recortes y ataques laborales. Estas acciones tuvieron incluso resonancia internacional, con manifestaciones en Canadá, Europa y México.

Nueva York —y Estados Unidos en general— al parecer vive un ascenso de movilización sin precedentes desde 2020. En abril protestaron 1,1 millones; en junio, cuatro millones; en octubre, siete millones. A ello se suma el rechazo masivo a las redadas y deportaciones del llamado ICE, ‘Servicio de Inmigración y control de Aduanas de Estados Unidos’, y a la militarización de ciudades impulsada por la administración Trump.

Ese clima de inconformidad encontró en las urnas un canal de expresión, aunque por su naturaleza, con una traducción política deformada.

La rebeldía emerge

Como trasfondo del resultado electoral se encuentra la acción directa de multitudes que, durante meses, han alzado la voz en protestas masivas. Desde las movilizaciones del No Kings hasta las jornadas del 5 de abril, miles de trabajadores salieron a las calles en un millar de ciudades y municipios de los 50 estados —alrededor de 1.200 manifestaciones en total— marchando bajo el lema “Hands Off!” (“¡Manos fuera!”), contra los recortes y demás ataques laborales impulsados por el presidente Donald Trump. Movilizaciones semejantes resonaron en Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, México y Portugal, confirmando el carácter internacional del rechazo. (También puede interesar: ¡No Kings! Trump y su guerra contra las libertades democráticas.)

La situación política de Nueva York —y de Estados Unidos en su conjunto— está profundamente marcada por este ascenso de la lucha. Las protestas del No Kings Day, junto con las gigantescas marchas de la era Trump, lo evidencian con claridad: se trata de las mayores expresiones de repudio popular desde la Marcha de las Mujeres de 2017 y las protestas de Black Lives Matter en 2020.

A ello se suma el vasto rechazo a las redadas, persecuciones y deportaciones de inmigrantes —tratados como delincuentes— ejecutadas por el ICE, así como a la creciente militarización de numerosas ciudades. Estas políticas ultrarreaccionarias desataron diversas formas de resistencia entre amplios sectores de trabajadores, que se oponen de manera frontal a la ofensiva migratoria del gobierno.

Toda esa inconformidad acumulada —la protesta masiva, el rechazo a los ataques laborales, el autoritarismo y la defensa de las libertades democráticas— encontró finalmente en las urnas de New York y otros lugares, un canal para expresar el repudio contra la ofensiva y los ataques impulsados por Trump. (También puede interesar: “Con Trump: los trabajadores bajo ataque”).

¿Victoria positiva o decepción anunciada?

Muchos jóvenes, trabajadores y no pocos activistas, parten de un hecho cierto: el triunfo de Mamdani es un hecho político nada despreciable y muy importante. Por la ciudad dónde sucede y en un panorama interno y externo marcado por el supuesto avance “imparable” de Trump o de la “derecha”.

Desafortunadamente, lo juzgan como un avance completamente absoluto del “progresismo”. Se preguntan, ¿qué podría ser criticable de un político que promete concesiones sociales, defiende a Palestina, critica a Trump y se auto describe como ‘socialista’? Lo comparan incluso con los gobiernos latinoamericanos llamados “de izquierda”. Así, los juzgan como un avance incuestionable del “pueblo”. Con una exagerada confianza en los cambios por vía electoral, dan importancia completa a que Mamdani se plantó como ‘enemigo’ de Trump y dan por realizadas sus promesas electorales que, según ellos, traerían algo de justicia a las condiciones de vida de los trabajadores y jóvenes de New York.

Foto Itón Gadol

Otros, en cambio, consideran que no hay nada positivo en este resultado. Aunque de forma también unilateral, señalan correctamente que Mamdani forma parte de un sector del Partido Demócrata —un partido burgués al servicio de los magnates de la principal potencia capitalista—, pues fue electo como candidato de la DSA, Democratic Socialist of América, una facción de ese partido, no ‘socialista’ en cuanto a los intereses de los asalariados, sino realmente liberal socialdemócrata, es decir de colaboración entre políticos de las distintas clases sociales.

Son quienes destacan certeramente que a pesar de ser inmigrante, de familia no acaudalada y opositor a Trump y, en paralelo, a las élites del partido, sigue sin romper los marcos del bipartidismo tradicional con que la oligarquía domina EEUU y el mundo.

Un fenómeno contradictorio, pero políticamente importante

Desde nuestra perspectiva, hace falta apreciar el fenómeno en su totalidad y no ver sólo alguna de sus caras, pues es contradictorio. Que la alcaldía de Nueva York quede en manos de un inmigrante musulmán que se reivindica ‘socialista’, no es un detalle menor dentro del proceso político y de las luchas en EE.UU., sino algo no sólo novedoso sino muy importante si se juzga su estrecha relación con el proceso de movilizaciones de enfrentamiento a Trump.

Aunque esté limitado por las ilusiones en la vía electoral como canal de solución a las necesidades más urgentes que los agobian, expresa un cambio en el estado de ánimo reinante en sectores de trabajadores que buscan soluciones y se inclinan —aunque de manera contradictoria— hacia opciones políticas que perciben como más avanzadas. Desde el punto de vista, las aspiraciones de los trabajadores expresan un factor político bastante positivo, que conviene valorar y tomar en cuenta, pues puede ser una palanca para impulsar la lucha.

Más allá de limitarse a ver al individuo o líder político y sus nexos con sectores de los empresarios de EEUU, es necesario no sólo apreciar el fenómeno sino ir más allá, buscar el fondo y sus móviles.

Detrás del voto por este candidato no están sólo las ilusiones, sino también las aspiraciones de quienes quieren superar su angustiosa realidad cotidiana, quienes repudian las arbitrariedades y persecuciones de Trump, quieren libertades democráticas y rechazan el genocidio en Gaza.

Quienes buscan una alternativa política y social distinta, se identifican con el discurso “socialista” de Mamdani. Son aspiraciones contradictorias, pero positivas pues salen del proceso de movilización y lucha en Estados Unidos y son estimuladas también por el contexto internacional de grandes movilizaciones, huelgas y luchas en distintas latitudes. Por eso son valiosas.

Porque las enormes luchas al interior de EEUU, que están detrás, significan el inicio de la erosión del odiado gobierno Trump. Erosión marcada, como decimos arriba, por las grandes manifestaciones de rechazo y en el enfrentamiento en las calles a su avanzada autoritaria y regresiva. Ese es el proceso que se manifiesta, aunque deformado, en el triunfo de Mamdani. Deformado, decimos, pues el carisma y atractivas promesas de la campaña del DSA, impulsan la concepción muy nociva de que la acción colectiva debe ser reemplazada por el acto individual de votar.

Y es que a pesar de la idea difundida por los grandes medios de comunicación y las redes electrónicas sobre las bondades de las urnas para lograr “cambios” significativos en las condiciones de vida y trabajo, esta vía constituye un alejamiento de esa posibilidad. Acudir a las urnas es una acción muy diferente y contraria a la lucha directa y colectiva. Es así, puesto que de acuerdo a la experiencia, las energías y las acciones sociales colectivas son el medio que se ha mostrado más eficaz para lograr avances Y es negativo que sean desviadas por medio de las elecciones y las ilusiones que generan, como forma de contener las acciones. Se trata de una concepción ‘democrático liberal’ de que las elecciones son un reflejo directo y auténtico del estado de ánimo y, ante todo, de la lucha de la población. Ese reflejo no es ni automático ni directo, sino distorsionado.

No obstante, el estado de ánimo y aspiraciones políticas detrás de la elección, pueden ser utilizados como palancas para impulsar la continuidad de la movilización, que paradójicamente Mamdani y sus aliados quieren conjurar. Tales aspiraciones de la población que lo votó, serían muy útiles en manos de una organización política “socialista” no como la de Mamadani -realmente reformista y liberal- sino auténticamente socialista y obrera, que quiera dar continuidad a la movilización y la lucha contra Trump y como medio para conseguir las reivindicaciones sociales que, más temprano que tarde, Mamdani y su facción, defraudarán. La tarea de una organización que se proponga tales políticas para enfrentar el orden capitalista y ponga los intereses de la clase trabajadora como prioridad, es decir realmente socialista, sería aprovechar ese estado de ánimo y aspiraciones para impulsar la movilización, no para frenarla.

La reunión con Trump: los límites de Mamdani

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Sólo 10 días después del triunfo electoral, Mamdani la aportó. Muchos de los seguidores de Mamdani fueron sorprendidos con una muy cordial reunión entre el alcalde electo y el presidente Trump. El diario New York Times registró:

“Lo que se suponía que iba a ser un “enfrentamiento socialista”, en palabras de un rótulo gráfico de Fox News, en su lugar, estuvo lleno de sonrisas, buenas vibras y el respaldo del presidente al liderazgo de Mamdani. “Me siento muy seguro de que puede hacer un buen trabajo”, les dijo Trump a los periodistas”[3]

Por su parte el diario El País de España tituló: “Trump y Mamdani entierran el hacha de guerra en la Casa Blanca…el presidente estadounidense, Donald Trump, y el alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani, celebraron este viernes en la Casa Blanca, al final del cual exhibieron en el Despacho Oval una sorprendente sintonía…”

Foto CNN en español

Si bien lo sucedido será justificado de mil maneras por muchos de quienes no ven “virtudes” en el nuevo Alcalde y más allá de que así sale a la luz una magnifica prueba de los trucos, mentiras y verdades a medias, que siempre usan todos los políticos burgueses en campaña, la cordialidad y sorprendente sintonía entre Trump y Mamdani, revela que más que diferencias, existe una base sólida de sus coincidencias. Ella radica en que si bien son proyectos políticos diferentes, ambos responden a el propósito de mantener en pie esta sociedad y sus reglas del juego. Ambos tienen un compromiso de defender los intereses de una misma clase social: la de los grandes o pequeños empresarios de New York y del país. Algo presentado bajo la frase “a ambos nos interesa que a New York le vaya bien”. Léase, que le vaya bien a la élite política y financiera que domina la ciudad y el país, verdadero objetivo de quienes buscan arreglar los males que afectan su sistema y re lanzarlo: hacerlo grande otra vez, dice Trump.

Esa es la misma razón por la cual el electo alcalde defendió como presidente de la Cámara de Representantes, al diputado demócrata Hakeem Jeffries, un declarado defensor del genocidio que Israel lleva adelante en Gaza. Y además mantendrá a Jessica Tisch como jefa de policía de la ciudad, cuestionada por “proteger a los policías abusivos a toda costa, desgastar a las familias y retrasar y disolver cualquier cambio en la disciplina de los agentes”. Es decir dará continuidad a encubrir y mantener la impunidad de la denunciada brutalidad policial en New York.

Todos estos hechos -y los que vendrán- son consecuencia de que si bien Mamdani promete cambios y paliativos sociales, es inmigrante, musulmán, defensor de la causa palestina y demás banderas ‘democráticas’ y de justicia social, Mamdani no es un trabajador asalariado y luchador de las causas obreras. No ganó como candidato de una campaña electoral propia y políticamente independiente, lanzada por las organizaciones de la clase trabajadora, sino por los políticos profesionales que hacen parte de un partido patronal.

A cambio, enarboló un programa político burgués, policlasista, dirigido a cautivar los votos de los inmigrantes en general, de cualquier clase social, es decir empresarios y obreros, sin distingos de clase. Su proyecto no está orientado por las necesidades de la clase obrera, tanto inmigrante como nativa. No está al servicio de independizar políticamente al sector de la sociedad que con su trabajo ha construido y la “grandeza” de EEUU y de New York y que, desafortunadamente, sigue votando por los partidos de la patronal como el Partido Demócrata o Republicano, o alguna de sus facciones.

Por esa compleja combinación de razones, Mamdani constituye sólo la cara renovada del DSA, como “oficina” de izquierda del Partido Demócrata, para lo cual se coloca el rótulo de “socialista democrático”, es decir liberal socialdemócrata. Por lo cual está lejos de promover la ruptura con ese partido imperialista, patrocinador del genocidio en Gaza y responsable de llevar al callejón sin salida el levantamiento antirracista del Black Lives Matter, y de sofocar las protestas convocadas bajo el lema Hands Off o No Kings Day y las múltiples acciones de resistencia de los inmigrantes contra la cacería de Trump por medio del ICE.

De este modo, el nuevo Alcalde representa un sector liderado por el senador Bernie Sanders y Alexandra Ocasio-Cortez del mismo partido patronal de Biden y Kamala Harris, que busca salir al paso y sacar de las calles la inconformidad, proponiendo aliviar y dar paliativos a los aspectos más irritantes y dolorosos de la angustiosa realidad que viven los habitantes de los barrios y el distrito de Queens en de New York. Por eso en la campaña usó la frase de Martin Luther King Jr.,: “Llámalo democracia o llámalo socialismo democrático. Tiene que haber una mejor distribución de la riqueza para todos los hijos de Dios en este país”. Quiere sólo lograr una mejor distribución de la riqueza, como muro de contención del creciente malestar e inconformidad con Trump y las élites gobernantes.

Muchos son los límites que llevarán a que Mamdani, más temprano que tarde, defraude y desmoralice a trabajadores y jóvenes, cuándo las ilusiones en que desde su gobierno la carestía, el transporte y la brutal represión policial, verán cambios positivos y sustanciales, se estrellen contra la realidad. Sus principales límites son de clase. Más allá de sus buenas intenciones, deberá responder a la clase burguesa, todas sus instituciones y reglas del juego, las cuales su campaña, programa y campaña, se comprometieron a no cuestionar, respetar y mantener.

Lo decisivo: la movilización

Por eso en cualquier caso, lo fundamental no será lo que haga o deje de hacer Mamdani, sino la continuidad del proceso de luchas, inconformidad y movilización que aparentemente se encuentra abierto en Estados Unidos. Por allí sí podrían venir los cambios.

Sobre los hombros de los trabajadores y los jóvenes, así como sobre las organizaciones sindicales y políticas dirigentes, recae el reto de profundizar las movilizaciones del “No Kings”, las huelgas y demás acciones de resistencia contra los ataques laborales y contra la agenda autoritaria del gobierno Trump, tanto interna como externa de colonización hacia los pueblos de América Latina y el mundo. (Puede ver aquí: ¡Urge la más amplia y unitaria movilización antiimperialista en américa latina!).

Sólo la lucha y movilización masiva en nuestro continente como al interior de EE.UU. podrá obtener soluciones a las necesidades urgentes de jóvenes, trabajadores e inmigrantes —y también la defensa de los pueblos agredidos por la política exterior colonizante de Estados Unidos—. Esa ruta será siempre más segura que depositar esperanzas en las elecciones, los parlamentarios o los nuevos candidatos, por más novedosos o disruptivos en relación al establishment, que se presenten. Ese sería el camino a recorrer para superar a Mamdani y la inevitable desengaño que traerá para inmigrantes, trabajadores, jóvenes y activistas. Si logran superarlo, se podría abrir una ruta para construir otra organización de clase, socialista revolucionaria, para orientar las luchas contra el sistema imperante y no sólo contra sus aspectos más irritantes.


[1] https://elpais.com/us/2025-11-16/la-esquina-de-queens-que-explica-la-victoria-de-zohran-mamdani-en-nueva-york.html

[2] https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/contra-la-desigualdad-3509614

[3] https://www.nytimes.com/es/2025/11/24/espanol/estados-unidos/trump-mamdani-reunion-reacciones.html

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