
02 de febrero 2026
«Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase«. Lenin
El pasado 21 de enero del 2026, se cumplieron 102 años de la muerte del gran revolucionario, Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como V.I Lenin, dirigente indiscutible, junto con L. Trotsky, del histórico triunfo de la revolución proletaria Rusa en 1917.
En el marco de esta importante fecha para los trabajadores y los revolucionarios, nuestra organización OPCIÓN MARXISTA INTERNACIONAL reivindica, nuevamente, el legado principista, teórico y político de Lenin y su vigencia, a pesar de la destrucción de la URSS y de las mentiras de la burguesía y sus agentes en el seno de los trabajadores, sobre su espíritu y acción revolucionarias.
“En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola.” — Lenin

La realidad mundial actual hacen que las enseñanzas del Marxismo, siempre practicadas por Lenin, sean la respuesta correcta contra la destrucción que el imperialismo mundial ha sometido a la naturaleza y a los seres humanos (el proletariado), que con su trabajo, a través de la historia, ha producido la riqueza de la que se ha apropiado la burguesía con sus métodos infames de sobrexplotación.
En particular, sus invaluables escritos sobre el imperialismo y su nefasto rol en la destrucción del planeta, son la explicación clara sobre las contradicciones inter imperialista y las políticas por la nueva repartición del planeta, sus áreas de influencia y mercados, protagonizada por potencias como EE.UU., China, Rusia, la U.E. y hoy profundizadas por el gobierno yanqui de Trump, en medio de una aguda crisis económica y política.
“El imperialismo surgió como desarrollo y continuación directa de las propiedades fundamentales del capitalismo”. Lenin
El imperialismo y las burguesías de las semicolonias, como lo planteaba Lenin, pueden avanzar en la aplicación de sus planes de miseria y explotación contra los trabajadores y los pueblos oprimidos, esa es su esencia, (Medio oriente, EE.UU, Europa, entre otros), desgraciadamente con el apoyo de la casta burocrática estalinista, revisionistas, oportunistas y socialdemócratas, así como casi todas las direcciones sindicales y políticas.
“Realmente, perder de vista la lucha de clases evidencia la más burda incomprensión del marxismo.” — Lenin
La lucha de clases ha estado siempre presente en los procesos revolucionarios y de enfrentamiento de las masas contra el imperialismo. Hoy los trabajadores se siguen manifestando, oponiéndose a la persecución y ataque a las libertades democráticas, los planes de explotación y opresión. Huelgas, protestas y movilizaciones protagonizadas por miles de trabajadores, muchas de ellas de la juventud, en EE.UU. y Europa indican que los opresores no tienen el camino despejado. Como lo hemos manifestado insistentemente, los puños en alto están en las calles y seguramente seguirán agitando la bandera de la lucha y la resistencia.
“Dadme sólo una generación de jóvenes y transformaré el mundo entero.” — Vladimir Leni
En este marco de intensificación de las luchas de resistencia contra el imperialismo, es urgente avanzar en la construcción de una organización internacional revolucionaria, marxista, leninista y trotskista.
Es desde esta perspectiva estratégica, que compartimos a continuación el artículo de Trotsky publicado en febrero de 2024, a propósito del centenario de la muerte de V.I Lenin, convencidos de que la reconstrucción del internacionalismo no es una consigna abstracta, sino una tarea práctica urgente para enfrentar la crisis actual y evitar que las luchas en curso sean conducidas a la derrota por los defensores de este sistema decadente. Ver artículo de 2024, aquí.
LENIN COMO TIPO NACIONAL

El internacionalismo de Lenín no necesita defensa. Su característica distintiva es el rompimiento irreconciliable, en los primeros días de la guerra mundial, con aquella falsificación del internacionalismo que prevaleció en la II Internacional. Los jefes oficiales del socialismo», desde la tribuna parlamentaria, con argumentos abstractos inspirados por el espíritu de los viejos cosmopolitas, guiaban los intereses de la patria hacia una armonía con los intereses de la humanidad. En la práctica todo esto condujo, como sabemos, al sostenimiento por el proletariado de la patria de la clase dominante
El internacionalismo de Lenin no es en manera alguna una forma de reconciliar verbalmente nacionalismo e internacionalismo, sino una forma de acción revolucionaria internacional. El mundo habitado por los llamados hombres civilizados se le aparece como un solo campo de combate en que los distintos pueblos y clases sostienen una guerra gigantesca unos contra otros. Ninguna cuestión de importancia puede encerrarse en un marco nacional. Amenazas visibles e invisibles solidarizan cada cuestión con docenas de fenómenos acontecidos en todos los extremos del mundo. En su apreciación de los factores y de las fuerzas internacionales Lenin era más libre que la gente imbuida de prejuicios nacionales.

Según Marx, los filósofos consideran este mundo satisfactorio cuando la tarea debía consistir en transformarlo. Pero él, el profeta genial, no vivió para verlo. La transformación del viejo mundo se halla en pleno desarrollo y Lenin es su primer obrero. Su internacionalismo es una apreciación práctica de los acontecimientos históricos y una adaptación práctica a su curso sobre una escala internacional y para un propósito internacional. Rusia y su suerte son únicamente un elemento de esta gran lucha, de cuyo éxito depende la suerte de la humanidad.
El internacionalismo de Lenin no necesita recomendación. Y sin embargo, el propio Lenin es nacional en grado sumo. Su espíritu arraiga profundamente en la historia rusa, la hace suya, le da su más honda expresión, y alcanza por añadidura el nivel de una acción y una influencia internacionales.
De buenas a primeras, la atribución a Lenin de un carácter «nacional» puede sorprender; si se atiende a lo fundamental, resulta naturalísima. Para dirigir una revolución sin precedentes en la historia de los pueblos, como la que se produce en Rusia, es evidentemente necesario hallarse en una conexión orgánica indisoluble con la vida popular, una conexión que brota de los orígenes más profundos.
Lenin encarna el proletariado ruso, una clase joven, que políticamente tiene apenas la edad de Lenin y es, además, una clase profundamente nacional, porque involucra todo el desarrollo pasado de Rusia y contiene todo el futuro de Rusia, porque en ella vive y muere la nación rusa. Sin rutina ni ejemplo que seguir, libre de falsedad y de compromiso, pero firme en el pensamiento e intrépido para actuar, con una intrepidez que nunca degenera en incomprensión; así es el proletariado ruso y así es Lenin.
La naturaleza del proletariado ruso, que actualmente se ha convertido en la fuerza más importante de la revolución internacional, ha sido preparada por el curso de la historia nacional rusa, por la crueldad bárbara del más absoluto de los Estados, la insignificancia de las clases privilegiadas, el desarrollo febril del capitalismo en las turbulencias del cambio, la decadencia de la burguesía rusa y su ideología, y la degeneración de sus políticos. Nuestro «tercer Estado» no comprendía la reforma ni la revolución y no podía comprenderlas. Por eso los problemas revolucionarios del proletariado asumieron un carácter más vasto. Nuestro «tercer Estado» no sabe nada de Lutero, de Tomás Munzer, de Mirabeau, de Marat, de Robespierre. Por lo mismo, el proletariado ruso tuvo su Lenin. Lo que faltaba en tradición se ganó en energía revolucionaria.
Lenin refleja en sí la clase obrera rusa, no sólo en su presente político, sino también en su pasado rústico tan reciente. Este hombre, sin disputa el jefe del proletariado, parece un campesino; en él hay algo que lo sugiere vivamente. Ante el Smolny se eleva la estatua del otro héroe del proletariado mundial, Marx, sobre un pedestal, vistiendo una levita negra. A buen seguro esto es una minucia, pero es absolutamente imposible imaginarse a Lenin vistiendo una levita negra. En algunos retratos, Marx aparece con una amplia pechera sobre la que pende un monóculo.
Que Marx no era hombre inclinado a la coquetería es cosa clara para quien tenga una idea del espíritu marxista. Pero Marx creció sobre una base distinta de cultura nacional, vivió en una atmósfera diferente, como sucede a todas las personalidades destacadas de la clase obrera alemana, cuyos orígenes no se remontan a las aldeas sino a los gremios y a la complicada cultura de la ciudad medieval.
El estilo de Marx, rico y flexible, y en el que se combinan la cólera y la ironía, la agudeza y la elegancia, denota también el sustrato ético y literario de toda la antigua literatura socialista alemana desde la Reforma y aun antes. El estilo literario y oratorio de Lenin es extremadamente sencillo, ascético, como toda su manera de ser. Pero este fuerte ascetismo no muestra indicio alguno de sermón moral. Y no se crea que es así por obedecer a un principio, a un sistema premeditado, puesto que no hay en él la menor afectación; su modo de presentarse es sencillamente la expresión exterior de la concentración interna de fuerza para la acción. Obedece a un imperativo de economía de la misma índole que el que siente el campesino, pero mucho más fuerte.
Marx entero está contenido en el Manifiesto Comunista, en el prólogo de su Crítica, en El Capital. Aun cuando no hubiese sido el fundador de la Primera Internacional, siempre hubiera sido lo que es. Lenin, en cambio, se dedica desde luego a la acción revolucionaria. Sus obras son simples ejercicios preparatorios de la acción. Aunque no hubiese publicado un solo libro hubiera aparecido en la historia como aparece hoy: como el jefe de la revolución proletaria, el fundador de la Tercera Internacional.
Se necesitaba un sistema claro, erudito -dialéctica materialista-, para poder realizar el tipo de tareas que llevó a cabo Lenin; ello era necesario, pero no suficiente. Hacía falta aquel poder creador misterioso que se llama intuición: la habilidad de advertir las apariencias en seguida, de distinguir lo esencial e importante de lo insignificante y superfluo, de reconocer las partes equivocadas de una descripción, de medir bien los pensamientos de los demás y sobre todo el del enemigo, de unir todo esto en un todo, y en el momento en que la ‘fórmula» se concrete en su pensamiento, dirigir el golpe. Esto es intuición en acción. Ella equivale por otra parte a lo que llamamos penetración.
Cuando Lenin cerrando el ojo izquierdo, recibía por radio el discurso parlamentario de un jefe de prosapia imperialista o la nota diplomática esperada –un cierto tejido de reserva sanguinaria y de hipocresía política-, parecía un “mujik” de temple orgulloso, al que no hay manera de reducir. Un campesino terco y avisado que llega a los límites de la genialidad con las últimas adquisidores de un pensamiento de estudioso.
El joven proletariado ruso está capacitado para llevar a cabo lo que solamente realiza quien ha arado el duro terruño de los campesinos hasta sus profundidades. Nuestro pasado nacional ha preparado este hecho. Pero precisamente porque el proletariado vino al poder por el curso de los acontecimientos, nuestra revolución ha sido capaz de vencer repentina y radicalmente la torpeza limitada y provinciana; la Rusia del Soviet se convierte no sólo en el refugio del comunismo internacional, sino también en la personificación viva de su programa y de sus métodos.
Por caminos desconocidos no explicados aún por la ciencia, a través de los que se modela la personalidad del hombre, Lenin tomó de su nacionalismo todo lo que necesitó para la mayor acción revolucionaria que han visto los siglos. Precisamente porque la revolución social, que tiene desde hace tiempo su expresión teórica internacional, encontró desde el primer momento su personificación en Lenin, éste resultó, en el verdadero sentido de la palabra, el jefe revolucionario del proletariado del mundo.










