Irene Idris –  Febrero 4, 2026. Actualizado

La movilización contra la ofensiva migratoria impulsada por Donald Trump —marcada por la represión y los asesinatos— no solo persiste, sino que se intensifica y fortalece. Millones de estadounidenses, desafiando temperaturas de hasta 20 grados bajo cero y venciendo el miedo, se vuelcan  a las calles masivamente en protesta  contra de  las redadas migratorias, tras los asesinatos de los estadounidenses Renée Good, asesinada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) durante una redada, y de Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos, que recibió diez disparos por parte de dos agentes de la Patrulla Fronteriza (CBP), mientras otros agentes federales lo mantenían inmovilizado en el suelo. También la movilización exige la disolución inmediata del ICE.

La pesadilla de los migrantes

Son numerosos los testimonios que describen el drama humano y el clima de terror cotidiano que viven los inmigrantes, dónde muchos no se atreven a salir de sus casas, dejan de ir a trabajar, de ir a la escuela o a citas médicas, por miedo a ser detenidos y tratados como delincuentes.

Un residente de Minneapolis expresó en entrevista a TVM: “Honestamente, mis vecinos están aterrorizados. Las personas están siendo sacadas de sus hogares, arrastradas en ropa interior. Creen que pueden hacer lo que quieren con nuestros vecinos..[1]

Por su parte, “Una vecina de un barrio próximo al aeropuerto explicaba cómo había arrancado el día en sus calles: “Hemos tenido redadas del ICE desde muy temprano esta mañana. La pizzería del barrio, la gasolinera más cercana, el parque donde juego softbol … Todos los secuestros a primera hora de la mañana con los vecinos saltando de la cama y corriendo con esta temperatura para intentar ayudar. Y luego alertas de que se han ido y solo queda un coche vacío. Es constante”.[2]

Asi mismo,  los medicos de  Minnesota denunciaron el miedo que viven sus pacientes, en una conferencia de prensa en el Capitolio estatal en St. Paul, uno  tras otro relató el sufrimiento de los pacientes en medio de la ofensiva gubernamental». El doctor Roli Dwivedi, expresidente de la Academia de Médicos Familiares de Minnesota denunció:

«Un paciente con cáncer de riñón desapareció sin sus medicamentos en las instalaciones de detención de inmigración. Fue necesaria una intervención legal para que le enviaran su medicina, aunque los médicos no están seguros de si ha podido tomarla»“He sido médico en ejercicio por más de 19 años aquí en Minnesota, y nunca he visto este nivel de caos y miedo», «ni siquiera en el punto álgido de la crisis de COVID19», señaló Dwivedi.  

Un diabético con miedo de recoger insulina; un paciente con una herida tratable que se infectó y requirió que lo internaran en la unidad de cuidados intensivos; personal hospitalario de America Latina, Sonalia, Myanmar y otros lugares- con demasiado miedo para ir a trabajar.

“Nuestros pacientes están desapareciendo”, y hay mujeres embarazadas que no reciben los cuidados prenatales clave, dijo la doctora Erin Stevens, presidenta legislativa de la sección de Minnesota del Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos. Las solicitudes para partos en casa también aumentaron significativamente, “incluso entre pacientes que nunca habían considerado esta posibilidad, o para quienes no es una opción segura”, señaló Stevens.

Minneapolis, epicentro de la resistencia nacional

Desde el despliegue masivo de agentes del ICE y la Patrulla Fronteriza en barrios residenciales, centros de trabajo y espacios públicos del área metropolitana Minneapolis–St. Paul, la comunidad se ha puesto en pie para proteger a sus vecinos inmigrantes.  Quienes se movilizan “son principalmente los blancos americanos”, dado que quienes no son US citizen –ciudadanos con nacionalidad estadounidense– tienen miedo de salir de sus casas”: [3]

En todas las protestas predominan los hombres y mujeres blancos, no solo porque representan el 77% del censo, sino porque también miles de personas, especialmente las familias hispanas y asiáticas, llevan meses sin salir de sus casas por temor a ser arrestados y viven de la solidaridad de los vecinos.[4]

Lejos de atemorizarse como pretende Trump, Minneapolis ha decidido resistir su brutal embestida. La comunidad ha decidido unirse con determinacion. Por eso, la lucha y la organización comunitaria se han intensificado tras el asesinato de los dos estadounidenses con protestas masivas, paros laborales y del comercio, plantones y redes vecinales de alerta y apoyo. La comuniad abre sus puertas para proteger a los menores en riesgo de detención.

En este contexto, la poblaciòbn  respaldó masivamente los paros convocados los días 30 y 31 de enero, bajo la consigna: ‘no trabajar, no ir a clase y no comprar’, reflejando la profunda indignación contra el gobierno y contra el ICE, así como una solidaridad creciente con la población inmigrante.

Minneapolis vuelve así a situarse en el centro de la resistencia nacional contra la violencia del Estado. Hace cinco años fue el centro del movimiento Black Lives Matter tras el asesinato racista de George Floyd a manos de la policía. Hoy lo es nuevamente, esta vez contra la administración de Trump y su politica migratoria. Los refugios temporales se multiplican y la red de apoyo a los migrantes crece

Jessica Garraway, profesora de Secundaria y miembro de la Federación de Educadores de Minneapolis, explica: “Soy activa en mi sindicato y también soy miembro del Círculo de Solidaridad Obrera, que es una organización que intenta impulsar el movimiento obrero para contraatacar y luchar contra ICE, pero en última instancia contra el sistema capitalista. Y hemos estado organizando y luchando para llegar a un momento como este y, con suerte, algo más grande después de esto. Esto realmente no tiene precedentes. No hemos tenido una paralización laboral y empresarial a esta escala probablemente durante décadas.[5]

Protesta del movimiento Black Lives Matter exigiendo justicia por la muerte de George Floyd en 2020. Foto: Archivo KEREM YUCEL – Fuente La Tercera

La sólida organización comunitaria frente al ICE

La movilización no se limita a marchas y protestas multitudinarias. En Minneapolis- Saint Paul. los vecinos han construido una red comunitaria de apoyo y de comunicación clandestina.

Este apoyo incluye la organización de patrullas barriales para alertar sobre la presencia de agentes federales; la instalación de guardias en colegios y jardines infantiles, donde voluntarios utilizan silbatos para advertir sobre operativos; la recaudación de fondos para alimentos, artículos de higiene y alquileres de familias que no pueden salir a trabajar; así como el cuidado de niños y el acompañamiento a personas mayores.

El periodista Iker Seisdedos describe este entramado solidario en su artículo “El “sitio” de Minneapolis: así resisten los vecinos de la ciudad demócrata el asedio migratorio de Trump”

En esa red social encriptada, el papel de cada cual viene definido por un código de emoticonos: coches, platos, corazones vendados… Los hay que patrullan las calles en busca de los federales enmascarados, que circulan en coches sin marcar y van armados hasta los dientes. Están los que administran los primeros auxilios cuando la cosa se tuerce, los que fotografían matrículas y los que las cotejan con las bases de datos disponibles.

Hay varias llamadas al día de puesta en común. Cuando alguien avisa de una redada en marcha, los vehículos de los “observadores” que están en la zona salen zumbando para tratar de impedirla o, al menos, para ser testigos o entorpecer la cacería al inmigrante. Una vez allí, soplan sus silbatos, graban a los agentes con el móvil y se encaran con ellos. A veces acaban arrestados.[6]

Las protestas se extienden a nivel nacional y se amplían a nuevos sectores

Las movilizaciones contra el ICE se multiplican en todo el país e involucran cada vez a más sectores de la clase trabajadora y de la sociedad.

Desde Nueva York hasta Los Ángeles, pasando por Cleveland, Arizona, Filadelfia, San Francisco, Denver, Connecticut y Washington, amplios sectores de la población se manifiestan masivamente en solidaridad con Minneapolis y, en particular, con las comunidades migrantes.

Bajo el grito de “¡Fuera ICE!” (ICE Out), “¡Eliminar ICE!” (Abolish ICE), “Derechos plenos para todos los inmigrantes”, “¡Ponte de pie por las familias inmigrantes!” y «Justicia para Alex» (Justice for Alex”), los manifestantes se unifican a nivel nacional.

Estas protestas evidencian una profunda solidaridad con las comunidades perseguidas y una clara oposición al autoritarismo. Como expresaron varios participantes en medios locales, marcharon “para apoyar a la buena gente de Minneapolis y plantarle cara al autoritarismo”. [7]

Docentes y estudiantes: “¡No queremos ICE en las escuelas!”

En el marco de este proceso, docentes de Minneapolis, Los Ángeles y el valle de Roaring Fork, en Colorado, entre otras ciudades, se han sumado a las protestas contra el aparato represivo del ICE que persigue, encarcela, asesina y deporta, así como en solidaridad con sus estudiantes inmigrantes y sus familias.

En Los Ángeles, los educadores tomaron las calles al grito de: “¡No queremos ICE en las escuelas!”. De igual manera, lo hicieron los educadores en el valle de Roaring Fork.

Como expresó una educadora, “Los mejores educadores trabajan para proteger a las personas más vulnerables, y algunos de nuestros estudiantes son vulnerables”, dijo DeFord. “Por eso estamos aquí”.[8]

Desde Minneapolis, el profesor de inglés de John Reuss, en una entrevista con Democracy Now, describió el clima de persecución que se vive en los barrios a la par que llamo a sus compañeros educadores del país a participar en los paros convocados:

Su relato ilustra el clima de miedo, resistencia y solidaridad:

“La semana pasada, un estudiante se conectó a clase y, a mitad de la misma —yo doy clases de inglés— me envió un mensaje diciendo: “ICE está afuera de mi casa ahora mismo. ¿Qué hago?” Detuve la clase de inmediato y todos se enteraron de lo sucedido. Gracias a Dios, sus vecinos estaban afuera y echaron a ICE de su barrio. Esos agentes habían estado rondando toda la mañana. Esto realmente habla de nuestras comunidades, cómo nos organizamos y cómo nos defendemos unos a otros, incluyendo a mis estudiantes. El miedo es tan tangible. Necesitamos paralizarlo todo. Hago un llamado a todos los educadores de este estado y de este país para paralizarlo todo, incluyendo Minneapolis y Saint Paul. Necesitamos paralizarlo todo, porque si no lo hacemos ahora mismo, su ciudad será la siguiente”.

Por su parte la profesora Jessica Garraway relató:

 “… Soy profesora, y los profesores se están organizando, los padres se están organizando… Es una resistencia masiva para proteger a los niños en nuestras comunidades. Enseño a estudiantes inmigrantes, y prácticamente todos mis estudiantes están aprendiendo de forma virtual en este momento, los padres tienen miedo de enviar a sus hijos”.[9]

Así mismo, las protestas de estudiantes de secundaria y universitarios se amplían por todo el país. Desde Nueva York hasta Texas, los jóvenes abandonaron las aulas para hacer sentir su indignación contra la política migratoria de Trump, por el derecho a estudiar sin miedo, a vivir sin persecución y a no ser tratados como criminales por el solo hecho de ser inmigrantes.

Marcha contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Mineápolis, Estados Unidos. Foto: EFE. El Tiempo.

Junto a sus maestros exigen: “No más ICE en las escuelas”, No más detenciones”, “No más deportaciones”, “Abolición del ICE”.

La ola de protestas contra la criminalización de la migración y contra el gobierno de Trump ha alcanzado una magnitud no vista, tal vez, desde las históricas movilizaciones contra la guerra de Vietnam.

Apoyo de figuras públicas

A las voces de protesta se suman deportistas, actores y músicos reconocidos como Mark Ruffalo, Pedro Pascal, Susan Sarandon, Jane Fonda, Jamie Lee Curtis, Natalie Portman, Whoopi Goldberg, Stephen Colbert, Sharon Stone, Madonna y Lady Gaga, entre otros. Bruce Springsteen lanzó la canción The Streets of Minneapolis y realizó un concierto dedicado a los vecinos inmigrantes y a la memoria de Alex Pretti y Renée Good.

Los antecedentes y la continuidad

La actual oleada de protestas no es un hecho aislado o pasajero. Representa, en cambio una expresión más del descontento social que se ha estado gestándo de tiempo atrás en rechazo a la violencia estatal y a las políticas del presidente Trump.  Estas  manifestaciones se conectan con las masivas marchas de ‘No Kings’, ‘Trump: Hands Off’ y las amplias movilizaciones de solidaridad con Gaza y el pueblo palestino, que, incluso, contaron con el apoyo activo de los estudiantes de las universidades de élite de ese país.

Así mismo, se inscribe en la tradición de lucha de Minneapolis, donde, como se dijo, el levantamiento social en respuesta al asesinato de George Floyd en 2020, se convirtió en símbolo de resistencia contra la violencia racial estatal hacia la población negra, encabezado por el movimiento Black Lives Matter, que marcó un hito en la historia reciente de Estados Unidos.

Trump vacila ante la presión social

Ante la presión de la movilización a lo largo del país, Trump se vio obligado a relevar a Gregory Bovino, comandante de la Patrulla Fronteriza a cargo de las operaciones en Minneapolis, en un intento por contener y sacar presión a la indignación nacional.

Además, moderó su discurso. Según The New York Times, “Poco después de hacer el anuncio sobre Homan, Trump y su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, suavizaron su tono sobre la muerte de Pretti y se distanciaron de los comentarios incendiarios de Miller, Bovino y Noem. Trump también dijo que había hablado con el gobernador de Minnesota, Tim Walz, contra quien había arremetido solo unos días antes”. 

Trump: síntomas de un gobierno en declive

Muchos medios y propagandistas divulgan sistemáticamente la idea de que Trump avanza como un “búfalo”, presentándolo como una fuerza imparable- Algunos atribuyen esta característica a su personalidad, afirmando que sus políticas y agresiones no sólo son disparatadas. sino que poseen una solidez sin precedentes. No obstante, esta apreciación esta influenciada por lo que es evidente a simple vista.

Sin embargo, detrás de la agresividad se oculta  un estado de debilidad resultado del creciente descontento social entre millones de trabajadores y jóvenes que han sufrido las consecuencias de la crisis económica y del autoritarismo de su gobierno y que se rebelan y empiezan a organizarse como sucede en Minneapolis, para plantarle cara a sus matones porque ya no aceptan las imposiciones de la Casa Blanca ni su régimen de terror.

La historia nos enseña que el poder no radica en la figura de un jefe o algún ‘mesías’, sino en las relaciones sociales que lo sustentan. Como señalo Trotsky en Bonapartismo y Fascismo:

Los ingenuos creen que la condición real se basa en la persona del rey, en su manto de armiño y su corona, en su carne y en su sangre. En realidad, esa condición real es una relación entre personas. El rey sólo es tal porque en él se reflejan los intereses y los prejuicios de millones de personas. Cuando esas relaciones so superadas por la corriente de la evolución, el rey se transforma en una persona común…[10]

El “rey” Trump solo llegó al poder porque logró reflejar y capitalizar los intereses y prejuicios de millones de estadounidenses. Pero, como ocurre en la actualidad, a medida que la resistencia de masas se fortalece, va saliendo a la luz que la fortaleza, invulnerabilidad o poder es aparente y comienza a resquebrajarse.

Y, es que la fortaleza y el poder de un gobierno, de un régimen político o de un sistema socio-económico, no se miden por la agresividad de sus acciones, sino por el respaldo real que reciben entre la clase trabajadora y la clase media. En última instancia, este apoyo se fundamenta en las relaciones sociales que lo legitiman y sostienen. Cuando ese apoyo se pierde, caen como un castillo de naipes.

Eso es lo que revela la experiencia de la lucha de clases y de las revoluciones sociales: que reyes, caudillos, élites o sistemas enteros no se derrumban por sí solos, sino que su caída ocurre cuando cambian las condiciones sociales que los sostenían. Esto sucede, cuando la clase obrera y las masas populares les retiran su apoyo

El propio lema MAGA revela la urgencia de una élite que intenta superar profundas dificultades económicas que la acosan y que anhela “volver a hacer grande” a un país cuyo poder se ha sostenido históricamente sobre la explotación, la guerra y el saqueo de muchos pueblos del mundo.

En el plano internacional, Trump da manotazos desesperados para restaurar la hegemonía que Estados Unidos ostentó en el sistema imperialista mundial desde el final de la Primera Guerra Mundial; para asegurarse la mayor tajada en el feroz reparto de territorios, avances tecnológicos, recursos y mercados, que hoy es presa de una feroz disputa a escala global, entre las potencias imperialistas.

El país “líder del mundo” se sostiene, en realidad, sobre los pies de barro de un sistema que, tras una breve pausa, producto de su triunfo a finales de los años ochenta, volvió a mostrar —al menos desde la crisis financiera de 2008— su franca decadencia, caducidad y descomposición. Todo ello expresado en una economía mundial acosada por esas disputas cada vez más agudas entre las potencias, guerras y crisis recurrentes. En particular, el denominado “sueño americano” de EE.UU., se ha transformado en una pesadilla no sólo para inmigrantes sino también amplios sectores de la clase trabajadora y de la clase media.

Por esa razón, Trump ataca violentamente a los migrantes, para aterrorizar a la población; atacó a Venezuela para someterla a su control total y mantiene una ofensiva militar amenazante sobre el resto de América Latina y demás países oprimidos.

Pues, es un gobierno que no cuenta con un amplio respaldo entre la clase trabajadora y media. Una parte significativa de ellas, que se oponen tanto a sus políticas internas —que vulneran libertades democráticas históricamente conquistadas— como a su política anti inmigratoria y a su agresiva política exterior. Por lo tanto, la actual  oleada de protestas reviste una relevancia fundamental.

Según el artículo “Trump quiere ser el policía del mundo, pero la gran mayoría se opone”, se revela que,  “En el caso de Venezuela, por ejemplo, recientes encuestas de fines de 2025 y principios de este año muestran que entre el 63% y el 70% del público norteamericano se opuso a la acción militar”.

En relación con la posible anexión de Groenlandia, sondeos recientes indican que “el 73 % no apoya la idea de Trump, y solo el 19% la respalda”.[11]

Asimismo, respecto a un eventual ataque militar contra Irán, encuestas recientes señalan que “alrededor del 45 % de los consultados se opone a ataques estadounidenses contra la república islámica, mientras el 30% está indeciso. Solo una minoría, un 25%, está a favor de una acción militar”[12].

De allí la enorme importancia de la oleada de protestas e indignación que sacude a Estados Unidos, que constituye una clara muestra de la fragilidad de Trump y de su régimen despótico frente a un sector cada vez más amplio de la sociedad, que se ha volcado a las calles en rechazo a su gobierno.

El trasfondo económico del descontento social

El hartazgo social que impulsa este proceso de enfrentamiento interno contra Trump hunde sus raíces en la situación económica y social que golpea tanto a la población inmigrante como a la clase trabajadora en general.

“Sólo cuatro de cada diez estadounidense apoya su gestión. Seis de cada diez estadounidenses consideran que el costo de vida ha empeorado bajo el gobierno de Trump, según el último sondeo del AP-NORC Center. Apenas dos de cada diez creen que sus políticas han ayudado, mientras que el resto no percibe cambios”.[13]

Esta tendencia se amplía entre la juventud: “…solo tres de cada diez jóvenes aprueban sus acciones”.

Hoy, muchos sectores que, ante la frustración generada por el gobierno del Partido Demócrata de Biden, dieron la espalda a la candidata continuista y, de manera equivocada, creyeron encontrar una salida votando por Trump —representante del ala más ultraderechista del otro partido patronal de Estados Unidos—, se muestran desengañados y se han visto empujados a enfrentarlo mediante la lucha y la movilización callejera.

La importancia de enfrentar a Trump en Estados Unidos

Este proceso de movilización solidaria de millones estadounidense, reviste una importancia fundamental para la lucha de los pueblos oprimidos y de la clase trabajadora a nivel internacional, y trasciende las fronteras nacionales por varias razones:

  • En primer lugar, se trata de la movilización de uno de los contingentes más numerosos y potentes de la clase trabajadora mundial, la clase trabajadora de Estados Unidos, junto con sectores de la clase media, que se articulan en torno a un eje político y de clase claro: la defensa de los trabajadores inmigrantes y sus familias, y la resistencia frente al ataque a las amplias libertades democráticas conquistadas por la población de ese país.
  • En segundo lugar, porque solo la clase trabajadora movilizada, junto con sus aliados, puede asestar una derrota desde dentro al imperialismo estadounidense. Además, esta lucha no se desarrolla de forma aislada, sino que se combina con otras movilizaciones internacionales de sectores importantes de la clase trabajadora europea, depositaria de una larga tradición de organización y combate, que hoy protagoniza huelgas y protestas contra sus propios gobiernos imperialistas. Inicialmente, estas luchas se expresaron contra el genocidio en Gaza y el apoyo de esos gobiernos al sionismo, y ahora se extienden en varios países (Italia, España, Reino Unido, Alemania, etc.) contra los planes de ajuste y los paquetazos económicos.
  • En tercer lugar, no se trata únicamente de una respuesta a una política migratoria particularmente agresiva, sino de la expresión de una profunda fractura social en el país que encabeza un sistema económico y político mundial decadente y en descomposición, cuya crisis amenaza el futuro de la humanidad y de la naturaleza.

Por todo ello, las acciones de solidaridad internacional con los inmigrantes en Estados Unidos —y con la lucha que allí se desarrolla— resultan fundamentales. Estas acciones adquieren un carácter especialmente, urgente en México, Centroamérica, Colombia, Ecuador y, en general, en América Latina, dado que una proporción significativa de la población migrante en Estados Unidos es de origen hispano.

En este sentido, la necesidad de una movilización continental que articule la lucha antiimperialista y la defensa de la soberanía nacional de Venezuela, México, Colombia y de toda la región, con acciones de solidaridad activa con los inmigrantes en Estados Unidos y la lucha por la legalización para todos los inmigrantes, se convierte en un desafío central para las organizaciones democráticas, sindicales y populares del continente.


[1] Idem

[2] Ídem.

[3] Una multitud se levanta en Minneapolis contra el autoritarismo de Trump, los abusos del ICE y el asesinato de Renée Good. El Diaro.es

[4] El País Exprés.

[5] Idem.

[6] 3El País. 31 de enero 2026.

[7] https://www.youtube.com/watch?v=tpjYoC0snA8

[8]Aspen Public Radio. By Halle ZanderRegan Mertz. Published January 30, 2026. https://www.aspenpublicradio.org/immigration/2026-01-30/teachers-call-out-sick-and-students-walk-out-to-protest-ice

[9] Ídem

[10] TROTSKY, León. “El bonapartismo alemán”, junio de 1933, Escritos Tomo III.

[11] Trump quiere ser el policía del mundo, pero la gran mayoría se opone. Andrés Hernández Alende. El Nuevo Herald. 21 de enero 2026.

[12] Idem.

[13] Tras su primer año en la Casa Blanca, Donald Trump cae en las encuestas y solo cuatro de cada diez estadounidenses aprueban su gestión: ¿por qué? por Sergio Gómez Maseri. El Tiempo. 21-01-2026

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