Estibadores de IlA en huelga en Sea Brook, Texas. EEUU. (Foto: Mark Felix / AFP)

«Todas las ruedas se detienen, si así lo quiere tu brazo vigoroso» (Canción de lucha de obreros alemanes)

Este primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, requiere ser recordado y conmemorado de acuerdo con su verdadero significado: como un día internacional, un día de la clase trabajadora y, sobre todo, un día de lucha. Su legado es la jornada laboral de ocho horas y muchos derechos logrados por la clase trabajadora.

No se trata de una fecha cualquiera. No es una celebración nacional ni una ocasión para respaldar a algún gobierno o su campaña. Su origen se encuentra en las grandes movilizaciones de masas y huelgas obreras de 1886, que posteriormente, en 1889, fue proclamado por una organización obrera y revolucionaria del momento la Internacional Socialista.

Trabajadores y estudiantes en toda Italia se sumaron a una huelga general y manifestaciones masivas en solidaridad con los palestinos en Gaza. Foto: AP

Hoy, el contexto internacional es profundamente adverso. Está marcado por una crisis entre las grandes potencias que se expresa en guerras y conflictos impulsados por los intereses de las clases dominantes a nivel mundial, empeñadas en sostener un sistema económico inhumano, depredador y en decadencia, que también afecta a Colombia. Las agresiones y guerras de Donald Trump y Israel contra Irán, Líbano y el Medio Oriente se suman al sufrimiento del pueblo palestino, víctima del genocidio sionista en Gaza que ha dejado miles de trabajadores y familias asesinadas o mutiladas. A pesar de ello, la resistencia del pueblo palestino sigue siendo un ejemplo que inspira luchas en todo el mundo.

Es así, pues los ataques están recibiendo respuesta de parte de los trabajadores y los pueblos del mundo, que así sea en condiciones desfavorables, protagoniza protestas masivas de inmigrantes, movilizaciones y numerosas huelgas en países como Estados Unidos, España, Italia, Argentina y Venezuela. Dichos combates requieren no sólo ser mencionados, sino que reclaman acciones de solidaridad internacionalista de las organizaciones de los trabajadores y sectores populares del país, que desafortunadamente hoy brillan por su ausencia.

En Colombia, la situación de los trabajadores y de los sectores populares, tanto del campo como de la ciudad, dista de ser alentadora. Tras cuatro años del gobierno de Gustavo Petro, y mientras éste subió el precio de la gasolina a precios internacionales y continúa pagando la deuda externa al FMI, el país enfrenta agresiones externas, especialmente de Donald Trump y EE.UU., así como sus aliados de extrema derecha en el ámbito interno. En tanto, como aparente paradoja, las ganancias de los grandes grupos económicos —banqueros, industriales, terratenientes y comerciantes— no han disminuido; por el contrario, han crecido de manera significativa (75% más que el año anterior, en el caso de los Bancos).

Si bien es objetivo reconocer algunos avances parciales y mínimos, las principales deudas estructurales permanecen sin resolver: un sistema de salud altamente deficiente, especialmente con el nuevo modelo aplicado a los maestros; altos niveles de informalidad e inestabilidad laboral; persistencia del trabajo infantil; desfinanciación de la educación estatal; encarecimiento de la canasta básica (7,5%); aumento de la desigualdad económica y la injusticia social; escandalosa corrupción en las altas esferas del poder; y el agravamiento de la violencia, los asesinatos y el desplazamiento forzado, entre otros problemas. De este modo, las expectativas e ilusiones de cambio de amplios sectores de trabajadores y jóvenes han chocado con una realidad persistente: aún no hay las transformaciones profundas que se requieren en las precarias condiciones de vida y trabajo. Las calamidades y desastres que nos agobian muestra que los trabajadores y los pobres no necesitamos un capitalismo “humanizado”, si tal cosa pudiera existir. Necesitamos una sociedad gobernada y orientada por los trabajadores y sus organizaciones.

Esta situación no es responsabilidad exclusiva de los magnates y de los políticos tradicionales de derecha, quienes, como es previsible, se oponen a cualquier cambio por mínimo que sea, a menos que sean obligados por la movilización. También responde a la negativa de los dirigentes de los trabajadores a organizar la pelea directa para enfrentar de raíz problemas históricos como la explotación, la desigualdad, la discriminación, el racismo y el clasismo que afectan a los trabajadores y sectores populares. A enfrentar con decisión todos los males consecuencia, en primer lugar, del sometimiento del país a las políticas de los Estados Unidos y otras potencias, así como a la persistencia de este sistema económico y social capitalista y por eso defendido por las élites nacionales en alianza con grandes corporaciones transnacionales.

En este contexto, los proyectos políticos que prometen cambios, pero se limitan a buscar reformas del sistema, tramitadas en un organismo como el Parlamento, que todos sabemos está dominado por los políticos reaccionarios y conciliando con los poderes económicos, terminan, en la práctica, fortaleciendo las condiciones para el avance de la extrema derecha. Experiencias recientes en países como Chile, Argentina, Ecuador, Perú e incluso Estados Unidos, muestran cómo esa política vacilante pavimenta el camino a la extrema derecha. Ese es el trágico resultado de la política de los progresistas de querer “cambiar algo para que todo siga igual”.

Este Primero de Mayo, se desarrolla en el país en medio de un escenario electoral marcado por múltiples candidaturas presidenciales. Sin embargo y aunque parezca increíble, absolutamente ninguna de ellas representa una alternativa política independiente y propia de la clase trabajadora. Todas tienen en su seno, curtidos políticos del establecimiento y su programa de mantener el statu quo.

Miles de trabajadores de Samsung Electronics en protesta pidiendo mayores beneficios. Corea del Sur. 23 de abril de 2026. (Foto: EFE/EPA/HAN MYUNG-GU)

Los trabajadores estamos sometidos a una intensa campaña que presenta una “polarización” entre opciones de extrema derecha y sectores progresistas. No obstante, ninguna de estas alternativas expresa verdaderamente los intereses de la clase obrera. Se trata, más bien, de representantes de sectores tradicionales: unos al servicio de los grandes capitales y otros vinculados a capas medias que aspiran a disputar un lugar dentro del mismo sistema capitalista y sus mieles. Ninguna de estas opciones ajenas a los trabajadores, resolverá nuestros problemas.

El panorama resulta especialmente confuso para los asalariados, en la medida en que las direcciones y organizaciones del movimiento obrero no han impulsado una alternativa electoral propia, ni han presentado candidaturas que representen de manera genuina los intereses y derechos de la clase trabajadora. Campaña que reivindicara, ante todo, la independencia de clase frente a los gobiernos y las patronales; la solidaridad obrera frente a la fragmentación; y el internacionalismo como respuesta a un sistema sin duda global. En este contexto, resulta urgente esforzarse por recuperar tanto el carácter histórico de lucha de esta fecha como el señalar la urgencia de una política de independencia como clase trabajadora y de movilización o acción directa.

Yendo más allá del espejismo electoral que confunde a los trabajadores, el llamado es claro: recuperar las calles, reorganizar la movilización directa y masiva, fortalecer la organización y levantar nuestras banderas históricas. Es necesario movilizarse sin concesiones por la estabilidad laboral, el empleo, la justicia social y condiciones de vida y de trabajo dignas. Nadie puede decir que lo conquistado ha sido un regalo: cada derecho ha sido fruto de duras peleas, el paro y la movilización, no de promesas electorales ni de votaciones.

No consideramos que esta fecha deba ser utilizada para promover campañas electorales ni para reproducir discursos oficiales en apoyo al gobierno. Es, ante todo, un día de lucha: un espacio para que la clase trabajadora se exprese con independencia, sin subordinación a intereses de clase que le son ajenos, y para retomar el camino de la organización autónoma, independiente y la defensa de todos sus derechos. A lo largo de la historia, los sacrificios, despidos, encarcelamientos y la sangre derramada por la clase obrera, han sido el precio de enfrentar la injusticia y la explotación. Hoy, esa explotación persiste, aunque adopte nuevas formas. De allí que sea imperativo que en la fecha se señale la urgente necesidad de abolir esta sociedad basada en la explotación del trabajo ajeno y combatir por una radicalmente distinta, gobernada por las organizaciones democráticas de la clase obrera y sus aliados de los sectores populares. Una sociedad regida por el socialismo obrero, al servicio de las grandes mayorías y no del lucro y propiedad privada de un puñado de magnates ociosos.

Por ello, dado que la conmemoración de este Primero de Mayo NO se orienta bajo estos criterios —como una jornada de lucha independiente, internacionalista y al servicio de los derechos de la clase trabajadora—, las movilizaciones promovidas desde el gobierno y las cúpulas sindicales, no representan un espacio legítimo para quienes buscamos defender de manera consciente los intereses y reivindicaciones de nuestra clase.

«La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera». K. Marx

1 COMENTARIO

  1. Soy de Uruguay. Soy profundamente marxista-leninista y totalmente anti-stalinista!!!
    No soy trotskista, pero comparto muchas posiciones del Trotskismo.
    Además soy un admirador de Lev David obich Bronstein, más conocido por su apodo revolucionario de Trotsky!!!
    Quien desde que escribió en 1906, su libro «La Revolución Permanente», fue cada vez más cercano al pensamiento de Lenin.
    Fue por eso, que Lenín lo propuso como Presidente del Comité Militar Revolucionario, que tendría la tarea del asalto al Palacio de Invierno del Zar para el inicio de la Revolución Bolchevique.
    Posteriormente, lo designó como Comisario de Guerra y fue nada más y nada menos que el creador y Comandante en Jefe del Ejército Rojo!!!

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