
Huber K. Mayo 2026
En el discurso político oficial se ha vuelto cada vez más frecuente la idea de que, durante doscientos años, es decir desde la Independencia (1810-1820), los trabajadores y la población colombiana no conquistaron ningún derecho importante y que solo en la actualidad comenzaron a surgir verdaderos avances sociales y laborales.
Esa tesis, difundida por los progresistas y por el propio presidente Gustavo Petro, ofrece una visión parcial y distorsionada de la historia: la de un país donde, desde la colonia hasta hoy, únicamente habrían existido explotación sin límites y ausencia total de conquistas obreras y populares, o cualquier derecho democrático para las mujeres u otras minorías. De hecho, concibe a los trabajadores han sido y son un ente completamente pasivo.
Se trata de una narrativa que aprovecha, en parte, el desconocimiento histórico de muchos jóvenes trabajadores y el clima político y cultural actual en el que solo parece tener valor el presente inmediato, mientras el pasado social y las luchas de generaciones anteriores son relegados o menospreciados.
Esa afirmación, además de no resistir un análisis histórico serio, transmite conscientemente una idea profundamente perjudicial: que los derechos conquistados por los trabajadores y la población no fueron producto de su organización, sus sacrificios, grandes huelgas y sus movilizaciones colectivas, pues todo dependería que existan gobiernos que quieran darlas. Entonces los evidentes avances en derechos y conquistas, serían, según ellos, concesiones graciosas de gobiernos y parlamentos patronales que más allá de sus diferencias y matices, han controlado el país durante estos dos siglos.
Sostener que en doscientos años no hubo conquistas laborales y sociales equivale, en la práctica, a negar la historia misma del movimiento obrero, campesino y popular colombiano. Significa afirmar que la ciencia y tecnología internacionales, nunca pasaron las fronteras nacionales de esta supuesta “aldea feudal” a la que llegaron hace cuatro años los progresistas.
Afirmar que generaciones enteras de trabajadores jamás lograron con sus luchas arrancar derechos, mejorar parcialmente sus condiciones de vida o modificar las relaciones laborales existentes, es más que absurdo. Que el analfabetismo sigue igual, que los campesinos pobres no conquistaron tierras, mujeres o jóvenes no arrancaron derechos. Que los trabajadores petroleros, bananeros, de ferrocarriles, bancarios estatales o magisterio nunca lucharon ni conquistaron derechos. Que muchos sindicatos y centrales sindicales no se forjaron en medio de grandes luchas. El sindicalismo independiente y clasista no existió. Maria Cano, Ignacio Torres Giraldo y otros grandes líderes de luchas obreras, no existieron. Sin embargo, los hechos históricos demuestran exactamente lo contrario y refutan esa fábula.
Los derechos laborales y sociales vigentes hoy no fueron regalos de gobiernos tradicionales ni de administraciones “progresistas”. Tampoco nacieron de las elecciones, de la buena voluntad de dirigentes políticos ni menos de la actividad estéril de las guerrillas. Fueron el resultado de décadas de luchas obreras y populares: huelgas, paros, movilizaciones y organización sindical sostenidas en medio de enormes sacrificios, despidos, persecuciones, cárcel, violencia estatal, asesinatos y masacres contra dirigentes y activistas sociales.
Otra discusión distinta es que muchas de esas conquistas comenzaron a perderse desde finales de los años ochenta y principios de los noventa con la ofensiva de los capitalistas conocida como “neoliberal”, impulsada en Colombia durante el gobierno de César Gaviria y favorecida por el retroceso de las luchas sociales tanto en el país como a nivel internacional. Ese debilitamiento tuvo causas políticas y sociales profundas. Las grandes oleadas de luchas obreras, campesinas y populares iniciadas a finales de los años sesenta, y que alcanzaron uno de sus puntos más altos con el Paro Cívico Nacional de 1977, terminaron perdiendo continuidad y fuerza.
Ese retroceso general estuvo asociado, entre otros factores, a las políticas de concertación y pacto promovidas por la mayoría de la dirigencia sindical y política, que desmovilizaron importantes procesos de lucha y facilitaron el avance de las reformas regresivas de los años noventa. A ello se sumó el impacto del accionar militarista y aislado de las guerrillas, alejado de las necesidades reales de las masas trabajadoras, así como sus sucesivas treguas, negociaciones y acuerdos con distintos gobiernos. Todo ello terminó debilitando la organización independiente de trabajadores y sectores populares y abrió el camino para el fortalecimiento del paramilitarismo, las masacres y el asesinato sistemático e impune de miles de dirigentes obreros, campesinos y populares.

La historia social de Colombia demuestra, en todo caso, una verdad fundamental: ningún derecho importante fue concedido gratuitamente. Cada conquista obrera, sindical y popular fue arrancada mediante la organización, la presión y la lucha colectiva.
La reducción de la jornada laboral, por ejemplo, fue una bandera histórica del movimiento obrero nacional e internacional. Los trabajadores debieron enfrentar despidos, persecución y represión para imponer límites a la explotación patronal. Lo mismo ocurrió con el reconocimiento del derecho de asociación sindical y de negociación colectiva, derechos conquistados tras décadas de luchas obreras y sociales.
El Código Sustantivo del Trabajo y reformas como el Decreto 2351 de 1965 no surgieron de la generosidad espontánea de las élites políticas. Fueron respuestas parciales a la presión acumulada durante años de conflictos laborales y movilización obrera. Del mismo modo, el Estatuto Docente del Magisterio, las mejoras salariales obtenidas en distintas épocas, ciertas formas de estabilidad laboral y múltiples garantías sindicales fueron resultado directo de la lucha organizada de los trabajadores.
Negar esas conquistas no solo distorsiona la historia; también menosprecia la lucha de generaciones enteras de obreros, campesinos, maestros, estudiantes y sindicalistas que combatieron —y muchos de ellos entregaron su vida— en defensa de derechos sociales y laborales.
Por ello, la idea de que los trabajadores y el pueblo deben limitarse a votar por algún dirigente progresista y luego esperar pasivamente a que un gobierno “bondadoso” otorgue aumentos salariales, subsidios o reformas sociales resulta profundamente perjudicial. Ningún derecho importante en la historia moderna nació de la simple generosidad del poder. Incluso las reformas más avanzadas han sido producto de correlaciones de fuerza construidas desde abajo mediante la movilización social.
El verdadero motor de los cambios sociales no ha sido la aparición providencial de un gobernante iluminado, sino la capacidad de organización, presión y lucha de los trabajadores y sus aliados. Los gobiernos —conservadores, liberales o progresistas— han actuado siempre bajo la presión de las luchas y movilizaciones del pueblo trabajador.
En ese sentido, incluso el gobierno de Petro se vio obligado a conceder algunas reformas parciales y alivios sociales debido a la profunda crisis política y social abierta por el estallido de protestas de 2021, que colocó a la clase dominante frente a una situación de enorme inestabilidad. Las limitadas concesiones sociales del actual gobierno no pueden entenderse como simples actos de generosidad política, sino como respuestas condicionadas por la presión y la indignación acumulada en amplios sectores de la población.
La fábula o mito de los 200 años sin avances, termina convertido así en una forma de propaganda política: magnificar el presente negando el pasado. Pero si los trabajadores ceden a ese argumento, muchos olvidarán las luchas que construyeron los derechos de los cuales disfruta y corre el riesgo de perder una lección esencial: las conquistas sociales no se reciben como dádivas; se conquistan mediante la movilización y la lucha colectiva.
Y esa verdad histórica sigue siendo válida ayer, hoy y mañana.
Sólo unos pocos ejemplos de conquistas laborales y sociales
Reiteremos que la historia laboral y social de Colombia no comenzó en el siglo XXI ni nació con los gobiernos autodenominados progresistas. Mucho antes del actual gobierno, e incluso bajo administraciones claramente conservadoras o tradicionales, los trabajadores colombianos arrancaron a los gobiernos y a los empresarios, derechos fundamentales mediante huelgas, movilizaciones, organización sindical y movilización social.
A continuación, se enumeran algunas de las principales conquistas obtenidas antes:
1. La jornada laboral limitada
Uno de los grandes triunfos históricos del movimiento obrero fue la limitación de la jornada de trabajo. En las primeras décadas del siglo XX eran comunes jornadas extenuantes de 10, 12 y hasta más horas diarias. La lucha sindical y obrera logró establecer la jornada laboral de ocho horas como referencia legal y social.
2. El derecho de asociación sindical
Los trabajadores conquistaron el derecho a organizar sindicatos, federaciones y centrales obreras, pese a décadas de persecución política y empresarial. Ese derecho permitió la negociación colectiva y la defensa organizada de salarios y condiciones laborales.
3. El Código Sustantivo del Trabajo
Promulgado en 1950 el Código Sustantivo del Trabajo reunió normas esenciales de protección laboral: contratación, prestaciones sociales, indemnizaciones, jornadas, descansos y garantías mínimas para los trabajadores.
4. Las prestaciones sociales
Antes ya existían derechos como:
- Cesantías
- Prima de servicios
- Vacaciones remuneradas
- Auxilio de transporte
- Licencias laborales
- Pago de horas extras y recargos nocturnos del = 35%
- Hora extra nocturna y en festivo o dominical = 100 %
5. El Decreto 2351 de 1965
Expedido durante un gobierno conservador y de línea dura, este decreto introdujo importantes reformas laborales relacionadas con estabilidad en el empleo, protección sindical y regulación de despidos.
6. El Estatuto Docente del magisterio
Los maestros colombianos lograron un régimen especial que, ante todo, conquistó la estabilidad, reconoció escalafones, condiciones salariales y derechos profesionales. Esta conquista fue fruto de la organización del magisterio y de la movilización liderada por FECODE.
7. El derecho a la negociación colectiva
La posibilidad de negociar convenciones colectivas entre sindicatos y empleadores permitió obtener aumentos salariales, primas extralegales, estabilidad y beneficios adicionales para millones de trabajadores.
8. El salario mínimo legal
La institucionalización del salario mínimo fue una conquista histórica que buscó garantizar un ingreso básico para los trabajadores y sus familias.
9. La seguridad social
Mucho antes del actual gobierno ya existían sistemas de:
- pensiones,
- salud,
- riesgos laborales,
- cajas de compensación,
- subsidios familiares.
Aunque imperfectos y objeto de reformas posteriores, estos sistemas fueron producto de luchas sociales y acuerdos políticos desarrollados durante décadas.
10. El derecho de huelga
Pese a restricciones y persecuciones, el movimiento obrero logró el reconocimiento legal del derecho a la huelga como mecanismo legítimo de presión laboral.
11. La estabilidad laboral relativa
Durante muchos años, especialmente en el sector público y en empresas industrializadas, los trabajadores conquistaron formas de estabilidad laboral que protegían contra despidos arbitrarios.
12. Los aumentos salariales logrados por movilización
Muchos incrementos salariales históricos no provinieron de la generosidad gubernamental, sino de paros cívicos, protestas obreras y negociaciones sindicales.
13. Las convenciones colectivas en empresas estatales y privadas
Sectores como petróleo, educación, energía, puertos, telecomunicaciones y transporte consiguieron beneficios laborales muy importantes gracias a la lucha y la organización sindical.
14. Derechos campesinos y reformas agrarias parciales
Aunque insuficientes, antes del actual gobierno hubo procesos de titulación de tierras, reconocimiento de organizaciones campesinas y reformas agrarias conquistadas por movilización social y conflictos rurales.
Una conclusión histórica
Estas y otras conquistas demuestran que la historia social de Colombia no fue un desierto absoluto de derechos durante “200 años”. Los trabajadores sí lograron muchos avances concretos, incluso bajo gobiernos conservadores o tradicionales. Todo gracias a su movilización y lucha.
Eso no significa que Colombia haya sido una sociedad justa ni que las desigualdades desaparecieran. Significa algo diferente: que los derechos sociales han sido el resultado de luchas históricas permanentes y no la dádiva exclusiva de un gobernante o de una corriente ideológica determinada.
La verdadera historia del movimiento obrero colombiano enseña que los avances sociales nacen de la organización, la movilización y la presión popular, no de esperar pasivamente la llegada de un gobierno salvador.









