15 – 06 – 2026

Para sorpresa de muchos, un candidato de la extrema derecha más recalcitrante del país, Abelardo De la Espriella, ganó la primera vuelta presidencial en Colombia, superando por más de 650.000 votos al candidato del gobierno y del Pacto Histórico. Sin embargo, como dice el viejo adagio, en política no hay sorpresas, sino sorprendidos. Y entre los más sorprendidos se encuentran el propio Gustavo Petro, su gobierno y amplios sectores de sus seguidores.

No obstante, compartimos plenamente la alarma de maestros, trabajadores y jóvenes que observan con preocupación el avance de un proyecto político tan ultra reaccionario y agente dócil de Trump y los intereses coloniales de EE.UU. que éste encarna. No es difícil comprender ese temor. Como lo ha señalado el prestigioso periodista Daniel Samper Pizano, ganó la primera vuelta “un extremista de derecha, promotor de violencia sectaria, millonario, defensor de conocidos delincuentes, (con) el sello de Donald Trump, como garantía de racismo, xenofobia, censura y grosería…”.

De la Espriella defensor de conocidos delincuentes. Foto: https://www.instagram.com/p/DZNtLGjDdCi/

Y así es. Se trata de un sector de extrema derecha profundamente ligado a los intereses de las élites económicas nacionales e internacionales. Extrema derecha burguesa y de clase media, que aspira a descargar el peso de la crisis social y económica sobre los trabajadores y los sectores populares, para desarrollar una política favorable a los grandes grupos empresariales. Su proyecto busca atacar no sólo las libertades democráticas sino derechos conquistados mediante años de lucha, busca profundizar la explotación laboral e incrementar la subordinación y entrega del país con sus recursos, a los intereses de las grandes trasnacionales de EE.UU. y otras potencias.

Expresa un sector de la clase dominante y de la clase media, vinculados estrechamente y de vieja data, a los intereses de los magnates de EE.UU. y ahora agente en el país del sector ultra reaccionario del imperialismo, liderado por Trump al igual que Milie y sus seguidores en Argentina. Sector con una postura de respaldo al genocidio atroz y la usurpación de la tierra de los palestinos, a manos del sionismo israelí.

Por eso coincidimos totalmente con quienes identifican este sector de extrema derecha de la clase dominante del país, como un serio un enemigo de los intereses populares y una amenaza real para los trabajadores y los más pobres. Sin embargo, la discusión fundamental no radica únicamente en reconocer el peligro, sino en definir cuál es el método más eficaz para enfrentarlo y derrotarlo.

Desde esa coincidencia básica con miles de trabajadores y jóvenes conscientes, discrepamos profundamente de la idea, promovida por numerosos dirigentes políticos y sindicales vinculados al gobierno y hasta por grupos que se dicen socialistas, de que este desafío puede resolverse mediante el voto. Resulta ilusorio pensar que una amenaza de esta magnitud, incluso definida por todos ellos como “fascista”, pueda ser derrotada a través del acto individual de votar y no por la acción colectiva de obreros y trabajadores.

Tampoco compartimos la idea de que esta amenaza se podrá conjurar votando por Cepeda. Las direcciones sindicales vinculadas al Pacto Histórico y las que simpatizan con la candidatura de Iván Cepeda, consideran que la forma principal de derrotar a esta ultraderecha es a través de las urnas y a la vez, que el triunfo de un candidato como Cepeda es garantía de ello y de la defensa de nuestros derechos. Argumentan que la continuidad del gobierno progresista enfrentará con firmeza ese nefasto proyecto. Además, que resolverá las profundas necesidades de la clase trabajadora, de los sectores populares y del país en su conjunto. Esa posición, es refutada por la propia experiencia reciente de conciliación con las elites y con la extrema derecha, del progresismo. Parte de una ilusión que históricamente ha demostrado sus límites: creer que los problemas fundamentales de la clase trabajadora pueden resolverse exclusivamente a través de los cambios de gobierno y de las instituciones del Estado, sin afectar el sistema de dominación capitalista que está en la raíz de estas problemáticas.

Es claro para nosotros que Iván Cepeda representa un proyecto político muy distinto al de De la Espriella. Ambos expresan sectores empresariales burgueses, con intereses y perspectivas diferentes sobre la forma de administrar el Estado capitalista colombiano y sus instituciones, incluidas las Fuerzas Armadas. También sobre el grado de subordinación que debe mantener el país con Estados Unidos.

El propio Iván Cepeda así lo ha señalado: “queremos un modelo económico productivo con equidad. Es un capitalismo social”. Es decir, su propuesta, al igual que la del actual gobierno de Petro, no pretende cuestionar la explotación del trabajador que es la base del sistema capitalista. Busca administrarlo bajo una orientación distinta. Su programa quiere impulsar el desarrollo del capitalismo colombiano, continuando con algunas concesiones menores, sin atreverse a afectar las enormes ganancias de banqueros, terratenientes grandes industriales y comerciantes, como ha sucedido en estos cuatro años. Se trata del mito experimentado en Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros países, de que se puede lograr un capitalismo equitativo y humano. Discrepamos profundamente de la ilusión de que con democracia se pueden vencer los límites que impone la propiedad privada.

Sin embargo, la experiencia demuestra los límites de esa concepción. La idea de un “capitalismo social” pretende ocultar que todos los avances y bienestar económico, laboral o social obtenido por los trabajadores, no han sido el resultado de la generosidad de empresarios “humanos” ni de la buena voluntad de los gobiernos, sino de lo arrancado por la lucha organizada de la clase obrera y los sectores populares, mediante huelgas, movilizaciones y procesos de resistencia logrando conquistas y obligando a legislaciones en su favor. El mejor ejemplo son los tímidos avances y reformas bajo este gobierno, sin ninguna duda, resultado indirecto o deformado, del estallido social de masas en 2021 y no de la mera voluntad de los progresistas. (También le puede interesar: Colombia: elecciones sin alternativa de independencia de clase)

De la Espriella y Uribe. Foto: Cortesía. https://www.lasillavacia.com/

Esa extrema derecha no es solamente un fenómeno electoral. Aunque no gane, se expresa y a futuro se expresará, en todas las clases sociales e instituciones del país: parlamento, partidos, sindicatos y FF.AA. Su fortalecimiento es el resultado de procesos políticos y sociales más profundos que ya venían en marcha y que exigen una respuesta organizada desde ahora, independientemente de los resultados de las elecciones.

¿Cómo enfrentarlo y derrotarlo?

La situación plantea una tarea urgente: reconstruir la movilización social y la acción colectiva. Es necesario que las organizaciones sindicales, populares y juveniles rompan con el inmovilismo que ha predominado durante los últimos 4 años y retomen los métodos que demostraron su eficacia en el pasado: la movilización masiva, el paro y la huelga.

La experiencia reciente lo demuestra. Fue la lucha en las calles la que logró derrotar la reforma tributaria de Iván Duque y derrotar al uribismo. Fueron las grandes jornadas del estallido social de 2021 con su enorme fuerza las que lograron. Esa fuerza la pueden desplegar los trabajadores, los jóvenes y los sectores populares cuando actúan de manera organizada y masiva. Incluso fue esa fuerza de la movilización masiva lo que permitió -como resultado indirecto y deformado- a Petro y el Pacto Histórico acceder a la administración del estado capitalista. Sin el estallido social, no se explica el gobierno Petro.

El mismo método contundente y eficaz que hoy muestra la clase obrera y los sectores populares en Bolivia con una contundente acción de masas y con posibilidades ciertas de derrotar un gobierno muy similar al que podría encabezar De la Espriella acá.

Por ello, consideramos que la mejor forma de enfrentar a De la Espriella no consiste en depositar todas las expectativas en el terreno electoral, sino en impulsar desde ahora la organización y lucha de los trabajadores y del pueblo pobre, completamente independiente del gobierno. La movilización, el paro y la huelga constituyen las herramientas fundamentales para frenar cualquier intento de imponer políticas antipopulares y para construir una verdadera alternativa al servicio de las mayorías.

Desde nuestra perspectiva la situación coloca a los trabajadores y sus organizaciones de masas (sindicales y populares), ante el reto de buscar derrotar a De la Espriella recurriendo al único método serio, real y posible: la lucha directa, la movilización, el Paro y la huelga. Tal como se logró con el uribismo, y su Tributaria. No con la valentía de grupos de activistas radicalizados, sino con la fuerza de la movilización y acciones multitudinarias de las masas juveniles y de trabajadores, como la desplegada en el estallido social de 2021. Volveremos luego sobre esto.

El triunfo electoral

Abelardo se ganó la clase media” tituló la prensa. Varios medios coincidieron en señalar un hecho central: el avance de Abelardo De la Espriella entre los sectores medios de la población.

Diversos análisis mostraron que el candidato de la extrema derecha no solo conservó el respaldo tradicional de los sectores más acomodados, sino que también logró atraer una parte importante del electorado que en los últimos años había apoyado al Pacto Histórico. Según reseñó La Silla Vacía, “le ganó algunos votantes populares a la izquierda y buena parte de los de clase media… Aunque la izquierda mantuvo fortaleza en numerosas zonas populares, la derecha avanzó significativamente en barrios de clase media e incluso en sectores de clase media baja”.[1]

El fenómeno fue especialmente visible en Bogotá. Aunque el candidato del Pacto Histórico obtuvo más votos que De la Espriella en la capital, la derecha registró un crecimiento importante en numerosos puestos de votación que en 2022 habían respaldado mayoritariamente a Gustavo Petro. De acuerdo con los datos citados por la prensa, decenas de puestos electorales cambiaron de orientación política y pasaron a favorecer a la candidatura de De la Espriella.

La magnitud de este desplazamiento fue destacada también por los grandes medios. El Tiempo señaló que “los micro datos de la elección revelaron un cambio sustancial en los sectores medios de la capital. Mientras en 2022 Petro había ganado en más del 90 % de los puestos de votación ubicados en zonas de clase media, en esta elección el Pacto Histórico perdió la mayoría de ellos. En otras palabras, una parte significativa de la que había sido su principal base electoral decidió respaldar una alternativa de derecha”[2].

Foto: https://www.instagram.com/p/DYzZ99VMHcM/

Aunque electoral, este resultado expresa un fenómeno político profundo. Más de diez millones de votos respaldaron a un candidato que representa el surgimiento de una nueva derecha, más radical que la encarnada tradicionalmente por el uribismo y con rasgos similares a los proyectos encabezados por Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina, en grosera subordinación y entrega a la tutela de Trump y los EE.UU. Se trata de una corriente que logra apoyo no solo entre los sectores empresariales y las capas más acomodadas, sino también entre franjas importantes de la clase media e incluso de capas de asalariados, maestros y sectores populares.

La elección vuelve a poner en cuestión la idea simplista de que la pobreza conduce automáticamente a posiciones políticas de izquierda. La sociedad está atravesada por intereses de clase contrapuestos, pero las posiciones políticas de los distintos sectores sociales no se determinan de manera mecánica por su situación económica. La experiencia demuestra que amplios sectores de trabajadores y de la población pueden ser atraídos por proyectos de derecha cuando perciben que las organizaciones que dicen representarlos no ofrecen respuestas contundentes y efectivas a sus problemas más urgentes.

Al mismo tiempo, estos resultados muestran las consecuencias de la política de conciliación de clases, basada en la idea de armonizar intereses opuestos entre trabajadores y empresarios. Cuando las demandas sociales permanecen sin solución y las expectativas generadas no se cumplen, se abre espacio para que sectores cada vez más reaccionarios capitalicen el descontento, la frustración y la sensación de crisis capitalizando la impaciencia y desesperación característica de las clases medias, ante el avance de la violencia y la decadencia social. En ese terreno es donde la nueva derecha ha encontrado las condiciones para fortalecerse y ampliar su influencia política.

¿Qué pasó?

Sería ingenuo esperar que el gobierno o los sectores más comprometidos con él respondan de manera seria y autocrítica a esta pregunta fundamental. Tras conocerse los resultados, la reacción inmediata fue denunciar un supuesto fraude. Al llamado de Petro le siguieron marchas, acciones descolgadas de grupos de activistas juveniles, ataques a Sedes de De La Espriella, paros parciales en algunas universidades, plantones y velatones promovidos por dirigentes sindicales, militantes del Pacto Histórico y diversos sectores afines al gobierno. Sin embargo, ante la evidencia del resultado y el silencio de Petro a ese respecto, esas acciones puntuales se diluyeron rápidamente y no lograron transformarse en un movimiento sostenido.

Más que explicar el resultado electoral, estas iniciativas buscaron no explicar lo sucedido, encubrir el desconcierto provocado por la derrota y lanzar una huida hacia adelante. Ahora, con evidente nerviosismo y desesperación, los mismos sectores concentran todos sus esfuerzos en la búsqueda de votos para la segunda vuelta, mientras esgrimen la amenaza de un nuevo “estallido social” si triunfa De la Espriella. Hablan, paradójicamente, de un fenómeno social que ellos contribuyeron a desactivar en 2021 y mantener en la pasividad durante estos años. Lo hacen con la creencia de que una explosión social de masas puede surgir por simple decisión de los dirigentes políticos o grupos de activistas. Curiosamente, ese mismo discurso alarmista es utilizado también por la campaña de De la Espriella para alarmar y movilizar a sus seguidores.

Sin embargo, para los trabajadores conscientes la pregunta sigue siendo ineludible: ¿qué ocurrió realmente? ¿Cómo fue posible que un candidato de extrema derecha alcanzara semejante respaldo, enfrentando al candidato del gobierno y sus ingentes recursos? (También le puede interesar: ¿De verdad en 200 años no se avanzó nada?)

Desde nuestro punto de vista, la respuesta no debería sorprender a quienes hayan analizado de manera crítica el proceso abierto por el extraordinario estallido social de 2021. Aquel movimiento protagonizado por la juventud y amplios sectores populares expresó una profunda inconformidad con el orden existente y abrió enormes expectativas de transformación. Sin embargo, esas energías fueron canalizadas hacia la vía institucional y electoral. Las masas fueron llevadas a abandonar las calles y el impulso de movilización fue sustituido por la confianza en la gestión gubernamental y parlamentaria. Hoy, de aquella experiencia solo queda un recuerdo distante. El enorme capital político generado por el levantamiento social se ha disipado y ya no opera como un factor de apoyo al Pacto Histórico. Y estos cuatro años de conciliación y pacto con las élites tradicionales, con paramilitares y con el uribismo, pasan factura. (Le puede interesar: ¿Habrá cambios si se vota por los políticos tradicionales?)

Estallido Social en Colombia. https://www.eltiempo.com/

La experiencia colombiana no constituye una excepción. Procesos similares pueden observarse en otros países de América Latina. En Chile, la frustración generada por las vacilaciones e inconsecuencia del gobierno de Boric fortaleció a la derecha encabezada por Kast. En Argentina, el desgaste por las mismas políticas burguesas, acumulado durante los gobiernos kirchneristas, creó las condiciones para el ascenso de Milei. En cada caso, el limitarse a atacar las consecuencias y no las causas de los problemas de fondo de los trabajadores y las mayorías pobres, abrió espacio para el crecimiento de opciones cada vez más reaccionarias.

Como señaló León Trotski al analizar fenómenos semejantes, en períodos de crisis social las capas medias pueden inclinarse en direcciones opuestas. Cuando no encuentran una salida convincente en el movimiento de los trabajadores, terminan buscando respuestas en proyectos autoritarios que prometen orden, estabilidad y soluciones inmediatas. El resultado reciente en la elección parece expresar precisamente ese fenómeno:

Para que la crisis social desemboque en [un cambio de fondo], es necesario que haya un vuelco decisivo de las clases pequeño-burguesas en dirección [a la causa de los trabajadores] … La última elección reveló un vuelco en la dirección opuesta. Bajo el impacto de la crisis la pequeña burguesía se volcó, no hacia los trabajadores sino en la dirección de la reacción más extrema (León Trotski)[3].

Durante estos años, la persistencia de la violencia, el fortalecimiento de estructuras armadas ligadas al narcotráfico y la ausencia de transformaciones profundas en el campo por no atacar a fondo la gran propiedad terrateniente, alimentaron una creciente sensación de inseguridad e incertidumbre. A ello se sumó la continuidad de problemas que afectan diariamente a millones de trabajadores: el deterioro de los servicios de salud del magisterio y en general, el desempleo, la pobreza, la carestía de la vida, la crisis de vivienda y las dificultades para acceder a una educación de calidad.

Frente a esta realidad, amplios sectores de la población percibieron que las promesas de cambio no se tradujeron en mejoras sustanciales. La frustración acumulada golpeó especialmente a las capas medias, tradicionalmente más impacientes frente a la incertidumbre social y económica. Buscando respuestas rápidas y aparentemente eficaces, muchos de sus integrantes terminaron desplazando su apoyo hacia una opción que promete imponer orden mediante la autoridad, la fuerza y la mano dura.

Para el ya citado periodista Daniel Samper Pizano, que difícilmente puede ser acusado de ser de derecha:

“…si el 21 de junio los votos por Iván Cepeda…suman menos que los que recibirá De la Espriella…muchos lamentaremos la victoria del tal tigre…pero la responsabilidad no será del candidato barbilindo…ni de las oligarquías colombianas y ni siquiera de…Trump sino de Petro y de quienes lo han acompañado en una aventura gubernamental dónde muy pronto estallaron los escándalos y robos. antigua línea roja de la izquierda. Pocas imágenes han hecho tanto daño como la de esos camiones en la Guajira…¨(y) la actitud transigente del primer mandatario con funcionarios corruptos que recibían como castigo una sabrosa Embajada…faltó autocrítica y sobró arrogancia a Petro…”[4] 

De esta manera, la extrema derecha logró capitalizar el desencanto. Presentó soluciones simples para problemas complejos y apareció ante millones de personas como una alternativa sin corrupción, capaz de restaurar la seguridad y la estabilidad que el gobierno había prometido, sin lograrlo. Allí radica una de las claves de su crecimiento electoral.

Por eso, el avance de esta nueva derecha constituye, en gran medida, una consecuencia de las limitaciones del proyecto reformista encabezado por Petro. Pero también expresa otro problema: la ausencia de una alternativa política crítica e independiente frente al gobierno por cuenta de los trabajadores, tanto en la lucha directa como en lo electoral, que hubiera podido canalizar por la izquierda el descontento, la frustración y la pérdida de confianza generados durante estos años.

No existió una fuerza con influencia real que levantara un programa propio de los trabajadores para enfrentar con firmeza los problemas de violencia, pobreza, desempleo, deterioro de los servicios públicos y pérdida del poder adquisitivo. Tampoco hubo una referencia política capaz de diferenciarse claramente tanto de las vacilaciones del gobierno como de las propuestas reaccionarias de la derecha. Ese vacío, entonces, empezó a ser ocupado por la extrema derecha.

Por ello, no resulta extraño que algunos trabajadores observen con distancia la candidatura de Cepeda y desconfíen de un proyecto que identifican con el balance de estos años. Al mismo tiempo, rechazan con mucha razón, el carácter agresivo, reaccionario y ultraderechista de los sectores agrupados alrededor de De la Espriella, pues este representa un proyecto, caracterizado por posiciones autoritarias, xenófobas y contrarias a los derechos democráticos. Son los llamados “indecisos”.

No obstante, pese a sus profundas diferencias políticas e ideológicas, ambas candidaturas se mueven dentro de los límites de la defensa del mismo sistema económico y social.  Desde una perspectiva socialista, estas diferencias no modifican el hecho de que ambos proyectos se sitúan dentro de los marcos fundamentales de la sociedad capitalista. La discusión central entre ellos gira en torno a cómo administrar ese sistema y qué tipo de políticas aplicar, más que a una transformación de sus bases económicas esenciales.

De hecho, el propio Iván Cepeda afirmó en una entrevista concedida a Daniel Coronell: “Es necesario, dentro del capitalismo, pasar a un modelo productivo, diverso y socialmente equitativo”. Desde esta perspectiva, las diferencias entre ambos proyectos no radican en la superación del capitalismo, sino en el modelo político y social mediante el cual pretenden administrarlo y desarrollarlo.

¿Si ganara De la Espriella en verdad sería el acabose?

Más allá de las causas que explican su ascenso electoral, hoy la cuestión decisiva para los trabajadores y los sectores populares es identificar con claridad el peligro que representa y, sobre todo, cómo enfrentarlo con éxito.

Por supuesto, estamos completamente en contra de un eventual triunfo de De la Espriella. Como hemos dicho, no hay dudas de que un gobierno suyo intentaría restringir derechos democráticos, atacar las organizaciones sindicales y populares, profundizar la explotación laboral y descargar el peso de la crisis sobre los trabajadores y los sectores populares, profundizando la entrega del país a Trump.

Sin embargo, reconocer ese peligro no significa aceptar la idea fatalista de que su triunfo equivaldría automáticamente a una derrota completa de los trabajadores. Ningún gobierno puede imponer sin resistencia un programa contrario a los intereses de las mayorías cuando enfrenta una respuesta organizada de la clase trabajadora y los sectores populares. La capacidad de aplicar sus políticas dependerá también de la correlación de fuerzas y de la disposición de lucha que encuentren frente a sí.

Las nuevas generaciones de trabajadores y luchadores tienen el reto de conocer y aprender de la experiencia, para no olvidar lo esencial:

“Abandonándose a su pánico, nuestros estrategas de la desgracia olvidan lo esencial: la gran superioridad social y combativa del proletariado…El proletariado es capaz, no sólo de luchar sino de vencer…Lo que impresiona a los trabajadores, no es tanto la fuerza de los fascistas, no es tanto la necesidad de una lucha encarnizada. Lo que los inquieta es la falta de seguridad de la dirección, sus vacilaciones, sus tergiversaciones en el momento más grave”.[5]

Esto lo demuestra la propia historia reciente de Colombia. El estallido social de 2021 logró derrotar la reforma tributaria de Iván Duque, provocar la salida de Carrasquilla y alterar profundamente la situación política nacional. Del mismo modo, las actuales movilizaciones de trabajadores, campesinos, maestros y mineros en Bolivia muestran que incluso gobiernos que intentan descargar sus paquetazos y la crisis sobre los trabajadores pueden ser enfrentados mediante la acción colectiva, las huelgas, los paros y la movilización de masas.

La experiencia demuestra que los derechos democráticos, las libertades y las conquistas sociales nunca han dependido exclusivamente de quién ocupe el gobierno, sino de la capacidad de organización y combate de quienes buscan defenderlos. Por eso, el problema no consiste únicamente en impedir la llegada de De la Espriella al gobierno, sino también en preparar desde ahora la fuerza social necesaria para enfrentar sus políticas si llegara a triunfar.

Entonces urge desmontar esa falacia. No. ¡No es el acabose! Porque eso NO depende, así como nunca ha dependido, de los planes y perversos propósitos de los gobernantes. Enfrentar a De la Espriella y sus pares, depende enteramente de la lucha de clases. Hay vida después de las elecciones y no estamos ante el fin del mundo.

Por ello, resulta equivocado el clima de derrotismo que hoy intentan difundir algunos sectores políticos y sindicales, relacionados con el gobierno e incluso con la guerrilla. El miedo puede servir para conseguir votos, pero no para organizar una resistencia efectiva. Ninguna conquista obrera ha sido defendida mediante el pánico; todas han sido conquistadas y preservadas mediante la organización, la movilización y la lucha colectiva.

Corresponde entonces a los dirigentes y luchadores honestos disponerse desde este mismo momento a organizar la lucha masiva y combativa, renunciando a hacerlo sólo en el terreno electoral, el más favorable a los políticos profesionales de la burguesía y la pequeña burguesía y el menos favorable a la defensa de los intereses obreros y populares. 

Por la derrota de De la Espriella

Paro Nacional en Colombia. Imagen cedida por L.A. para El Comején

El eventual triunfo de la extrema derecha plantearía a los trabajadores, la juventud y los sectores populares una tarea inaplazable: organizar la movilización, la resistencia y luchar para derrotar sus políticas reaccionarias.

Esa tarea no podrá resolverse mediante discursos parlamentarios, campañas mediáticas o acciones aisladas de pequeños grupos, como promoverá el petrismo. La única fuerza capaz de enfrentar seriamente un gobierno de estas características es la movilización organizada de la clase obrera, la juventud y el pueblo.

Sobre las direcciones de FECODE, las centrales obreras, los sindicatos y las organizaciones populares recaerá una enorme responsabilidad. Será necesario impulsar un verdadero Plan de Lucha capaz de responder a cada ataque contra los salarios, el empleo, la educación pública, la salud, las libertades democráticas y las conquistas laborales.

Si la extrema derecha llega al gobierno, la respuesta no puede ser la resignación ni la espera pasiva de unas nuevas elecciones. La tarea será fortalecer la organización democrática desde abajo para impulsar la movilización, los paros y las huelgas, y construir la fuerza necesaria que busque no conciliar sino derrotar sus ataques y hacer retroceder sus planes.

Esa es la principal lección que dejan tanto la experiencia colombiana como las luchas desarrolladas por trabajadores y sectores populares en Bolivia y en distintos países: ningún gobierno puede gobernar y derrotar impunemente a la clase obrera y las mayorías cuando estas logran organizarse y movilizarse masivamente.

Por ello, la principal tarea desde ahora consiste en construir esa fuerza social, política y organizativa capaz de enfrentar y derrotar cualquier ataque contra los derechos democráticos y las conquistas populares, que sin duda estarán sobre la mesa si gana el engendro reaccionario que encarna De la Espriella.


[1] https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/abelardo-se-gano-la-clase-media-datos-de-la-votacion-puesto-a-puesto/

[2] https://www.eltiempo.com/politica/elecciones-colombia-2026/giro-electoral-en-bogota-de-la-espriella-se-quedo-con-la-mayoria-de-votos-de-la-clase-media-en-la-primera-vuelta-la-misma-que-gano-petro-en-3562451 Teniendo en cuenta el total general de votos para estas elecciones, que incluyen los votos válidos, en blanco, nulos y no marcados (4’128.330), el estrato 1 representó el 4,6 por ciento, con 191.195 votos; el estrato dos, el 34,1 por ciento con 1’408.173; el estrato 3, el 40,1 por ciento con 1’654.996 votos; el estrato 4, el 13,2 por ciento, con 544.091; el estrato 5, el 4,9 por ciento con 204.158, y el 6, el 2,6 por ciento, con 105.376 sufragios. Al hacer la diferenciación por mayoría de votos por candidatos, Iván Cepeda obtuvo la mayoría en el primer estrato socioeconómico, con el 59,4 por ciento, y De la Espriella, 23,2 por ciento, y en el estrato dos, Cepeda se impuso con el 52,4 por ciento y De la Espriella, con el 29,2 por ciento. Sin embargo, en el estrato tres la diferencia entre los candidatos punteros se acortó: Cepeda obtuvo el 39,5 por ciento y De la Espriella, el 39 por ciento del total de los votos. En el estrato 4, la votación cambió. De la Espriella obtuvo la mayoría con el 47,6 por ciento y Cepeda, el 27 por ciento. En el estrato 5, el candidato de derecha lideró con el 55,7 por ciento y el de izquierda, con 16,6 por ciento. Y en el estrato 6, el más alto, De la Espriella obtuvo el 59,1 por ciento y Cepeda el 10,4 por ciento.

[3] Trotsky León, La lucha contra el fascismo en Alemania, 1930, Ediciones Pluma, pág. 19.

[4] Columna en video Los Danieles: https://youtu.be/Xdq4xuPMlAo?si=R00ymWUIzqkCRYNX

[5] Ídem, pág. 89.

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