
04 – 09 – 2026
En Colombia, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la CGT, la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), la FECODE y sus sindicatos, así como el movimiento político Pacto Histórico, P.H, convocan un “Encuentro por la defensa de la vida, la dignidad, la democracia, la paz, la soberanía y las reformas sociales”.
Expresamente fijan sus objetivos: “Acordar propuestas … mediante acciones de oposición y desobediencia civil capaces de resistir y derrotar la instauración del fascismo y que además nos permita fortalecer la construcción de una alternativa política para ganar las elecciones en 2027 y 2030”.
La realidad impone movilizarse y luchar contra el gobierno de De la Espriella
El desastre en vidas y destrucción tras el terremoto, a causa de la falta de prevención, el incumplimiento de las normas de sismorresistencia y las del uso del suelo, no son hechos cualesquiera. Son muchos los trabajadores asalariados de clase media, docentes, empleados del sector estatal, padres de familia y otros segmentos de la población de Cali, Pereira, Chocó, Buenaventura y otras poblaciones del Valle o Risaralda que lo perdieron todo. Las organizaciones sindicales y de los trabajadores tienen la responsabilidad de liderar una lucha directa que busque obligar al gobierno y a la clase dominante a asumir todas las responsabilidades que les caben por esta desgracia y organizar a los damnificados para fiscalizar la reconstrucción y exigir planes masivos de vivienda gratuita y digna.
Esas demandas de los damnificados, deben vincularse al enfrentamiento a las medidas laborales y políticas regresivas del nuevo gobierno, que realmente constituyen un agresivo ‘paquetazo’. Para enfrentarlo, se cuenta con la ventaja de que muchos trabajadores ya lo identifican como un gobierno enemigo, de ultraderecha, autoritario y entregado a los intereses extranjeros.
Las medidas anunciadas y las que ya está implementando, son contrarias a los derechos laborales y a las libertades democráticas. Además, promueven mayor violencia, más entrega del país y de sus recursos, a las transnacionales de Estados Unidos y a una grosera colaboración con el gobierno genocida de Israel. (Le puede interesar: Terremoto en Colombia: ¿Los desastres son naturales?)
Por lo tanto, el movimiento sindical está obligado a responder. Es necesario realizar asambleas de base para debatir de manera seria y democrática, como estructurar un Plan nacional de lucha, con fechas de acciones de protesta en las calles y lugares de trabajo, claras y precisas.
De conjunto, es fundamental enfrentar con la movilización todo el ‘paquetazo’ antiobrero, antipopular y antidemocrático que este gobierno pretende imponer a los trabajadores.
En primer lugar, urge exigir la restitución de las Circulares hechas para agilizar la supervisión de los funcionarios del Ministerio del Trabajo, referidas a:
- La estabilidad laboral: modalidades de contratación, procesos disciplinarios y terminación del contrato con justa causa, estabilidad laboral reforzada por discapacidad o condiciones de salud.
- Trabajo doméstico remunerado, remuneración a destajo o por medio de plataformas de reparto.
- Trabajo suplementario y registro de horas extras para el sector de vigilancia
- La libertad sindical, permisos sindicales y cumplimiento de convenciones colectivas.
- Equidad de género
- Guía sobre el derecho a la organización y movilización de los trabajadores.
Asimismo, la defensa de la educación pública ante cualquier intento de privatización o mercantilización, requiere rechazar el proyecto de modificación del Decreto 1075 de 2015. Se pretende que entidades privadas, fundaciones o iglesias tengan la administración de colegios oficiales. Igualmente, rechazar que el Estado establezca contratos o convenios con confesiones religiosas para desarrollar estrategias pedagógicas, ya sea de manera parcial o coyuntural, pues esto va contra el carácter laico y pluralista de la educación pública, la libertad de cátedra y la autonomía escolar.
Para que la educación pública permanezca bajo responsabilidad del Estado, se garantice como un derecho y se impida su conversión en un negocio, se impone organizar la movilización del magisterio en unidad con los demás trabajadores, antes que promover algún tipo de concertación del nefasto plan de De la Esprilla.
Respecto del magisterio, además es imperioso responder a un problema específico: la necesidad de un servicio de salud digno. A excepción de casos aislados, como el de Cali, miles de educadores y sus familias se encuentran abrumados por un servicio de salud que ha ido de mal en peor. Hoy enfrentan a diario un modelo colapsado: largas esperas para las citas médicas, escasez de medicamentos, negligencias en tratamientos especializados e incluso muertes evitables debido a la falta de atención oportuna.
La crisis de ese sistema de salud, se agravó con el cambio en el modelo de prestación del servicio implementado durante el gobierno de Petro. Esta realidad demanda una respuesta organizada y, sin más demora, por parte de los sindicatos de los docentes y de la FECODE.
Para peor, este problema no es exclusivo de los maestros. Los trabajadores en general padecen las consecuencias del caos y crisis de un sistema de salud que continúa operando como negocio de los propietarios privados de las EPS. El sistema de salud se encuentra sumido en el desgreño, algo que es descargado sobre los pacientes, quienes enfrentan una atención lamentable y un verdadero calvario para acceder a los medicamentos.
A esta dura realidad, se le suma el veloz aumento de los alquileres y general del costo de vida que avanza devorando los salarios, por quienes se aprovechan del desastre en que se convirtió el terremoto, en una realidad de incremento veloz de la desigualdad, de la violencia y del terrorismo, tan características de este sistema en que vivimos.
Se está ante el resultado de una crisis social que impacta a los más vulnerables y que, sin duda, se intensificará con las políticas de este gobierno autoritario y en un contexto internacional donde avanzan las guerras de Trump de agresión contra los pueblos, las crisis, el cambio climático, con inundaciones e incendios que derivan en tragedias, como las que provoca y provocará el fenómeno de El Niño, el cual, según los especialistas, está alcanzando dimensiones inusuales y gigantescas a nivel mundial.
¿Cómo derrotar el ‘paquetazo’ de De la Espriella?
Ningún gobierno, por reaccionario que sea o porque esté apoyado por Trump, puede imponer sin resistencia un programa contrario a los intereses de las mayorías, si enfrenta la movilización consecuente de la clase trabajadora y los sectores populares.
La movilización organizada de la clase obrera, la juventud y el pueblo es la única fuerza capaz de enfrentar de manera efectiva al gobierno de De la Espriella y su ‘paquetazo’. Las direcciones sindicales tienen ante sí un reto inaplazable: organizar la resistencia y la acción de masas, para enfrentar sus políticas reaccionarias, buscar su derrota e incluso avanzar hacia transformaciones sociales más profundas.
Por lo tanto, es urgente que las organizaciones sindicales, populares y juveniles rompan con su práctica eletoralista y parlamentaria, así como con el inmovilismo en que se mantuvieron en los últimos 4 años y se decidan por la lucha y la movilización de los trabajadores. Es el momento de retomar los métodos que han demostrado su eficacia en el pasado: la movilización masiva, el paro y la huelga.
¡LA SITUACIÓN EXIGE UN ‘PLAN NACIONAL DE LUCHA Y MOVILIZACIÓN‘!
Ante la ofensiva del gobierno de De la Espriella la única alternativa es luchar y hacerlo consecuentemente. La discusión del qué hacer, tiene que hacerse al interior de las bases sindicales y no limitarse a las cúpulas. Es hacerlo con un método contrario al del evento que se convoca, dónde las bases son ‘convidados de piedra’. Las bases deben poder discutir democráticamente cómo hacer un Encuentro para organizar la lucha y construir un Plan nacional de lucha unificado, con un calendario concreto de movilizaciones y acciones unitarias.
La estrategia fundamental de un Plan de Lucha debería orientarse a la preparación por la base y realización de un paro nacional de los asalariados, con el objetivo de paralizar la producción, el comercio, el transporte y los servicios.
Se requiere que la cúpula sindical ponga el foco en las urgentes necesidades de la clase trabajadora, que es el sector social que los eligió para que encabecen la defensa de sus derechos y reclamos. Que se decida a formular un Plan de Lucha Nacional para defender consecuentemente los intereses de clase, con los métodos propios y tradicionales del proletariado y mediante los cuales ha logrado históricamente tanto conquistar sus derechos, como defenderlos frente a los ataques constantes de la patronal, los gobiernos y el imperialismo.
Tal propósito no se puede limitar a convocar por redes y por “arriba”, alguna jornada de movilización, sin la necesaria preparación democrática en asambleas de las bases sindicales, además sin continuidad y descolgada de un verdadero Plan de Lucha. Los dirigentes de las Centrales y sindicatos tendrán la palabra.
¿El encuentro convocado es para organizar la lucha contra De la Espriella?
Muchos dirigentes sindicales, activistas y militantes independientes y honestos pueden pensar que este Encuentro tiene como propósito organizar la lucha. Lamentablemente, esa expectativa probablemente se estrellará contra la realidad.
Más allá del papel y de los discursos, el eje temático del evento, como se señaló anteriormente, es la “construcción de una alternativa para ganar las elecciones”. No es casual, entonces, que de las siete comisiones que se propone conformar, ninguna esté destinada a discutir un plan de acción. Lo cual indica que el Encuentro en realidad está organizado por las cúpulas sindicales relacionadas con el petrismo, concebido claramente como un evento al servicio de los intereses electorales del PH y para finalizarlo con aplausos y ovaciones a Petro y a Cepeda.
Algo completamente contrapuesto a la realidad que el ‘paquetazo’ impone a los tabajadores. La proridad no está en cómo “concertar” con este gobierno, ni cómo organizar de cara a las próximas elecciones. La ofenisa del gobierno obliga a que la cuestión fundamental sea cómo organizar a los trabajadores y a los sectores populares para enfrentar sus políticas y las del imperialismo, contra la soberanía del país. Por eso la disyuntiva es inevitable: ¿plan de lucha para derrotar a De la Espriella? O ¿reunión para organizar campaña electoral?
Con el evento que convocan, las cúpulas sindicales y los dirigentes del Pacto Histórico buscan aparentar que estar organizando la lucha. Pero, en el fondo, lo que buscan es cómo organizar sus planes de campaña para conquistar los votos de la clase trabajadora y los sectores populares. Esta orientación, además, termina funcionando como cobertura de una política de concertación y de pacto con el gobierno y no de enfrentamiento al paquetazo. Su política real, ante De la Espriella parece resumirse en una fórmula bastante conocida: “paquetazo sí… pero no así”.
El Pacto Histórico tiene todo el derecho a organizarse, definir su estrategia electoral y prepararse para las elecciones de 2027 y 2030. Del mismo modo, los dirigentes sindicales están en su derecho de militar en ese partido, si quieren. Sin embargo, eso no les otorga ningún derecho a poner la estructura sindical y sus finanzas ($$) al servicio de la campaña electoral de su partido y su campaña.
La CUT, FECODE, la CTC y la CGT son instituciones de los trabajadores, cuyos líderes han sido elegidos para orientar la lucha en defensa de los intereses y demandas económicas o políticas de la clase obrera. Por esta razón, tienen la responsabilidad de dedicar sus esfuerzos y usar los recursos financieros de los sindicatos, para la defensa y protección de los intereses de sus afiliados, con el fin de contrarrestar la ofensiva de De la Espriella.
Los sindicatos no son propiedad del Pacto Histórico, ni de ningún partido. Pertenecen a los trabajadores y deben responder exclusivamente a la defensa de sus intereses de clase, tanto económicos como políticos y a sus luchas. Los sindicatos deben conservar su independencia política y económica frente a todos los partidos y gobiernos de los capitalistas. Su organización, sus recursos y su capacidad de movilización deben estar al servicio de los trabajadores, no de la ‘concertación’ y de proyectos electorales ajenos a sus intereses.
Mucho menos pueden ponerse al servicio de un partido que mientras se presenta como “vocero del pueblo», ha desconocido, estigmatizado e incluso reprimido la lucha de sectores de la clase trabajadora y la juvetud.
Basta recordar cómo desconoció, estigmatizó y rompió por la fuerza la huelga de los trabajadores del Ministerio de Trabajo; cómo aisló y estigmatizó a los docentes del Eje Cafetero y otros lugares, mientras desarrollaban sus paros por un mejor servicio médico; cómo no dsplegó una campaña de solidaridad nacional con los huelguistas de Good-Year; cómo pactó con el uribismo en el Congreso un proyecto de Ley Estatutaria de Educación; cómo permitió que sigan en la carcel los presos políticos y los activistas de la ‘primera línea’; cómo ignoró las luchas campesinas en recuperación de tierras, que incluso fueron reprimidas; o cómo, actualmente, se pacta con sectores del uribismo y se conceden gabelas al mismo Álvaro Uribe, entre otros hechos ajenos y contrarios a los intereses obreros y populares.
Política consecuente de un partido que se propone “desarrollar el capitalismo”, antes que combatirlo. Por eso no es casual que sea dirigido políticamente en coalición con personajes liberales como Benedetti, Ernesto Samper, Cristo, Velasco o sectores patronales como el Clan Torres o cualquier otro. Un partido liderado por políticos tradicionales del estabecimiento no puede ser un partido defensor de los intereses de los obreros y trabajadores. Y, eso si no nos detenemos en las mezquinas luchas internas por los cargos y el «poder», así como los escándalos de corrupción que involucra a figuras como Benedetti, el hijo de Petro, Olmedo López, Carlos Ramón González, Sarabia, Juliana Guerrero y muchos más. Que las cúpulas sindicales justifiquen eso y lo encubran, es explicable, pero el obrero y trabajador asalariado que crea que un partido como ese representa sus intereses, lamentablemente está bastante confundido.
Además, el resultado de las elecciones presidenciales, debería servir para reflexionar: La lucha de los trabajadores no puede reducirse a votar cada tanto y los trabajadores no necesitan que se los convoque únicamente para votar.
Un aspecto parcial que merece alguna atención es la contradicción entre el discurso y la práctica de los líderes sindicales y políticos del Pacto Histórico. A partir del hecho cierto de que se stá bajo un gobierno totalitario y ultra reaccionario, de extrema derecha, afirman que estamos “bajo el fascismo” Algo así como estar bajo Pinochet y que significó la ilegalización y el cierre del parlamento y los partidos, cero libertades de movilización, asesinatos por doquier, etc., mientras al mismo tiempo se proponen “avanzar hacia una gran concertación nacional” con este gobierno. ¿Quieren ‘negociar y tranzar’ con el “fascismo” sus medidas?

La contradicción resulta aún más evidente pues convocan de forma pública y legal un Encuentro Nacional, que acorde con su afirmación de “fascismo”[1] ameritaría hacerlo en la clandestinidad. Pero esa ‘incongruencia’ es sólo aparente. Expresa, más bien, una política que intenta ocultar sus reales objetivos: mantener entre los trabajadores un discurso de ‘confrontación radical’ y, al mismo tiempo y como actividad privilegiada, desarrollar espacios electorales y de concertación con este gobierno despótico y reaccionario.
En ese contexto, los calificativos estridentes —«fascismo», «dictadura» y otros similares— buscan distrar la atención de la ausencia de una política concreta para hacerle frente gobierno de De la Espriella y a la injerencia de Estados Unidos en el país. Así evitan preparar en serio un Plan de acción que se orente a la preparación de un paro nacional y general, de la producción en oposición al ‘paquetazo’, y con los métodos de lucha propios de la clase trabajadora
POR UNA ALTERNATIVA INDEPENDIENTE DE LOS TRABAJADORES
De otra parte, es necesario construir una alternativa política obrera e independiente, desligada de los partidos de los empresarios y de las opciones burguesas o pro capitalistas, incluidas aquellas que se presentan como “progresistas”, de los Benedetti, E. Samper, Cristo, Velasco, o algún cualquier otro sector vocero de la patronal y los capitalistas.
Una alternativa política que NO subordine las demandas y luchas de los trabajadores a los intereses electorales. Porque la verdadera alternativa no puede consistir en cambiar quién gestiona el Estado de los capitalistas. Una alternativa de clase, debe enfocarse en fortalecer la lucha y en crear una organización política independiente de la clase trabajadora, su propio partido. Igualmente en su capacidad para defender sus propios intereses y promover, una perspectiva de lucha no por “desarrollar el capitalismo” sino por la transformación profunda de esta sociedad en una gobernada por las organizaciones de la clase obrera y los trabajadores asalariados.
[1] ALBA RICO Santiago, “Hay que tener cuidado con las palabras, no malgastarlas, conservar su poder denotativo, porque, a fuerza de emplearlas mal, acabamos inutilizándolas. Hemos usado tantas veces el término … “fascista” como una explosión de cólera, que ahora que vuelve el fascismo su nombre no nos dice nada” https://elpais.com/ideas/2026-09-01/si-podemos-hablar-de-genocidio-en-gaza.html










