Imagen tomada de: https://clate.net/noticias/ee-uu-e-israel-contra-iran-un-ataque-que-incendia-medio-oriente-y-es-parte-de-un-conflicto-global/

Norman V. Septiembre 2/2026

La guerra de Estados Unidos contra Irán, es necesario analizarla más allá de las explicaciones oficiales de Washington, Teherán o sus respectivos aliados. Presentarla exclusivamente como una confrontación por el programa nuclear iraní, por la seguridad de Israel o por el control del estrecho de Ormuz significa observar parcialmente el conflicto.

El avance previo logrado por Israel con su expansión a merced del territorio palestino con la reafirmación del genocidio en Gaza y la continuidad del asedio y ocupación en Cisjordania, abrió un escenario favorable a ampliar en la región la ofensiva militar y política de Israel, EE.UU. y otras potencias contra todos los gobiernos y organizaciones que se le oponen. Eso es lo que está en la base de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán y sus aliados en la región –Hezbollah y los Huties de Yemen-.

Ese escenario desfavorable a la causa palestina y sus aliados, fue también posible por la política cómplice de los gobiernos árabes –Egipto, Arabia saudita, Emiratos Árabes y hasta Quatar- y por la debilidad de la resistencia de los pueblos de la región, que después de las iniciales movilizaciones contra el genocidio en Gaza, entraron en reflujo.

Lo que sucede en Ucrania, Venezuela, Cuba y otros países de América latina y, en particular la ofensiva sobre Irán, son pruebas claras, actuales y contundentes de lo señalado por Lenin hace más de un siglo, en sus dos aspectos, como ratificación de las características del capitalismo en su fase de descomposición imperialista:

el rasgo característico del periodo que nos ocupa es el reparto definitivo del planeta, definitivo no el sentido que sea imposible repartirlo de nuevo —-al contrario, nuevos repartos son posibles e inevitables—, sino en el que la política colonial de los países capitalistas ha tomado ya la conquista de todas las tierras no ocupadas que había en nuestro planeta. Por vez primera, el mundo se encuentra ya repartido, de modo que lo que puede efectuarse en adelante son únicamente nuevos repartos, es decir, el paso de territorios de un “propietario” a otro, y no de un territorio sin propietario a un “dueño…

En un “mundo que se encuentra ya repartido lo que puede efectuarse en adelante son únicamente nuevos repartos, es decir, el paso de territorios de un “propietario” a otro “por una parte… Y de otra:

…se intensifica asimismo en particular la opresión nacional y la tendencia a las anexiones, esto es, a la violación de la independencia nacional (pues la anexión no es sino la violación del derecho de las naciones a la autodeterminación). Lenin, “el Imperialismo fase superior del capitalismo”

Estados Unidos contra Irán: disputa interimperialista y una posición marxista revolucionaria

Con el pretexto de obligar al país persa a renunciar a su programa de energía nuclear, acusándolo de estar a punto de construir la bomba atómica, el imperialismo yanqui, aliado con el estado nazi sionista de Israel, iniciaron en febrero un ataque contra dicho país, en una guerra que, según lo afirmo su presidente Donald Trump, duraría solo unas pocas semanas, pero que se le complicó, por un lado debido a la resistencia de la república islámica, pero también debido a las dificultades políticas internas y externas que le han aparecido ante su decisión de atacar al pueblo iraní.[i]

La cuestión de fondo es la disputa por el poder en Oriente Medio dentro de un sistema capitalista mundial caracterizado por una creciente competencia entre grandes potencias. Estados Unidos intenta preservar su posición hegemónica; Irán procura mantener su autonomía estratégica y su influencia regional; Israel busca garantizar su superioridad militar, ampliando sus fronteras y masacrando a los pueblos palestino y libanés, mientras China y Rusia intentan ampliar sus espacios económicos y geopolíticos.

Por eso, una interpretación marxista debe combinar tres niveles de análisis: la estructura imperialista mundial, los intereses de las clases dominantes de cada país y la situación concreta de los pueblos que soportan las consecuencias de la guerra.

El imperialismo definido por Lenin.

Lenin definió el imperialismo como una etapa del desarrollo capitalista caracterizada por la concentración del capital, el predominio de los monopolios y del capital financiero, la exportación de capital y la lucha de las grandes potencias por el reparto económico y territorial del mundo. Fundamentos teóricos del imperialismo: la guerra contra Irak, hacia un nuevo reparto, pág. 83-86

Es evidente que el mundo de 2026 no es el de 1916. No existen las mismas formas coloniales ni las mismas potencias. Pero la categoría de imperialismo conserva plenamente su vigencia, si se adapta a las nuevas condiciones.

En sintonía con lo escrito por Lenin, el dominio imperialista se sigue expresando actualmente, con las diferencias entendibles con las de inicios del siglo XX, mediante bases militares, alianzas estratégicas, sanciones económicas, control financiero, tecnología, cadenas de suministro, monopolios transnacionales, control de rutas energéticas y capacidad de intervenir militarmente.

Desde esta perspectiva, Oriente Medio constituye una región estratégica no solamente por sus reservas de hidrocarburos, sino por su posición geográfica. El estrecho de Ormuz conecta una de las principales zonas productoras de energía del planeta con los mercados internacionales. Su cierre o apertura afecta los precios del petróleo, el comercio mundial y las formas de acumulación del capital.

Le puede interesar: ¡Alto a los bombardeos contra Irán!: Declaración de OMI

La actual confrontación demuestra esa realidad. Las conversaciones de agosto de 2026 están concentradas precisamente en las condiciones para la reapertura de Ormuz, con ellas, Estados Unidos intenta imponer exigencias económicas y políticas a Irán, y este, aprovechando las dificultades del imperialismo, también hace las suyas.

Estados Unidos: la defensa de una hegemonía en dificultades

La política de Washington no puede explicarse simplemente por la personalidad de Donald Trump. Trump es un actor político decisivo, pero opera dentro de relaciones económicas, militares y geopolíticas que lo preceden.

Estados Unidos continúa siendo la principal potencia militar del planeta. Sin embargo, enfrenta una contradicción: necesita demostrar que conserva capacidad para imponer sus decisiones, mientras la realidad internacional muestra un sistema mucho más disputado que el existente inmediatamente después de la desaparición de la Unión Soviética.

La guerra contra Irán forma parte de esa contradicción.

Washington pretende someter totalmente a Teherán, con la excusa de que éste se puede convertir en una potencia regional capaz de alterar el equilibrio construido durante décadas a favor del agresor imperialista. Al mismo tiempo, busca controlar totalmente la navegación por Ormuz, proteger a sus aliados y demostrar que conserva capacidad para intervenir militarmente en cualquier región considerada estratégica.

Pero la superioridad militar no siempre equivale a hegemonía política.

Estados Unidos puede destruir infraestructura, instalaciones militares y sistemas de defensa iraníes. Lo que resulta mucho más difícil es imponer un nuevo orden político estable y conseguir que la sociedad iraní acepte las condiciones dictadas desde Washington.

Esa contradicción explica, en buena medida, la combinación permanente de bombardeos, amenazas, sanciones y diálogos.

Le puede interesar: ¡La guerra del imperialismo y el nazi sionismo contra Irán una agresión regresiva en el medio oriente!

Trump: fuerza militar, presión económica y negociación

Trump representa una forma particularmente contradictoria de ejercer el poder imperial.

Su discurso es contradictorio: amenaza con utilizar una fuerza devastadora si Irán no acepta las condiciones estadounidenses. Sin embargo, cuando los costos económicos y militares aumentan, retrocede y abre nuevamente la posibilidad de negociar.[ii]

El comportamiento de las últimas semanas resulta revelador. A comienzos de agosto Trump anunció que frenaría temporalmente una nueva ofensiva si podía alcanzarse rápidamente un acuerdo; pocos días después declaró que Estados Unidos estaba reduciendo la intensidad militar y privilegiando la presión económica.

Esto puede interpretarse como una contradicción, pero también como una forma de presión negociadora: utilizar la amenaza de la fuerza para intentar obtener concesiones antes de sentarse definitivamente a negociar.

Sin embargo, aparece aquí una segunda contradicción. Si Washington tuviera capacidad para imponer unilateralmente sus condiciones, no necesitaría negociar. La necesidad de regresar a la mesa demuestra que el poder militar tiene límites políticos[1]

No obstante, aparece otra contradicción que, coyunturalmente, juega a favor del gobierno de Trump: el retroceso de la movilización de masas a nivel mundial contra la agresión, imperialista-sionista a Gaza e Irán; lo que muestra la realidad son mas dificultades superestructurales con el Partido demócrata y con otras potencias imperialistas y capitalistas.

Irán: nación oprimida

Irán es un Estado capitalista semicolonial, más fuerte que otros; Venezuela es un buen modelo de comparación.

Le puede interesar: “Ataque de Trump contra Venezuela”

La República Islámica posee una estructura de clases, burguesías privadas y estatales, instituciones religiosas, sectores económicos vinculados al Estado y una poderosa burocracia político-militar. Sus contradicciones internas son reales y no pueden desaparecer porque el país se encuentre bajo amenaza imperialista.

Por eso hay que mantener dos posiciones simultáneamente:

Primero: rechazar la agresión imperialista de Estados Unidos y defender el derecho de Irán a su soberanía y autodeterminación.

Segundo: mantener la independencia política frente al gobierno iraní y defender los derechos democráticos y sociales de los trabajadores y de las masas iraníes.

Esta distinción es fundamental.

Como revolucionarios marxistas nos colocamos del lado de Irán en esta guerra y estamos por su triunfo en la contienda. Nuestro punto de referencia debe ser la clase trabajadora y los sectores populares de esta semicolonia agredida por la potencia imperialista.

Nuestra lucha va unida indisolublemente al llamado a la movilización mundial a favor de Palestina y su derecho a recuperar su territorio, arrebatado a la fuerzas por el nazi sionismo, con el apoyo de todos los paises imperialistas.  

Trotsky y la cuestión nacional

Aquí adquiere especial importancia la tradición de Trotsky.

“La teoría de la revolución permanente parte, entre otros elementos, de la imposibilidad de separar mecánicamente las tareas nacionales, democráticas y sociales en los países sometidos a relaciones de dependencia. Trotsky insistió en que las luchas nacionales y democráticas podían adquirir una dinámica que las conectara con la lucha de clases internacional.”

Aplicado al caso iraní, esto significa que la oposición al imperialismo no debe conducir a subordinar la lucha de los trabajadores a la burguesía nacional o al aparato estatal de la burguesía persa.

El trabajador iraní tiene enemigos externos e internos —las amenazas militares y económicas de las potencias imperialistas, pero también enfrenta las contradicciones de una burguesía teocrática islamista.

Por lo tanto, la tarea inmediata es defender:

La soberanía iraní frente a la agresión imperialista-nazi sionista.

Exigir el retiro de las fuerzas militares imperialistas y sionistas de Medio oriente;

El levantamiento de las sanciones que golpean a la población iraní.

Esto no nos debe alejar del compromiso de:

Luchar por los derechos democráticos de los trabajadores y las mujeres;

Por la libertad de organización sindical y política.

Por el derecho de los pueblos palestino libanés e iraní, a armarse y luchar por su independencia y la autodeterminación.

La destrucción de estado artificial genocida de Israel.

La disputa interimperialista: Estados Unidos, China y Rusia

La guerra contra Irán no puede aislarse de la realidad del sistema mundial.

La relación entre Estados Unidos, China y Rusia constituye uno de los elementos fundamentales de la nueva situación internacional.

Hay analistas políticos que dicen que China no necesita enfrentarse directamente a Estados Unidos para beneficiarse de su debilitamiento. Su creciente peso económico y comercial le permite ampliar relaciones con Oriente Medio y obtener mayor capacidad de negociación.

Rusia, debilitada económicamente por la guerra contra Ucrania y las sanciones occidentales, conserva una importante capacidad militar y política y busca mantener posiciones estratégicas.

China y Rusia dejaron de ser estados obreros después de 1990, y se convirtieron en nuevas potencias imperialistas. Desde una posición marxista, sería un grave error reemplazar el imperialismo estadounidense por una idealización de China o Rusia, como lo hacen algunos sectores reformistas y oportunistas.

La competencia actual es entre potencias: distintas potencias capitalistas disputan mercados, recursos, rutas comerciales, influencia política y posiciones estratégicas.

La contradicción principal para los trabajadores en el mundo, no consiste, entonces, en elegir cuál potencia imperialista debe dominar el mundo.

La alternativa debe ser otra: la independencia política de los trabajadores y de los pueblos explotados y oprimidos frente a todos los bloques imperialistas.

¿Puede Estados Unidos ganar?     

Militarmente, Estados Unidos tiene una superioridad abrumadora.

Políticamente, la situación es mucho más compleja.

Otros articulistas dicen que Irán no necesita destruir al ejército estadounidense para lograr una victoria política. Puede prolongar la confrontación, afectar las rutas energéticas, elevar los costos económicos y utilizar su capacidad regional para dificultar la estabilización.

El problema del estrecho de Ormuz muestra esta contradicción.

Estados Unidos pretende garantizar su apertura, controlándolo, mientras Irán exige condiciones políticas y económicas para hacerlo. Al 11 de agosto, las negociaciones continuaban trabadas por exigencias contrapuestas, mientras los ataques contra la navegación mantenían la presión sobre los mercados energéticos.

Hasta ahora, la situación muestra que ninguno de los dos gobiernos puede imponer fácilmente una solución definitiva.

Las masas pagan la guerra

Aquí se encuentra el aspecto más importante desde una perspectiva revolucionaria.

Las guerras son decididas por los gobiernos y las clases dominantes, pero sus costos recaen fundamentalmente sobre las poblaciones.

Los trabajadores estadounidenses pagan mediante impuestos, gasto militar y deterioro de recursos públicos.

Los trabajadores iraníes pagan con destrucción, inflación, sanciones, desempleo y pérdida de condiciones de vida.

Los trabajadores árabes pagan cuando sus territorios se convierten en escenarios de operaciones militares.

Y el conjunto de la población mundial puede pagar mediante el aumento del precio del petróleo, los alimentos, el transporte y la inflación, etc.

Por ello, una política revolucionaria no puede reducirse a decir quién tiene más aviones, misiles o barcos. La pregunta central debe ser: ¿quién paga la guerra y quién obtiene beneficios de ella?

Esta pregunta devuelve el análisis al terreno de clase.

¿Qué posición debería adoptar la izquierda revolucionaria?

Una posición marxista revolucionaria coherente podría sintetizarse en varias consignas principistas

Rechazamos la agresión imperialista de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Estamos a favor de su triunfo y derrota a los imperialistas y sionistas

Unidad de los trabajadores y de los pueblos del mundo con Irán para enfrentar al imperialismo yanqui y al nazi sionismo israelí.

No porque el régimen iraní sea “progresista”, sino porque los países imperialistas son los principales enemigos de los pueblos del mundo, que, de triunfar contra Irán, quedarán más sometidos a su dictadura.

No a la subordinación de la dirigencia de la izquierda reformista al gobierno iraní.

La defensa de Irán frente al imperialismo no implica apoyar la estructura política, económica o represiva de los ayatolas de la República Islámica.

Defensa de los trabajadores y de los pueblos.

La solidaridad debe dirigirse fundamentalmente a quienes sufren la guerra: trabajadores, campesinos, jóvenes, mujeres y sectores populares.

Por una salida política revolucionaria.

La única solución sostenible pasa por las movilizaciones, que exijan el retiro de las fuerzas extranjeras agresoras, garantías de soberanía y organismos obreros internacionales que impidan una nueva guerra.

¿Qué señaló Marx?

Marx enseñó a analizar los conflictos políticos buscando sus relaciones sociales profundas y no solamente sus formas exteriores. En El 18 Brumario, mostró precisamente cómo las luchas políticas expresan intereses sociales y contradicciones de clase que no aparecen inmediatamente a la vista de todos de los sectores en lucha, sobre todo en etapas de retroceso de la misma y, con ellas, de la conciencia de clase.

Lenin proporcionó las herramientas para comprender la relación entre capitalismo, monopolios, capital financiero y competencia entre grandes potencias. Trotsky desarrolló una concepción internacionalista que vinculaba las luchas democráticas y nacionales con la lucha de clases.

Aplicadas críticamente al presente, estas herramientas permiten comprender que la guerra contra Irán no es solamente una disputa entre Trump y los dirigentes iraníes. Es una expresión de las contradicciones del capitalismo mundial y de la crisis de un orden internacional dominado durante décadas por Estados Unidos.

La ofensiva militar estadounidense puede debilitar seriamente a Irán, pero no puede resolver las contradicciones que producen la confrontación. Puede destruir instalaciones, pero no eliminar las causas sociales y geopolíticas del conflicto.

La consigna fundamental debe ser:

  • Ni Washington ni los bloques imperialistas: soberanía iraní, palestina y de los pueblos.
  • Independencia política de los trabajadores y unidad internacional de la clase trabajadora.

Y esa perspectiva conduce a una conclusión política: la lucha contra el imperialismo y la lucha por el socialismo no son dos problemas separados. La primera exige impedir que las grandes potencias decidan el destino de los pueblos; la segunda exige que sean los propios trabajadores y las masas populares quienes conquisten el poder político y económico necesario para transformar la sociedad.


[iii] A fecha de hoy, 17 de agosto de 2026, EE. UU. está combinando presión económica, amenazas militares y conversaciones sobre Ormuz; Trump incluso afirma estar “bajando el perfil” militar mientras las conversaciones continúan. Diario el país de España.

[1] Arrecian las voces que admiten que Estados Unidos no puede derrotar a Irán. “El conflicto ha revelado importantes deficiencias militares en el poder naval estadounidense y ha exacerbado las tensiones dentro del sistema de alianzas de EE UU”, señala Bruce Jones, investigador del Brookings Institute.

[i] La guerra de Irán altera el rumbo de un Trump urgido por su baja popularidad. Diario el País de España, agosto 15 de 2026.

[ii] Irán ha seguido resistiendo a Estados Unidos y a otros intereses rivales en la región, mientras que una nueva ronda de ataques aviva los temores de un conflicto más amplio. Al Jazeera en Google

[iii] Fuentes teóricas principales: Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte; Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo; y Trotsky, La revolución permanente.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí