
Irene Idris. 8 de octubre 2026
Se cumplen tres años del inicio de la ofensiva genocida israelí contra Gaza, el episodio de limpieza étnica más atroz, registrado desde la Nakba de 1948. Y el sionismo lo lleva a cabo a plena vista del mundo, con el respaldo incondicional de Estados Unidos y los otros gobiernos de las potencias imperialistas y sus lacayos. La masacre no ha cesado ni un solo día.
“La gente fuera de Gaza cree que la guerra ha terminado, pero para nosotros no es así. Cada día hay asesinatos y bombardeos, y sentimos que la muerte puede alcanzarnos en cualquier instante. El desplazamiento, el hambre y el sufrimiento nos han dejado agotados”, resume Al Ansari. “Nuestra situación es indescriptible”, afirma Aliya al Ansari para el País de España.[1]
Israel ha usado toda su maquinaria militar acompañada de inteligencia artificial, para arrasar Gaza “Los bombardeos masivos llegaron a matar 1.000 personas en un solo día”. El 82% de las infraestructuras de la Franja (carreteras, colegios, viviendas, hospitales) se encuentra reducida a ruinas. Igualmente, ha arrasado con los lugares históricos, religiosos, museos.
No estamos ante una suma de enfermedades aisladas, sino ante la destrucción de las condiciones que hacen posible la salud. El hambre, el desplazamiento, la falta de agua y la destrucción del sistema sanitario se refuerzan entre si y están dejando consecuencias que perduran mucho más allá de la emergencia”, señala Ruth Díaz, presidente de Médicos del Mundo.[2]
Los ataques deliberados contra la población, particularmente contra los niños, forman parte de una estrategia orientada a eliminar las condiciones de existencia del pueblo palestino y destruir su identidad cultural y nacional. Al mismo tiempo, la destrucción de viviendas, escuelas, hospitales e infraestructuras básicas reduce drásticamente sus posibilidades de desarrollo y de una vida digna.
El presidente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU es particularmente contundente al respecto:
“Al atacar a los niños, Israel está erosionando la estructura fundamental de la sociedad palestina, debilitando la vitalidad demográfica y la capacidad general del pueblo palestino para mantener y ejercer su derecho a determinar su futuro como pueblo”.[3]
Sobre las atrocidades cometidas por el ejército de ocupación israelí son escalofriantes y están ampliamente documentados.
Así lo confirman incluso organismos como la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU, con sula declaración del 23 de junio de 2026: “Las pruebas demuestran que las fuerzas de seguridad israelíes han atacado y asesinado deliberadamente a niños palestinos”, y que, “Israel había cometido genocidio contra el grupo palestino en la Franja de Gaza”. La Comisión constató además que “la magnitud y la naturaleza sistemática de las operaciones militares israelíes han continuado, provocando muertes, lesiones y traumas sin precedentes entre los niños palestinos”.[4]

Los monumentos históricos de Gaza han quedado reducidos a escombros, alterando el paisaje urbano y borrando los recuerdos de generaciones. Foto: Aljazeera.
Asimismo, varios documentales recientes denuncian el exterminio del pueblo palestino. Muestran, por un lado, el sufrimiento de la población y, por otro, la barbarie sionista. Entre ellos se encuentran Naza, sobre los ataques israelíes contra Gaza, que recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 2026, y La voz de Hind Rajab.
Son tres años de horror, de muerte y de destrucción.Las consecuencias no son únicamente materiales. La guerra sionista de exterminio ha provocado profundas heridas psicológicas que marcarán la vida de varias generaciones.El genocidio no solo ha eliminado a miles de palestinos, sino que ha destrozado y traumatizado a los sobrevivientes
En palabras del escritor palestino radicado en Gaza, Said Alsaloul:
“…los supervivientes, vivimos en un trauma permanente; un trauma del que ni siquiera podemos empezar a recuperarnos porque el genocidio no ha cesado… La magnitud de la devastación psicológica es difícil de expresar con palabras”.
“Ya habíamos conocido la guerra, pero no una guerra genocida total. Nada nos preparó para ello. Ni huir de nuestros hogares cuando el ejército israelí invadió en 2008. Ni buscar refugio cuando los bombardeos israelíes arrasaron viviendas en 2012, 2014 y 2021”.
“La guerra total e interminable es diferente. Abruma; aplasta, porque elimina la esperanza de supervivencia”.
“…La muerte en Gaza … Tiene un olor: a pólvora, a escombros en llamas, a algo podrido. Tiene un sonido: el silbido de un misil y los gritos ahogados que surgen de entre los escombros. Provoca una sensación física de puro terror”.[5]
El llamado acuerdo de paz: una falsa solución y derrota
Por otra parte, hoy resulta evidente que el llamado “acuerdo de paz” anunciado por Trump y sus aliados de las potencias imperialistas y de los gobiernos árabes, el 15 de enero de 2025, así comoel “alto al fuego” que supuestamente entró en vigencia el 19 de enero de ese mismo año, presentados como la solución para detener el genocidio, terminaron siendo un engaño infame y una falsa solución.
NO significaron el fin del genocidio ni resolvieron la profunda crisis humanitaria.
Desde el inicio del llamado “alto el fuego”, Israel ha asesinado al menos 1.460 palestinos y ha herido a 5.116, según las últimas cifras del Ministerio de Salud de Gaza,[6]y continúa reportando muertes y heridos diariamente. Gaza está peor que antes, destruida, sin agua corriente ni electricidad; los supervivientes del exterminio sionista han sido confinados a sobrevivir entre las ruinas y escombros de una pequeña porción de la Franja, e Israel expande los ataques sobre Líbano para destruir a Hezbolá, al mismo tiempo que avanza la ofensiva sionista e imperialista con su guerra de agresión contra Irán y la región.
También es patente que ese “acuerdo de paz” sellaba la derrota de la resistencia palestina y no su victoria.
Como lo afirmó Opción Marxista Internacional en su momento, este acuerdo fue una:
“Imposición alcanzada sobre dos años de exterminio, bombardeos, hambre, desplazamientos y asedio constantes […] otorga impunidad completa al sionismo. Humilla a Palestina y refuerza al Estado sionista para seguir adelante en su proyecto del “Gran Israel”. Asimismo, lo reafirma como el “portaviones” de Estados Unidos y demás potencias en la región”.[7] [Puede ver: Declaración: El plan de “paz” de Trump-Netanyahu para Gaza: una imposición infame, 14 de octubre de 2025]
Cada vez resulta más evidente que aquel acuerdo buscaba aplacar la indignación que crecía en el mundo y respondía, ante todo, a los intereses económicos imperialistas tanto de Estados Unidos como del sionismo israelí, con el objetivo de consolidar su dominio no solo sobre Gaza y Cisjordania y, al mismo tiempo, extender la agresión a Líbano y al conjunto de la región.
En el contexto del «acuerdo de paz», Los colonos sionistas impulsados por el gobierno de Netanhayu y protegidos por las fuerzas de ocupación, avanzan agresivamente sobre amplias zonas de la Cisjordania ocupada. Asesinan a sus habitantes, destruyen viviendas y parcelas e incendian cosechas, forzando el desplazamiento de la población y extendiendo la ocupación.
Si bien las atrocidades sionistas y las circunstancias internacionales del momento obligaban a los palestinos, a Hamás y a las demás organizaciones políticas a aceptar el infame plan, las políticas de esas mismas direcciones, como también se afirma en la declaración de OMI, al elogiar a los gobiernos aliados y depositar esperanzas en el acuerdo, contribuyeron a confundir y dar casi por concluidas las acciones y movilizaciones masivas de la ola internacional de resistencia de solidaridad con la causa palestina, que se desarrollaban en Europa, Estados Unidos, Australia, Japón y otros países, exigiendo el fin del genocidio
La devastación de Gaza
La devastación de Gaza la documentan los periodistas José A. Álvarez y Laura Navarro, a partir de imágenes satelitales:

Imagen satelital de la Franja de Gaza en Apple Maps y Google Maps. El País de España.
Tras casi tres años de conflicto, los daños y pérdidas económicas en la Franja son catastróficos. El balance de Naciones Unidas es de 1,9 millones de personas desplazadas, más de 371.888 viviendas destruidas o dañadas —más del 60% de la población ha perdido su casa-, más de la mitad de los hospitales han dejado de funcionar, casi todas las escuelas han sufrido destrucción o daños, y la economía de Gaza se ha contraído un 84%. Según la organización, el desarrollo de Gaza ha retrocedido 77 años.[8]
Si bien las atrocidades sionistas y las circunstancias internacionales del momento obligaban a los palestinos, a Hamás y a las demás organizaciones políticas a aceptar el infame plan, las políticas de esas mismas direcciones, como también se afirma en la declaración de OMI, al elogiar a los gobiernos aliados y depositar esperanzas en el acuerdo, contribuyeron a confundir y dar casi por concluidas las acciones y movilizaciones masivas de la ola internacional de resistencia de solidaridad con la causa palestina, que se desarrollaban en Europa, Estados Unidos, Australia, Japón y otros países, exigiendo el fin del genocidio.
La bancarrota de los organismos internacionales
Tampoco han servido el flamante reconocimiento del “Estado de Palestina” por parte la mayoría de los países de la ONU, ni los fallos de la Corte Penal Internacional, ni las resoluciones y los pronunciamientos vacuos de Naciones Unidas “condenando” el genocidio.
Después del acuerdo impuesto a los palestinos y pese a cientos de declaraciones y discursos, la población palestina continúa siendo asesinada sistemáticamente y obligada a abandonar sus viviendas y tierras. Mientras tanto, las Fuerzas de ocupación israelíes mantienen el control total de la Franja, de su espacio aéreo, de las aguas territoriales y de los pasos fronterizos, además de una creciente presencia militar sobre el terreno, con tropas asentadas en la llamada “Franja amarilla”.
Los organismos supranacionales que se presentan como defensores de los “derechos humanos” y de la democracia han demostrado, con su inacción, su incapacidad para detener el genocidio. Igualmente, tragedia humana en Gaza y Cisjordania, evidencian que la proclamación por parte de la ONU del “Nunca más”, en 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, solo es aplicable cuando responde a los intereses de los poderosos y respondió a la situación de ascenso mundial que se abrió tras la derrota del nazismo.
Desde entonces, sus informes y resoluciones terminan convertidos en papel mojado. Sus discursos sobre los “derechos humanos”, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, así como sobre su derecho a defenderse frente a la agresión del colonizador, han sido pulverizados por el sionismo desde 1948, cuando comenzó el proceso de exterminio, colonización y ocupación de la tierra palestina, con el apoyo decidido e incondicional de Estados Unidos, principal sustentador de Israel como su “portaviones” en la región, y de las principales potencias mundiales.
En nombre de la democracia y la libertad, no solo apoyan incondicionalmente al “Estado” sionista israelí, sino que también persiguen y reprimen a quienes expresan su solidaridad con la causa Palestina, como ocurre en Alemania, Argentina, Brasil y otros países.
Por otro lado, si bien es loable que decenas de delegados en la Asamblea de la ONU abandonaran la sala cuando Benjamín Netanyahu se disponía a pronunciar su discurso y a negar la existencia del genocidio, esto es completamente insuficiente. Se trata de una protesta simbólica que, por sí sola, no constituye una acción política para de detener el exterminio del pueblo palestino.
Palestina muestra la decadencia moral de este sistema
Los gobiernos burgueses de extrema derecha y de derecha de las principales potencias imperialistas, así como de la mayoría de los países no se limitan a respaldar a Israel: al reconocer y legitimar al “Estado” sionista, encubren su carácter de enclave colonial y su ocupación del territorio histórico de Palestina.
Bajo la bandera de la “lucha contra el terrorismo”, la “libertad” y la “democracia”, justifican el exterminio y el desplazamiento de la población palestina y terminan avalando los crímenes y el terrorismo de estado en Palestina y en todo Oriente Medio.
Pero la complicidad no termina en la derecha. Los gobiernos burgueses que se presentan como progresistas o de “izquierda” pretenden diferenciarse mediante discursos humanitarios, algunas medidas parciales o condenas tibias y llamados al “diálogo” o a la “paz”. Sin embargo, mientras sigan reconociendo a Israel como “Estado” y aceptando su carácter confesional, colonial y racista, también están legitimando la ocupación colonial y la usurpación del territorio palestino.
Su supuesta diferencia con las derechas termina siendo, en lo fundamental, una diferencia de discurso y de método, no de fondo. Unos justifican abiertamente al sionismo en nombre de la “democracia” y la “seguridad”; los otros, aunque hagan declaraciones humanitarias, mantienen intacta la legitimidad de Israel como ocupante. Esta posición no es neutral ni humanitaria: es una forma de complicidad con el colonialismo sionista.
Por ello, un habitante de Gaza expresó:
“¿Cuánto tiempo más vamos a seguir viviendo así?», se preguntó. «¿Nos limitaremos a salir y condenar lo que ocurre? Necesitamos soluciones. Necesitamos que alguien observe nuestra situación y se pregunte: ¿Cuánto más puede durar esto?”.[9]

Por su parte Khaled al Khuraibi, de 48 años habitante de Jan Yunis, quien con sus siete hijos vive en una casa en ruinas, también cuestiona la inacción de los gobiernos:
“¿Acaso no somos seres humanos como para que el mundo actúe para salvarnos? Salvadnos antes de que os quedéis solo con la noticia de nuestras muertes, ya sea por ataques aéreos o por edificios que se derrumban sobre nuestras cabezas».[10]
Frente a unos y otros, no basta con condenar los excesos del sionismo ni reclamar una paz abstracta. Es necesario denunciar el carácter colonial de Israel. Defender el derecho del pueblo palestino a existir, resistir y decidir libremente su futuro, y rechazar toda política imperialista que pretenda mantener la ocupación y la opresión bajo cualquier argumento.
Está demostrado que ni la ONU, ni la Corte Penal Internacional ni cualquier otro organismo “supranacional” de derechos humanos podrán, mediante sus resoluciones —que además son objeto de burla por parte del sionismo—, poner fin a la destrucción del pueblo palestino. Las declaraciones, los informes y las resoluciones se convierten en palabras muertas cuando no están acompañados de una acción efectiva.
Así, la tragedia palestina ha puesto al descubierto la profunda decadencia moral y política del sistema imperialista que impera en el mundo, así como la de sus apologistas: dirigentes de organizaciones democráticas, sindicales y juveniles que no realizan acciones prácticas para detener a Israel.
Por eso, es destacable y muy valiosa la oleada de protestas de quienes, durante 2025, se movilizaron sistemáticamente en solidaridad con el pueblo palestino, exigiendo el cese del fuego y el fin del exterminio.
No a los dos estados: La solución es una Palestina laica democrática y no racista
Los defensores de la política de los dos Estados —uno israelí y otro palestino— presentan esta fórmula como la solución a la cuestión palestina. Sin embargo, al aceptar esta salida legitiman la colonización y la ocupación de Palestina, el desplazamiento y el exterminio de la población palestina.
Es una trampa mediante la cual dirigentes de las organizaciones democráticas, populares y de los trabajadores confunden y maniatan a muchos trabajadores y jóvenes honestos partidarios de la causa palestina.
Frente a esta perspectiva, sigue vigente la lucha por recuperar la tierra y conquistar una Palestina laica, democrática y no racista, desde el río hasta el mar, tal como planteó en sus mejores momentos la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
Mientras los organismos internacionales se limitan a emitir declaraciones y condenas, el pueblo palestino continúa sufriendo destrucción, desplazamiento forzado y muerte. Esto demuestra la urgencia de fortalecer la solidaridad activa y construir una movilización mundial capaz de obligar a Estados Unidos y a los demás gobiernos imperialistas a retroceder en su apoyo incondicional al sionismo
La movilización internacional: una perspectiva de esperanza

La experiencia de estos tres años de ofensiva sobre Gaza muestra que las movilizaciones, las huelgas de estibadores en Italia y las acciones de sectores de la clase trabajadora en y de las masas en España y otros países europeos, fueron, en determinados momentos, las principales fuerzas sociales capaces de hacer vacilar o contribuir a frenar la ofensiva sionista.
Si bien el ascenso de la solidaridad con Palestina no logró detener el genocidio, sí ejerció presión sobre los gobiernos y, en determinados momentos, contribuyó a reducir la intensidad de los ataques. Por eso, quienes defienden una solidaridad efectiva con el pueblo palestino deben concentrar sus esfuerzos en la movilización independiente y la acción directa de las masas, sin esperar las decisiones de los gobiernos ni las de la ONU.
El futuro del pueblo palestino no puede quedar en manos de los gobiernos ni de los organismos internacionales, sino que depende de la capacidad de los trabajadores y de las masas para organizarse, movilizarse y ejercer una presión efectiva hasta torcerles el brazo.
Sin embargo, muchas de las principales movilizaciones fueron desactivadas por la confusión generada en torno al llamado «Acuerdo de Paz» de Trump, presentado como una salida capaz de traer paz y sosiego. Como señalamos anteriormente, este acuerdo alimentó ilusiones y contribuyó a debilitar la solidaridad activa que venía creciendo y fortaleciéndose.
A esta confusión también contribuyeron sectores socialdemócratas y activistas de clase media con sus flotillas hacia Gaza, al generar expectativas sobre la capacidad de un gobierno que ellos mismos califican como nazi para respetar las normas y los convenios internacionales, pese a las evidencias acumuladas sobre la barbarie del gobierno de Netanyahu y del sionismo.
Afortunadamente, después de este período de reflujo, la solidaridad internacional con Palestina comienza nuevamente a mostrar signos de recuperación, así como la lucha por condiciones de vida digna
Las calles de Madrid y de y otras ciudades españolas volvieron a llenarse de manifestantes el domingo 3 de octubre, en una multitudinaria movilización contra la continuidad del exterminio y la crisis humanitaria que padece la población palestina.
Esta movilización coincidió temporalmente con otras expresiones de protesta en España y Europa: las manifestaciones por el derecho a una vivienda digna y contra la especulación inmobiliaria; las protestas de estudiantes franceses y sus familias por mejores condiciones educativas; y las movilizaciones de trabajadores en Francia contra las políticas del gobierno de Emmanuel Macron.
Y, aunque no tengan como reivindicación central la solidaridad con Palestina, plantean una cuestión fundamental: pueden confluir con la solidaridad internacionalista y abrir espacios para una movilización más amplia. Objetivamente, ambas luchas cuestionan las condiciones de un sistema que está en la raíz de sus necesidades
La convergencia entre las reivindicaciones sociales de los trabajadores y las mayorías populares con la solidaridad con Palestina constituye, por tanto, una perspectiva fundamental. Incorporar la defensa del pueblo palestino a las luchas por la vivienda, el empleo, los salarios, los derechos sociales y las libertades democráticas, permitiría superar la solidaridad meramente declarativa y convertirla en acciones colectivas.
La clase trabajadora debe encabezar la solidaridad con Palestina como parte de sus propias luchas
La solidaridad con Palestina no puede reducirse a declaraciones diplomáticas, pronunciamientos institucionales o actos simbólicos. Para quienes defienden esta causa, debe incorporarse a los planes de lucha de las organizaciones de trabajadores, estudiantes y movimientos populares, vinculándola con sus propias reivindicaciones.
El desafío es construir una solidaridad independiente de los gobiernos y articulada con las luchas por derechos sociales y laborales. Esta perspectiva implica unir las demandas contra el genocidio y la ocupación con las reivindicaciones de quienes enfrentan en sus propios países la explotación, la represión, la persecución, la precariedad y la desigualdad.
En ese sentido, corresponde a las organizaciones democráticas, sindicales, estudiantiles y populares asumir un papel activo en la defensa del pueblo palestino y rechazar las políticas de los gobiernos que sostienen o respaldan al sionismo. Esto incluye oponerse al llamado acuerdo de «paz» para Gaza, impuesto por Trump y sus aliados.
La solidaridad internacional con Palestina adquiere así un carácter concreto: vincular la lucha por los derechos del pueblo palestino con las luchas de quienes, en distintos países, enfrentan las consecuencias de las políticas de los gobiernos y de los sectores capitalistas.
¡Por la movilización internacional en solidaridad con Gaza y el pueblo palestino!
¡Por el fin de la guerra y de la ocupación de los territorios palestinos!
¡Por la solidaridad internacional de los trabajadores y los pueblos de Medio Oriente!
¡La lucha del pueblo palestino es también una lucha por la libertad y los derechos de los pueblos!
¡Por una Palestina laica, democrática y no racista, desde el río hasta el mar!
[1] Seham Tantish y Antonio Pita. «Tres años de sufrimiento en Gaza: “Aquel 7 de octubre sentí que nuestras vidas acabarían destrozadas. Es lo que ha sucedido”». El País de España, 7 de octubre de 2026.
[2] Médicos sin Fronteras. Tres años de genocidio en Gaza. https://www.medicosdelmundo.org/actualidad/noticias/tres-anos-gaza/
[3] Idem.
[4] https://www.ohchr.org/en/press-releases/2026/06/israel-continues-commit-genocide-and-other-atrocity-crimes-deliberately
[5] En Gaza, ni siquiera podemos empezar a recuperarnos del trauma. Al Jazeera, 6 de octubre de 2026.
[6] Aljazeera. 07 octubre 2026.
[7] Declaración de Opción Marxista Internacional. El Plan de “Paz” de Trump . Netanhahu para Gaza: Una imposición infame. 14 octubre 2025
[8] José A. Álvarez – Laura Navarro. Las nuevas imágenes de Google Maps muestran una Gaza en ruinas: los mapas antes y después. El País, España. 28 sep. 2026.
[9] Mohamed Solaimane. La vida en edificios a punto de colapsar en Gaza: “Caen trozos de vez en cuando, en mi habitación o en las de al lado”. El Pais de españa. Jan Yunis (Franja de Gaza) -25 sep.2026.
[10] Idem.










